El beleño negro (Hyoscyamus niger) es una de las plantas más peligrosas de la flora europea, y este artículo está escrito para que sepas reconocerlo y dejarlo donde está. Toda la planta contiene alcaloides tropánicos, principalmente hiosciamina y escopolamina, los mismos compuestos que hacen peligrosas a la belladona y al estramonio. Hay intoxicaciones graves documentadas y también muertes. No hay una parte inocua, no hay una cantidad segura y no hay ninguna preparación casera que lo vuelva manejable.
La confusión que más daño ha hecho es concreta y conviene tenerla clara desde el principio: la raíz del beleño se ha tomado por chirivía. Es blanquecina, carnosa y del grosor de un dedo, sale de un suelo removido igual que la de una hortaliza escapada de un huerto, y quien la arranca creyendo que ha encontrado una raíz comestible se lleva una dosis considerable de alcaloides. Si recolectas raíces silvestres, esta es una de las razones por las que no deberías hacerlo sin identificación segura. En España, además, Hyoscyamus niger figura en la Orden SCO/190/2004, de 28 de enero, por la que se establece la lista de plantas cuya venta al público queda prohibida o restringida por razón de su toxicidad.
La flor del beleño negro: corola de color crema sucio, red de nervios morados y garganta casi negra. No se parece a ninguna otra cosa del campo español.
Qué lleva dentro y qué provoca
Los alcaloides tropánicos del beleño bloquean la acción de la acetilcolina en el organismo. El resultado es lo que en toxicología se llama síndrome anticolinérgico, y su cuadro es reconocible: boca y piel muy secas, pupilas dilatadas, visión borrosa, enrojecimiento facial, taquicardia, retención de orina, subida de temperatura, agitación, desorientación y alucinaciones. En los casos graves aparecen convulsiones, coma y depresión respiratoria.
Dos rasgos hacen que este envenenamiento sea especialmente traicionero. El primero es que el contenido de alcaloides varía muchísimo de una planta a otra y de una parte a otra según el suelo, la época y el ejemplar, de modo que dos personas que coman lo mismo pueden acabar muy distinto. El segundo es que el cuadro puede tardar en instalarse y empieza con síntomas fáciles de atribuir a otra cosa, así que se pierde tiempo antes de acudir a urgencias.
Los alcaloides también atraviesan la piel en cierta medida, sobre todo si hay heridas o rozaduras. No es la vía que causa los cuadros graves, pero sí una razón suficiente para manejar la planta con guantes y no llevarse después las manos a la cara.
Cómo se reconoce
El beleño negro es una herbácea anual o bienal de porte medio, de aspecto desgarbado, con el tallo grueso y la planta entera cubierta de pelos largos, blandos y pegajosos. Al tocarla se queda algo adherido a los dedos y desprende un olor fuerte y desagradable que la mayoría de la gente describe como rancio o nauseabundo. Ese olor es una de las señales más fiables cuando ya estás delante de ella.
Las hojas son grandes, blandas, de color verde grisáceo apagado, con el margen recortado en lóbulos gruesos e irregulares. Las de abajo forman una roseta y tienen rabillo; las de arriba abrazan directamente el tallo.
La flor es lo que no deja lugar a dudas. Tiene forma de embudo ancho y un color amarillento sucio, entre crema y ocre, recorrido por una retícula de nervios de color morado oscuro, con la garganta casi negra y las anteras violetas. Nace a lo largo de un extremo del tallo, en una inflorescencia enrollada que se va desenrollando conforme florece, de modo que las flores quedan alineadas mirando todas hacia el mismo lado. Ninguna planta común del campo español se le parece.
Las flores nacen a un solo lado del tallo, en una inflorescencia que se desenrolla poco a poco. Fíjate en los cálices de cinco dientes rígidos, que persisten después.
El fruto acaba de confirmarlo. Es una cápsula que se abre por una tapadera circular, como una ollita con su tapa, y queda encerrada en un cáliz endurecido de cinco dientes rígidos y punzantes. Estos cálices persisten sobre la planta seca durante meses, así que en invierno puedes identificar un rodal de beleño sin una sola hoja verde a la vista. Dentro hay muchísimas semillas diminutas, y esas semillas aguantan enterradas en el suelo un tiempo muy largo: un terreno que ha tenido beleño vuelve a tenerlo cada vez que se remueve.
La cápsula del beleño se abre por una tapadera y queda dentro del cáliz endurecido. Es el carácter que permite identificarlo en seco, en pleno invierno.
Dónde crece en España
El beleño negro es una planta ruderal, es decir, de sitios alterados por la actividad humana. Aparece en escombreras, bordes de camino, solares, cunetas, corrales abandonados, majadas y alrededores de apriscos, porque agradece los suelos removidos y ricos en nitrógeno. Está repartido por buena parte de la Península, con más presencia en la mitad norte y en zonas de montaña, y se enrarece en el suroeste más seco.
