El kale es col rizada, una de las muchas formas cultivadas de Brassica oleracea, la misma especie de la que salen el repollo, el brócoli, la coliflor y las coles de Bruselas. Concretamente pertenece al grupo de las coles que no forman cogollo: la planta crece como un tallo erguido con hojas repartidas a lo largo, y se van cogiendo esas hojas una a una.
Aunque el nombre inglés llegó con la moda de los últimos años, la planta no tiene nada de nueva en España: la berza gallega y asturiana, la col forrajera y la col rizada de toda la vida son la misma cosa o parientes muy próximos. Antes de plantarla conviene saber que es un cultivo de clima fresco, extraordinariamente resistente al frío, y que la helada, lejos de estropearla, mejora su sabor. Es probablemente la hortaliza de hoja más fácil de tener en el huerto de invierno.
Cómo es la planta
Forma un tallo central erguido y grueso del que salen hojas largas, de limbo muy rizado o ampollado según la variedad, en tonos que van del verde claro al verde azulado y al morado. Al ir cortando las hojas de abajo, el tallo se queda desnudo por la base y la planta acaba con aspecto de palmera pequeña.
Es una planta bienal: el primer año hace hoja y el segundo, si la dejas, sube una vara de flores amarillas y produce semilla. En el huerto se cultiva como anual y se arranca cuando empieza a espigarse en primavera.
Variedades
- Rizada verde. La clásica, de hoja muy encrespada y color verde intenso. Es la más resistente al frío.
- Kale toscano, también llamado cavolo nero o kale dinosaurio. Hojas largas, estrechas, de superficie ampollada y color verde muy oscuro casi azulado. Textura más tierna.
- Kale rojo o morado. Hojas con nervadura y bordes morados, muy decorativas. El color se intensifica con el frío.
- Berza gallega y coles forrajeras tradicionales. De hoja lisa o poco rizada y porte grande, cultivadas en España desde hace siglos para consumo humano y para el ganado.
Cuándo sembrar en España
El kale da lo mejor de sí en otoño e invierno, cuando el frío le quita el amargor y le saca dulzor a la hoja. La siembra principal se hace a finales de verano:
- Litoral mediterráneo y sur. Siembra de agosto a octubre para recolectar de otoño a primavera. En verano se resiente del calor y se llena de plagas, así que la siembra de primavera compensa poco.
- Interior peninsular. Siembra de junio a agosto para tener plantas hechas antes de que llegue el frío. Aguanta perfectamente las heladas del invierno de la meseta.
- Norte atlántico. La zona más cómoda: se puede sembrar de primavera a finales de verano y cosechar prácticamente todo el año, porque el verano fresco tampoco le molesta.
Semillero y trasplante
A diferencia de las leguminosas o del hinojo, las coles trasplantan muy bien, así que lo habitual es hacer semillero.
Se siembra en bandeja o en semillero, cubriendo la semilla con poco más de un centímetro. Nace en pocos días con temperatura templada. Cuando la plantita tiene cuatro o seis hojas verdaderas y un tallo firme, se trasplanta a su sitio definitivo, enterrándola algo más profunda de lo que estaba para que se sostenga mejor.
El marco es amplio: de cuarenta a sesenta centímetros entre plantas, según variedad, con la misma distancia entre líneas. Apretadas, las plantas se sombrean entre sí, se airean mal y dan hojas pequeñas.
Suelo y abonado
Aquí el kale se comporta al revés que las leguminosas: es un cultivo exigente en nitrógeno y en materia orgánica. Quiere suelo profundo, fértil y que retenga humedad, con un buen aporte de compost o estiércol maduro antes del trasplante.
El pH le conviene entre neutro y ligeramente alcalino. En suelos ácidos aumenta mucho el riesgo de hernia de la col, una enfermedad de suelo que deforma las raíces y no tiene remedio una vez instalada. Encalar el terreno en zonas de suelo ácido, como buena parte del norte, es una prevención clásica y eficaz.
La rotación es obligatoria: no plantes coles, nabos, rábanos, rúcula ni ninguna otra crucífera en el mismo trozo de bancal durante tres o cuatro años. Es la única forma seria de mantener a raya la hernia de la col.
