Una flor tiene un nombre científico y puede tener veinte nombres comunes. El científico es único, está escrito en latín y sigue unas reglas; los comunes son los que usa la gente, cambian de pueblo a pueblo y se reparten sin ningún orden: el mismo nombre sirve para plantas que no se parecen y la misma planta cambia de nombre al cruzar una comarca. Eso no es un defecto del idioma, es cómo funcionan los nombres populares, y saberlo evita la mitad de los errores de vivero.

Lo que sigue es el mapa de ese desorden: cómo está construido un nombre científico y qué significa cada parte, por qué los nombres científicos también cambian (y no por capricho), por qué el nombre común varía tanto, y un repaso de los casos de homonimia que más problemas dan en España. Si lo que buscas es cómo se cuida cada planta detrás de cada nombre, eso lo tratamos en nombres de flores comunes; aquí vamos a los nombres.

Cómo está hecho un nombre científico

Un nombre científico de planta tiene dos palabras. La primera es el género, se escribe con mayúscula inicial, y agrupa especies emparentadas: Rosa, Narcissus, Lilium. La segunda es el epíteto específico, va en minúscula y no vale por sí sola: odorata no identifica nada, Viola odorata sí. Las dos van en cursiva. Ese sistema de dos palabras se generalizó con Linneo en el siglo XVIII y es la razón de que hoy un botánico de Japón y otro de Jaén hablen de la misma planta.

A ese par se le añaden piezas cuando hacen falta:

  • El autor. La abreviatura que aparece detrás, como la L. de Viola odorata L., indica quién describió la especie. L. es Linneo. No forma parte del nombre en el uso corriente, pero sirve para desempatar nombres repetidos.
  • subsp. y var. Señalan subespecie y variedad botánica, que son poblaciones naturales con rasgos propios dentro de la especie.
  • El signo ×. Marca un híbrido: Viola × wittrockiana es el pensamiento de jardín, que no existe como especie silvestre.
  • El cultivar. Va entre comillas simples, en letra redonda y sin traducir: Hibiscus rosa-sinensis 'Cooperi'. Es una selección hecha por el hombre y multiplicada por esqueje, división o injerto, no una especie.
  • Las marcas registradas. Surfinia, Knock Out y compañía no son nombres botánicos ni cultivares: son marcas comerciales. Se escriben sin cursiva y no sirven para identificar la planta con precisión.

Hay dos reglamentos distintos detrás de esto: el código internacional de nomenclatura para algas, hongos y plantas, que gobierna los nombres de especies y géneros, y el código de plantas cultivadas, que gobierna cultivares y grupos de cultivares. De ahí vienen las diferencias de tipografía que parecen manías y son reglas.

Narcisos en flor

Narciso, junquillo, capirote, trompón: cuatro nombres comunes repartidos por la Península para plantas del género Narcissus, uno de los géneros con más especies silvestres ibéricas.

Por qué el nombre común cambia de pueblo a pueblo

El nombre común es más antiguo que el científico y nació para otra cosa: no para clasificar, sino para hablar de la planta que se tenía delante. De ahí sus tres comportamientos típicos.

El primero es que se reutiliza. Si en una comarca hay una planta que trepa y huele dulce y se la llama jazmín, en otra comarca el mismo nombre lo recibirá cualquier otra planta que trepe y huela dulce, aunque no tenga parentesco. El nombre describe un papel, no un linaje.

El segundo es que se reparte por parecido de forma. Todo lo que tiene flor de lengüetas blancas y un botón amarillo en medio es margarita, aunque unas sean anuales de otoño y otras arbustos canarios. Todo lo que tiene espiga de flores blancas y olor fuerte acaba llamándose nardo.

El tercero es que viaja mal. Al traducir catálogos y al importar plantas se copian nombres de otros idiomas y de otros países, y en América el mismo nombre castellano puede designar una planta distinta. Con internet eso se ha acelerado: hoy una búsqueda en español mezcla nombres de media docena de tradiciones locales.

Por qué también cambian los nombres científicos

Aquí la gente se impacienta, con razón: si el nombre científico es el estable, ¿por qué cambia? Cambia por dos motivos, y ninguno es arbitrario.

El primero es la prioridad. Si aparece un nombre publicado antes para la misma planta, ese nombre manda, aunque el otro esté más extendido.

El segundo, y el que explica los cambios ruidosos de las últimas dos décadas, es que la clasificación intenta que cada género agrupe a todos los descendientes de un mismo antepasado, sin dejar fuera a ninguno. Cuando los datos moleculares muestran que un género pequeño está en realidad metido dentro de otro mayor, hay que partir el grande o ampliarlo. Tres ejemplos que ya has visto en este sitio:

  • El nardo. Polianthes tuberosa es hoy Agave amica: el género quedó incluido en Agave. Lo contamos en agavoideae.
  • El jacinto de agua. Eichhornia crassipes es hoy Pontederia crassipes, y sigue siendo una de las plantas invasoras más graves de los ríos peninsulares.
  • La violeta africana de interior. Saintpaulia quedó incluida en Streptocarpus, y no tiene nada que ver con las violetas de verdad, que son Viola.

