La pitahaya sale de un cactus trepador de tallos triangulares que se agarra a los troncos con raíces aéreas, igual que una hiedra, y que en cultivo se conduce sobre postes de hormigón. Su flor mide casi treinta centímetros, se abre al anochecer y está cerrada y marchita a la mañana siguiente: dura una sola noche. En su tierra la polinizan murciélagos nectarívoros y polillas esfíngidas de trompa larga; en un huerto español no hay ni unos ni otras, y ahí está la clave de que muchas plantaciones florezcan mucho y cuajen poco.

La respuesta práctica es la polinización manual, hecha entre las diez de la noche y las ocho de la mañana con un pincel y polen de otra planta. Con ella el cuajado pasa de un porcentaje escaso a superar el 90%, y los frutos salen bastante más grandes. Cómo se hace exactamente va en el tercer apartado.

Fruto de pitahaya de piel rosada sobre el tallo del cactus

Un cactus que trepa

La pitahaya pertenece al género Selenicereus, dentro de la tribu Hylocereeae de las cactáceas. Hasta hace pocos años se clasificaba en el género Hylocereus, que la revisión molecular ha subsumido: Hylocereus undatus es hoy Selenicereus undatus, y las etiquetas de vivero llevan tiempo mezclando ambos nombres.

Es originaria del sur de México y Centroamérica, y su forma de vida no es la de un cactus de desierto sino la de un hemiepifito de bosque tropical seco: nace en el suelo, trepa por un árbol y acaba viviendo sobre él, con parte de sus raíces en el aire.

Sus tallos son de sección triangular, con tres costillas onduladas y espinas cortas (de uno a cuatro milímetros) en los márgenes. A lo largo del tallo emite raíces adventicias que se adhieren a la corteza o al hormigón y sostienen todo el peso de la planta. Un ejemplar adulto puede desarrollar varios cientos de metros de tallo.

Esa doble condición (cactus, pero de bosque húmedo) explica sus dos exigencias contradictorias con lo que se espera: necesita sombra parcial en verano y riego regular, y muere de sed y de sol mucho antes que un cactus de desierto.

La flor de una sola noche

El botón floral tarda entre quince y veinte días en desarrollarse desde que asoma en el tallo. El día de la antesis, hacia el atardecer, se abre en cuestión de una o dos horas: una flor blanca y amarilla de 25 a 30 centímetros de largo y otro tanto de diámetro, con decenas de tépalos, cientos de estambres y un estigma dividido en unos veinte lóbulos. Desprende un perfume intenso, dulce y algo pesado.

Al amanecer empieza a cerrarse y hacia media mañana está marchita. Ese es todo su tiempo. La planta invierte una cantidad enorme de recursos en una ventana de diez horas, y lo hace porque sus polinizadores trabajan de noche:

  • Murciélagos nectarívoros de los géneros Leptonycteris y Glossophaga, que se posan sobre la flor y se impregnan de polen en el pecho y la cabeza.
  • Polillas esfíngidas del género Manduca y afines, capaces de libar en vuelo estacionario con una espiritrompa larga.

Ninguno de los dos existe en Europa con ese comportamiento. Los murciélagos ibéricos son insectívoros y las esfinges autóctonas visitan otras flores. Por la mañana, alguna abeja despistada puede trabajar la flor ya casi cerrada, pero es un servicio marginal.

A esto se suma un problema genético: buena parte de los clones comerciales de Selenicereus undatus y de las variedades de pulpa roja son autoincompatibles o de autofertilidad muy baja, es decir, su propio polen no fecunda. Por eso una plantación de una sola variedad, aunque tuviera polinizadores, daría poca fruta.

La polinización a mano

Es una tarea sencilla y de resultado inmediato. Requiere tener al menos dos variedades o clones distintos que florezcan a la vez.

  1. Se identifican por la tarde las flores que van a abrir esa noche: el botón está hinchado, con los tépalos separándose y curvándose hacia atrás.
  2. Entre las diez de la noche y las ocho de la mañana siguiente (el margen más cómodo es el amanecer) se recoge polen de una flor de otra planta con un pincel de cerdas suaves o frotando suavemente los estambres.
  3. Se aplica sobre los lóbulos del estigma de la flor a polinizar, cubriéndolos bien.
  4. Alternativamente se corta una flor entera de la variedad polinizadora y se frotan directamente sus anteras contra el estigma de la otra.

El polen puede recogerse en un frasquito, secarse y conservarse en frigorífico varios días, lo que resuelve el desajuste cuando las variedades no coinciden exactamente en fecha.

A partir de ahí, el fruto tarda entre 30 y 50 días en madurar, según la temperatura. Es un plazo corto para un frutal y permite que una misma planta encadene entre tres y seis oleadas de floración de mayo a octubre.

