Margarita silvestre, en sentido estricto, es Leucanthemum vulgare: la margarita grande de los prados de siega, los ribazos y los bordes de camino, con un solo capítulo por tallo, lígulas blancas limpias y un disco central amarillo, que florece aquí de mayo a septiembre. Es una vivaz de rizoma rastrero que levanta tallos de dos palmos a cerca de un metro, y sus hojas de la base son espatuladas, con peciolo largo y el borde dentado.

Pero el nombre se usa para varias plantas distintas, y ahí está lo que de verdad conviene saber. La margarita pequeña que sale en el césped y florece casi todo el invierno es Bellis perennis, otra planta. Y la margarita que tapiza en primavera los campos y las cunetas del sur y del este, muchas veces en masas de miles, suele ser Glebionis coronaria, con la hoja muy dividida y las lígulas blancas con la base amarilla. Se distinguen por la hoja, no por la flor: mirando solo la flor, las tres se parecen.

Prado cubierto de margaritas de campo

Un ejemplo del lío: estas margaritas de campo tienen la hoja finamente dividida y las lígulas blancas con la base amarilla, dos rasgos que no son de Leucanthemum vulgare sino del grupo de Glebionis coronaria, la margarita de campo más abundante en la primavera del sur y el este.

Cómo es Leucanthemum vulgare

La planta forma una roseta de hojas basales que persiste en invierno y de la que salen en primavera los tallos floríferos, algo curvados en la base y luego erectos. Las hojas del tallo son alternas, sin peciolo, más estrechas hacia arriba y con el borde dentado o groseramente lobulado. Ese detalle, hojas con dientes pero de una sola pieza, es lo que la separa de las margaritas de hoja dividida en segmentos finos.

El capítulo es solitario o hay unos pocos por planta, de unos dos a cinco centímetros de diámetro. Las brácteas que lo envuelven van en dos o tres filas y tienen un margen fino y oscuro que se aprecia bien mirando la flor por detrás. El receptáculo es convexo y no lleva escamas entre las flores, y los frutos son aquenios con una decena de costillas marcadas y, a menudo, sin vilano. Son rasgos de manual, pero son los que usa una guía de flora para llegar al nombre.

Lo que parece una flor son cientos

Como en todas las compuestas, lo que llamamos flor es un capítulo: una plataforma con muchas flores diminutas encima. Las blancas del exterior son flores liguladas, cada una con una sola lengüeta blanca, y el disco amarillo lo forman decenas o cientos de flósculos tubulares que abren de fuera hacia dentro a lo largo de varios días. Si te fijas en un disco a media floración, verás el anillo de flósculos ya abiertos y el centro todavía cerrado.

Por eso, cuando deshojas una margarita, no estás arrancando pétalos: estás arrancando flores enteras, una por una.

Cuál es cada margarita del campo

Esta tabla resuelve casi todas las identificaciones de campo en España sin necesidad de lupa:

PlantaHojaCapítuloCuándo y dónde
Leucanthemum vulgare, margarita silvestreEntera y dentada, espatulada en la baseDe 2 a 5 cm, lígulas blancas puras, uno por talloDe mayo a septiembre, prados de siega, ribazos y claros, sobre todo en la mitad norte y en montaña
Bellis perennis, margarita del céspedEntera, en roseta pegada al suelo, sin hojas en el talloDe 2 a 3 cm, sobre un escapo desnudo y cortoCasi todo el año en zonas templadas, céspedes y prados pisoteados
Glebionis coronaria, margarita de campo o mirabelesMuy dividida en segmentos finos, tiernaDe 3 a 5 cm, lígulas blancas con la base amarilla o del todo amarillasPrimavera, cultivos, cunetas y baldíos del sur y el este, a menudo en masas
Manzanillas (Matricaria, Chamaemelum)Muy dividida y aromática al estrujarlaPequeño, de 1 a 2,5 cm, con el disco muy abultadoPrimavera y verano, cultivos y bordes; huele a manzanilla

La prueba más rápida en el campo es doble: mira si la hoja es de una pieza o está dividida en tiritas, y estruja una hoja y huélela. Si huele a manzanilla, es una manzanilla y no una margarita.

