"Cactus de coral" no es el nombre de una planta, es una etiqueta que se pega a tres cosas distintas, y dos de ellas ni siquiera son cactus. Si has llegado buscando cómo cuidar el tuyo, lo primero es saber cuál tienes, porque los cuidados de uno matan al otro. La que más se vende con ese nombre en España es Euphorbia lactea f. cristata injertada sobre otra euforbia: una planta preciosa, con látex irritante y ninguna areola.

Distinguirlas cuesta medio minuto. Mira si el tallo tiene areolas, esas almohadillas con pelillos de las que salen las espinas, porque solo las tienen los cactus. Mira si la planta está injertada, con un cuello y un cambio de color y textura a media altura. Y si hay un corte o un arañazo, mira si rezuma un líquido blanco lechoso: eso es látex de euforbia, y ningún cactus lo tiene.

Euphorbia lactea crestada vendida como cactus de coral

Las tres plantas que se venden como cactus de coral

Lo que hay en la etiqueta Lo que es Familia Señal inconfundible
Cactus de coral, euforbia crestada, cuerno de alce Euphorbia lactea f. cristata injertada Euforbiáceas Látex blanco, sin areolas, injerto visible
Cactus de coral, cactus arroz Rhipsalis, sobre todo R. cereuscula Cactáceas Tallos colgantes finos y ramificados, epífito
Cactus de coral, cactus cerebro Mammillaria elongata y su forma crestada Cactáceas Tubérculos con areolas y espinas radiales doradas

Hay además un cuarto uso del nombre, más literario que comercial, para cualquier cactus crestado que forme masas ramificadas parecidas a un coral. Si vas a comprar, pide la planta por su nombre científico y te ahorras la lotería.

Cómo distinguir una euforbia de un cactus

Las euforbias suculentas africanas y asiáticas son el mejor ejemplo de convergencia evolutiva que hay en jardinería: viven en climas parecidos a los de los cactus americanos y han acabado con la misma silueta, tallos carnosos, costillas y pinchos. Pero no están emparentadas.

Las diferencias que sirven en la práctica son tres. Los cactus tienen areolas y las euforbias no: en una euforbia las espinas salen directamente del borde de la costilla, muchas veces en pares, sin almohadilla lanuda en la base. Los cactus no sueltan látex, y las euforbias sí, un jugo blanco espeso que aparece al menor corte. Y las flores no se parecen en nada: la del cactus es grande y vistosa, con muchos tépalos, mientras que la euforbia tiene inflorescencias diminutas llamadas ciatios, tan pequeñas que casi nadie las registra como flores. Tienes el grupo entero en el apasionante mundo de las euphorbia.

Cresta de Euphorbia lactea injertada sobre un patrón

Euphorbia lactea crestada: dos plantas en una maceta

Esto es importante y casi nunca se dice: la planta que compras es un injerto, y por tanto son dos plantas. Arriba va la cresta de Euphorbia lactea, una fasciación en abanico, a menudo variegada en blanco, crema o rosa. Abajo va un patrón, habitualmente Euphorbia neriifolia, que es el que tiene las raíces y el que alimenta al conjunto. Entre las dos se ve el punto de unión.

Euphorbia lactea es originaria de la India y de zonas tropicales de Asia, donde en el suelo forma un arbusto o arbolito muy ramificado. La forma crestada no existe como especie silvestre: es una anomalía del punto de crecimiento que se mantiene injertándola, exactamente igual que ocurre con el cactus cerebro entre las cactáceas. Y como muchas crestas están variegadas y tienen poca clorofila, el injerto no es un capricho estético sino lo que las mantiene vivas.

De ahí salen los dos problemas típicos. El primero es que el patrón eche brotes propios por debajo de la unión: tallos verdes, normales, mucho más vigorosos, que si los dejas acaban robándole todo a la cresta. Se cortan en cuanto aparecen. El segundo es que la unión del injerto es el punto débil de la planta: si se pudre ahí, se pierde entera.

