Flor silvestre es la que sale sola, sin que nadie la haya sembrado, y en España hay muchísima porque hay muchos climas y muchos suelos en poco espacio. Lo práctico es buscarla por ambiente y no por lista de nombres: el campo de cereal, el ribazo, el matorral mediterráneo, la dehesa, el prado de montaña y el arenal de la costa tienen cada uno sus especies, y casi nunca se mezclan.

Y lo que hay que decir antes de nada: la flor silvestre se mira y se fotografía. Hay especies protegidas por ley, arrancar una planta con bulbo o raíz gruesa la mata, y recolectar en el campo no es gratis ni automático. La norma estatal de referencia es el Real Decreto 139/2011, que desarrolla el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y el Catálogo Español de Especies Amenazadas, y además cada comunidad autónoma tiene su propio catálogo de flora protegida.

Qué cuenta como flor silvestre y qué no

Conviene separar tres cosas. Las autóctonas son las que estaban aquí antes de que las moviéramos: la amapola, el tomillo, la malva. Las asilvestradas son plantas traídas de fuera que ya se reproducen solas, como la colza escapada de los cultivos o las uñas de gato de las dunas. Y las invasoras son las asilvestradas que desplazan a la flora local; las más graves están en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, y con esas la norma es no moverlas ni plantarlas.

Después hay flores que la gente llama silvestres y no lo son: una hortensia crecida en una cuneta es una planta de jardín tirada con los restos de poda. No es un detalle de purista: si buscas semilla de "flor silvestre" y te venden mezclas de ornamentales anuales, estás sembrando otra cosa.

Antes de coger nada

La recolección depende de tres capas a la vez: la protección legal de la especie, la figura de protección del terreno (en un parque nacional o natural hay prohibiciones específicas) y el permiso del propietario, porque la mayor parte del campo español es de alguien. Coger una flor en el arcén no es lo mismo que arrancar un bulbo en un monte protegido, pero para quien no conoce la especie la única respuesta segura es dejarla.

Si quieres flora silvestre en casa, el camino es la semilla de procedencia conocida, no el trasplante. Y hay un grupo con el que el trasplante no funciona nunca: las orquídeas silvestres dependen de hongos del suelo para vivir, así que arrancadas se mueren.

El campo de cereal y la cuneta

Amapola

La amapola (Papaver rhoeas) es la flor silvestre por antonomasia de la España cerealista. Es una anual que necesita suelo removido, así que vive del arado; dentro del cultivo ha ido desapareciendo por los herbicidas y la semilla limpia, y hoy aguanta en los márgenes y los barbechos. Su ficha está en amapola.

Con ella salen las vezas y arvejas (Vicia), que fijan nitrógeno y se siembran como abono verde, y los tréboles pequeños de flor amarilla o blanca. Tienes fichas de veza y de trébol campestre.

Colza en flor

Las manchas amarillas enormes que ves desde la carretera en primavera casi nunca son silvestres: son colza (Brassica napus), es decir, cultivo. Lo que sí es silvestre son las crucíferas amarillas de la propia cuneta, del tipo Diplotaxis y Sinapis, que colonizan cualquier borde removido.

El ribazo y el borde de camino

Malva comun

El ribazo es el ambiente más accesible y el más agradecido. La malva común (Malva sylvestris) tiene la flor rosa violácea con venas oscuras que guían hacia el néctar, y florece de primavera a final de verano. La gatuña (Ononis spinosa) es la leguminosa espinosa que resiste al arado por su raíz leñosa, de ahí su otro nombre, detienebuey; ficha en gatuña.

Diente de leon

El diente de león (Taraxacum) no es una especie sino un grupo de cientos de microespecies apomícticas: hacen semilla sin fecundación y clonan a la madre. Por eso cualquier clave de campo se rinde con él. Lo que parece una flor es un capítulo de muchísimas flores diminutas, y la bola blanca son los frutos con su paracaídas.

Y aquí está el aviso más importante de esta guía. En los ribazos y las acequias crecen umbelíferas de flor blanca en umbela: la zanahoria silvestre (Daucus carota), pero también la cicuta (Conium maculatum) y el nabo del diablo (Oenanthe crocata), que matan, y hay intoxicaciones mortales documentadas por confundirlas. No se recolectan umbelíferas silvestres. Lee la ficha de la zanahoria silvestre antes de tocar ninguna.

El matorral mediterráneo y el pinar

Tomillo en flor

En el matorral seco mandan las labiadas. El tomillo (Thymus, con muchas especies y varios endemismos ibéricos) hace matas bajas de flor menuda rosada que en pleno sol huelen antes de que las veas. Con él van las jaras y jaguarzos (Cistus), de flor grande blanca o rosa que dura un día, y las aulagas amarillas.

