El cactus cerebro no es una especie. Es Echinopsis pachanoi f. cristata, o sea el cactus de San Pedro de toda la vida al que le ha pasado algo en el punto de crecimiento. En lugar de seguir subiendo como una columna, el tallo se ensancha en abanico y se pliega sobre sí mismo hasta formar un montículo ondulado que recuerda a la corteza de un cerebro. De ahí el nombre comercial, y de ahí también que cada ejemplar tenga una forma distinta.
Lo que hay detrás se llama fasciación o cristación, y es una anomalía del crecimiento, no una variedad botánica. Eso tiene tres consecuencias prácticas: no se hereda por semilla, se multiplica por esqueje o por injerto, y puede revertir a crecimiento normal en cualquier momento. Todo lo demás que se cuenta de esta planta, los cuidados incluidos, se entiende mejor con eso claro.
Qué es exactamente una cristación
En un cactus normal, el crecimiento sale de un meristemo apical, un grupo diminuto de células en división situado en la punta del tallo. Ese meristemo es un punto, y por eso el tallo crece como un cilindro o como una esfera, con las costillas dispuestas en torno a un eje.
En una planta fasciada, ese punto se estira y pasa a comportarse como una línea. El tejido nuevo ya no sale de un centro sino de todo un frente, de modo que el tallo se convierte en una lámina que se ensancha. Como la lámina crece más rápido de lo que cabe en el espacio disponible, se ondula, se pliega y acaba formando ese montículo compacto con crestas y valles. Cada tramo del frente avanza a su ritmo, y por eso dos crestas de la misma planta madre nunca salen iguales.
Por qué ocurre no está del todo resuelto. Se han descrito casos ligados a daños mecánicos en la yema, a infecciones, a desequilibrios hormonales y a mutaciones somáticas espontáneas. La fasciación no es exclusiva de los cactus: aparece en girasoles, en espárragos, en sauces y en muchas otras plantas, siempre con el mismo aspecto de tallo aplanado en cinta.
No se hereda, y por eso se injerta
Este es el punto que casi nunca se explica. Si una cresta llega a florecer y produce semillas viables, esas semillas dan plantas normales, columnares, sin rastro de la anomalía. La cristación es un accidente del tejido, no un carácter genético que se transmita.
De ahí que todo el material crestado que circula en el mercado venga de multiplicación vegetativa. Se corta un trozo de la cresta, se deja cicatrizar y se enraíza, o bien se injerta sobre un patrón vigoroso, que en el caso de los columnares suele ser otro Echinopsis del grupo de los antiguos Trichocereus, y en plantas pequeñas un Hylocereus o un Myrtillocactus. El injerto acelera mucho el crecimiento y permite sostener crestas grandes con un sistema radicular pequeño. Si quieres el procedimiento, está en cómo injertar cactus.
Todo esto explica el precio. Una cresta cuesta lo que cuesta porque cada unidad sale de una planta madre concreta y no de un sobre de semillas, no porque sea una especie rara ni protegida.
Crestado, monstruoso y variegado
Se confunden los tres, y son cosas distintas. El crestado tiene el meristemo convertido en línea y crece en abanico. El monstruoso multiplica puntos de crecimiento por todo el tallo, así que en vez de un abanico da un amasijo de bultos irregulares. El variegado no tiene nada que ver con la forma: es una alteración del color por falta de clorofila en parte del tejido, y afecta a la capacidad de la planta para alimentarse, razón por la cual muchos variegados extremos solo sobreviven injertados.
Un mismo ejemplar puede combinar dos de las tres cosas. Y hay crestaciones célebres fuera de los cactus: la más vendida es la de Euphorbia lactea, que se comercializa como cactus de coral aunque sea una euforbia con látex irritante, y que tienes explicada en cactus de coral.
De dónde viene la planta original
El cactus de San Pedro, Echinopsis pachanoi, es un columnar de los Andes de Ecuador y Perú, donde crece a bastante altitud. Durante décadas se llamó Trichocereus pachanoi, y ese nombre sigue apareciendo en etiquetas y catálogos. Es verde glauco, de costillas anchas y redondeadas, con espinas muy cortas o directamente ausentes en muchos clones, y da flores nocturnas blancas, grandes y muy fragantes, que se abren al caer la tarde y se cierran a la mañana siguiente. En su forma normal es uno de los cactus columnares que más rápido crece. Tienes su ficha en el cactus de San Pedro y el género completo en el género Echinopsis.