Un nombre para un grupo de especies

Hay que decirlo porque explica por qué dos guías pueden dar nombres distintos a la misma planta: Leucanthemum vulgare es, en realidad, la cabeza de un grupo de especies muy próximas y con distintos niveles de ploidía, que en la península se reparten en varias entidades según el criterio del autor. Para reconocerla en el campo da igual. Para poner un nombre exacto en una lista de flora, no.

Margaritas de campo a contraluz

Detalle del mismo grupo: se ven bien las hojas partidas en segmentos estrechos y el disco amarillo abultado. En Leucanthemum vulgare la hoja sería de una sola pieza, con dientes.

Dónde crece en España

La margarita silvestre pide humedad en el suelo y un verano no abrasador, así que su terreno es la mitad norte, la cornisa cantábrica, los sistemas montañosos y los prados de siega y de diente. En el interior aparece en vaguadas, cunetas con algo de frescor y claros de bosque, y en el sur y el sureste secos es rara o falta, y el hueco lo ocupan otras margaritas anuales.

Está a plena luz y aguanta media sombra, y se ve con frecuencia en prados abonados y segados, que es justo lo que describe su papel ecológico: es una planta de pasto manejado, no de bosque cerrado. Una siega temprana, antes de que grane, es lo que la hace desaparecer de un prado.

En el jardín, y una advertencia

Funciona muy bien en un prado florido o en un macizo naturalista, se siembra en otoño o a principios de primavera y no necesita mimos. Con un riego de apoyo en verano en clima seco, y una siega tardía, cuando ya ha soltado la semilla, se mantiene año tras año.

La advertencia es que se expande: rebrota de rizoma y siembra con facilidad, y en países donde se introdujo como planta de jardín, en América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, se considera una mala hierba invasora de pastos. Aquí es autóctona y no tiene ese problema, pero en un macizo pequeño acabará ocupando más sitio del que le diste.

Deshojar la margarita, y el significado

El juego de arrancar lígulas alternando me quiere y no me quiere está documentado en Europa desde hace siglos con distintas fórmulas, y en el lenguaje de las flores del siglo XIX la margarita quedó asociada a la inocencia y a la sencillez, con la modestia como matiz. Es una convención cultural con su época y sus manuales, y conviene contarla así: son significados que la gente ha puesto, no efectos de la planta.

Por cierto, la margarita del juego suele ser una de las grandes, la silvestre, porque la del césped tiene demasiadas lígulas y demasiado finas. Detalle intrascendente y bastante revelador de cómo se forman las costumbres.

Lo que no hace

De la margarita circulan todo tipo de atribuciones: que abre el apetito, que calma los espasmos, que cicatriza. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para ella en la Unión Europea, y esos textos vienen copiados unos de otros. Si algo se cuenta, se cuenta como uso tradicional: hay constancia antigua de encurtir los capullos cerrados de margarita a modo de alcaparras y de añadir flores y hojas tiernas a una ensalada.

Con una condición que no es menor: recolectar cualquier planta silvestre exige identificarla con seguridad, y en un prado conviven margaritas con otras compuestas y con plantas que no se comen. Ni esa tradición ni ninguna otra sustituye a un tratamiento médico. Y en contacto, las compuestas contienen sustancias que pueden dar dermatitis en personas sensibles al manipular mucha planta, algo conocido en quien siega o recolecta a mano.

En resumen

La margarita silvestre es Leucanthemum vulgare, una vivaz de prado de la mitad norte y de la montaña que florece de mayo a septiembre, con hojas de una pieza y dentadas, un capítulo por tallo de dos a cinco centímetros y lígulas blancas puras. No es la del césped, que es Bellis perennis, ni la que llena los campos del sur en primavera, que suele ser Glebionis coronaria, de hoja finamente dividida.

Para identificarla basta con mirar la hoja y oler una hoja estrujada, que descarta las manzanillas. En el jardín es una buena planta de prado florido siempre que aceptes que se expande, y su significado, la inocencia y la sencillez, es una convención del lenguaje de las flores, igual que el juego de deshojarla. De propiedades curativas, nada autorizado.


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