Qué especie es cada pitahaya

Nombre comercialEspeciePiel y pulpaDulzorNotas
Pitahaya blancaSelenicereus undatusPiel rosa fucsia, pulpa blancaModerado, 11-14 grados BrixLa más cultivada del mundo; vigorosa y rústica
Pitahaya rojaS. costaricensis, S. monacanthusPiel rosa, pulpa magenta intensaMedio-altoRica en betacianinas; tiñe todo lo que toca
Pitahaya amarillaS. megalanthusPiel amarilla con espinas caducas, pulpa blancaAlto, 18-20 grados BrixLa más dulce; fruto más pequeño y planta más lenta

La amarilla es tetraploide, autofértil en mayor medida que las otras y de sabor claramente superior, pero produce menos y tarda más en entrar en producción. Las variedades comerciales modernas ('Physical Graffiti', 'American Beauty', 'Delight', 'Orejona') son en su mayoría híbridos seleccionados en Estados Unidos, Israel y Vietnam.

El sitio tiene una ficha específica de Selenicereus undatus y otra sobre el fruto.

El poste con corona

La pitahaya necesita un soporte vertical y el sistema estándar en todo el mundo es el mismo: un poste de hormigón o de madera tratada de 1,5 a 1,8 metros de altura sobre el suelo, coronado por un aro, una cruceta o un neumático viejo. La planta sube pegada al poste y, al llegar arriba, se derrama por la corona formando una cascada de tallos colgantes.

Por qué esa forma y no un emparrado: la pitahaya florece en los tallos que cuelgan, no en los que suben. Un tallo erguido invierte en crecer; uno que cuelga por su propio peso deja de alargarse, engrosa, madura y forma botones. Toda la conducción del cultivo consiste en llevar la planta arriba cuanto antes y hacer que a partir de ahí caiga.

El marco habitual es de tres o cuatro plantas por poste y postes cada tres metros en líneas separadas otros tres, lo que da del orden de mil cien plantas por hectárea. En un jardín particular, un solo poste con tres plantas produce fruta de sobra para una familia.

Durante los primeros meses hay que atar el tallo al poste con cinta blanda cada veinte o treinta centímetros y eliminar los brotes laterales, para que la planta no se ramifique antes de llegar arriba. Una vez alcanzada la corona, se despunta el tallo principal para forzar la ramificación.

Dónde se puede cultivar en España

La pitahaya se ha convertido en un cultivo en expansión en el sur y el levante peninsular: hay plantaciones comerciales en Málaga, Granada, Almería, Murcia, Alicante y Valencia, además de Canarias. Y hay dos límites que definen dónde funciona.

El frío. Es el factor decisivo. Los tallos se dañan por debajo de 0 grados y una helada de -2 grados mata la planta. Solo es viable al aire libre en zonas libres de heladas: franja litoral mediterránea, valles cálidos del sur y Canarias. En el resto, invernadero o maceta que se resguarda.

El sol. Contra lo que sugiere la palabra cactus, la pitahaya se quema con el sol directo del verano español. Aparecen manchas amarillentas y luego blanquecinas en la cara expuesta de los tallos, que acaban necrosándose. En plantaciones del sur se instala malla de sombreo del 30 al 50% de mayo a septiembre. En jardín particular, la mejor ubicación es donde reciba sol de mañana y sombra desde primera hora de la tarde, o bajo la sombra ligera de un árbol.

La temperatura de confort va de 20 a 30 grados. Por encima de 38 la planta se para y aborta botones florales.

Riego y sustrato

Aquí es donde más se equivoca quien la trata como a un cactus corriente. La pitahaya viene de bosque tropical con estación seca marcada, no de desierto, y su sistema radicular es somero y poco extenso. No tiene reservas de agua profundas.

Riego: por goteo, frecuente y en poca cantidad. En plena floración y engorde de fruto, de junio a septiembre, dos o tres riegos por semana; en invierno, uno cada quince o veinte días, lo justo para que el sustrato no se convierta en polvo. El error contrario, el encharcamiento, pudre la base del tallo en cuestión de días.

Suelo: muy drenante y con materia orgánica, pH entre 5,5 y 7. En terreno pesado o arcilloso hay que plantar en caballón o en montículo. En maceta, mezcla de sustrato universal, arena gruesa y corteza, en recipiente de 40 litros como mínimo para una planta adulta.

Abonado: la pitahaya es exigente. Fertilizante equilibrado durante el crecimiento vegetativo y con más potasio durante la floración y el engorde. Un aporte de compost o estiércol maduro al pie cada primavera es la base.

Esquejes: de un trozo a fruta en dos años

Es la única forma sensata de multiplicarla, y es muy fácil.

  1. Se corta un segmento de tallo maduro de 30 a 50 centímetros, de una planta sana y productiva. Los tallos jóvenes y blandos enraízan peor.
  2. Se deja cicatrizar el corte a la sombra durante siete a diez días, hasta que forme una costra seca. Saltarse este paso es la causa habitual de que el esqueje se pudra.
  3. Se planta vertical, enterrando cinco o seis centímetros, en sustrato drenante y ligeramente húmedo, con la orientación original (el extremo que estaba abajo, abajo).
  4. Se riega poco hasta que se vea brotación nueva, señal de que ha enraizado, lo que ocurre en tres o cuatro semanas.

Un esqueje bien manejado da la primera flor entre los doce y los veinticuatro meses, y alcanza plena producción a los tres o cuatro años. Una planta adulta puede rendir entre 15 y 30 kilos anuales.

