El verano español pone a prueba cualquier jardín: cuarenta grados en la meseta, semanas sin una gota, sustrato de jardinera que se seca en medio día y sol directo que quema hojas tiernas en una tarde. Las plantas que aguantan eso no son las mismas que llenan los catálogos primaverales, y elegir bien al principio ahorra mucho disgusto en agosto.

Estas son nueve flores de verano que funcionan de verdad en clima peninsular, con lo que cada una necesita y, sobre todo, con las advertencias que suelen faltar: cuáles son tóxicas, cuáles quieren sombra pese a lo que dice la etiqueta y cuáles no sirven para interior por mucho que se vendan como tal.

Alyssum

Alyssum

El alyssum de jardinería (Lobularia maritima) es una mata baja y densa que se cubre de florecillas diminutas en blanco, malva, lila o rosa, con un aroma dulce a miel muy perceptible al mediodía. Conviene aclararlo porque circula el error: no es una flor azul.

Es una planta de origen mediterráneo, presente de forma silvestre en el litoral español, y eso se nota: tolera suelo pobre, salinidad y sequía. Se usa como borde de arriate, para rellenar juntas de pavimento y para desbordar por el canto de las jardineras. Quiere sol y drenaje; en tierra rica y húmeda se afloja y dura menos.

En el sur y el litoral se comporta prácticamente como perenne de invierno y se resiembra sola. En pleno verano interior puede detenerse y afearse: un recorte a tijera de un tercio de la mata la rejuvenece y vuelve a florecer en dos semanas. Más detalle en la ficha del alyssum.

Lantana

Lantana en flor

La lantana (Lantana camara) es probablemente la planta más resistente al calor de toda esta lista. Sus inflorescencias combinan amarillo, naranja y rosa dentro del mismo ramillete, porque las flores cambian de color al madurar. Florece de mayo a las primeras heladas sin parar.

Aguanta sol pleno, sequía, suelo calizo y aire seco, y es un imán para mariposas. En el litoral mediterráneo y en Canarias sobrevive el invierno y forma un arbusto de más de un metro; en el interior peninsular se hiela y se cultiva como planta de temporada o se protege.

Dos avisos importantes. El primero: los frutos verdes de la lantana son tóxicos por ingestión, y la planta se considera tóxica para el ganado y para las mascotas; sus hojas también provocan dermatitis de contacto en personas sensibles. El segundo: fuera de su área de origen se comporta como invasora en climas cálidos, colonizando terrenos abandonados y desplazando vegetación autóctona. En zona costera conviene mantenerla contenida en maceta y retirar los frutos.

Canna

Canna, flor de verano

Las cannas (Canna spp.) dan el mayor impacto visual por metro cuadrado del verano: hojas anchas de tipo tropical, verdes, bronceadas o rayadas, y flores llamativas en rojo, naranja o amarillo desde junio hasta octubre. Según variedad alcanzan entre medio metro y unos dos metros de altura.

Son la excepción de esta lista en cuanto al agua: quieren riego abundante y suelo rico, y toleran incluso el borde de un estanque. A cambio soportan el calor extremo sin inmutarse, algo poco frecuente entre las plantas de hoja grande.

Se plantan como rizoma en primavera, cuando ha pasado el riesgo de heladas, a unos diez centímetros de profundidad. En el litoral y el sur se pueden dejar en tierra todo el año con un buen acolchado. En el interior peninsular, con heladas fuertes, se arrancan los rizomas en otoño tras secarse la parte aérea y se guardan en un lugar seco y fresco hasta la primavera siguiente.

Portulaca

Portulaca, flores de verano

La portulaca o flor de seda (Portulaca grandiflora) es una suculenta anual de porte rastrero con flores sedosas en colores muy saturados. Sus hojas cilíndricas y carnosas almacenan agua, lo que la hace de las más tolerantes a la sequía y al calor de todo el catálogo de temporada.

Es la planta para las situaciones imposibles: jardineras a pleno sol contra una pared blanca, rocallas, alcorques y bordes donde el sustrato se calienta a cuarenta grados. Quiere suelo arenoso y muy drenante y muy poco riego; en tierra rica y húmeda crece frondosa, florece poco y se pudre.

Hay que corregir un error que aparece a menudo en guías traducidas: no sirve como planta de interior. Sus flores solo se abren con sol directo y se cierran con el cielo nublado o al caer la tarde, así que dentro de casa deja de florecer y se ahíla en pocas semanas. Su sitio es fuera, al sol. Amplía en la ficha de la portulaca.

Salvia

Salvia, flores de verano

El género Salvia es enorme y ahí está su gracia: hay salvias anuales de temporada (Salvia splendens, roja e intensa), perennes arbustivas de floración larguísima (Salvia microphylla, Salvia greggii, los híbridos "Hot Lips"), perennes de espiga (Salvia nemorosa) y la salvia de cocina (Salvia officinalis).

Todas comparten espigas de flores bilabiadas sobre follaje aromático, sol pleno y muy buena tolerancia al calor y a la sequía una vez arraigadas. Son de las mejores plantas que existen para atraer abejas y abejorros, y de las más rentables en un jardín mediterráneo de bajo riego.

La clave de su mantenimiento es la poda: un recorte a mitad de verano, cuando la primera oleada de flor decae, provoca una segunda floración en septiembre. Y a finales de invierno se rebaja la mata un tercio para que no se abra por el centro, sin entrar en madera vieja sin hoja.

