Ramas desnudas, sin una sola hoja, y colgando de ellas flores rojas del tamaño de un puño que caen al suelo enteras y siguen brillando sobre la tierra durante horas. Así se presenta el Bombax ceiba al final del invierno, y esa imagen —un árbol enorme, gris y pelado, cubierto de rojo— es la razón por la que se planta en medio mundo tropical y por la que tantos jardineros españoles se enamoran de él en un viaje y vuelven preguntando si aquí se puede tener.
La respuesta corta es que sí, pero en pocos sitios y con mucho espacio. La larga necesita que empecemos aclarando qué árbol es este exactamente, porque el nombre "algodón de seda" se reparte entre varias especies distintas y las confusiones vienen de ahí.
Un nombre compartido por tres árboles diferentes
El árbol del algodón de seda rojo es Bombax ceiba, de la familia Malvaceae (subfamilia Bombacoideae; hasta hace unas décadas se separaba en su propia familia, las bombacáceas). En bibliografía antigua aparece como Bombax malabaricum o Salmalia malabarica: son sinónimos del mismo árbol. Es originario del subcontinente indio, el sudeste asiático, el sur de China y el norte de Australia.
Con él se confunden habitualmente otros dos:
Ceiba pentandra es el auténtico kapok comercial, el árbol cuyo vilano se ha usado industrialmente para rellenar salvavidas y colchones. Es americano y africano, tiene flores blanquecinas o crema y llega a ser mucho más grande. La fibra del Bombax también se aprovecha, pero es más corta y de peor calidad, y nunca sostuvo un comercio comparable. Decir que el Bombax "es el árbol del kapok" es, sencillamente, inexacto.
Ceiba speciosa —el palo borracho, antes Chorisia speciosa— es el que de verdad se ve en parques y avenidas de Valencia, Sevilla, Málaga o Alicante. Sudamericano, con el tronco abombado en forma de botella, aguijones gruesos y flores rosadas en otoño. Cuando alguien en España señala "el árbol ese del algodón", nueve de cada diez veces está señalando un palo borracho, no un Bombax. Los dos sueltan una borra blanca de los frutos, de ahí el lío.
Cómo es el árbol
Porte. Grande de verdad. En su área de origen supera con holgura los 25 metros y hay ejemplares que pasan de 35. En cultivo fuera de los trópicos se queda más bajo, pero seguimos hablando de un árbol de 15 a 20 metros con una copa amplia. El tronco es recto, cilíndrico, y en los ejemplares viejos desarrolla contrafuertes —esos refuerzos aplanados que salen de la base como aletas—. Las ramas nacen en verticilos más o menos horizontales, lo que da a los árboles jóvenes una silueta escalonada muy característica.
Aguijones. El tronco de los ejemplares jóvenes está cubierto de aguijones cónicos duros, de base ancha, que se van perdiendo con la edad hasta que la corteza de los árboles maduros queda casi lisa y grisácea. Es un detalle a tener muy en cuenta al elegir el sitio: un tronco así, junto a un paso estrecho o donde juegan niños, es un problema durante los primeros quince o veinte años.
Hojas. Compuestas y palmeadas, con cinco a siete foliolos lanceolados que salen de un mismo punto, como los dedos de una mano abierta, sobre un pecíolo largo. Son de un verde medio, sin pelo, y el conjunto da una sombra amplia pero ligera, nada agobiante.
Caducidad. Y aquí está la clave de su comportamiento. El Bombax es caducifolio de estación seca, no de invierno frío. Pierde la hoja al entrar la sequía, permanece desnudo unas semanas, florece sobre las ramas peladas y solo entonces vuelve a brotar. En clima mediterráneo el árbol reajusta ese calendario a nuestro invierno, de manera que suele quedarse sin hoja entre diciembre y marzo. Un ejemplar deshojado en enero no está muriéndose: está haciendo exactamente lo que le toca.
