Cuando se habla de flores raras se mezclan tres cosas muy distintas: la rareza biológica (una especie con muy pocos ejemplares o un área de distribución minúscula), la rareza de floración (plantas frecuentes en cultivo cuya flor solo se ve unas horas) y la rareza comercial (un cultivar caro del que se cuentan cifras difíciles de comprobar). No es lo mismo, y ninguna lista honesta debería juntarlas sin avisar.
Abajo van las más citadas, con lo que se puede afirmar de cada una y lo que circula por internet sin base. Y un aviso que importa más que la lista: buena parte de estas plantas están protegidas por CITES, aplicado en la Unión Europea mediante el Reglamento (CE) 338/97, y comprar una fuera de ese cauce no es una curiosidad de coleccionista, es el motor del expolio de poblaciones silvestres.
Rareza de floración: la flor que solo se ve una noche
La flor de Kadupul es un cactus epífito, Epiphyllum oxypetalum, con una flor blanca grande y perfumada que abre al caer la noche y está marchita al amanecer. En Sri Lanka tiene un peso cultural notable y de ahí viene su nombre. La planta no es rara en absoluto: se cultiva en macetas en medio mundo y se multiplica por esqueje de tallo con una facilidad casi absurda. Lo raro es pillar la flor abierta. Y por eso es falso lo que se repite, que no tiene precio porque no se puede cultivar.
El cosmos chocolate (Cosmos atrosanguineus) es el caso contrario y el más interesante: mexicano, de flor granate muy oscura y con un olor que recuerda al cacao, se considera extinguido en estado silvestre. El material que circula en jardinería procede de plantas multiplicadas vegetativamente, es decir, de clones, lo que durante décadas hizo imposible obtener semilla viable. Es rareza biológica real conviviendo con disponibilidad comercial.
Rareza biológica: endemismos al borde
La Silene tomentosa, la silene de Gibraltar, es endémica del Peñón y su historia es la mejor lección de esta lista. Se dio por extinguida a principios de los noventa y en 1994 se localizó un ejemplar silvestre, a partir del cual se multiplicó en jardines botánicos. Hoy su supervivencia depende de esos programas de conservación, no de la población natural.
El pico de paloma (Lotus berthelotii) es un endemismo de Tenerife, de flores rojas alargadas y curvadas, adaptado a la polinización por aves. En la naturaleza está en situación crítica y sin embargo se vende sin problema como planta colgante de jardinería, porque se propaga bien por esqueje. Cuidado con el nombre: también se llama pico de loro a la Clianthus neozelandesa, que no tiene nada que ver.
La zapatilla de dama (Cypripedium calceolus) es una orquídea europea de flor amarilla con un labelo hinchado en forma de zueco. Crece en suelos calizos de montaña y en España aparece en los Pirineos y en la cordillera Cantábrica, siempre en poblaciones pequeñas. En el Reino Unido quedó reducida a un único rodal silvestre bajo vigilancia, de ahí la cifra de las pocas flores que se repite en internet, que se refiere a ese caso británico y no a la especie entera.
Orquídeas de selva, las más buscadas y las más expoliadas
La zapatilla de Rothschild (Paphiopedilum rothschildianum) crece solo en las laderas del monte Kinabalu, en Borneo, en un área muy reducida, y tarda años en alcanzar la floración. Todas las especies del género Paphiopedilum están en el Apéndice I de CITES, el nivel más estricto, que prohíbe el comercio internacional con fines comerciales de ejemplares de origen silvestre. Las cifras de precio en el mercado negro que circulan son imposibles de verificar, pero el mercado existe y es el motivo de que queden tan pocas.
La orquídea fantasma (Dendrophylax lindenii) vive en Florida y Cuba y parece flotar en el aire, porque no tiene hojas: la fotosíntesis la hacen sus raíces verdes, aplastadas contra la corteza del árbol al que se agarra. Aquí hay que corregir un error muy extendido: no es parásita de otra planta. Es epífita y depende de hongos micorrícicos en el sustrato, algo muy difícil de reproducir en cultivo, y eso explica por qué prácticamente no se puede tener.
Las gigantes, y el lío de la flor cadáver
Dos plantas distintas comparten el apodo de flor cadáver y se confunden en casi todos los listados.
