Lo que se cuenta aquí es etnobotánica de la Amazonía occidental: qué plantas usan los especialistas indígenas y mestizos del alto Amazonas, cómo se llaman de verdad y qué son desde el punto de vista botánico. No vas a encontrar preparaciones, cantidades ni formas de tomar nada, porque eso no es información botánica y porque varias de estas especies son tóxicas o psicoactivas y su uso está regulado.
Conviene además dejar clara la distancia. Esto es un sistema de conocimiento con siglos de historia, transmitido en lenguas concretas, dentro de comunidades concretas, y con una relación entre persona y planta que no se traduce bien a una lista de remedios. Contarlo como recetario es faltarle al respeto y además es falso. Lo que sigue es lo que sí se puede contar: los nombres, las familias y la historia.
Vegetalistas, no chamanes genéricos
En la Amazonía peruana y en el piedemonte andino, el especialista que trabaja con plantas recibe nombres locales; el más extendido en castellano amazónico es vegetalista, y en quechua aparece el término yachaq, el que sabe. No todos los especialistas rituales de la cuenca trabajan con plantas: los hay que se dedican a la adivinación o al tratamiento de asuntos que nada tienen que ver con la botánica.
El concepto que organiza todo el sistema es el de planta maestra. En esa visión, ciertas especies no son un ingrediente sino un interlocutor, y el aprendizaje pasa por periodos de retiro y restricción alimentaria en los que el aprendiz se vincula con una planta determinada. Es un marco cultural, no una farmacología, y traducirlo a "sirve para la artritis" pierde exactamente lo que tiene de interesante.
Dicho esto, esas mismas plantas son especies reales, con su familia y su distribución, y ahí sí se puede ser preciso.
Ajo sacha
Mansoa alliacea, de la familia Bignoniaceae, la de las bignonias y los jacarandás. Es una liana leñosa de flores en trompeta de color lila, agrupadas en ramilletes, que aclaran a casi blanco al envejecer. El nombre lo dice todo: al estrujar las hojas huele intensamente a ajo, un rasgo que comparte con otras plantas sin ningún parentesco con el ajo verdadero. El material original la citaba como "Alliaceum Mansoa stendleyi", un binomio que no existe y que resulta de mezclar dos nombres.
Ajo sacha (Mansoa alliacea): flores de bignoniácea y hojas que huelen a ajo al frotarlas.
Bobinsana
Calliandra angustifolia, leguminosa de la subfamilia de las mimosas. Es un arbolillo de ribera, muy ligado a las orillas de ríos y quebradas de la cuenca amazónica, con hojas divididas en muchos folíolos estrechos y esa flor tan característica del género: lo que parecen pétalos son en realidad estambres largos y finos, agrupados en un penacho rosado. En su hábitat cumple una función ecológica clara sujetando las orillas.
La flor de Calliandra no tiene pétalos vistosos: lo que se ve son los estambres.
Capirona o mulateiro
Calycophyllum spruceanum, de la familia Rubiaceae, la del café y la quina. Es un árbol de porte alto y recto cuyo carácter más llamativo se ve desde lejos: la corteza es lisa y se desprende en láminas cada año, dejando el tronco desnudo, brillante y de color cobrizo. Ese tronco pulido es la razón de casi todos sus nombres locales, y hace que el árbol sea inconfundible en el bosque. Es además una madera apreciada y una especie que se ha ensayado bastante en plantaciones forestales de la región.
La capirona pierde la corteza en láminas y queda con el tronco liso y cobrizo. Es su carácter de campo.
Uchu sanango
Tabernaemontana undulata, citada en textos antiguos como Bonafousia undulata, de la familia Apocynaceae. Las flores son blancas, con los pétalos retorcidos en molinillo, un diseño que se repite en todo el género, y muy perfumadas. La familia entera es rica en alcaloides y en látex, y eso vale como advertencia general: las apocináceas no son plantas para experimentar.
La flor en molinillo de Tabernaemontana, con los pétalos torcidos siempre en el mismo sentido.
Chiric sanango
Brunfelsia grandiflora, de la familia Solanaceae, la de la patata, el tomate y también la belladona y la datura. Las brunfelsias son arbustos conocidos en jardinería porque sus flores abren moradas y van aclarando a lila y a blanco en días sucesivos, de modo que la planta luce los tres tonos a la vez; de ahí su nombre popular de ayer, hoy y mañana.
