No es un pino. Aunque en la costa mediterránea se le llame «pino australiano» y de lejos lo parezca, la casuarina no tiene nada que ver con las coníferas: es una planta con flor, emparentada de lejos con los abedules y las hayas, que ha convergido en un aspecto de conífera porque vive en los mismos sitios difíciles. Entender esto no es un capricho de botánico. Explica por qué fija nitrógeno, por qué aguanta la sal marina como pocos árboles y por qué debajo de ella no crece casi nada.
Qué es exactamente una casuarina
El género Casuarina pertenece a la familia Casuarinaceae, originaria de Australia, el sudeste asiático y las islas del Pacífico. Lo que parecen acículas son en realidad ramillas verdes articuladas (cladodios), finas, colgantes y surcadas por estrías longitudinales. Las hojas verdaderas están reducidas a diminutos dientecillos escamosos dispuestos en verticilos en cada nudo, y contar cuántos dientes hay por verticilo es la forma clásica de distinguir unas especies de otras: entre 6 y 8 en Casuarina equisetifolia, entre 8 y 10 en Casuarina cunninghamiana.
El fruto tampoco es un cono de conífera aunque se le parezca mucho: es una infrutescencia leñosa de un centímetro o dos, formada por brácteas que se abren para soltar unas semillas aladas minúsculas, casi polvo. Que sea leñoso y globoso es pura coincidencia evolutiva.
Las especies que se plantan en España
Casuarina equisetifolia es la más frecuente en primera línea de costa. Alcanza los 15-25 metros, crece muy deprisa y tolera el salitre, la arena pura y los vientos marinos mejor que casi cualquier otro árbol. A cambio es la más friolera: por debajo de unos -4 °C empieza a quemarse, y una helada de -6 °C mantenida puede matar ejemplares jóvenes. Se ve mucho en Canarias, Levante, Murcia, Baleares y la costa andaluza.
Casuarina cunninghamiana, el roble de río australiano, es la elección sensata tierra adentro. Aguanta en torno a -8 °C ya establecida, prefiere suelos algo más frescos y profundos, y tiene un porte más recto y elegante. Es la que se usa en cortavientos agrícolas del interior valenciano y en avenidas.
Casuarina glauca tolera suelos salinos e incluso encharcados, pero emite rebrotes de raíz a metros del tronco y se convierte en un problema serio en jardines pequeños. Casuarina cristata y Casuarina oligodon son mucho más raras aquí y se ven sobre todo en colecciones botánicas.
Conviene saber, además, que buena parte de las casuarinas australianas de jardín se han reclasificado en los géneros Allocasuarina y Gymnostoma. Si compras una etiqueta que pone Allocasuarina verticillata, estás comprando una casuarina en el sentido amplio, algo más pequeña y de porte casi arbustivo.
El truco del nitrógeno
Aquí está la clave de su resistencia. Las casuarinas forman nódulos en la raíz con Frankia, una bacteria filamentosa del suelo que fija nitrógeno atmosférico. Es el mismo principio que la simbiosis de las leguminosas con Rhizobium, pero con otro socio y en una familia botánica completamente distinta. Se llama simbiosis actinorrícica y la comparten con los alisos y los Elaeagnus.
La consecuencia práctica es doble. Por un lado, la casuarina no necesita abonado nitrogenado: puede colonizar dunas y estériles mineros donde no hay materia orgánica ninguna. Por otro, echar nitrógeno de más es tirar el dinero y, encima, desincentiva la nodulación. Si abonas una casuarina —cosa que rara vez hace falta—, que sea con un complejo equilibrado en primavera y a dosis baja.
Por qué debajo no crece nada
Cualquiera que haya pasado bajo un grupo de casuarinas lo ha visto: una alfombra de ramillas secas de varios centímetros de grosor y suelo desnudo. Se suele atribuir a la alelopatía, y algo hay: los extractos de sus ramillas inhiben la germinación en ensayos de laboratorio. Pero en el jardín pesan más tres cosas bastante más prosaicas. La hojarasca no se descompone, forma un fieltro casi impermeable que impide que ninguna semilla llegue al suelo; la sombra es seca, porque el árbol transpira mucho; y las raíces superficiales se llevan el agua de riego antes de que la aproveche nada.
