No hay ninguna manera objetiva de ordenar las flores por belleza, así que cualquier lista de este tipo es una selección con criterio o un relleno. Aquí el criterio es doble: flores que no aparecen en todas las listas (la rosa, el tulipán y la orquídea de maceta ya se cuentan en otras páginas de este sitio) y, sobre todo, la explicación de por qué nos parecen hermosas, que resulta ser bastante más interesante que la lista.

Porque la flor no está ahí para nosotros. Es un anuncio dirigido a un animal concreto, y cada rasgo que nos gusta (el color saturado, la simetría, el perfume, el tamaño) es parte del reclamo. Las abejas ven en el ultravioleta y no distinguen el rojo como nosotros, así que muchas flores llevan dibujos invisibles al ojo humano que señalan el néctar, y el rojo puro suele ser flor de pájaro. El segundo aviso es más práctico: varias de las flores más bellas del mundo no se pueden cultivar en casi ninguna parte de España, y conviene saberlo antes de encargar semillas.

Por qué una flor nos parece hermosa

El color viene de tres familias de pigmentos y de un truco. Las antocianinas dan los rojos, rosas, morados y azules, y el tono depende del pH del interior de la célula y de los metales con los que se acomplejan; el mismo pigmento puede verse rojo o azul. Los carotenoides dan los amarillos y naranjas. En un grupo de familias emparentadas con los claveles y los cactus, las antocianinas se sustituyen por betalaínas, que son las del morado eléctrico de la buganvilla. Y el blanco no es ningún pigmento: es aire entre las células del pétalo, que dispersa toda la luz igual que la espuma.

La forma va por otro lado. Nos resulta agradable la simetría radial de una margarita y también la bilateral de una orquídea, que es la que el insecto usa para orientarse al aterrizar. Y algunas flores nos parecen imposibles solo porque no son lo que creemos: el girasol no es una flor, es un capítulo con cientos de flores diminutas, las de fuera con una lengüeta amarilla y las del disco fértiles, colocadas en espirales encontradas que son el ejemplo de libro del empaquetado más eficiente.

Capítulo de girasol visto de frente

Lo que parece una flor con pétalos amarillos son cientos de flores: las del borde con una lígula y las del disco, dispuestas en dos juegos de espirales.

La pasionaria (Passiflora caerulea) es el caso extremo de estructura: una corona de filamentos radiales sobre los pétalos y en el centro los estambres y los estigmas montados en un eje. Los misioneros del siglo XVI leyeron en esa arquitectura una alegoría de la Pasión, y de ahí el nombre. La planta es sudamericana, trepa con una facilidad temible y en el litoral español se comporta casi como una maleza.

El azul, que es el trofeo

El azul verdadero es rarísimo en flor. Casi siempre es una antocianina desplazada hacia el azul por el pH de la vacuola o por complejos con aluminio y otros metales, un ajuste delicado que pocas especies dominan. La hortensia (Hydrangea macrophylla) es el ejemplo más famoso porque lo hace a la vista: en suelo ácido, con aluminio disponible, las flores tiran a azul; en suelo calizo, a rosa. Es el suelo hablando por la planta.

Dos inflorescencias de hortensia, una rosa y otra azul

La misma especie, dos suelos: el azul aparece cuando el suelo es ácido y hay aluminio disponible, el rosa cuando es calizo.

La amapola azul del Himalaya (Meconopsis) es el azul más limpio que existe en una flor grande, y también una de las plantas más frustrantes del mundo: quiere veranos frescos y húmedos, sombra y suelo ácido, condiciones de ladera nubosa. En España solo tiene alguna posibilidad en el norte atlántico de montaña, y en el clima mediterráneo no hay manera.

Las gencianas (Gentiana) dan el otro azul, y ese sí es nuestro: Gentiana verna y sus parientes tapizan pastos de los Pirineos y de la Cordillera Cantábrica en primavera, con un azul que en fotografía parece retocado. Son plantas de alta montaña, ligadas a su suelo y a su micorriza, y no se recogen ni se arrancan.