Rafflesia arnoldii, del sudeste asiático, es un parásito completo: no tiene hojas, ni tallo, ni raíces, y vive dentro de los tejidos de una liana del género Tetrastigma. Solo se asoma al exterior para florecer, y su flor es una de las más grandes del mundo, de estructura carnosa rojiza con un cuenco central, medida en decenas de centímetros de diámetro. Huele a carne descompuesta porque la polinizan moscas.
Amorphophallus titanum, de Sumatra, es la otra: una arácea con una inflorescencia erguida que sí se mide en metros de alto, y que también huele a putrefacción. Cuando alguien dice que la flor cadáver mide tres metros, está hablando de esta y no de la rafflesia. Ambas son rarísimas de ver abiertas y se anuncian en la prensa cuando florecen en un jardín botánico.
La flor de jade y la polinización por murciélagos
La vid de jade (Strongylodon macrobotrys) es una leguminosa trepadora endémica de Filipinas, con racimos colgantes de flores en forma de garra y un color turquesa que no se parece a nada, difícil de creer en una foto. Ese tono y la forma de la flor tienen una explicación funcional: la polinizan murciélagos, que se cuelgan de la inflorescencia. Está amenazada por la destrucción de su bosque, y en cultivo necesita invernadero tropical, así que en España no es planta de jardín en ningún sitio.
Rareza comercial: cuidado con las cifras
La rosa Juliet es un cultivar de rosal presentado en el Chelsea Flower Show a mediados de la década de 2000, y es la estrella de todos los listados de flores caras por una cifra de coste de desarrollo que se repite sin fuente contrastable. Conviene ponerla en su sitio: un cultivar nuevo no es una flor rara, es un producto de selección que se multiplica por miles en cuanto interesa comercialmente.
Lo mismo pasa con las rosas azules y con las rosas arcoíris de las fotos virales: las primeras son fruto de ingeniería genética y de selección, con un resultado más malva que azul, y las segundas son rosas blancas cuyos tallos se han alimentado con colorantes. No hay rareza botánica ahí.
Qué es una flor rara en España
Aquí la rareza no está en las selvas: está en los endemismos de área pequeña, sobre todo en Canarias, en Baleares, en Sierra Nevada y en los saladares y roquedos del sureste. Muchas de esas especies tienen poblaciones de unos pocos cientos de ejemplares.
La protección legal existe y es concreta: el Real Decreto 139/2011 aprueba el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo Español de Especies Amenazadas, y las comunidades autónomas tienen además sus propios catálogos. Recolectar, arrancar o desenterrar una planta catalogada es una infracción. Y aunque la especie no esté catalogada, sacarla del campo no tiene sentido: una planta silvestre trasplantada a una maceta casi siempre muere, y el hueco que deja en la población no se recupera.
Cómo comprar una planta rara sin alimentar el expolio
El comercio por internet de plantas de colección tiene un problema real de origen. Estas cuatro comprobaciones cubren lo básico:
- Pregunta por la documentación CITES si es una orquídea, un cactus o una suculenta de especie protegida. Un vivero serio la tiene y la entrega sin rodeos.
- Desconfía del ejemplar grande y barato, y más si es de crecimiento lento. Una planta de veinte años a precio de esqueje sale de algún sitio.
- Mira las raíces y el sustrato. Raíz cortada o rota, tierra de monte y ausencia de cepellón de vivero son señales de planta arrancada.
- Prefiere semilla o esqueje de vivero, y planta multiplicada in vitro cuando exista. Es más lento y es la única vía que no resta ejemplares del campo.
En resumen
De las flores raras más famosas, unas lo son por su floración fugaz y no por escasez (la kadupul, cultivada en medio mundo), otras por escasez real y dramática (la silene de Gibraltar, el pico de paloma canario, la zapatilla de Rothschild, la orquídea fantasma, el cosmos chocolate extinguido en la naturaleza) y otras solo por precio y relato comercial, como la rosa Juliet. Y los dos gigantes que llaman flor cadáver son dos plantas distintas: la rafflesia, parásita y de flor ancha, y el Amorphophallus, de inflorescencia alta.
La parte útil es la legal. CITES, aplicado en la Unión Europea por el Reglamento (CE) 338/97, regula el comercio internacional de estas especies, y en España el Real Decreto 139/2011 protege las silvestres amenazadas. Una planta rara comprada sin papeles suele significar una población silvestre con unos ejemplares menos, y muchas de esas poblaciones no admiten ni uno.