El tamarindo (Tamarindus indica) es un árbol tropical grande y longevo, de la familia de las leguminosas, originario de África tropical y cultivado desde hace siglos en la India, el sudeste asiático, el Caribe y buena parte de América Latina. Da vainas pardas con una pulpa pegajosa y ácida que es un ingrediente básico en muchísimas cocinas.
Conviene decirlo de entrada y sin rodeos: el tamarindo no es un cultivo viable en la España peninsular. Necesita calor sin invierno, y un árbol joven se muere con una helada suave. Lo que sí puedes hacer es germinar la semilla de un tamarindo comprado y criar un ejemplar en maceta, como planta ornamental de hoja bonita o como bonsái, sabiendo que no va a dar fruto. En Canarias, en zonas costeras sin heladas, la cosa cambia y sí puede prosperar en el suelo.

Cómo es el árbol
En su clima es un árbol de gran porte, de copa amplia y densa y tronco grueso, que alcanza tamaños de árbol de sombra de plaza y vive muchísimos años. Su madera es dura y pesada.
La hoja es compuesta y pinnada, con muchos pares de foliolos pequeños que le dan un aspecto ligero y plumoso, y tiene una particularidad que engancha a quien lo cultiva en maceta: los foliolos se cierran por la noche y se vuelven a abrir con la luz. Es el mismo movimiento que hacen otras leguminosas y se aprecia perfectamente en un ejemplar de interior.
Las flores son pequeñas, amarillentas con vetas rojizas, agrupadas en racimos. El fruto es una legumbre curvada, de cáscara parda y quebradiza, con varias semillas duras y brillantes envueltas en la pulpa fibrosa y ácida que es lo que se aprovecha.
Por qué no prospera aquí
Tres motivos, y los tres son de clima:
- Heladas. Un tamarindo joven no las tolera. Un ejemplar adulto y bien establecido puede aguantar un frío puntual muy leve en zonas subtropicales, pero eso no ayuda a quien empieza desde semilla, porque el árbol pasa años en esa fase vulnerable.
- Calor acumulado. Es un árbol de trópico y subtrópico seco, que necesita temporadas largas y cálidas para crecer y para madurar el fruto. Un verano fuerte del interior peninsular no compensa un invierno de heladas.
- Lentitud. Un tamarindo criado de semilla tarda muchos años en llegar a producir. Los cultivos comerciales se hacen con plantas injertadas precisamente por eso.
Es decir: en Andalucía o en Levante puedes tener un tamarindo vivo unos años en maceta si lo resguardas cada invierno, pero no vas a cosechar vainas. Y si lo plantas en el suelo, lo pierdes en el primer invierno frío.
Germinar la semilla, que sí funciona
Esta es la parte divertida, y es fácil. Puedes usar semillas de una vaina de tamarindo comprada, siempre que sea fruto entero y no pasta procesada.
- Limpia bien las semillas de pulpa, frotándolas con agua templada. Son duras, lisas y de un pardo brillante.
- Tienen la cubierta muy dura. Ponlas en remojo en agua templada un día entero, o lija ligeramente un punto de la cáscara con una lima, con cuidado de no dañar el interior.
- Siembra cada semilla en una maceta individual, a un par de centímetros de profundidad, en un sustrato ligero y bien drenante.
- Mantén el sustrato húmedo pero no empapado y, sobre todo, mantén calor. Sin temperatura no nace. Un sitio cálido y luminoso de la casa, o un semillero con calor de fondo, funciona.
- La germinación es buena y bastante rápida en condiciones cálidas, y el crecimiento inicial es vigoroso.

Cuidados en maceta
Luz: la máxima posible. Junto a una ventana muy luminosa dentro de casa, o en la terraza durante los meses cálidos. Con poca luz se estira y pierde hojas.
Sustrato: suelto y drenante, mezcla de sustrato universal con arena gruesa o perlita. El tamarindo tolera suelos pobres en su medio, pero no tolera el agua parada.
Riego: moderado en la temporada de crecimiento, dejando secar la capa superficial entre riegos, y muy reducido en invierno, cuando la planta se para. La causa habitual de muerte de un tamarindo en maceta es el exceso de agua con temperaturas bajas.
Temperatura: métela dentro antes de que lleguen los primeros fríos. No la dejes fuera en otoño confiando en que aún hace bueno; la primera noche fría se la lleva.
Trasplante: cada primavera cuando es joven, subiendo un tamaño de maceta. Tiene raíz pivotante y profunda, así que prefiere macetas más altas que anchas.
Abonado: ligero durante la primavera y el verano, nada en invierno.
Como bonsái
El tamarindo es una especie clásica de bonsái tropical, y con razón: brota bien, ramifica, tiene hoja pequeña y el tronco engrosa con carácter. Se maneja con las técnicas habituales de bonsái tropical, podando en la temporada de crecimiento activo y manteniéndolo a resguardo del frío todo el invierno. Es probablemente el destino más realista de un tamarindo cultivado en España peninsular.
Plagas y problemas
- Daño por frío: hojas ennegrecidas y caída súbita tras una noche fría. Es el problema número uno.
- Caída de hojas en invierno por bajada de temperatura o falta de luz. Si el tronco sigue verde por dentro, la planta puede rebrotar en primavera.
- Cochinilla y araña roja, muy habituales en plantas de interior con aire seco de calefacción.
- Pudrición de raíz por riego invernal excesivo.

El fruto
Aunque tu planta no lo vaya a dar, conviene saber qué es. La vaina madura tiene una cáscara frágil que se rompe con los dedos y dentro una pulpa parda, pegajosa y muy ácida, atravesada por fibras leñosas, con las semillas duras embebidas.
Esa pulpa se usa en cocina disuelta en agua caliente y colada para quitar fibras y semillas: es la base de salsas, guisos, chutneys y refrescos en la India, el sudeste asiático, México y el Caribe. Se vende como vaina entera, como bloque de pulpa prensada (que lleva semillas y hay que colar) o como concentrado. Las semillas duras no se comen crudas.
Hay variedades de pulpa más dulce y variedades muy ácidas, y en los países productores se seleccionan y se injertan según el uso.
Alternativas realistas para el clima español
Si lo que te atrae es cultivar un árbol frutal de aire exótico, en el litoral mediterráneo funcionan bien especies subtropicales adaptadas que sí resisten algo de frío, como el granado, el caqui o la higuera. Si lo que quieres es concretamente el tamarindo, el planteamiento honesto es: maceta, resguardo invernal y disfrutarlo como planta de hoja.

En resumen
El tamarindo es un árbol tropical de gran porte que necesita un clima sin heladas y veranos largos y calurosos. En la España peninsular no hay cosecha posible al aire libre: se pierde con el primer invierno. En Canarias costera y sin heladas sí puede plantarse en el suelo y desarrollarse como árbol.
Lo que sí sale bien en cualquier casa es germinar la semilla, que nace con facilidad tras un remojo de un día, y criar un ejemplar en maceta por su follaje plumoso que se cierra de noche, o trabajarlo como bonsái tropical. Mucha luz, sustrato drenante, riego moderado en verano, casi nada en invierno y siempre a cubierto cuando llega el frío.

