Si has llegado buscando el turbino, lo primero que conviene decirte es que ese nombre no existe como nombre de planta. Es el nombre del género, Turbina, convertido en apodo por alguien que copiaba fichas. La especie de la que habla todo ese material es Turbina corymbosa, una liana americana de la familia de las convolvuláceas, la misma de las campanillas de jardín y del boniato, y su nombre de verdad, el que tiene desde hace siglos, es ololiuqui.

Y va el aviso antes que nada, porque es lo que importa: las semillas de esta planta contienen alcaloides ergolínicos y no se ingieren. Su consumo está documentado en la literatura clínica con intoxicaciones serias, de tipo vascular y psiquiátrico. Aquí no vas a encontrar preparaciones, cantidades ni procedimientos de ninguna clase. Ante una ingestión, propia, de un niño o de un animal, se llama al Instituto Nacional de Toxicología o al 112, y se acude al médico o al veterinario. El detalle de ese riesgo, que es común a varias convolvuláceas, está desarrollado en el artículo sobre la ipomea de flor azul. Este trata de otra cosa: de qué planta es exactamente y de cómo se reconoce.

De dónde sale la palabra turbino

El género Turbina lo describió Constantine Samuel Rafinesque en el siglo XIX, y el nombre viene del latín turbo, la peonza, por la forma de la flor cerrada, enroscada sobre sí misma antes de abrir. El epíteto corymbosa alude a la disposición de las flores en corimbo, es decir, en un ramillete cuyas flores quedan más o menos a la misma altura pese a nacer a distinta altura del tallo.

De ahí, y solo de ahí, sale el supuesto nombre común. Nadie en México, en Cuba ni en Centroamérica llama turbino a esta planta. Es un artefacto de traducción, del mismo tipo que produce fichas tituladas con un nombre que ningún hablante ha usado nunca. Los nombres reales son otros:

  • Ololiuqui, del náhuatl, que alude a lo redondo y se refiere en origen a las semillas.
  • Xtabentún, en maya yucateco, nombre que se trasladó al licor elaborado con la miel de estas flores.
  • Campanilla, aguinaldo o bejuco de San Pedro, según la región del Caribe y de Centroamérica.

El lío del nombre científico

Tampoco el binomio es estable, y eso explica por qué la misma planta aparece con tres nombres en tres sitios distintos.

Linneo la describió dentro de Convolvulus. Después pasó a Rivea, y buena parte de la bibliografía del siglo XX, incluida la etnobotánica clásica, la cita como Rivea corymbosa. Rafinesque la situó en Turbina, que es el nombre con el que más ha circulado en las últimas décadas. Y los trabajos moleculares recientes han devuelto el género Turbina al interior de Ipomoea, de modo que los repertorios actualizados la recogen como Ipomoea corymbosa.

Los cuatro nombres designan a la misma planta. Si buscas información y encuentras Rivea corymbosa en un texto de 1940 y Ipomoea corymbosa en uno de 2020, no son dos especies.

Cómo es la planta

Es una liana leñosa perenne, no una anual de temporada. Los tallos son volubles, se enroscan sobre lo que encuentren y con los años engrosan y se lignifican en la base, lo que le permite cubrir árboles y setos enteros y rebrotar cada año desde la misma cepa.

Las hojas son enteras, pecioladas y acorazonadas, con la punta acuminada, y pueden ser lampiñas o algo pelosas según la población.

Las flores son blancas, acampanadas, con la garganta más pálida o verdosa, y se agrupan en corimbos que salen de las axilas de las hojas. Son fragantes y producen néctar en abundancia, y por eso las trabajan las abejas con intensidad: en Yucatán esta planta es la base de una miel con nombre propio. En su área natural florece en la estación seca, hacia el final del otoño y el invierno, y esa floración masiva y blanca es lo que hace que se la vea desde lejos cubriendo un matorral.

El dato que interesa de verdad para identificarla es el fruto, porque es donde se separa del resto de sus parientes.

El fruto que la delata

La mayoría de las convolvuláceas producen una cápsula que se abre al madurar y suelta varias semillas. Esta no. Turbina corymbosa da un fruto seco, duro e indehiscente, que no se abre, con una sola semilla dentro, y que queda envuelto por el cáliz persistente, agrandado y de aspecto papiráceo.

Ese carácter, fruto cerrado y unisperm, es precisamente lo que justificó en su día separar el género Turbina del resto. Si tienes delante una convolvulácea de flor blanca y quieres saber si es esta, la respuesta está en el fruto seco, no en la flor.

Las semillas son ovoides, pardas y de cubierta dura. Y aquí hay que insistir en algo: por su aspecto no se distingue de qué especie son. Las semillas de media docena de convolvuláceas se parecen entre sí lo bastante como para que nadie pueda identificarlas a ojo en un sobre o en un puñado.

