Si has heredado un cactus globoso que echa hijuelos por docenas y una noche de junio abre una flor gigantesca que al día siguiente está mustia, tienes una Echinopsis. Es el género más repartido por las terrazas españolas, y también uno de los más confusos: bajo ese nombre conviven cactus del tamaño de un puño, matas colgantes de tallos como dedos y columnas de varios metros.

Este artículo es una guía para poner nombre a la tuya. Van primero los caracteres que identifican al género frente a los cactus globosos que se le parecen, y después los grupos y especies concretas que circulan por aquí, con lo que distingue a cada uno. La taxonomía del género, que está revuelta, y el cultivo detallado los tienes en la ficha del género Echinopsis.

Echinopsis en florEchinopsis en flor.

Cómo se sabe que es una Echinopsis y no otra cosa

La flor decide. Una Echinopsis saca la flor del lateral del cuerpo, no del ápice, sobre un tubo largo y estrecho, cubierto de escamas con pelos lanosos, que se abre arriba en forma de embudo. Ese tubo peludo y desproporcionadamente largo es el carácter que no tienen sus imitadores.

Con eso separas el género de casi todo lo demás que se vende en maceta pequeña:

  • Echinocactus y Ferocactus: flores cortas, casi sin tubo, apretadas en el ápice y saliendo de la lana central. Además son plantas mucho más grandes y de espinas gruesas.
  • Parodia y Notocactus: flores también apicales, sentadas sobre el cuerpo, casi siempre amarillas y con el estigma rojo muy marcado.
  • Gymnocalycium: el tubo floral existe pero es liso, con escamas y sin pelos, de ahí el nombre (cáliz desnudo). Y el cuerpo tiene esas barbillas o mentones bajo cada areola.
  • Mammillaria: nada que ver, no tiene costillas sino tubérculos, y las flores forman una corona.

Lo segundo que las delata es la facilidad con que producen hijuelos alrededor de la base. Muchas Echinopsis de casa llevan décadas en la misma maceta convertidas en un corro apretado de cabezas, y esa es la forma en que han pasado de vecina a vecina sin pisar jamás un vivero.

Echinopsis con brotes o hijuelos en la baseEchinopsis con brotes o hijuelos.

Grupo uno: las globosas de flor nocturna

Son las clásicas, las que probablemente tengas. Cuerpo globoso o cortamente cilíndrico con la edad, costillas marcadas y rectas, espinas cortas, y flores enormes, blancas o rosadas, que abren al anochecer, huelen bien y están marchitas a media mañana.

Echinopsis oxygona es la más extendida. Cuerpo verde oscuro, muy proliferante, y flor grande de tonos rosa a lila pálido sobre un tubo larguísimo. Es la que se regala en hijuelos y la que aparece en cualquier patio del sur. Tiene ficha propia en cuidados del cactus Echinopsis oxygona.

Echinopsis eyriesii se le parece mucho pero da la flor blanca pura. La confusión entre las dos es histórica y frecuente, y en el comercio se intercambian los nombres con alegría. Si la flor es blanca y el tubo muy largo, apunta a esta.

Echinopsis subdenudata, el llamado cactus dominó, es inconfundible: cuerpo verde claro casi sin espinas, con las areolas convertidas en pequeños botones de lana blanca repartidos por las costillas, como las fichas del juego. Flor blanca y nocturna, también enorme para el tamaño de la planta.

Grupo dos: las antiguas Lobivia, de flor diurna y de color

Aquí la flor es más corta, se abre de día, dura dos o tres jornadas y viene en rojo, naranja, amarillo, rosa o violeta. Son cactus andinos, de montaña, globosos y pequeños, que forman grupos. Durante décadas se llamaron Lobivia (anagrama de Bolivia) y siguen vendiéndose así en muchos viveros, aunque buena parte se trasladó a Echinopsis.

Se reconocen por el contraste: planta chiquita y espinosa, flor desproporcionada y de un color intenso, abierta a pleno sol. Si tu cactus florece de día y en naranja fuerte, estás en este grupo y no en el anterior.