Cuidados de la euforbia de coral

Es una planta tropical, nada rústica. En España vive de interior salvo en el litoral libre de heladas, donde puede pasar el verano fuera y guarecerse en invierno. Quiere luz abundante pero tamizada: el tejido variegado, al no tener pigmento que lo proteja, se quema a pleno sol de verano detrás de un cristal y queda marcado para siempre.

El sustrato, de cactáceas, muy drenante, y la maceta, con agujero, a poder ser de barro para que el cepellón se seque antes. El riego, de empapar y secar, esperando a que el sustrato esté seco del todo: mucho menos en invierno, y nunca agua por encima de la cresta, que acumula humedad en los pliegues. Abono de cactus diluido en primavera y verano, nada el resto del año.

En plagas, lo habitual son cochinillas algodonosas escondidas justo en los pliegues del abanico, donde no se ven, y en ambiente seco y cálido, araña roja. Revisa la planta por dentro de las ondulaciones de vez en cuando, que es donde se instalan.

El látex: precauciones reales

Todas las partes de la planta contienen un látex blanco que es irritante para la piel y sobre todo para los ojos, y tóxico por ingestión. No es una advertencia de compromiso: el contacto ocular con látex de euforbia puede causar lesiones serias en la córnea y es motivo de acudir al médico sin esperar.

En la práctica: guantes siempre que la podes, la trasplantes o la manipules cortada, no te lleves la mano a la cara mientras trabajas, lávate bien después y limpia la herramienta. Si te salpica la piel, lava con agua y jabón. Si te entra en un ojo, enjuaga con agua abundante y acude a urgencias. Y ten en cuenta que es tóxica para perros y gatos, así que si tienes animales que mordisquean plantas, esta va alta y fuera de su alcance, o no entra en casa. Hay más en cuáles son los cactus venenosos.

Tallos de Rhipsalis, el cactus de coral que sí es un cactus

Rhipsalis: el cactus de coral que sí es cactus

El otro candidato al nombre es Rhipsalis, y en particular Rhipsalis cereuscula, cuyos tallos se ramifican en segmentos cortos y apretados que recuerdan a una colonia de coral. Son cactus epífitos de las selvas húmedas americanas, que viven encaramados a las ramas de los árboles, y Rhipsalis baccifera tiene el mérito de ser el único cactus que aparece de forma natural fuera de América.

Se cuidan casi al revés que la euforbia de coral, y desde luego al revés que un cactus de desierto. Luz tamizada, nunca sol directo fuerte. Sustrato aireado, con corteza o fibra, porque en su hábitat sus raíces están al aire. Riego regular durante el crecimiento, sin dejar que el cepellón se seque por completo durante semanas, y agradecen ambiente húmedo. Es planta de maceta colgante, y florece en flores diminutas seguidas de bayas translúcidas.

Las mamilarias de dedos

Por último, en algunos catálogos aparece como cactus de coral Mammillaria elongata, que forma macollas de tallos cilíndricos cubiertos de espinas radiales doradas, y muy especialmente su forma crestada, que se amontona en cordones ondulados. Esta sí es una cactácea de pleno derecho, mexicana, de desierto: sol directo, sustrato mineral, riego muy espaciado e invierno completamente seco.

Composición de suculentas y cactus en maceta

En resumen

Cactus de coral es un nombre comercial que se reparte entre una euforbia crestada e injertada, unos cuantos Rhipsalis epífitos y alguna mamilaria de tallos digitados. Antes de buscar cuidados, identifica cuál tienes: areolas y ausencia de látex significan cactus, látex blanco y espinas sin almohadilla significan euforbia, y una línea de unión a media altura significa que estás cuidando dos plantas a la vez.

Si lo tuyo es la euforbia, que es lo más probable, recuerda las tres cosas que importan: luz clara pero sin sol directo abrasador sobre el tejido variegado, sequía entre riego y riego, y guantes cada vez que la cortes. El látex es irritante para los ojos y tóxico para perros y gatos, y eso no cambia por muy decorativa que sea la planta.


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