«Margarita» sirve en España para nombrar plantas de cuatro géneros que no se plantan en la misma época, no aguantan el mismo frío ni viven los mismos años. Pedir «una margarita» en un vivero es, por tanto, una pregunta incompleta. Lo mismo ocurre con «geranio», con «violeta» y con media docena más de nombres populares que llevan siglos usándose para cosas distintas según el pueblo, la comarca o el catálogo.
El nombre común no es un defecto: es más antiguo que el científico y sigue siendo el que usa la gente en el mercado. El problema aparece cuando ese nombre esconde una diferencia práctica —que una resiste heladas y la otra muere a cero grados, que una vive quince años y la otra tres— y el comprador se entera en enero. Este repaso recorre las flores más plantadas en jardines y balcones españoles, con el nombre botánico que las separa y lo que cambia en el cuidado.
Rosa: un género entero, no una planta
El género Rosa reúne unas 150 especies silvestres y varios miles de cultivares, y en el vivero se agrupan por porte y comportamiento más que por especie: rosales de pie alto, arbustivos, trepadores, tapizantes y de pitiminí (los diminutos, derivados de Rosa chinensis 'Minima'). Comprar un trepador para un macetero de balcón, o un arbustivo de dos metros para un arriate de setenta centímetros, es un error de etiqueta antes que de cultivo.
Dos datos que resuelven la mayoría de las dudas peninsulares. El primero, la poda se hace en reposo, entre finales de enero y febrero en el interior, algo antes en el litoral suave, dejando tres o cuatro yemas por rama y cortando en bisel sobre yema exterior. El segundo: casi todos los rosales de vivero están injertados, normalmente sobre Rosa canina o Rosa laxa. Si de la base sale un brote con hojas de siete folíolos, tallo más fino y espinas distintas, es el patrón. Cortarlo a ras no basta, porque rebrota con más fuerza y termina desplazando a la variedad; hay que descalzar la tierra y arrancarlo de su punto de inserción.
Enfermedades de manual: mancha negra (Diplocarpon rosae) en primaveras húmedas, oídio con noches frescas y días cálidos, y roya. Las tres se combaten sobre todo con aire: no plantar apretado, no regar por aspersión sobre la hoja y retirar del suelo la hoja caída, que es donde inverna el hongo.
Geranio, gitanilla y los Geranium de verdad
Aquí la confusión tiene consecuencias de invierno. La planta del balcón, la de flor en bola y hoja redondeada con una banda oscura en herradura, es Pelargonium × hortorum. La de tallos colgantes y hoja carnosa parecida a la hiedra, la gitanilla, es Pelargonium peltatum. Y la de flores grandes con manchas aterciopeladas, que en América llaman malvón, es Pelargonium × domesticum. Los tres son sudafricanos y ninguno tolera la helada: por debajo de -1 o -2 °C se ennegrecen los tallos y la planta se pierde.
El género Geranium existe, pero es otra cosa: vivaces rústicas de flor plana y cinco pétalos, como Geranium sanguineum, Geranium macrorrhizum o Geranium × cantabrigiense. Aguantan bastante por debajo de cero, prosperan a media sombra y funcionan como cubresuelos en jardines del norte y de montaña, justo donde el pelargonio de balcón no pasa el invierno. Si buscas algo que cubra suelo bajo un árbol en Burgos, el nombre que necesitas en la etiqueta es Geranium, con su especie detrás.
La plaga que hay que vigilar en los pelargonios es el taladro del geranio, Cacyreus marshalli, una mariposa africana instalada en España desde principios de los noventa. La oruga excava el interior del tallo; se detecta por un agujero con serrín fino y por tallos que se doblan de golpe estando la planta bien regada. Se corta y se destruye el tallo afectado en cuanto aparece, porque una vez dentro del tejido ningún tratamiento de contacto la alcanza.
Petunia, surfinia y calibrachoa
La petunia de jardín es Petunia × atkinsiana (también citada como Petunia × hybrida), una solanácea sudamericana emparentada con el tomate, con hojas pegajosas al tacto por sus pelos glandulares. Quiere seis horas de sol directo y abono cada diez o quince días: en sombra parcial estira los tallos y da la mitad de flor.
Surfinia es una marca registrada, no una especie. Designa un grupo de petunias colgantes que se multiplican por esqueje en lugar de por semilla, lo que explica por qué cuestan más y por qué no se pueden reproducir legalmente para venta. En la práctica del balcón se cuidan igual que cualquier petunia colgante.
La Calibrachoa, en cambio, sí es un género aparte, con flores de dos o tres centímetros que recuerdan a campanillas en miniatura. La diferencia que importa está en el agua: exige sustrato ácido, en torno a pH 5,5-6,2, y con el agua dura de buena parte de España amarillea entre los nervios en cuestión de semanas. Se planta en sustrato para plantas de flor acidófilas y se corrige con quelato de hierro EDDHA, que es el que sigue funcionando por encima de pH 7.
Pensamiento, viola y las tres violetas
El pensamiento de flor grande, con su cara de manchas, es Viola × wittrockiana. La viola de flor pequeña y abundante suele ser Viola cornuta. Ambas son plantas de estación fresca, y en España eso significa plantarlas de octubre a noviembre para que florezcan todo el invierno y hasta abril o mayo. Plantadas en marzo dan cinco o seis semanas antes de deshacerse con el primer calor; la viola de V. cornuta resiste algo mejor esa subida de temperatura y se estira hasta más entrado mayo.
La violeta de olor, Viola odorata, es una vivaz de sombra que forma alfombra por estolones y florece en febrero y marzo con ese perfume que le da nombre. Se planta bajo árboles caducos, no en jardinera al sol.