Que el nombre viejo siga en la etiqueta del vivero no es grave: se llama sinónimo y es información útil. Lo que no conviene es discutir con el vivero por eso.

El catálogo de homónimos que más lío causa

Estos son los nombres comunes que designan plantas distintas en España. No es una curiosidad: en varios casos la diferencia es de riego, de resistencia al frío o de toxicidad.

Nombre comúnSuele serPero también designa
GeranioPelargonium, el del balcónGeranium, los geranios silvestres y las vivaces de jardín
LirioIris, de rizoma o de bulboLilium, la azucena, tóxica para los gatos
Flor de lotoNelumbo nucifera, hoja emergidaNymphaea, el nenúfar, hoja flotante
Rosa chinaHibiscus rosa-sinensis, que no es una rosaRosa chinensis, que sí lo es
Rosa del desiertoAdenium obesum, muy tóxicauna formación cristalina de yeso, que no es planta
Uña de gatoCarpobrotus edulis, invasora del litoralSedum album, Sedum dasyphyllum y la liana amazónica Uncaria tomentosa
JazmínJasminumTrachelospermum jasminoides, Gardenia jasminoides y Stephanotis
NardoAgave amicaNardostachys (nardo índico) y Nardus stricta (gramínea)
MargaritaBellis perennis, la del céspedLeucanthemum vulgare, Argyranthemum frutescens, Osteospermum
JacintoHyacinthus orientalis, bulbo tóxicoPontederia crassipes, el jacinto de agua invasor
Flor de jadeStrongylodon macrobotrys, liana filipinaCrassula ovata, que es el árbol de jade
Flor de Santa LucíaCommelina en AméricaEuphrasia en parte de España
VioletaViola odorataSaintpaulia, hoy en Streptocarpus, sin parentesco
Zanahoria silvestreDaucus carotase confunde con Conium maculatum y Oenanthe crocata, mortales
TojoUlex europaeus, con espinasse confunde con la xesta o escoba, Cytisus, sin espinas

Flor rosa sobre hojas flotantes en un estanque

Esta foto circulaba en este artículo como flor de loto y es un nenúfar, Nymphaea: la hoja flota sobre el agua y tiene una hendidura hasta el centro. La del loto, Nelumbo, emerge sobre un pecíolo y es redonda y entera. Lo explicamos en flor de loto.

Cuando el nombre no basta: el caso de las umbelíferas

Hay un punto donde esto deja de ser cuestión de precisión y pasa a ser cuestión de seguridad. Los nombres comunes agrupan por aspecto, y en las umbelíferas silvestres, esas de flores blancas en umbela que crecen en cunetas y ribazos, el aspecto es casi el mismo en especies comestibles y en especies que matan. Daucus carota, la zanahoria silvestre, se parece a Conium maculatum, la cicuta, y a Oenanthe crocata, el nabo del diablo. Hay intoxicaciones mortales documentadas por recolectar la equivocada.

La conclusión no es aprenderse tres rasgos, es otra: un nombre no es una identificación, y lo prudente con las umbelíferas silvestres es no recolectarlas. Lo tratamos con detalle en zanahoria silvestre. Ante una ingestión dudosa, 112.

Margaritas blancas en un prado

Margarita de prado, Leucanthemum vulgare, no la del césped: cada cabezuela es un conjunto de muchas flores, las blancas de fuera y los flósculos amarillos del disco. Ver margarita silvestre.

Dos trampas de nomenclatura que parecen nombres

La primera es el nombre comercial. En el garden encontrarás etiquetas con nombres de marca, colecciones y series, a veces con un símbolo de registro. Sirven para vender una selección concreta, no para saber qué planta es. Pide el género y la especie, que suelen venir en letra pequeña.

La segunda es la traducción literal. Muchos nombres comunes españoles son calcos: flor de la pasión por passionflower, no-me-olvides por forget-me-not. No aportan información botánica y a veces sustituyen a un nombre local que sí la tenía.

Si quieres comprobar un nombre, los sitios de referencia para la flora española son Flora iberica y Anthos, y para la flora mundial, Plants of the World Online. Los tres dan el nombre aceptado y la lista de sinónimos, que es exactamente lo que se necesita para no perderse.

En resumen

El nombre científico es dos palabras, género y epíteto, en cursiva, con el añadido del signo × para los híbridos y de comillas simples para los cultivares. Cambia cuando aparece un nombre anterior con prioridad o cuando hay que reordenar géneros para que cada uno reúna a todos los parientes, y por eso Polianthes pasó a Agave y Eichhornia a Pontederia. El nombre viejo sigue siendo válido como sinónimo y como pista.

El nombre común es otra cosa: describe un papel y un parecido, se repite entre plantas sin parentesco y cambia de comarca. Para hablar con el vecino es perfecto; para comprar, para decidir si una planta aguanta el invierno o si es tóxica para el gato, y desde luego para recolectar en el campo, hace falta el científico. Con quince nombres es suficiente para verlo: geranio, lirio, loto, margarita, jazmín, nardo, violeta y compañía designan, cada uno, más de una planta distinta.


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