Cuando alguien dice "salvia" en el huerto o en la cocina se refiere casi siempre a Salvia officinalis, la salvia común u oficinal: una mata perenne de hojas grises y aterciopeladas, de olor intenso, que vive muchos años y aguanta la sequía sin quejarse. Es una de las aromáticas más sencillas de tener en maceta y de las pocas que en invierno siguen verdes.
Conviene aclarar el nombre, porque el género Salvia tiene cientos de especies y algunas no tienen nada que ver con esta. La salvia de España o hierba sacra (Salvia lavandulifolia) es una especie ibérica de hoja mucho más estrecha, propia de matorrales calizos del interior y del este peninsular, y se cultiva por su esencia. La salvia roja de jardinería (Salvia splendens) es una planta de flor anual, sin uso culinario. Y la chía es Salvia hispanica, otra cosa distinta. Esta ficha va de la salvia común, la de hoja gris y ancha.

Cómo es la planta
Es un subarbusto de la familia de la menta y el romero, que forma una mata redondeada, leñosa por abajo y herbácea en las puntas. Las hojas son alargadas, gruesas, de superficie rugosa y cubiertas de un fieltro fino que les da ese tono verde grisáceo. Al frotarlas sueltan un olor cálido y balsámico inconfundible.
A finales de primavera saca espigas de flores tubulares en tonos lila o azul violáceo, muy visitadas por abejorros. Es perenne: no desaparece en invierno, aunque en el interior frío pierde parte de la hoja y se queda parada.
Dónde ponerla
A pleno sol. Es planta de secano mediterráneo y necesita luz directa buena parte del día para tener hoja aromática y compacta. En sombra o a media sombra crece larguirucha, con entrenudos separados y hoja sosa.
En el jardín, va bien en un borde soleado, en una rocalla o mezclada con romero, tomillo y lavanda, con las que comparte exigencias exactas. Deja unos cuarenta o cincuenta centímetros entre matas, porque se ensancha bastante.
En maceta funciona muy bien, que es probablemente como la vas a tener. Un recipiente de unos treinta centímetros de diámetro y de fondo, con agujeros amplios, le sirve durante años. Nada de macetas monas sin drenaje: la salvia muere de agua, no de sed.
Sustrato
Suelto, más bien pobre y con drenaje muy bueno. Tolera de sobra la caliza. En maceta, mezcla dos partes de sustrato universal con una de arena gruesa, gravilla fina o perlita, y pon una capa drenante en el fondo.
Un sustrato rico en materia orgánica y siempre húmedo le da una hoja grande, blanda y con poco aroma, y la deja indefensa ante el primer invierno lluvioso. Con estas plantas, menos es más.
Cuándo y cómo plantarla
La forma habitual y más segura es comprar una planta en contenedor y trasplantarla. Se hace en primavera en el interior peninsular y en el norte atlántico, cuando ya no hay riesgo de heladas fuertes, y en otoño o primavera en el litoral mediterráneo.
Por semilla también se puede, sembrando en bandeja a finales de invierno bajo cubierta o en primavera al aire libre, apenas cubriendo la semilla y manteniendo el sustrato solo humedecido. Germina de forma desigual y la planta tarda su tiempo en hacerse; si quieres salvia para este verano, compra la mata.
Al plantar, deja el cuello a ras de suelo y riega para asentar. Después, espacia el riego desde el principio: cuanto antes empiece a buscar agua hacia abajo, más resistente será.