Un apunte que corresponde hacer y dejar ahí: esta especie contiene mescalina, que en España es una sustancia fiscalizada, de modo que preparar o consumir la planta está fuera de la ley aunque su cultivo como ornamental sea perfectamente normal. Este artículo va de la planta y de la cristación.
Cuidados: lo mismo que el San Pedro, con dos avisos
En sustrato y riego se comporta como su forma normal. Quiere una mezcla que drene deprisa, con buena parte mineral, y riego de empapar y secar durante la temporada de crecimiento. A diferencia de los cactus de desierto verdadero, el San Pedro admite bastante agua mientras crece, porque en su tierra las lluvias de verano son generosas. En invierno se corta el riego o se reduce al mínimo, y no se abona.
El primer aviso es el sol. La cresta ofrece una superficie de tejido mucho mayor y más tierna que una columna, y el sol de julio en la meseta o en el sur, sobre una planta que venía de una sombra de vivero, la quema. La quemadura deja una cicatriz corchosa que ya no se va. Sol sí, pero aclimatando poco a poco y con sombreo en las horas centrales el primer verano.
El segundo es el agua parada. Los pliegues de la cresta forman valles donde el agua se queda, y ahí empiezan las manchas negras de podredumbre. Riega en el sustrato, no por encima de la planta, y si la tienes fuera, ponla donde no le caiga la lluvia de invierno en la corona.
El frío en España
Al venir de la alta montaña andina, el San Pedro aguanta el frío bastante mejor que otros cactus de origen tropical, pero siempre con una condición: que esté seco. Frío y sustrato húmedo a la vez es lo que lo pudre. En el litoral mediterráneo y en el sur puede pasar el invierno fuera, resguardado de la lluvia. En el interior peninsular, donde hiela de verdad, y en zonas de montaña, lo prudente es meterlo a un porche o una galería fría y luminosa y dejar de regar. En el norte atlántico el problema no es la temperatura sino la lluvia continua, así que ahí lo importante es techarlo.
Multiplicación y reversión
Se propaga cortando un fragmento de la cresta con un cuchillo limpio y bien afilado. El corte se deja cicatrizar varios días en un sitio fresco, aireado y a la sombra, hasta que forme callo, y solo entonces se apoya sobre sustrato seco o apenas húmedo. No se riega hasta que haya emitido raíces. Un corte grande tarda más en cicatrizar que uno pequeño, y si se planta antes de tiempo se pudre.
La reversión es lo que más sorprende a quien compra una cresta. De vez en cuando, de un punto de la cresta brota un tallo normal, cilíndrico, que además crece con más vigor que el resto porque el crecimiento fasciado es ineficiente. Si lo dejas, ese brote acaba dominando la planta y la cresta se queda estancada. Si quieres conservar la forma crestada, se corta el brote normal en cuanto aparece. Y si lo que quieres es un San Pedro columnar, ahí tienes uno gratis: ese brote enraíza sin problema.
En resumen
El cactus cerebro es un cactus de San Pedro con el meristemo fasciado: el punto de crecimiento se ha convertido en una línea y el tallo crece en abanico plegado hasta formar ese montículo característico. No es una especie, no es un híbrido y no se obtiene por semilla, porque la anomalía no se hereda. Todo lo que se vende sale de esqueje o de injerto sobre un patrón vigoroso, y eso explica su precio.
En cultivo se cuida como su forma normal, con sustrato muy drenante, riego de empapar y secar en verano, nada de agua en invierno y sol aclimatado poco a poco. Las dos cosas que lo estropean son la quemadura solar sobre el tejido tierno de la cresta y el agua estancada en los pliegues. Y si un día ves salir un tallo redondo del abanico, no es que haya enfermado: es la cresta revirtiendo a crecimiento normal, y tú decides si lo cortas o no.