Aquí hay que ser explícito: el género es tóxico. Las intoxicaciones de perros que muerden frutos o tallos de Brunfelsia están bien documentadas en la literatura veterinaria y cursan con cuadros neurológicos graves. Si tienes una en el jardín, conviene saberlo, y lo tienes desarrollado en brunfelsia. Ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.
La misma planta con flores moradas, lilas y blancas: cada flor va destiñendo con los días.
Anamú o mucura
Petiveria alliacea, de la familia Phytolaccaceae, emparentada con la hierba carmín. Es una herbácea o mata leñosa en la base, con espigas largas y estrechas de florecillas blanquecinas y unos frutos secos con ganchitos que se enganchan a la ropa y al pelo de los animales, que es su forma de viajar. Toda la planta huele fuerte a ajo, incluida la raíz, y ese olor llega a pasar a la leche del ganado que la pasta. Es planta de clima cálido, y su cultivo está en anamú.
Anamú (Petiveria alliacea): espigas largas y flores diminutas, y un olor a ajo que se nota de lejos.
Las psicoactivas: hasta aquí
Dos de las plantas de la lista original entran en otra categoría. La chacruna (Psychotria viridis), un arbusto de la familia del café, y la chaliponga (Diplopterys cabrerana), una liana malpigiácea, se emplean en la preparación ritual de la ayahuasca junto con la liana Banisteriopsis caapi. Ambas contienen N,N-dimetiltriptamina.
Eso es todo lo que se puede decir aquí. La dimetiltriptamina es una sustancia sometida a fiscalización internacional por el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971, con las consecuencias legales que eso acarrea en España. No hay preparaciones, ni cantidades, ni descripciones de efectos en este artículo, y quien busque eso está en el sitio equivocado.
Una Psychotria, rubiácea de hoja grande con nervadura marcada y flores diminutas en ramillete.
La ilustración que encabezaba el original
Merece una línea porque resume el problema. La imagen de cabecera del artículo del que procede este no era una fotografía: era una ilustración digital de fantasía, con un personaje vendado, calaveras, humo verde y un caldero. No retrata a nadie ni documenta nada. Se ha retirado, porque ilustrar un sistema de conocimiento real con arte de videojuego es exactamente la forma de exotismo que este artículo intenta no repetir.
Ninguna de estas plantas se cultiva aquí
Todas son especies de bosque tropical húmedo, sin heladas, con humedad alta y calor constante. En la España peninsular no prosperan al aire libre: una helada acaba con ellas y sin calor sostenido no llegan a florecer. Solo en invernadero cálido, y en algunos casos en Canarias, encontrarían condiciones parecidas. Las brunfelsias son la excepción parcial, porque se cultivan como arbusto de maceta en zonas suaves del litoral, con el aviso de toxicidad ya dicho.
Lo que el artículo original prometía
Aquella ficha atribuía a cada planta una lista de indicaciones, desde la artritis hasta la sífilis, y describía cómo preparar infusiones y decocciones. Todo eso queda fuera. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet.
Lo que sí existe es un uso tradicional documentado en la Amazonía occidental, recogido en trabajos etnobotánicos desde hace décadas. Eso se cuenta como historia y como cultura, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. El mismo planteamiento está aplicado en turbino, sobre otra planta con una historia ritual larga.
En resumen
Las plantas que los vegetalistas del alto Amazonas manejan son especies concretas y bien identificables: una bignoniácea que huele a ajo, una leguminosa de ribera con flores de estambres, un árbol de corteza que se desprende, una apocinácea de flor en molinillo, una solanácea que destiñe de morado a blanco y una fitolacácea de frutos con ganchos. Contarlas por su nombre y su familia es lo que este artículo puede aportar.
Lo que no puede aportar es un recetario, y no por prudencia formal: dos de ellas son psicoactivas y están bajo fiscalización internacional, otra es netamente tóxica y ninguna tiene declaraciones de salud autorizadas en la Unión Europea. El conocimiento que hay detrás pertenece a comunidades vivas y merece contarse como lo que es, historia y cultura, y no como una lista de remedios para copiar.