Flores. Solitarias o en pequeños grupos al final de las ramas, de 10 a 15 cm de diámetro, con cinco pétalos gruesos y carnosos, recurvados hacia atrás, de un rojo intenso que a veces tira a anaranjado. En el centro, un penacho de numerosos estambres. Son flores muy ricas en néctar y en su tierra atraen a pájaros y murciélagos; aquí atraen a todo lo que vuele. Duran poco en el árbol y caen enteras, sin deshojarse, lo que crea una alfombra roja bajo la copa muy vistosa y bastante trabajosa de barrer.
Frutos. Cápsulas alargadas, de unos 10 a 15 cm, que maduran hacia el final de la primavera y se abren en cinco valvas liberando las semillas envueltas en una borra sedosa blanquecina. Esa borra vuela con el viento y se acumula en rincones, canalones y piscinas. Conviene saberlo antes, no después.
¿Dónde se puede plantar en España?
El factor limitante es el frío, y su tolerancia depende mucho de la edad. Un ejemplar joven se daña seriamente en cuanto el termómetro roza los 0 °C, y una helada de -2 °C puede matarlo. Uno adulto y ya sin hojas resiste bastante mejor una helada breve y ligera, del orden de -2 a -3 °C, sobre todo si es una helada de radiación nocturna que remite con el sol. Lo que no soporta en ningún caso son heladas repetidas, prolongadas o con el árbol en brotación.
Con eso en la mano, el mapa queda así:
Canarias. Es el sitio donde crece sin problemas, en cotas bajas y medias de las islas, tanto en la vertiente sur como en zonas costeras del norte. Aquí florece bien y desarrolla porte.
Litoral mediterráneo cálido y sur peninsular. Costa de Málaga, Almería, sur de Alicante y enclaves resguardados de Murcia o del bajo Guadalquivir, siempre cerca del mar y a resguardo del viento del norte. Es viable, pero conviene proteger el árbol los primeros tres o cuatro inviernos y aceptar que un año excepcionalmente frío puede quemarle las ramas terminales.
Resto de la Península. No. Ni el interior, ni la meseta, ni el valle del Ebro, ni la cornisa cantábrica. No es cuestión de esforzarse más: es un árbol demasiado grande para cultivarlo protegido de por vida y con las heladas del interior no hay solución.
Y una advertencia de espacio que vale para cualquier clima: este árbol no cabe en un jardín pequeño. Necesita como mínimo diez o doce metros libres alrededor, distancia generosa a construcciones, muros y saneamientos, y ningún tendido eléctrico encima. Plantarlo a tres metros de la casa es garantizarse una tala cara dentro de quince años.
Cuidados
Sol. Pleno sol, sin discusión y desde pequeño. A la sombra se estira, florece mal o no florece, y hace ramas débiles.
Suelo. Profundo y con buen drenaje. Es tolerante en cuanto a fertilidad y acepta suelos francos, arenosos o algo arcillosos siempre que el agua no se quede parada. Los encharcamientos invernales le sientan francamente mal y son una causa habitual de pudrición de raíz en plantaciones jóvenes. Tolera cierta caliza, aunque en suelos muy calizos puede clorosarse.
Riego. Abundante y regular durante los dos o tres primeros años, que es cuando se juega el enraizamiento. Una vez establecido, resiste bien la sequía estival —está diseñado precisamente para eso— y basta con riegos de apoyo en los veranos duros. En el periodo sin hojas, hay que reducir el riego drásticamente: un árbol dormido y regado como si estuviera creciendo es un árbol con las raíces asfixiadas.
Abonado. Poco y en primavera, al arrancar la brotación. Un abono orgánico bien hecho o un complejo equilibrado bastan. El exceso de nitrógeno produce brotes largos y blandos que son justo los que se llevan por delante la primera helada o la primera racha de viento fuerte.
Poda. La mínima. Forma su estructura solo y las heridas grandes cicatrizan mal en una madera blanda como esta. Se limita a retirar ramas secas, rotas o cruzadas, y a hacerlo al final del invierno, antes de la floración. Lo que sí conviene es levantar la copa poco a poco en los ejemplares junto a paseos, para que el tronco espinoso quede libre a la altura de paso.