Esa ecología explica por qué la gente se lo encuentra. No hay que ir a buscarlo a ningún sitio remoto: sale en el descampado de detrás de casa, en el borde de una finca o junto a un montón de tierra de obra.
Con qué se confunde
La raíz es el problema principal, y ya se ha dicho. Si tienes dudas sobre una raíz silvestre, la respuesta es no comerla. La chirivía de huerto es un cultivo, no algo que se recolecte en una cuneta.
Las hojas tiernas, antes de que la planta florezca, también se han confundido con verduras de hoja de las que se recogen en primavera. Aquí el olor ayuda mucho: el beleño huele mal, de forma inequívoca, y las hortalizas de hoja no.
Y hay otras solanáceas con el mismo tipo de alcaloides con las que comparte terreno y confusión. Vale la pena conocerlas todas, porque el error de identificación no está solo en el beleño: el estramonio, la belladona y la mandrágora plantean el mismo tipo de riesgo por los mismos compuestos. Si quieres ver de dónde viene esa familia, está también la ficha de las solanáceas.
Ganado, perros y gatos
El beleño es tóxico también para los animales. En el ganado suele haber pocos problemas porque su olor y su tacto pegajoso lo hacen poco apetecible y los herbívoros tienden a rechazarlo en el pasto, pero eso deja de ser cierto cuando entra en un henificado o en un ensilado: mezclado y seco, ya no huele a nada y se come sin más. Un prado con beleño es un prado que hay que limpiar antes de segarlo.
Con perros y gatos el riesgo es sobre todo de curiosidad, especialmente con cachorros que mordisquean lo que encuentran en un descampado. Ante cualquier sospecha de que un animal ha comido beleño, la llamada es al veterinario y es inmediata.
Su papel en la historia europea
El beleño tiene una presencia larga en la historia europea, y se cuenta aquí como historia y nada más. Aparece en las farmacopeas antiguas junto a la mandrágora y el opio, en la llamada esponja soporífera con la que se intentaba dormir a un paciente antes de una intervención, en una época sin anestesia y con resultados que a menudo mataban al enfermo antes que la propia cirugía.
Y aparece también en la documentación de los procesos de brujería europeos, entre los ingredientes que se atribuían a los ungüentos. Los alcaloides tropánicos producen delirio con alucinaciones vívidas y amnesia posterior, lo que encaja bien con los relatos de vuelo que recogen aquellos textos. Es un dato histórico interesante y una explicación razonable de una parte del folclore. No es una receta, no se reproduce y las personas que lo intentan acaban en urgencias.
Si te sale en la finca
Si identificas beleño en un terreno con niños o animales, lo sensato es retirarlo antes de que fructifique, precisamente para que no siembre. Se hace con guantes de nitrilo, manga larga y pantalón largo, arrancando la planta entera con la raíz cuando el suelo esté húmedo, y lavándose bien las manos después. La ropa va al lavado por separado.
Los restos no se compostan y no se queman en un montón de poda cerca de casa. Van a un contenedor cerrado, en bolsa. Repite la revisión la primavera siguiente, porque el banco de semillas del suelo va a devolverte plantas nuevas durante años y el momento de cortar el ciclo es antes de que maduren las cápsulas.
Qué hacer ante una ingestión
Ante la sospecha de que alguien ha comido cualquier parte de un beleño, hay que llamar al 112 o al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20), que atiende las veinticuatro horas, y acudir a un servicio de urgencias sin esperar a ver cómo evoluciona. Si es posible, lleva contigo una muestra de la planta o una fotografía, porque facilita mucho el diagnóstico.
No se provoca el vómito por iniciativa propia y no se da nada de beber ni de comer mientras tanto. El tratamiento de un síndrome anticolinérgico es hospitalario y existe, pero lo indica un profesional. Aquí no hay ningún remedio casero que sirva, y varios de los que circulan agravan el cuadro.
En resumen
El beleño negro es una herbácea peluda y pegajosa, de olor desagradable, con flores acampanadas de color crema sucio veteadas de morado y garganta negra, y cápsulas con tapadera encerradas en un cáliz de cinco dientes rígidos. Crece en escombreras, cunetas y corrales de buena parte de España. Toda la planta es tóxica por hiosciamina y escopolamina, con intoxicaciones graves y muertes descritas, y su venta al público está restringida en España por la Orden SCO/190/2004.
Lo útil que te puedes llevar de aquí es la identificación y una regla: no se recolectan raíces silvestres sin certeza absoluta, porque la del beleño se ha confundido con la chirivía más de una vez. Si aparece en tu terreno, retíralo con guantes antes de que fructifique y lleva los restos al contenedor, no al compost. Y ante cualquier ingestión, 112 o Instituto Nacional de Toxicología, y a urgencias.