Riego
Escaso y espaciado. En el suelo, una mata establecida sobrevive prácticamente con la lluvia en buena parte de España; solo en pleno verano y en el sur agradece algún riego de apoyo.
En maceta hay que regar más a menudo, pero siempre dejando secar el sustrato entre riegos. Comprueba con el dedo un par de centímetros por debajo de la superficie. Si sale húmedo, no riegues. Quita los platos con agua estancada.
Señal de exceso de agua: hojas que amarillean desde abajo, tallos que se ablandan en la base y olor a tierra agria. Cuando llega ese punto, la mata suele estar perdida.
Poda
Es lo que marca la diferencia entre una salvia bonita durante diez años y una mata desgarbada y hueca por dentro en tres.
- Después de la floración, corta las espigas florales gastadas.
- A finales de invierno o en cuanto arranca la primavera, recorta la mata un tercio, dando forma redondeada, sin bajar nunca a la madera vieja y desnuda: la salvia rebrota mal desde la parte leñosa sin hojas.
- Pellizca las puntas durante la temporada cuando recojas hoja. Cada pinzado provoca dos brotes nuevos y mantiene la mata densa.
Aun con buena poda, una salvia se apoltrona con los años y se abre por el centro. A partir de la cuarta o quinta temporada conviene tener un esqueje enraizado listo para el relevo.
Multiplicación
Por esqueje es facilísimo. En primavera o a finales de verano, corta puntas de rama no floridas de un palmo, quita las hojas de la mitad inferior y clávalas en un sustrato arenoso y húmedo, a la sombra. En unas semanas tienes raíces.
Por acodo es todavía más cómodo: dobla una rama baja hasta el suelo, sujétala con una piedra o una horquilla y cúbrela con tierra en un tramo. Cuando enraíce, la separas.
Por semilla, como decíamos, es más lento y las variedades de hoja de color no salen iguales que la madre.
Plagas y problemas
- Podredumbre de raíz y cuello: el problema principal, siempre por exceso de riego o mal drenaje.
- Oídio: polvillo blanco sobre la hoja en primaveras húmedas o cuando está muy apretada contra otras plantas. Aclara la mata y mejora la ventilación.
- Mosca blanca y pulgón: aparecen sobre todo en plantas de interior o en balcones cerrados y sobreabonadas.
- Cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas, en macetas resguardadas. Se quita a mano cuando son pocas.
- Heladas fuertes: en el interior peninsular, las matas jóvenes pueden sufrir. Un acolchado de grava o de paja al pie ayuda, y en maceta basta con arrimarla a una pared.

Recolección y conservación
Se recoge hoja durante toda la temporada, cortando puntas de rama. El momento de mayor aroma es justo antes de la floración, por la mañana, cuando se ha secado el rocío. Nunca recojas más de un tercio de la mata de una vez.
Para secar, ata ramilletes pequeños y cuélgalos boca abajo en un sitio ventilado, a la sombra y sin humedad. Cuando la hoja cruja, desmenuza y guarda en tarro de cristal hermético, a oscuras. Seca conserva bien el aroma durante meses, más que la mayoría de las aromáticas.
En la cocina se usa como condimento, en cantidades pequeñas: con carnes, con mantequilla, en guisos. Conviene saber que la salvia contiene tuyona, un compuesto que en cantidades altas no es inocuo, así que su sitio es el de la especia, no el del consumo abundante y continuado. El aceite esencial no se ingiere.
Variedades
Además de la salvia común de hoja gris, encontrarás selecciones ornamentales que se cultivan igual: la de hoja púrpura, la variegada de amarillo y la tricolor con manchas crema y rosadas, todas algo menos rústicas ante el frío que la verde. Y las de hoja ancha y muy grisácea, apreciadas por dar bastante hoja y florecer poco.
Calendario para España
| Tarea | Norte atlántico | Interior peninsular | Litoral mediterráneo |
|---|---|---|---|
| Siembra en semillero | Abril | Marzo a abril | Febrero a marzo |
| Plantación | Abril a mayo | Abril | Octubre, o marzo |
| Esquejes | Junio, o septiembre | Mayo, o septiembre | Abril, o septiembre |
| Poda de formación | Marzo a abril | Marzo | Febrero |
| Recolección principal | Junio a septiembre | Mayo a septiembre | Todo el año, con máximo en mayo |

En resumen
La salvia común pide sol directo, sustrato pobre y muy drenante, riego escaso y una poda de primavera que la mantenga compacta sin bajar a la madera vieja. Con eso te dura años, en el suelo o en una maceta de treinta centímetros. Casi todo lo que sale mal con esta planta es exceso de agua o falta de luz.
Recoge hoja antes de que florezca, seca a la sombra y en tarro hermético, y úsala como condimento en cantidad moderada. Y ten siempre un esqueje enraizado esperando, porque hacia la quinta temporada la mata se abre por el centro y toca relevo.