Por semilla germina con facilidad (las semillitas negras del fruto son viables) pero tarda de cuatro a siete años en florecer y la descendencia no repite las características de la madre. Solo tiene interés como curiosidad.

Poda y recolección

Poda: al terminar la cosecha, en otoño o invierno. Se retiran los tallos secos, dañados o mal orientados, los que crecen hacia dentro y los que se enredan entre sí, y se mantienen entre treinta y cincuenta tallos productivos por poste. Un exceso de vegetación reduce la fructificación y favorece los hongos. Los cortes se hacen limpios y se dejan secar; no conviene podar justo antes de un periodo de lluvias.

Recolección: la pitahaya es un fruto no climatérico, es decir, no gana azúcar después de cortado. Recogerla verde significa comerla insípida para siempre. Los indicadores de madurez:

  • La piel ha virado por completo al color de la variedad, sin zonas verdes salvo en las brácteas.
  • Las brácteas o escamas empiezan a secarse por la punta y a curvarse hacia atrás.
  • El fruto cede ligeramente a la presión del pulgar.
  • Han pasado entre 30 y 50 días desde la polinización, dato que conviene anotar si se ha polinizado a mano.

Se corta con tijera dejando un trocito de pedúnculo, nunca se arranca. En frigorífico aguanta de dos a tres semanas.

Plagas y problemas

Manchas y chancros en el tallo: el problema sanitario principal. Hongos como Botryosphaeria, Bipolaris y Colletotrichum producen manchas amarillas que evolucionan a lesiones hundidas y podredumbre. Se favorecen con exceso de humedad, mala ventilación y heridas. Se manejan podando y retirando el material afectado, evitando mojar el tallo al regar y aclarando la vegetación.

Cochinilla algodonosa: en las costillas y en las axilas de los tallos. Jabón potásico o aceite de parafina fuera de las horas de sol.

Caracoles y babosas: devoran los tallos jóvenes y los botones florales, y en una plantación joven pueden ser devastadores.

Pájaros: pican la fruta madura, y las hormigas señalan casi siempre presencia de cochinilla.

La orina rosa y otras cosas de la fruta

Un efecto que sorprende y que no tiene ninguna importancia: comer pitahaya de pulpa roja puede teñir la orina y las heces de rosa o rojo durante uno o dos días. La causa son las betacianinas, los mismos pigmentos que producen ese efecto con la remolacha. Es inofensivo y se resuelve solo. Conviene saberlo para no confundirlo con un sangrado y acudir a urgencias sin motivo.

El resto de la fruta: unas 50 kilocalorías por cada 100 gramos, mucha agua, algo de fibra y vitamina C. Las semillas negras, que se comen enteras, no se digieren y aportan la textura crujiente característica. La piel no se come.

Sobre las propiedades que se le atribuyen con frecuencia en internet, conviene ser sobrio: es una fruta agradable y de bajo aporte calórico, con pigmentos con actividad antioxidante demostrada en laboratorio, pero no hay evidencia clínica que respalde efectos terapéuticos concretos en personas. Cualquier cuestión de salud corresponde al médico o al farmacéutico. Hay un repaso de su composición en los beneficios de la pitahaya.

Pitahaya no es lo mismo que pitaya

Los dos nombres proceden de las lenguas taínas del Caribe y se usan casi indistintamente en España, pero en México designan cosas distintas.

Pitahaya es el fruto de los cactus trepadores de Selenicereus, el que aquí se llama fruta del dragón.

Pitaya, sin hache, se reserva allí a los frutos de cactus columnares del género Stenocereus (S. queretaroensis, S. griseus, S. pruinosus), que crecen erguidos como candelabros, no trepan, y dan un fruto redondo, cubierto de espinas que hay que raspar, con la pulpa jugosa y de sabores que van del rojo al amarillo. Es la pitaya de mayo, muy apreciada en Jalisco y Oaxaca, y no tiene nada que ver botánicamente con la fruta del dragón más allá de pertenecer ambas a las cactáceas.

Y una última confusión, esta ornamental: la llamada reina de la noche de las casas, Epiphyllum oxypetalum, también abre una flor blanca enorme durante una sola noche. Es pariente cercana, pero su fruto es pequeño y sin interés gastronómico.

En resumen

La pitahaya es el fruto de Selenicereus undatus y especies afines, cactus trepadores hemiepifitos que se agarran con raíces aéreas y se conducen sobre un poste de metro y medio rematado en corona, porque florecen en los tallos que cuelgan. Su flor se abre una sola noche y sus polinizadores naturales son murciélagos y esfinges que aquí no existen, así que la polinización manual con polen de otro clon, hecha al amanecer con un pincel, multiplica el cuajado. El fruto madura en 30 a 50 días y no gana azúcar después de cortado, de modo que se recoge cuando las brácteas empiezan a secarse. Se cultiva sin heladas (litoral mediterráneo, sur y Canarias), con malla de sombreo en verano porque el sol directo quema los tallos, riego frecuente y suelo muy drenante. Se multiplica por esquejes de 40 centímetros dejados cicatrizar diez días, y da su primera flor al año o los dos años.


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