Antes de coger las tijeras conviene saber esto: el látex blanco que sueltan las Euphorbia al cortarlas es cáustico, y una salpicadura en el ojo puede provocar una queratoconjuntivitis grave que necesita atención médica. No es una advertencia de letra pequeña ni un exceso de celo. Es lo primero que hay que asumir para disfrutar de un género que, por lo demás, reúne algunas de las plantas más asombrosas y más fáciles de cultivar que se pueden tener en casa.

Y es un género enorme. Euphorbia agrupa más de 2.000 especies repartidas por todos los continentes salvo la Antártida, dentro de la familia Euphorbiaceae. Ahí caben desde hierbas anuales de nuestros descampados hasta árboles africanos de doce metros, pasando por la flor de Pascua del salón y por bolas verdes perfectamente esféricas que parecen cactus y no lo son.

No son cactus, aunque lo parezcan

La confusión es antigua y comprensible. Muchas euforbias africanas tienen tallos suculentos, costillas verticales, espinas y hojas reducidas o ausentes, exactamente igual que un cactus americano. Es un caso de manual de evolución convergente: dos linajes sin parentesco cercano que, sometidos a la misma presión de aridez, llegan a la misma solución de forma. Pero los detalles delatan a cada uno.

Areolas. Los cactus tienen areolas, esos cojincillos de fieltro de los que brotan espinas, flores y brotes nuevos. Las euforbias no tienen areolas. Sus espinas son estípulas modificadas o restos endurecidos de pedúnculos florales, y suelen salir en pares a lo largo de las costillas.

Látex. Un cactus herido suelta savia acuosa o mucilaginosa. Una euforbia herida suelta látex blanco, denso y lechoso, casi de inmediato. Es el carácter más rápido y más fiable de todos.

Flores. Los cactus tienen flores grandes y vistosas, con muchos tépalos. Las euforbias no tienen flores en el sentido corriente: tienen ciatios, inflorescencias diminutas en las que unas brácteas forman una copa que contiene varias flores masculinas reducidas a un estambre y una flor femenina reducida a un ovario. Lo que en una flor de Pascua parece pétalos rojos son brácteas; la flor de verdad son los granitos verdes y amarillos del centro.

Un tercer grupo suele colarse en la misma confusión: los Astrophytum y Stapelia del comercio, o las Pachypodium, que son apocináceas. Ante la duda, la prueba del látex resuelve casi siempre.

Qué se cultiva aquí, por grupos

Tratar a todas las euforbias igual es el error de fondo del que derivan casi todos los demás. Conviene separarlas al menos en tres bloques.

Suculentas de invernadero o interior. Vienen del sur y el este de África, de Madagascar y de Arabia, y no toleran heladas. Euphorbia obesa, la famosa bola ajedrezada sudafricana, apenas 10 o 15 cm de diámetro, de crecimiento lentísimo y dioica (hacen falta un pie macho y uno hembra para obtener semilla). Euphorbia trigona, la de tallos triangulares que se vende como planta de piso, y su forma 'Rubra' de tonos vinosos. Euphorbia lactea, con la variegada 'White Ghost' y la célebre forma crestada, que casi siempre se comercializa injertada sobre un patrón de E. neriifolia porque, sin clorofila suficiente o con un crecimiento tan anómalo, sobre sus propias raíces languidece. Euphorbia tirucalli, los "palitos de fuego", con la selección 'Sticks on Fire' de brotes anaranjados, un arbustazo capaz de superar los cuatro metros en clima suave y el campeón indiscutible de látex agresivo del género. Euphorbia milii, la corona de Cristo malgache, espinosísima y de floración casi continua, la más agradecida de todas para empezar.

Euphorbia obesa, planta suculenta esférica sin espinas

Arbustivas y arbóreas de clima cálido. En la costa mediterránea, el sur peninsular y sobre todo en Canarias se cultivan al aire libre especies de porte grande: Euphorbia ingens y E. candelabrum, columnares africanas; Euphorbia resinifera, el "cardón" marroquí que forma cojines de metros de diámetro; y en el archipiélago, endemismos como Euphorbia canariensis o la espectacular Euphorbia balsamifera, la tabaiba dulce. Estas piden calor, drenaje extremo y ninguna helada.

No suculentas de jardín, y bastante rústicas. Este grupo se infravalora mucho y es el que más juego da en jardinería peninsular. Euphorbia characias subsp. wulfenii, mediterránea, forma matas de 1 a 1,2 m que en marzo y abril se cubren de grandes inflorescencias verde lima; aguanta sequía estival, suelo pobre y heladas de varios grados bajo cero. Euphorbia myrsinites, rastrera, de hojas glaucas dispuestas en espiral, ideal para muros y rocallas. Euphorbia rigida, similar pero más erguida. Euphorbia amygdaloides var. robbiae, una de las pocas cubiertas de suelo que prospera en sombra seca bajo árboles, aunque conviene contenerla porque es invasiva por rizoma. Y la más doméstica de todas, Euphorbia pulcherrima, la flor de Pascua mexicana, que en el litoral se planta en jardín y se convierte en un arbusto de dos metros.

Fuera del cultivo, en el campo español conviven decenas de euforbias silvestres: E. helioscopia en huertos, E. peplus en cualquier alcorque urbano, E. lathyris —el tártago, al que se atribuye sin fundamento sólido la propiedad de espantar topos— y E. serrata en cunetas.

Cultivo: luz, sustrato y riego

Luz. Todas quieren claridad, pero no todas quieren sol a pleno. Las columnares africanas y E. milii agradecen sol directo. E. obesa y las variegadas como 'White Ghost' o la lactea crestada se queman con facilidad si pasan de golpe del interior a una terraza a pleno sol de julio: aparecen manchas blanquecinas o corchosas que ya no se van. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, dando cada vez algo más de exposición.