Traducido a decisiones: no cuentes con plantar césped, arriates ni frutales bajo una casuarina adulta. Y esas raíces superficiales, agresivas y ávidas de humedad, levantan pavimentos, bordillos y muretes, y buscan cualquier fuga de saneamiento. Planta una equisetifolia a tres metros de la piscina o de la acera y tendrás una factura de reparación esperándote a diez o quince años vista.
Cortavientos: cómo se hace bien
Es su gran uso agrícola y donde más se estropea por hacerlo mal. La tentación es plantar una pantalla lo más tupida posible, y es justo lo contrario de lo que funciona. Una barrera impermeable obliga al viento a saltarla y lo devuelve al suelo unos metros más allá con turbulencia, de modo que la franja protegida es corta y aparecen remolinos que tumban el cultivo. Una barrera permeable, que deje pasar entre el 40 y el 50 % del aire, frena la velocidad sin generar turbulencia y protege una franja de hasta 15 o 20 veces su altura a sotavento.
En la práctica: una sola fila, con marcos de 2,5 a 4 metros entre árboles según especie, y sin recortarla en seto compacto. Si necesitas más densidad en la parte baja, pon una segunda línea de arbustos delante en lugar de apretar las casuarinas.
Cultivo y mantenimiento
Ubicación. Sol directo y a pleno viento, sin reparos. En sombra parcial se ahíla y pierde el porte.
Suelo. Prácticamente cualquiera con drenaje: arenas, gravas, suelos calizos, salinos y pobres. Lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado, salvo C. glauca. No sufre clorosis férrica en calizas como sí les ocurre a otros árboles ornamentales.
Riego. Los dos primeros años necesita riegos regulares para que la raíz explore en profundidad: mejor uno abundante cada 10-15 días que muchos superficiales. A partir del tercer o cuarto año, en el litoral mediterráneo, tira sin riego.
Plantación. Otoño en zonas suaves, para que enraíce con las lluvias; primavera donde haya riesgo de heladas. El ejemplar recién plantado necesita tutor los dos primeros años, no por debilidad del tronco, sino porque el sistema radicular tarda en anclar y las rachas lo bambolean.
Poda. Cuanto menos, mejor. Forma su porte sola y responde mal estéticamente a los recortes: rebrota, pero con ramas desordenadas. Limítate a eliminar madera seca, ramas cruzadas y chupones de la base, siempre a finales de invierno. Una casuarina desmochada no recupera una buena forma.
Multiplicación. Por semilla, que es lo fácil: se siembra en primavera en bandeja con sustrato arenoso, apenas cubierta, y germina en dos o tres semanas a 20-25 °C sin necesidad de tratamiento previo. Los esquejes semileñosos de verano con hormona enraizante funcionan, pero con porcentajes de éxito bajos.
Problemas. Muy pocos. Alguna cochinilla en ejemplares estresados y podredumbres radiculares por exceso de agua. Su enemigo real es una helada fuera de su rango.
Antes de plantar una, piénsalo
Su facilidad tiene una cara B. Casuarina equisetifolia se comporta como invasora agresiva en litorales de medio mundo —Florida, Sudáfrica, el Caribe— porque desplaza la vegetación dunar autóctona y altera el suelo. En España no figura con ese estatus a nivel estatal, pero en enclaves dunares y en las islas es una especie que conviene no introducir cerca de espacios naturales protegidos. Si el objetivo es fijar dunas o montar un cortavientos costero y cabe la alternativa de un pino carrasco, un tarajal (Tamarix) o un acebuche, esa opción encaja mucho mejor con el entorno.
Y para jardines de menos de 300 metros cuadrados, sencillamente es un árbol demasiado grande, demasiado rápido y demasiado radicular. Ahí no compensa.
En resumen
La casuarina es un árbol de solución, no de adorno: fija nitrógeno gracias a Frankia, aguanta sal, arena y viento como pocos, y crece rápido en terrenos donde otros no arrancan. Elige C. equisetifolia solo en litoral cálido y sin heladas, y C. cunninghamiana si vas a plantarla tierra adentro. Dale sitio de sobra lejos de pavimentos y conducciones, riégala los primeros años, no la abones con nitrógeno y no la podes salvo por sanidad. Asume que bajo su copa no vas a poder cultivar nada, y descártala si el jardín es pequeño o si estás junto a un sistema dunar natural.