Viento. Su madera es ligera y quebradiza. En zonas expuestas a temporales conviene un emplazamiento resguardado y una revisión periódica de las ramas grandes.
Multiplicación
Por semilla. Es lo habitual y no tiene misterio. Se recogen las semillas de las cápsulas maduras, se separan de la borra y se siembran en primavera en un sustrato ligero y húmedo, apenas cubiertas. Con temperaturas de 25 a 30 °C germinan en una o dos semanas. Las plántulas crecen deprisa —bastante más de lo que uno espera— y admiten trasplante a maceta individual en cuanto tienen dos o tres hojas verdaderas. Las semillas conservan la viabilidad razonablemente bien de una campaña a otra si se guardan secas y frescas, al contrario de lo que ocurre con otros árboles tropicales.
Por estaca. Es un árbol que enraíza bien de estaca leñosa gruesa; en Asia se emplea esa técnica para setos vivos y tutores. Tiene una ventaja evidente, que es acortar mucho la espera hasta la floración, y un inconveniente serio: los ejemplares de estaca suelen desarrollar sistemas radiculares menos profundos y más propensos al vuelco.
Cuánto tarda en florecer. Un árbol de semilla no suele dar flor hasta los ocho o diez años, a veces más si el clima no acompaña. Es un dato que conviene tener claro antes de plantar: quien busque flores en tres años debe mirar otra especie.
Usos y curiosidades
La madera es blanca, muy ligera y poco duradera; se destina a contrachapados, embalajes, cerillas y cajas, no a estructuras. La borra de los frutos se ha usado como relleno de almohadas y cojines. En la cocina del sudeste asiático y de la India se aprovechan las flores: los cálices tiernos se consumen como verdura y las flores secas entran en sopas y preparaciones tradicionales, además de su papel en la medicina ayurvédica. En el sur de China es un árbol simbólico —la flor del Bombax es el emblema floral de Cantón— y su floración marca el calendario local con la misma fuerza que aquí lo hace el almendro.
Errores frecuentes
Regarlo en invierno porque "está pelado". Ya está dicho arriba y es el fallo más caro. Sin hojas no transpira; el agua se queda en el suelo y pudre la raíz.
Comprarlo pensando que es un palo borracho. Se parecen de lejos y comparten familia, pero el Ceiba speciosa es más resistente al frío, florece en otoño y en rosa, y encaja mucho mejor en la mayor parte del litoral español. Si lo que se quiere es un árbol tropical espectacular en Valencia o Barcelona, el palo borracho es la elección sensata y el Bombax no.
Subestimar el tamaño final. Un plantón de un metro y medio en maceta no transmite lo que va a ser dentro de veinte años, y este árbol crece rápido.
Plantarlo cerca de una piscina. Flores caídas, cápsulas y borra flotante. Es una combinación mala.
En resumen
Bombax ceiba es un árbol caducifolio tropical de gran porte, con tronco espinoso de joven y contrafuertes de adulto, hojas palmeadas de cinco a siete foliolos y una floración roja espectacular que se produce sobre las ramas desnudas al final del invierno. No es el árbol del kapok comercial, que es Ceiba pentandra, ni el palo borracho que se ve en los parques españoles, que es Ceiba speciosa. En España solo tiene sentido plantarlo en Canarias y en el litoral más cálido del sur y el sureste peninsular, con sol directo, suelo profundo y drenado, mucho espacio libre alrededor y protección durante los primeros inviernos. Riego generoso mientras crece, escaso mientras está sin hoja, abonado moderado en primavera y poda casi nula. Se multiplica sin dificultad por semilla, aunque hay que armarse de paciencia: la primera floración no llega antes de ocho o diez años. Quien tenga el clima y el terreno se llevará uno de los árboles en flor más impresionantes que se pueden cultivar aquí; quien no los tenga hará mejor en disfrutarlo en fotografías.