Caladium

Caladium

El caladio (Caladium) no se cultiva por su flor, sino por sus hojas acorazonadas jaspeadas en verde, blanco, rosa y rojo. Es la excepción de sombra de esta lista y hay que subrayarlo: necesita sombra o media sombra, y el sol directo del verano español le quema las hojas en una tarde.

Quiere calor, humedad ambiental y sustrato fresco pero drenado. Se planta como tubérculo en primavera y en otoño entra en reposo: pierde todas las hojas, lo que asusta a quien no lo espera. En ese momento se reduce el riego al mínimo y el tubérculo se conserva seco hasta la primavera siguiente, o bien se mantiene la maceta en interior cálido.

Es una arácea y, como todas ellas, contiene cristales de oxalato cálcico: masticar una hoja provoca ardor e hinchazón inmediata de boca y garganta en personas y mascotas. Colócala donde no esté al alcance de niños pequeños ni de animales que muerdan plantas.

Lavanda

Lavanda

La lavanda es una perenne leñosa de secano, con follaje gris plateado atractivo todo el año y espigas moradas muy perfumadas en verano. Es de las mejores compras posibles para un jardín mediterráneo: cero riego una vez establecida, tolerancia total al calor y a la caliza, y una floración que llena el jardín de abejas.

Elige la especie según tu suelo y tu clima. Lavandula angustifolia es de montaña y prefiere frío invernal; el lavandín (Lavandula × intermedia) es el más vigoroso y el que se cultiva en extensión en Guadalajara, Cuenca y Albacete; Lavandula stoechas, el cantueso, es el único que exige suelo ácido y no tolera la caliza.

Lo único que hay que hacer bien es la poda: recorte anual justo después de la floración, retirando las espigas secas y un tercio del crecimiento del año, sin cortar nunca sobre madera vieja sin hoja, porque de ahí no rebrota. Ver la ficha de la lavanda.

Girasoles

Girasoles

El girasol (Helianthus annuus) es la flor de verano más fácil de sembrar y la que más agradecen los niños, porque germina en menos de una semana y crece a la vista. Hay variedades enanas de medio metro para jardinera y variedades de más de dos metros y medio.

Se siembra directamente en el sitio definitivo, entre marzo y mayo según zona, a dos o tres centímetros de profundidad, en suelo suelto y a pleno sol. No le gusta el trasplante, así que la siembra directa da mejores resultados que el semillero.

Necesita riego regular durante el crecimiento (no es tan resistente a la sequía como su fama sugiere en fase juvenil) y, en variedades altas, un tutor si el sitio es ventoso. Las flores atraen abejas y las semillas maduras alimentan a los pájaros en otoño si dejas las cabezas puestas. Amplía en la ficha de los girasoles.

Hemerocallis y lilium: no son lo mismo

Aquí hay una confusión muy extendida que conviene deshacer.

La hemerocallis (Hemerocallis), llamada lirio de un día, es una perenne rizomatosa de hojas acintadas cuya flor dura efectivamente veinticuatro horas, pero cada mata emite decenas de flores escalonadas durante semanas. Es de las perennes más duras que existen: aguanta sol, calor, suelo calizo, sequía moderada y abandono. Se divide la mata en otoño o a finales de invierno y se multiplica sola. Para un arriate de bajo mantenimiento en cualquier punto de España, es una apuesta segura.

El lilium (Lilium) es otra cosa: una bulbosa de flores grandes y muy perfumadas sobre tallo único, que se planta en otoño o a finales de invierno a bastante profundidad, en suelo fresco, drenado y con la base a media sombra. Dura más días abierta y es la flor de corte por excelencia del verano. Puedes ver la ficha de los lirios.

Un aviso serio sobre el lilium: es extremadamente tóxico para los gatos. La ingestión incluso de pequeñas cantidades de cualquier parte de la planta, incluido el polen que se les queda en el pelo y luego se lamen, provoca daño renal grave. En una casa con gatos no debe haber lilium ni en el jardín ni en un jarrón. Ante cualquier sospecha, el veterinario, de inmediato.

Claves comunes para el verano español

Más allá de cada especie, tres cosas deciden el resultado de julio y agosto.

El sustrato de maceta importa más que la planta. Una jardinera pequeña al sol se seca en horas. Macetas más grandes, sustrato con capacidad de retención y un acolchado de cinco centímetros de corteza o grava reducen el riego a la mitad.

El riego se hace a fondo y temprano. Mejor un riego largo cada dos días que uno corto diario, porque las raíces siguen al agua hacia abajo. A primera hora de la mañana o al anochecer, nunca a mediodía.

La sombra de mediodía no es un castigo. Muchas etiquetas europeas dicen "sol pleno" pensando en un verano que no se parece al de Córdoba. En el sur y en el interior, sombra a partir de las dos de la tarde mejora casi todas estas plantas salvo la portulaca, la lantana y la lavanda.

En resumen

Para un verano peninsular sin sustos, las apuestas más sólidas son la lantana, la portulaca, la lavanda, la salvia y el alyssum, todas de sol pleno y poca agua, con la canna como excepción sedienta y espectacular y el caladio como la única de sombra. El girasol y la hemerocallis completan la lista sin apenas mantenimiento.

Y tres correcciones que conviene retener: el alyssum de jardinería no es azul sino blanco o malva, la portulaca no vale como planta de interior porque cierra sus flores sin sol directo, y el lirio de un día (hemerocallis) y el lilium son plantas distintas. Ojo también con la toxicidad: frutos verdes de lantana, hojas de caladio y, muy especialmente, lilium en casas con gatos.


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