Romero

El romero merece una nota de nombre: hoy se llama Salvia rosmarinus, porque los estudios genéticos metieron el género Rosmarinus dentro de Salvia. El nombre antiguo, Rosmarinus officinalis, no está mal escrito, está desfasado. Florece casi todo el invierno, y en muchos sitios es el único néctar de enero.

La dehesa y el prado de montaña

Margarita silvestre

La margarita grande de los prados es Leucanthemum vulgare, con el tallo alto y las hojas dentadas, y no hay que confundirla con la margarita pequeña del césped, que es Bellis perennis: son dos plantas distintas con el mismo nombre en la boca de todos. En las dos, lo que parece una flor es un capítulo con lígulas blancas en el borde y un disco de flósculos amarillos en el centro. Ficha en margarita silvestre.

El prado de montaña es el ambiente más espectacular de la península en junio y julio, cuando en el litoral ya se ha secado todo: gencianas, campanillas, orquídeas de prado calizo, narcisos. Es también donde hay más especies protegidas por metro cuadrado, así que donde menos sentido tiene coger nada.

Los bulbos silvestres, que son los que más se pierden

Nazareno

El nazareno (Muscari) es uno de los bulbos silvestres más comunes de olivares, viñas y ribazos, con esa espiga apretada de campanitas azules. Se le llama a veces jacinto silvestre, pero el jacinto de jardín es Hyacinthus orientalis, otra planta, de bulbo tóxico y con savia que da dermatitis a quien los manipula a granel.

Con los bulbos silvestres la regla es sencilla: un bulbo arrancado es una planta muerta, y muchas de estas especies tardan años en florecer desde semilla. Hay bastantes narcisos con protección legal en catálogos autonómicos, así que ni se cavan ni se compran de procedencia dudosa.

El norte húmedo y el bosque atlántico

Campanillas

Las campanillas del género Campanula salen en prados, roquedos y linderos de media montaña, con la flor acampanada azul violácea. Otro nombre compartido: "campanilla azul" se usa también para Hyacinthoides non-scripta, el jacinto de los bosques que tapiza robledales del noroeste en primavera, que es un bulbo y no una campánula.

En el suelo del bosque atlántico está la violeta (Viola odorata y otras), que tiene además una historia cultural real con las violetas de Madrid y su caramelo: violetas. Y en el matorral gallego y cantábrico manda el tojo (Ulex europaeus), amarillo y espinoso, que es a la vez paisaje de siempre y uno de los combustibles que más ayudan a propagar los incendios del noroeste: ficha en tojo. En los claros y las orillas, la zarzamora (Rubus), que da el mejor fruto silvestre y a la vez cierra un terreno abandonado en pocos años.

El arenal y el acantilado

La duna y el roquedo costero tienen flora propia, muy resistente y muy frágil a la vez, porque el pisoteo la destruye: la armeria (Armeria), el cardo marino (Eryngium maritimum) y la azucena de mar (Pancratium maritimum), que florece a final de verano y está en retroceso por el uso de las playas.

En el mismo sitio, y comiéndose todo lo anterior, está la uña de gato (Carpobrotus edulis), una crasa sudafricana que figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y que forma mantos continuos en el litoral. No se planta y no se trasplanta, ni para "fijar" un talud. El lío de nombres que arrastra está explicado en uña de gato.

Cuándo salir a verlas

El calendario cambia mucho según dónde vivas. En el sur y el litoral mediterráneo la explosión va de febrero a abril y en mayo ya está agostado; en la meseta, de abril a junio; en la montaña, de junio a agosto según la altitud. Y lo que más decide es el otoño anterior: uno lluvioso da una primavera de flor y uno seco la deja en nada.

Para fotografiarlas, primera hora o última, que es cuando no hay viento y la luz no quema el blanco de los pétalos. Y una costumbre que ayuda al siguiente: pisar por el camino, no tumbarse en la mancha de flor y no arrancar la flor para identificarla luego. Con una foto del conjunto, otra de la flor de frente y otra de la hoja se identifica casi todo.

En resumen

La flora silvestre española se entiende mejor por ambientes que por listas: saber si estás en un ribazo calizo, en un brezal ácido o en una duna te dice de antemano qué vas a encontrar. Empieza por el ribazo de tu pueblo, que es donde hay más variedad por menos esfuerzo.

Y las dos reglas de fondo. Una, no se recolecta: hay especies protegidas por el Real Decreto 139/2011 y por los catálogos autonómicos, el terreno tiene dueño y un bulbo arrancado no vuelve. Dos, no se come nada que identifiques por el nombre común, y menos una umbelífera de flor blanca, porque en ese grupo están las plantas que más muertes han causado en el campo español.


Contenidos relacionados