Sustrato. Muy mineral. Una base de sustrato para cactus con un 30-40 % añadido de pómice, arena silícea gruesa, arlita o picón funciona para todas las suculentas del género. Las de jardín, tipo characias, se conforman con cualquier suelo que no se encharque, incluso calizo y pedregoso.

Riego. Aquí está el segundo malentendido grande: en crecimiento, muchas euforbias suculentas beben más que un cactus, no menos. De abril a septiembre se riega a fondo cada vez que el sustrato se ha secado del todo, lo que en una maceta de barro al sol puede ser cada semana. Lo que no perdonan es el agua en frío: de noviembre a febrero, con temperaturas bajas, se reduce al mínimo o se suspende del todo en las especies que descansan. Un riego abundante en enero con 8 °C es la receta exacta para la podredumbre basal.

Temperatura. Como orientación, las suculentas tropicales del género quieren no bajar de 10 °C, y muchas soportan 5 °C si están completamente secas. Las mediterráneas no suculentas resisten sin problema -8 o -10 °C. Entre medias hay de todo, así que merece la pena saber la procedencia concreta de la planta que se compra.

Abono. Poco. Un fertilizante para cactus, bajo en nitrógeno, una vez al mes en primavera y verano, y nada el resto del año. El exceso de nitrógeno produce tejidos hinchados, blandos y propensos a hongos, y deforma para siempre las especies de crecimiento geométrico como E. obesa.

Multiplicación

Las de tallo ramificado se propagan por esqueje con un procedimiento propio del género. Se corta con hoja limpia, y acto seguido se detiene el sangrado del látex sumergiendo el corte en agua o pulverizándolo hasta que deja de manar; si no se hace, el látex coagula formando un tapón que impide el enraizamiento. Después se deja secar el esqueje al aire, a la sombra, entre una y tres semanas según el grosor, hasta que la herida forme un callo seco y duro. Solo entonces se planta, en sustrato mineral apenas húmedo, y no se riega hasta pasados unos días. Primavera y principios de verano son la época.

Euphorbia tirucalli, arbusto suculento de tallos cilíndricos

Las globosas que no ramifican, como E. obesa, solo se multiplican por semilla. Al ser dioicas hace falta polen de otro ejemplar, y las cápsulas maduras proyectan las semillas a varios metros al abrirse de golpe: si quieres cosecharlas, hay que embolsar la cápsula con una malla fina antes de que reviente. La semilla germina bien fresca, a 20-25 °C, en sustrato mineral esterilizado y con humedad constante hasta que emergen las plántulas.

Las formas crestadas y variegadas no dan semilla útil o directamente no la dan: se perpetúan por injerto sobre patrones vigorosos del propio género, normalmente E. neriifolia o E. canariensis. Cuando compres una crestada injertada, vigila los brotes que salgan del patrón por debajo del punto de unión y elimínalos, porque acabarán robando todo el vigor.

Problemas y plagas

La podredumbre de la base por exceso de riego en frío es, con diferencia, la causa principal de muerte. Cuando el tejido se ablanda por abajo, la única opción realista es cortar por encima muy alto, en tejido sano, y enraizar la parte superior como esqueje.

La cochinilla, tanto algodonosa como la de raíz, se instala entre las costillas y bajo el cuello. Se trata con jabón potásico y aceite de parafina, revisando el cepellón al trasplantar. La araña roja aparece en ambientes secos y cálidos y deja un punteado plateado en los tallos jóvenes.

El corcheado de la base de plantas viejas no es una enfermedad: es lignificación normal y no hay que hacer nada. En cambio, las manchas necróticas hundidas y de bordes definidos suelen ser quemaduras solares o daño por frío, y no se recuperan; la planta simplemente sigue creciendo por encima.

El látex: cómo trabajar con seguridad

El látex de las euforbias contiene ésteres de forbol y otros diterpenos irritantes. Su agresividad varía mucho entre especies —E. tirucalli, E. resinifera y E. lactea están entre las peores—, pero la precaución debe ser la misma para todas.

En la piel produce enrojecimiento y ampollas, con efecto retardado de varias horas. En los ojos causa dolor intenso, inflamación y visión borrosa, y hay casos documentados de lesión corneal duradera. Es también tóxico por ingestión.

Las reglas de trabajo son sencillas: guantes siempre, gafas de protección al podar especies grandes, no llevarse las manos a la cara mientras se trabaja, lavar con agua y jabón cualquier salpicadura en la piel de inmediato y no tirar los restos de poda a la compostera doméstica si hay huerto. Si entra látex en un ojo, hay que lavar con abundante agua durante quince minutos y acudir a urgencias oftalmológicas, sin esperar a ver si mejora.

Un apunte más, poco conocido: las euforbias suculentas están incluidas en el Apéndice II del CITES, con algunas excepciones para material de propagación artificial de especies muy comercializadas. Comprar en viveros formales, y no recolectar en la naturaleza, no es solo lo correcto: en muchos casos es lo legal.

En resumen

Las Euphorbia son un género gigantesco que va de la hierba de cuneta al árbol africano, y en el que las suculentas imitan la forma de los cactus sin tener nada que ver con ellos: sin areolas, con las flores reducidas a ciatios y con ese látex blanco que las identifica al instante. Cultivarlas bien pasa por saber de dónde viene cada una, darles sustrato muy mineral, riego generoso en calor y prácticamente nulo en invierno frío, abono escaso y luz abundante con aclimatación previa en las variegadas. Multiplicarlas exige el paso extra de cortar el sangrado con agua y dejar callo antes de plantar. Y todo ello, con guantes: el respeto al látex es la condición para que el resto resulte, efectivamente, apasionante.


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