Las mortandades de peces en estanques de jardín tienen una hora favorita: entre las cinco y las siete de la mañana de un día de agosto. Nunca a mediodía, con el sol pegando y el agua a treinta grados, que es cuando parecería lógico. El motivo está en el nombre mismo de las plantas oxigenadoras, que describe la mitad de lo que hacen y esconde la otra mitad: de día, con luz, producen más oxígeno del que gastan; de noche siguen respirando, y una masa densa de vegetación sumergida consume el oxígeno del agua durante ocho o diez horas seguidas sin devolver nada. Este artículo trata esa dinámica de veinticuatro horas, cómo se reconoce y cómo se corrige. El reparto por grupos, las especies recomendables y la plantación en cesta están en la guía sobre plantas acuáticas oxigenadoras.

Cuánto oxígeno cabe en el agua

El punto de partida es un dato físico que condiciona todo lo demás: la solubilidad del oxígeno en agua dulce cae al subir la temperatura. En equilibrio con la atmósfera a nivel del mar, el agua satura en torno a 11,3 mg/l a 10 °C, 9,1 mg/l a 20 °C, 8,3 mg/l a 25 °C y 7,5 mg/l a 30 °C. En una localidad de meseta a 700 metros de altitud, hay que descontar además cerca de un 8 % por la menor presión atmosférica.

Eso significa que el agua de un estanque en agosto arranca el día con una tercera parte menos de capacidad que en abril, y justo entonces todo lo que vive dentro respira más: el metabolismo de peces, invertebrados y bacterias se acelera con el calor, del orden del doble por cada diez grados de subida. Menos oferta y más demanda a la vez. La cuenta explica por qué el verano es la estación crítica y por qué el mismo estanque que en mayo funcionaba solo, en agosto se descompensa.

Los umbrales prácticos para la fauna de estanque: por encima de 6 mg/l todo va bien; entre 4 y 5 los peces empiezan a mostrar estrés y dejan de comer; por debajo de 3 mg/l boquean en superficie; por debajo de 2 mg/l sostenidos, mueren, empezando por los ejemplares grandes, que son los que más oxígeno necesitan por unidad de tiempo. Las carpas doradas aguantan bastante más que los koi, y los invertebrados delicados —larvas de efímera, tritones— se van antes que ninguno.

Estanque con plantas acuáticas dispuestas a distintas profundidades

La curva de un día completo

Si se mide el oxígeno disuelto cada dos horas a lo largo de una jornada de julio en un estanque bien plantado, sale una onda muy marcada. Al amanecer, el mínimo. A partir de la salida del sol la fotosíntesis supera a la respiración y la concentración sube durante toda la mañana. A media tarde, el máximo, que en un vaso con mucha vegetación puede llegar a sobresaturación —del 120 o 130 % respecto al equilibrio—, con burbujas visibles adheridas a las hojas de Ceratophyllum o de Callitriche. Y desde el ocaso, catorce horas de bajada continua hasta el mínimo del día siguiente.

La amplitud de esa onda es lo que decide si hay problema. Un estanque con poca vegetación oscila poco y se mantiene cerca del equilibrio atmosférico; uno con la columna de agua llena de sumergidas oscila muchísimo, y aunque su media diaria sea excelente, el valle de madrugada puede caer por debajo del umbral letal. La media no importa: importa el mínimo.

Y a la respiración de las plantas hay que sumarle la que no se ve. El sedimento del fondo —hojas, restos, mulm— tiene una demanda de oxígeno propia, sostenida por las bacterias que lo descomponen, que en un estanque viejo y sin limpiar puede superar a la de todos los peces juntos. Es la razón de que dos estanques con las mismas plantas y los mismos peces se comporten de manera distinta: uno tiene el fondo limpio y el otro, cinco años de hojarasca.

Las cuatro noches en las que ocurre

La caída no sucede cualquier día. Hay cuatro situaciones que la disparan, y las cuatro son reconocibles con antelación.

Después de un día nublado y caluroso. El agua sigue a 27 °C, así que la respiración va a pleno rendimiento, pero la fotosíntesis del día ha sido escasa y no ha recargado el depósito. La noche siguiente a una jornada bochornosa y cubierta de agosto es la más peligrosa del año.

Tras un tratamiento contra las algas. Un alguicida mata en pocas horas una biomasa enorme que se descompone acto seguido, y esa descomposición consume oxígeno a gran velocidad. Es la forma más rápida de vaciar de oxígeno un estanque. Lo mismo, en menor grado, ocurre al retirar de golpe casi toda la vegetación sumergida.

Después de una tormenta de verano. El chaparrón enfría bruscamente la superficie, el agua fría más densa se hunde y provoca un volteo que remueve el fondo. El sedimento anóxico, cargado de materia reducida, se mezcla con toda la columna y agota el oxígeno en minutos. Es un fenómeno bien conocido en balsas y ocurre también en estanques domésticos de cierta profundidad.

Con exceso de carga. Demasiados peces para el volumen, o alimentación abundante en pleno calor. Cada gramo de pienso no consumido acaba siendo demanda de oxígeno. En julio y agosto conviene alimentar poco, temprano y solo lo que se coma en dos minutos.

El problema gemelo: el pH y el amoníaco

La misma fotosíntesis que produce el oxígeno del día provoca un segundo ciclo que casi nunca se relaciona con el primero. Las plantas sumergidas retiran CO2 del agua, y al hacerlo desplazan el equilibrio del carbonato: el pH sube durante el día, y en aguas de baja alcalinidad puede pasar de 7,5 al amanecer a 9,5 o más a última hora de la tarde. Por la noche, con la respiración devolviendo CO2, vuelve a bajar.