Riego y exposición
Sol pleno, o media sombra en el sur durante el final del verano. El riego debe ser regular y abundante: la hoja es prácticamente agua, y una planta que pasa sed da hojas duras, correosas y amargas. Al mismo tiempo, no aguanta el encharcamiento.
Un acolchado de paja o de restos vegetales alrededor del tallo mantiene la humedad, evita malas hierbas y protege el suelo en invierno.
En maceta
Funciona bien, y además es una planta bonita para una terraza. Necesita un contenedor de al menos treinta o treinta y cinco centímetros de profundidad y de diámetro, con una sola planta por maceta. El sustrato debe ser rico y con capacidad de retener agua, y hay que abonar cada dos o tres semanas durante el crecimiento porque el volumen de tierra es limitado y la planta consume mucho.
Plagas y problemas frecuentes
- Orugas de la col. Las larvas verdes de las mariposas blancas son la plaga más visible. Se detectan por los agujeros en la hoja y por los excrementos oscuros. Revisar el envés y quitarlas a mano funciona en un huerto pequeño; una malla antiinsectos sobre el cultivo evita que la mariposa ponga.
- Pulgón ceniciento de la col. Colonias grises y polvorientas muy pegadas, en el cogollo y en el envés. Cuesta más de eliminar que el pulgón verde porque se refugia entre los pliegues de la hoja rizada.
- Mosca blanca de la col. Nubes de insectos blancos que salen al mover la planta. Frecuente en otoño.
- Pulguilla o altisa. Escarabajitos que saltan y dejan la hoja acribillada de agujeros minúsculos, sobre todo en plántulas y en tiempo seco.
- Babosas y caracoles. En otoño e invierno húmedos, dentro de las hojas rizadas.
- Hernia de la col. Raíces deformadas y engrosadas, planta que se marchita en las horas de sol. Sin solución: se previene con rotación y encalado.
- Mildiu. Manchas amarillentas por el haz y polvillo gris por el envés, con humedad y poca ventilación.
Cosecha
El kale no se corta entero: se recolecta hoja a hoja y de abajo hacia arriba. Se van cogiendo las hojas exteriores más desarrolladas, dejando siempre intacto el cogollo central, que es donde está el punto de crecimiento. Con ese sistema una sola planta produce durante meses.
La primera recolección llega unas ocho o diez semanas después del trasplante. Las hojas jóvenes son más tiernas y sirven en crudo; las grandes son más fibrosas y van mejor cocinadas. Un detalle real y bien conocido por quien lo cultiva: después de las primeras heladas la hoja está mejor, más dulce y menos amarga, porque la planta responde al frío modificando sus reservas.
Se conserva unos días en la nevera dentro de una bolsa. Escaldada y congelada aguanta meses. Cuando en primavera la planta empieza a subir la vara de flor, la hoja se vuelve dura: es el momento de arrancarla, aunque los brotes florales tiernos también se comen, como si fueran grelos.
Calendario orientativo
| Zona | Siembra en semillero | Cosecha |
|---|---|---|
| Litoral mediterráneo y sur | Agosto a octubre | Otoño a primavera |
| Interior peninsular | Junio a agosto | Otoño e invierno |
| Norte atlántico | Marzo a agosto | Casi todo el año |
Si te interesan otras coles de la misma especie, tienes las fichas de berza, col, brócoli y coles de Bruselas, todas con el mismo problema de rotación y las mismas plagas.
En resumen
El kale es col rizada, una hortaliza de hoja para el huerto de otoño e invierno que aguanta el frío mejor que casi cualquier otra. Se siembra en semillero a finales de verano, se trasplanta con marco amplio a suelo rico y bien abonado, y se riega con regularidad para que la hoja salga tierna.
Recolecta las hojas de abajo hacia arriba dejando siempre el cogollo, y una sola planta te dará durante meses. Vigila las orugas y el pulgón ceniciento, y respeta la rotación de crucíferas de tres o cuatro años, que es lo único que evita la hernia de la col. Y no te apures si llega una helada: la cosecha estará mejor después.