Semillas pardas y ovoides de una convolvulácea sobre fondo blanco Semillas de convolvulácea. A simple vista no se puede decir a qué especie pertenecen, y ese es justo el problema.

La foto que no es

Merece la pena detenerse en esto porque ilustra el problema de fondo de todo el material que circula sobre esta planta. La imagen que encabezaba la ficha original era una flor azul, grande, con la garganta amarilla y cinco bandas radiales marcadas.

No es Turbina corymbosa. Es una campanilla del género Ipomoea, del tipo de las que se venden como trepadora anual de jardín. La propia ficha decía dos párrafos más abajo que las flores de la planta que describía eran blancas, sin que a nadie le chirriara la contradicción.

Flor azul de campanilla del género Ipomoea con la garganta amarilla Esta flor azul es una Ipomoea de jardín, no el ololiuqui, que tiene la flor blanca. Se conserva aquí como ejemplo de la confusión, no como ilustración de la especie.

La conclusión práctica es la de siempre con este grupo de plantas: la flor azul de garganta clara pertenece a varias especies, la blanca a otras tantas, y ninguna identificación fiable sale de una foto suelta sin fruto ni hoja.

Dónde crece y qué pinta tiene en España

Su área natural va del sur de Estados Unidos y México a Centroamérica y las Antillas, en matorral seco, bosque tropical caducifolio y bordes de camino, desde el nivel del mar hasta media montaña. Es una planta de clima cálido sin heladas y con estación seca marcada.

En España peninsular no tiene ningún sentido plantearse su cultivo al aire libre: una helada acaba con ella, y sin calor prolongado no llega a florecer. Solo en Canarias, o en invernadero cálido, encontraría condiciones parecidas a las suyas. Conviene además tener presente que las convolvuláceas trepadoras de crecimiento rápido se asilvestran con facilidad en litorales sin heladas y ahogan lo que cubren, de modo que en zonas cálidas no es planta para soltar en un margen.

Como ornamental, en los trópicos se cultiva por la floración blanca masiva y por la sombra que da sobre una pérgola. Nada de eso es trasladable aquí.

El ololiuqui, contado como historia

Esta planta tiene una historia documental larga y vale la pena conocerla, con la condición de leerla como lo que es: historia, no instrucciones.

Las crónicas del siglo XVI describen el ololiuqui como una planta central en la adivinación mesoamericana. Francisco Hernández, médico de Felipe II, y Bernardino de Sahagún en sus relatos del mundo nahua recogen su uso ritual, y la administración colonial lo persiguió activamente durante generaciones, lo que da la medida de la importancia que tenía.

Durante siglos no se supo con certeza a qué planta correspondía el nombre. La identificación botánica no quedó cerrada hasta que Richard Evans Schultes lo estableció en 1941. Dos décadas después, Albert Hofmann aisló de sus semillas amida del ácido lisérgico y compuestos relacionados. Y ya en este siglo se ha establecido que esos alcaloides no los fabrica la planta: los producen hongos endófitos, del género Periglandula, que viven asociados a ella y se transmiten con la semilla.

Ese último dato es el más interesante desde el punto de vista botánico, porque convierte a la planta en un caso de simbiosis, y explica de paso por qué el contenido de alcaloides varía tanto entre poblaciones.

Nada de usos ni de indicaciones

La ficha original atribuía a esta planta una lista larga de indicaciones, desde el dolor de cabeza hasta los cálculos renales, y describía cómo preparar las semillas. Todo eso queda fuera.

En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006, solo son válidas las autorizadas por la Comisión y para esta planta no hay ninguna. Lo que existe es un uso ritual histórico, que se cuenta como historia y que no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. Y, tratándose de semillas con alcaloides ergolínicos, describir cualquier preparación sería sencillamente peligroso.

En resumen

El turbino no es una planta: es el género Turbina leído como si fuera un nombre común. La especie es Turbina corymbosa, también citada como Rivea corymbosa y hoy devuelta a Ipomoea corymbosa, una liana leñosa americana de la familia de las convolvuláceas conocida desde el siglo XVI como ololiuqui. Se reconoce por sus flores blancas acampanadas en corimbos, su hoja acorazonada y, sobre todo, por un fruto seco que no se abre y que guarda una sola semilla envuelta en el cáliz agrandado.

Es planta de clima tropical sin heladas, así que en España solo cabe en Canarias o bajo cristal. Sus semillas contienen alcaloides ergolínicos producidos por hongos endófitos asociados a la planta, no se ingieren en ninguna circunstancia y no hay para ellas ninguna declaración de propiedades saludables autorizada. Ante una ingestión, Instituto Nacional de Toxicología o 112, y médico o veterinario.


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