El algodonero no es una planta: son cuatro, y ninguna es pariente cercano de las otras tres por domesticación. Bajo ese nombre hay cuatro especies del género Gossypium que fueron puestas en cultivo por separado, en cuatro lugares distintos y por pueblos que no se conocían, dos en el Viejo Mundo y dos en América. Que a la humanidad se le ocurriera cuatro veces por su cuenta convertir el pelo de una semilla en tejido no tiene paralelo en ningún otro cultivo.
Antes de seguir, un aviso que conviene tener claro si tienes la planta en casa o recoges sus cápsulas: toda la planta contiene gosipol, un compuesto fenólico tóxico para los animales monogástricos, concentrado sobre todo en la semilla y en las glándulas oscuras de hojas y tallos. La semilla de algodón no es comestible cruda y no debe quedar al alcance de perros, gatos, gallinas ni niños pequeños. Si alguien las ha ingerido, la consulta es al médico o al veterinario, o al servicio de información toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.
Qué es exactamente un algodonero
Gossypium es un género de la familia Malvaceae, la misma de la malva, el hibisco, la altea y el gombo. Reúne alrededor de medio centenar de especies de arbustos y arbolillos repartidas por las zonas áridas y semiáridas de América, África, Arabia, la India y Australia, y la gran mayoría de ellas son plantas silvestres que nadie ha cultivado nunca.
Todas comparten la misma arquitectura floral de malvácea: cinco pétalos grandes que se solapan en espiral, una columna de estambres soldados alrededor del estilo y, por fuera, tres brácteas grandes y recortadas que envuelven el capullo. Y todas tienen glándulas oscuras, visibles como puntitos negros en hoja, tallo y semilla, que son los depósitos del gosipol.
El fruto es una cápsula que se abre en tres a cinco valvas al secarse. Y lo que sale de ella, la fibra, no es pelusa del fruto: cada hebra es una sola célula de la epidermis de la semilla, alargada hasta varios centímetros durante la maduración. El algodón es, literalmente, un pelo de semilla, y por eso sale del campo pegado a ella y hay que desmotarlo. La mecánica del cultivo, desde la siembra hasta la recolección, está desarrollada en la ficha de cómo cultivar algodón.
La cápsula se abre al secarse y la fibra se esponja. Cada hebra es una célula de la cubierta de la semilla.
Cuatro domesticaciones, dos continentes
Las cuatro especies cultivadas se reparten así:
- Gossypium herbaceum, del sur de África y Arabia, domesticada en el Viejo Mundo. Porte bajo y compacto, flores amarillas de centro granate. Es la que más se ve como planta ornamental.
- Gossypium arboreum, domesticada en el subcontinente indio. Fue la base del enorme comercio textil de la India durante siglos.
- Gossypium hirsutum, de origen mesoamericano. Es hoy más del noventa por ciento del algodón del mundo y prácticamente el cien por cien del que se siembra en España.
- Gossypium barbadense, sudamericana, de la costa del Pacífico. Da la fibra extralarga que se vende como pima o egipcio.
Las dos primeras son diploides. Las dos americanas son tetraploides, es decir, llevan dos juegos de cromosomas de dos linajes distintos, y ahí está la parte interesante de la historia.
El cruce que ocurrió antes de que existiera la agricultura
Según el consenso actual, las especies americanas cultivadas descienden de una hibridación natural, ocurrida hace más de un millón de años, entre un algodonero silvestre del Viejo Mundo y uno americano. Para que eso sucediera, una semilla del linaje africano y asiático tuvo que cruzar el océano y llegar viva a América, probablemente arrastrada por corrientes marinas, mucho antes de que hubiera nadie para transportarla.
Del híbrido resultante, con el genoma duplicado, salieron las especies tetraploides americanas, y de dos de ellas salieron después, por separado, los cultivos de Mesoamérica y del Perú. Esa mezcla es la razón técnica de que las especies americanas den fibra más larga y de mejor calidad que las del Viejo Mundo, y la razón de que hayan desplazado a las otras dos en casi todo el mundo.
Las dos especies asiáticas no han desaparecido: siguen cultivándose en la India y en algunas zonas de África, son mucho más rústicas, resisten mejor la sequía y ciertas plagas, y funcionan bien en secano donde las americanas no llegan.
