Las flores exóticas que se ven en una floristería son casi todas plantas tropicales cultivadas en invernadero, con una particularidad que explica su precio: duran muchísimo en jarrón. Un ave del paraíso, un anturio o una protea pasan dos o tres semanas en agua sin deshacerse, porque sus estructuras vistosas no son pétalos delicados sino brácteas y espatas de textura casi coriácea.
Aquí van las seis que de verdad encuentras en España, con lo que pide cada una si te la llevas viva en maceta, que es donde se pierde el dinero. Y al final, el otro sentido de la palabra exótica, el que usan los biólogos, que significa algo bastante distinto y bastante menos bonito.
Ave del paraíso, la que sí se puede tener fuera
El ave del paraíso (Strelitzia reginae) es sudafricana, no tropical húmeda, y eso lo cambia todo: en el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias se cultiva al aire libre y florece año tras año. En el interior peninsular se hiela y hay que tenerla en maceta grande y protegerla.
La flor sale de una espata horizontal en forma de pico de ave, de la que emergen sépalos naranjas y pétalos azules, uno detrás de otro durante semanas. En la naturaleza la poliniza un pájaro que se posa en la estructura azul. Es planta de crecimiento lento: en maceta puede tardar varios años en dar la primera flor, y se queja si se cambia de tiesto a menudo. Quiere sol o media sombra, suelo drenante y riego regular en el crecimiento.
Anturio, y el aviso que casi nunca se da
El anturio (Anthurium andraeanum) es de origen americano tropical y es la exótica de interior más vendida junto a la orquídea. Lo rojo o rosa brillante es una espata, una hoja modificada, y la flor de verdad es el bastoncillo central, el espádice, cubierto de flores minúsculas.
Quiere luz abundante sin sol directo, humedad ambiental alta y sustrato muy aireado, y no tolera el agua estancada. La calefacción seca del invierno le pone las puntas marrones. El aviso: como el resto de las aráceas, contiene cristales de oxalato de calcio y es tóxico e irritante si se mastica, para personas y también para perros y gatos, que además salivan y se hinchan la boca. No es una planta para un gato mordedor.
Orquídeas: dos mundos distintos con el mismo nombre
La orquídea de supermercado (Phalaenopsis) es barata precisamente porque se multiplica industrialmente por cultivo in vitro, y es la más fácil de todas. Las orquídeas de colección (Cattleya, Vanda, Paphiopedilum) son otra liga en precio y en exigencia.
Todas comparten una cosa: la mayoría son epífitas, viven agarradas a la corteza de un árbol con las raíces al aire, y de ahí sale todo el manual. Corteza gruesa en vez de tierra, maceta con agujeros, riego por empapado y escurrido total, nunca un plato con agua debajo. La familia entera está incluida en el convenio CITES, así que una orquídea legal viene con su documentación de vivero.
Protea, la más dura de todas
La protea (Protea) y sus parientes sudafricanos, como el leucadendro, son flores de aspecto casi arquitectónico que en seco duran meses. Vienen de suelos ácidos, arenosos, extremadamente pobres en fósforo y con verano seco.
Eso explica por qué fracasa en el jardín de medio país: no soporta la cal ni el abonado con fósforo, y los suelos calizos del este y del sur de España la matan por clorosis. Donde prospera es en suelo ácido y arenoso, con muy buen drenaje y sin riego en verano. Si tu agua deja cal blanca en el grifo, tenla como flor cortada y no como planta. En la ficha de la protea está el detalle.
Heliconia, la que se confunde con el ave del paraíso
La heliconia es americana tropical y sus brácteas rojas y amarillas colgando en zigzag le dan el apodo de garra de langosta. Se parece al ave del paraíso porque ambas tienen brácteas rígidas de colores fuertes, pero son familias diferentes.
Es la más exigente de esta lista en clima: quiere calor constante, humedad alta y nada de frío. En España solo tiene sentido al aire libre en Canarias y en microclimas muy abrigados del sur; en el resto es planta de invernadero o flor de corte importada.
Amarilis, la exótica que florece en el salón
La amarilis de jardinería (Hippeastrum) es sudamericana y da la flor más grande que se puede conseguir en casa sin invernadero. Conviene aclarar el nombre: el género Amaryllis es otro, sudafricano (la Amaryllis belladonna), y lo que se vende como amarilis en bulbo para Navidad es casi siempre Hippeastrum.
El bulbo se planta dejando el tercio superior fuera del sustrato, se riega poco hasta que arranca la vara y luego con normalidad. Tras la floración hay que dejar la hoja trabajar varios meses para que el bulbo se recargue, y después darle un periodo seco y fresco de reposo. Ese paso es el que casi nadie hace, y es el motivo de que el bulbo no repita al año siguiente. Como muchas amarilidáceas, el bulbo es tóxico por ingestión.
Árboles tropicales de flor, la sorpresa del trópico
La flor de la foto crece directamente sobre el tronco, no en la punta de las ramas. Ese rasgo se llama caulifloria y es frecuente en árboles de selva tropical: las flores brotan del leño viejo, a veces a la altura de la cadera, para que lleguen a ellas los polinizadores que se mueven por el sotobosque y no por la copa. Es la clase de detalle que hace que un árbol tropical no se parezca a nada de aquí.
El otro significado de exótica
En biología, exótica no quiere decir bonita ni rara: quiere decir especie introducida fuera de su área natural. Y una parte pequeña de esas introducidas se vuelve invasora, se reproduce sola y desplaza a la vegetación del sitio. España tiene una lista legal de ellas, el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, y las especies que figuran ahí no se pueden poseer, transportar ni comercializar.
La foto de abajo es una casuarina (Casuarina), el mal llamado pino australiano, que no es un pino: lo que parecen agujas son ramillas verdes finas y las hojas son escamas diminutas. Se plantó mucho en la costa como cortavientos porque aguanta la sal y la arena, y en varias zonas cálidas del mundo se comporta de forma invasora: su hojarasca tapiza el suelo y dificulta que crezca otra cosa debajo. Antes de plantar una exótica de este tipo, lo que toca es comprobar si figura en ese catálogo. Tiene su ficha propia.
La regla práctica es simple: una exótica de maceta o de jarrón no hace daño a nadie, pero ninguna planta exótica se planta fuera del jardín, ni se tira con los restos de poda al monte, ni se echa un resto de acuario a un arroyo. Así empiezan casi todas las invasiones.
En resumen
De las exóticas de floristería, solo dos se pueden tener de verdad al aire libre en buena parte de España: el ave del paraíso en el litoral mediterráneo, el sur y Canarias, y la protea únicamente donde el suelo sea ácido y arenoso. El anturio y la orquídea son plantas de interior con luz indirecta y sustrato aireado; la heliconia necesita clima tropical; la amarilis es un bulbo de temporada que exige un reposo seco para repetir.
Antes de comprar, mira el suelo y el invierno de tu zona, no la foto. Y ten en cuenta los dos avisos: el anturio es irritante y tóxico si se mastica, sobre todo para gatos y perros, y el bulbo de amarilis es tóxico por ingestión. Con eso, una flor exótica deja de ser un capricho de tres semanas.