Esto importa porque el amonio que excretan los peces existe en dos formas en equilibrio: el ion amonio, prácticamente inocuo, y el amoníaco no ionizado, que es tóxico a concentraciones muy bajas. La proporción entre ambos depende del pH y de la temperatura, y se dispara con los dos. A pH 7 y 20 °C, la fracción tóxica es despreciable; a pH 9 y 28 °C supera el 30 % del total. Es decir: la tarde de máximo oxígeno es también el momento de máxima toxicidad del agua, y una carga de amonio que a primera hora sería irrelevante se vuelve peligrosa.

El amortiguador de todo esto es la alcalinidad, la reserva de bicarbonatos, medida en los test de acuario como KH. Con un KH por encima de unos 5 grados alemanes —lo habitual en el agua dura de gran parte del interior peninsular— el pH apenas se mueve en el día. Con agua blanda, de granito o de lluvia, el vaivén es brutal. Si el estanque está en zona de aguas blandas y tiene mucha vegetación sumergida, medir la alcalinidad y elevarla con carbonato es más eficaz que cualquier otra intervención.

Cómo se reconoce y cómo se mide

Las señales van por orden. Primero, peces inapetentes que rechazan la comida de la tarde. Después, ejemplares quietos cerca de la entrada de la cascada o del retorno de la bomba, que es donde más oxígeno hay. Luego, el boqueo en superficie al amanecer: hocicos rompiendo el agua, buscando la microcapa superficial, que es la única en contacto con el aire. Si eso se ve, ya se está en zona de riesgo y hay que actuar de inmediato. Un pez que boquea a mediodía tiene otro problema —branquias, parásitos—, porque a esa hora el oxígeno abunda.

Medir es sencillo y despeja dudas. Sirve un test colorimétrico de oxígeno disuelto o un medidor electrónico, pero la clave está en la hora: la medición útil es la de justo antes del amanecer. Un valor tomado a las seis de la tarde no dice nada sobre el riesgo, porque estará en el pico de la curva. Conviene tomar dos lecturas el mismo día, al alba y a media tarde, y comparar: la diferencia entre ambas es la amplitud del ciclo, que es lo que hay que reducir.

Qué hacer esta noche y qué hacer esta temporada

Ante una emergencia. Aumentar la turbulencia superficial de inmediato: subir la cascada al máximo, dirigir el chorro de la bomba contra la superficie, poner una manguera con caudal fino cayendo desde una altura de medio metro. El intercambio de gases ocurre en la interfase aire-agua, así que lo que se busca es romperla, no mover agua profunda. Suspender la alimentación por completo. Y hacer un cambio parcial de agua, del 20 al 30 %, con el agua nueva bien oxigenada al caer.

Para la temporada. Instalar un aireador de membrana con difusor y dejarlo funcionando de noche, que es cuando hace falta; de día el estanque se apaña solo. Un equipo modesto, de 3 a 5 W por cada mil litros, resuelve un estanque doméstico. Colocar el difusor a media profundidad y no en el punto más hondo si el vaso pasa de 1,2 m, para no deshacer el estrato frío del fondo, que es refugio térmico.

Podar las sumergidas. Una masa de Ceratophyllum o de Elodea que ocupa la mitad del volumen es un consumidor nocturno de primer orden. Aclararla hasta un tercio del volumen, retirando la biomasa del estanque en lugar de dejar que se descomponga dentro, baja el consumo de madrugada y saca nutrientes del sistema. Se hace por partes y en distintos días, nunca de una vez.

Limpiar el fondo antes del verano. Retirar el mulm acumulado en primavera, con aspirador de estanque o con una red de malla fina, elimina la demanda bentónica antes de que el calor la active.

Y no tapar la superficie del todo. Con lenteja de agua o con hojas de nenúfar cubriendo el cien por cien de la lámina, el intercambio con la atmósfera se anula justo en las horas en que sería la única entrada de oxígeno disponible. Dejar despejada al menos la mitad tiene aquí su razón de ser, y no es un criterio estético.

Vallisneria gigante, planta acuática sumergida de hojas acintadas

Una nota sobre qué sumergida se planta

Las especies que más deprisa acumulan biomasa son las que más oscilación nocturna generan, y no por casualidad coinciden con las que están catalogadas como invasoras: Elodea nuttallii, Lagarosiphon major, Myriophyllum aquaticum y Cabomba caroliniana figuran en las listas de especies exóticas invasoras de aplicación en España, con prohibición de venta, tenencia y transporte. La alternativa razonable son las autóctonas de crecimiento más contenido: Ceratophyllum demersum, Myriophyllum verticillatum, Hottonia palustris o Callitriche, todas ellas suficientes para el papel que se les pide, que no es fabricar oxígeno sino competir con las algas por el nitrógeno y el fósforo disueltos.

En resumen

Una planta sumergida oxigena de día y consume de noche, y en un estanque cargado de vegetación el mínimo diario de oxígeno cae de madrugada, no a mediodía: por eso las mortandades aparecen al amanecer. El agua a 30 °C admite un tercio menos de oxígeno que a 10 °C mientras la respiración se ha duplicado, y por debajo de 3 mg/l los peces boquean. Las noches de riesgo son las que siguen a un día nublado y caluroso, a un tratamiento alguicida, a una tormenta que voltea el fondo o a un exceso de alimentación. En paralelo, la fotosíntesis sube el pH durante el día y multiplica la fracción tóxica del amoníaco, sobre todo en aguas blandas de baja alcalinidad. Se mide antes del amanecer, no por la tarde; se corrige rompiendo la superficie, aireando de noche, aclarando las sumergidas por partes, limpiando el fondo en primavera y dejando media lámina despejada. Y se plantan sumergidas autóctonas de crecimiento contenido, no las catalogadas como invasoras.


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