Un arbusto perenne al que tratamos como anual
El algodonero, en su medio natural, es un arbusto leñoso perenne que vive varios años y florece en oleadas. La planta de un campo de algodón es exactamente la misma especie, sembrada cada primavera y eliminada en otoño, porque a nadie le interesa mantenerla y porque una helada la mata.
Esa naturaleza perenne explica un comportamiento que desconcierta a quien lo cultiva por primera vez: si sigue recibiendo agua y nitrógeno en agosto, la planta no se dedica a llenar las cápsulas que tiene, sino a seguir haciendo ramas y hojas nuevas, porque su programa vital no contempla terminar en octubre. Es un arbusto al que hay que convencer de que el año se acaba.
Un campo en recolección. Cada mata es un arbusto perenne cultivado como si fuera una planta de temporada.
El gosipol y la semilla
Un campo de algodón produce, en peso, bastante más semilla que fibra, y esa semilla no se tira: da aceite de algodón, usado en alimentación, y una torta proteica muy apreciada como pienso. Pero solo para el ganado rumiante.
El motivo es el gosipol. Es una defensa química de la planta frente a insectos y hongos, y en los animales monogástricos (cerdos, aves, perros, personas) resulta tóxico: afecta a la función reproductora masculina y, en exposiciones altas, al hígado y al corazón. Los rumiantes lo toleran mucho mejor porque la flora del rumen lo degrada en buena medida. De ahí que la torta de algodón alimente vacas y no gallinas.
Se seleccionaron en su día variedades sin glándulas, y por tanto sin gosipol, con la idea de convertir la semilla de algodón en una fuente de proteína para consumo humano a gran escala. La idea no prosperó por un motivo previsible: quitarle a la planta su defensa química la dejó a merced de los insectos, y el cultivo se volvió inviable. El gosipol que estorba en el pienso es el mismo que mantiene viva a la planta en el campo.
Los otros "algodoneros" que no son algodón
Varias plantas sin parentesco con Gossypium producen borra blanca y han heredado el nombre. Merece la pena tenerlas separadas:
- Ceiba pentandra, el auténtico kapok, cuyo vilano rellenó salvavidas y colchones durante décadas. Es un árbol enorme, americano y africano.
- Bombax ceiba, el llamado árbol del algodón de seda rojo, asiático, de flores rojas sobre ramas desnudas. Tiene ficha propia en el sitio, en Bombax, el árbol del algodón de seda.
- Ceiba speciosa, el palo borracho, el que de verdad se ve en avenidas de Valencia, Sevilla o Málaga y que mucha gente señala como "el árbol del algodón".
- Las asclepiadeas, los llamados algodoncillos, herbáceas y arbustos cuyos frutos sueltan semillas con un penacho sedoso. Varias son tóxicas por su látex y no tienen ningún uso textil serio.
Ninguna de ellas es una malvácea ni da fibra de semilla hilable en condiciones. La borra de todas ellas es un vilano de dispersión, pelos sueltos que llevan la semilla por el aire, mientras que la fibra del algodonero está anclada a la cubierta de la semilla y es lo bastante larga y resistente para retorcerse en hilo. Esa diferencia, y no el aspecto, es la que separa a un algodonero de todo lo demás.
En resumen
Algodonero es el nombre de cuatro especies del género Gossypium, malváceas de zonas cálidas, domesticadas de forma independiente dos veces en el Viejo Mundo (G. herbaceum y G. arboreum) y dos en América (G. hirsutum y G. barbadense). Las americanas, tetraploides y de fibra más larga, proceden de una hibridación natural anterior a la agricultura que exigió que una semilla cruzara el Atlántico, y hoy dominan el cultivo mundial.
La fibra es un pelo de la cubierta de la semilla, no pelusa del fruto, y la semilla lleva gosipol, un tóxico para monogástricos que hace que su torta solo sirva para rumiantes y que la convierte en algo que no debe quedar al alcance de mascotas ni de niños. Y conviene no confundir el algodonero con los árboles de "algodón de seda", que producen vilano de dispersión y no fibra hilable.