Echinopsis chamaecereus es el caso más popular y el más raro de aspecto: no es globoso, sino una mata de tallos cilíndricos delgados, de unos pocos centímetros, que se van tumbando y colgando por el borde de la maceta. Se le llama cactus cacahuete por la forma de esos tallos. Flores rojas o anaranjadas, diurnas y abundantes. Antes era Chamaecereus silvestrii. Se rompe con solo mirarlo, y cada trozo caído enraíza, que es exactamente como se propaga.

Echinopsis chamaecereusEchinopsis chamaecereus.

De esta especie circula además una forma cristada, en la que el punto de crecimiento se ensancha y produce abanicos ondulados en lugar de tallos cilíndricos. Es una anomalía del meristemo, no una variedad, y se mantiene por esqueje o injerto porque no se hereda.

Echinopsis chamaecereus cristataEchinopsis chamaecereus cristata.

Grupo tres: las columnares, las antiguas Trichocereus

Nada de globos: columnas verdes, a veces azuladas, con pocas costillas anchas y espinas cortas, que en su tierra llegan a varios metros y se ramifican desde la base. Las flores son blancas, gigantescas y nocturnas, y salen del lateral de la columna.

Echinopsis pachanoi, el cactus de San Pedro, es el más conocido: columna de verde azulado, costillas anchas y redondeadas, espinas muy cortas o ausentes en las areolas. Crece deprisa para ser un cactus y se ve con frecuencia como planta ornamental en jardines del litoral. Un dato que conviene decir con claridad: contiene mescalina, que en España es una sustancia fiscalizada. La planta se cultiva legalmente como ornamental; su preparación o consumo es otra cosa y queda fuera de este artículo.

Echinopsis pachanoi, el cactus de San PedroEchinopsis pachanoi.

Echinopsis spachiana, la antorcha dorada, es la otra columnar habitual: más delgada, con muchas más costillas y espinas doradas cortas. Se usa muchísimo como patrón de injerto porque enraíza y crece sin problemas. Echinopsis terscheckii es la grande de verdad, arborescente, con espinas largas y amarillas, y aparece en jardines secos y rocallas del sur. Todo este grupo lo tienes desarrollado en los cactus Trichocereus o Echinopsis.

Los híbridos de flor, que no tienen nombre de especie

Desde hace décadas hay aficionados cruzando las globosas de flor grande con las antiguas Lobivia para obtener flores enormes en colores que no existen en la naturaleza: albaricoque, salmón, bicolores, rojos profundos. Se venden con nombre de cultivar entrecomillado o sin nombre ninguno.

Si tienes un cactus globoso pequeño que da una flor desmesurada de un color extraño, muy probablemente no es ninguna especie: es un híbrido. No es una mala noticia. Suelen ser plantas más vigorosas que sus padres, muy floríferas y agradecidas.

Lo mínimo de cultivo, para no equivocarte

Todo el género comparte lo esencial: sustrato mineral que seque rápido, sol directo aclimatado poco a poco, riego generoso y espaciado de abril a septiembre, y sequía total de noviembre a febrero. Ese invierno seco y fresco no es solo supervivencia, es lo que induce los botones florales de la primavera siguiente. Una Echinopsis que pasa el invierno caliente en el salón crece lacia y no florece.

Donde sí cambian las cosas es en el frío. Las especies de puna andina, que viven a mucha altitud, toleran bastante mejor el fresco que las de tierras bajas del Chaco. Como casi nunca sabes la procedencia exacta de tu planta, la regla prudente en el interior peninsular y en el norte atlántico es protegerlas de la lluvia de invierno, que es lo que realmente las pudre, más que meterlas en calor.

En resumen

Una Echinopsis se identifica por la flor: tubo largo cubierto de escamas con pelos lanosos, salida lateral del cuerpo y forma de embudo. A partir de ahí, el porte y el horario de la flor te colocan en uno de tres grupos: las globosas de flor blanca o rosa nocturna, como E. oxygona, E. eyriesii y E. subdenudata; las antiguas Lobivia, pequeñas y de flor diurna en colores fuertes, con E. chamaecereus a la cabeza; y las columnares, las antiguas Trichocereus, con E. pachanoi y E. spachiana como caras visibles.

Si no encaja en ninguno pero tiene una flor descomunal y de color raro, es un híbrido de jardinería y no hay especie que buscar. Y si lo que quieres es que florezca, sea cual sea el grupo, la respuesta siempre es la misma: sol en verano y un invierno de verdad, sin una gota de agua.


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