Y la violeta africana de interior no pertenece a este grupo: es Saintpaulia (hoy incluida en Streptocarpus), una gesneriácea de África oriental sin parentesco con las violas. Cambia todo el manejo: nada de sol directo, temperatura estable por encima de 16 °C y riego por el plato o por el borde, porque el agua sobre sus hojas vellosas deja manchas necróticas.
Cinco margaritas que se cuidan distinto
Este es el nombre común más sobrecargado del jardín español, y conviene desmontarlo por partes.
Bellis perennis es la chiribita o margarita del césped, de tres o cuatro centímetros, vivaz de vida corta que se cultiva casi siempre como bianual de otoño-invierno junto a los pensamientos.
Leucanthemum vulgare es la margarita de prado, la clásica de deshojar, vivaz rústica de 40-60 cm. Su pariente de jardinería, Leucanthemum × superbum, es la margarita gigante de flor blanca ancha, resistente al frío y muy longeva en arriate.
Argyranthemum frutescens, la margarita leñosa, es endémica de Canarias y la más vendida en maceta grande para terraza. Aquí está el detalle que sorprende al comprador: forma tronco leñoso y se agota en tres o cuatro años, quedándose desnuda por dentro. Pinzarla dos veces en primavera retrasa ese envejecimiento, pero llegado el momento se sustituye. No es que la hayas cuidado mal.
Osteospermum, la llamada margarita africana o dimorfoteca, cierra sus flores de noche y en días nublados; quien la coloca en un patio umbrío la verá cerrada casi siempre. Y la gerbera, Gerbera jamesonii, es también una compuesta de flor radiada, pero de origen sudafricano y bastante más sensible al encharcamiento del cuello.
Dondiego de noche, y el de día
Mirabilis jalapa abre sus flores a última hora de la tarde, entre las cinco y las siete según la estación, y las cierra a la mañana siguiente. El perfume que suelta al abrirse va dirigido a las mariposas nocturnas, los esfíngidos, que son sus polinizadores; de ahí que el aroma sea intenso justo cuando nadie mira. Un mismo pie puede dar flores amarillas, rosas, blancas y jaspeadas a la vez, un fenómeno de inestabilidad genética que en esta especie es normal, no un defecto de la semilla.
Forma una raíz tuberosa gruesa que pasa el invierno bajo tierra y rebrota en primavera en casi toda la Península; en zonas de heladas fuertes se puede arrancar el tubérculo en otoño y guardarlo seco, como una dalia. Se resiembra sola con enorme facilidad y está naturalizada en cunetas, solares y muros viejos de medio país: si no quieres una colonia, corta las cápsulas negras antes de que caigan.
Advertencia útil: sus semillas y su raíz son tóxicas por ingestión y provocan vómitos y diarrea; la savia puede irritar la piel sensible. La semilla es negra, dura y del tamaño de un grano de pimienta, lo bastante llamativa como para tenerla en cuenta si hay niños pequeños en el jardín.
El dondiego de día es otra planta distinta: Ipomoea purpurea o Convolvulus tricolor, trepadora o mata de flores en embudo que abren de madrugada y se cierran a mediodía. Las semillas de Ipomoea también son tóxicas.
Cómo leer la etiqueta y ahorrarse el error
Cuatro convenciones bastan para descifrar casi cualquier maceta de vivero.
El nombre científico va en cursiva y en dos palabras: género con mayúscula y especie en minúscula (Viola cornuta). Si solo aparece el género seguido de «spp.», el vendedor no sabe la especie exacta.
El signo × indica híbrido (Leucanthemum × superbum). Suele significar que la planta no se reproduce fiel por semilla y que hay que multiplicarla por esqueje o división.
El cultivar va entre comillas simples, en redonda y con mayúsculas iniciales: Rosa 'Iceberg'. Es el nombre exacto de una variedad concreta y es lo que debes anotar si quieres repetir la compra.
Los nombres comerciales registrados —Surfinia, Knock Out, Meilland— van en redonda, a veces con ® o ™. Identifican una marca, no un taxón, y bajo una misma marca puede haber variedades distintas.
Otras parejas que se confunden en el vivero
Cala o lirio de agua (Zantedeschia aethiopica) no es un lirio ni pertenece a las liliáceas, sino a las aráceas; toda la planta contiene oxalato cálcico y es irritante si se mastica.
Jazmín de leche (Trachelospermum jasminoides) no es un Jasminum: es apocinácea, de hoja perenne y savia lechosa, mucho más resistente al frío que el jazmín común.
Geranio de olor, el de hoja aromática que se planta para ahuyentar mosquitos, es Pelargonium graveolens o Pelargonium citrosum. Su aroma se libera al frotar la hoja; una planta quieta en la mesa no despeja un porche.
Clavel del aire (Tillandsia) no es un clavel ni un parásito: es una bromeliácea epífita que se sujeta al soporte sin extraerle nada.
En resumen
Los nombres populares agrupan por parecido —flor radiada, flor en embudo, olor dulce— y separan mal justo donde el jardinero necesita precisión: resistencia al frío, exigencia de pH, longevidad y época de plantación. El geranio del balcón es un Pelargonium y muere con la helada que un Geranium aguanta sin inmutarse; la margarita canaria se agota a los cuatro años mientras el Leucanthemum sigue ahí; la calibrachoa amarillea con agua caliza y la petunia no; el pensamiento se planta en octubre, no en marzo. Anota el nombre botánico completo, con cultivar incluido, cada vez que compres algo que te funcione bien: es lo que te permitirá repetirlo dentro de tres años.