Cinco hermosas que casi nunca salen en las listas

La magnolia (Magnolia grandiflora, de hoja perenne y coriácea, o Magnolia denudata y las caducas de flor precoz) es de un linaje antiquísimo, anterior a las abejas, y eso se ve en la flor: piezas gruesas y carnosas, sin separación clara entre sépalos y pétalos, porque la polinizan escarabajos y tiene que aguantar su trato. Necesita suelo sin exceso de cal, así que en el este y el sur calizo sale clorótica.

La peonía (Paeonia) es la flor más rotunda que puede tener un jardín templado, y hay una ibérica silvestre, Paeonia broteri, de flor rosa intensa en encinares y quejigares de montaña. Las herbáceas de jardín necesitan frío invernal para florecer bien, de modo que en el litoral cálido decepcionan casi siempre. Las silvestres, ni tocarlas.

La camelia (Camellia japonica) florece en pleno invierno con una perfección geométrica que parece de cera. Es la flor de los pazos gallegos y de los jardines del Cantábrico por un motivo edáfico claro: exige suelo ácido, humedad constante y ambiente sin sequedad extrema, y en el interior seco o en suelo calizo no prospera.

La glicinia (Wisteria sinensis) cuelga racimos malva sobre la pérgola antes de echar la hoja, y es probablemente la trepadora más espectacular que se puede plantar aquí. Dos advertencias: su vigor es enorme y con los años puede reventar un enrejado ligero o levantar un canalón, así que necesita estructura seria y poda; y sus semillas y vainas son tóxicas si se comen, cosa que conviene saber con niños en casa.

La jacaranda (Jacaranda mimosifolia) es el árbol que pinta de violeta las calles de Sevilla, Málaga, Valencia o Las Palmas en primavera, a veces con la copa aún sin hojas, lo que multiplica el efecto. Es sudamericana, no aguanta heladas fuertes y por eso en el interior continental no se ve.

Dos que no hay en ningún otro sitio del mundo

El tajinaste rojo (Echium wildpretii) es un endemismo canario de las cumbres de Tenerife, con parientes en La Palma. Vive años como una roseta de hojas estrechas y plateadas, y al final levanta una espiga cónica de flores rojas de la altura de una persona, florece una vez y muere. Está en zona protegida del parque nacional, es una de las plantas más visitadas por las abejas en la isla, y no es planta de jardín fuera de su ambiente.

Y las orquídeas silvestres del género Ophrys, que en la península hay muchas y pasan desapercibidas por pequeñas. Su flor imita a una hembra de insecto en forma, en pelosidad y en olor, y el macho, engañado, la poliniza al intentar copular con ella. No producen néctar: pagan con engaño. Dependen de hongos del suelo, de modo que trasplantar una es matarla. Se miran, se fotografían y se dejan donde están.

Hermosa en la foto no es cultivable aquí

La trampa de estas listas es que mezclan flores de invernadero tropical, de montaña nubosa y de jardín templado como si todas fueran opciones. Traducido al mapa de aquí: la camelia y la magnolia piden suelo ácido y humedad, es decir, norte y noroeste; la peonía herbácea quiere invierno frío de interior; la jacaranda y la pasionaria necesitan un litoral sin heladas duras; la Meconopsis no es viable en clima mediterráneo, por mucho que se vendan sus semillas; y el tajinaste es de una cumbre canaria concreta.

Si lo que buscas es belleza que funcione en tu clima, el criterio útil no es la lista mundial, es el suelo y el verano que tienes. Las que están reseñadas aparte en este sitio son las flores raras y las flores exóticas, que son otro asunto: rareza y procedencia, no belleza.

En resumen

Las flores más hermosas del mundo no son un ranking, son una colección de soluciones distintas al mismo problema: atraer a un animal concreto. El azul de la genciana y de la Meconopsis, el violeta de la jacaranda, la arquitectura de la pasionaria, la flor gruesa y arcaica de la magnolia o el engaño sexual de una Ophrys del tamaño de una uña son más interesantes vistos así que puestos en fila por lo bonitos que quedan.

Y si la lista va a servir para algo en el jardín, conviene leerla con el clima delante. Camelia y magnolia en el norte húmedo y en suelo sin cal, peonía donde haya invierno de verdad, jacaranda y pasionaria en litoral templado, hortensia sabiendo que el suelo le va a elegir el color, y las silvestres protegidas (gencianas, peonías ibéricas, orquídeas, tajinaste) quietas en su sitio, que es donde son hermosas.


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