El fondo de un acuario plantado cumple dos funciones que conviene separar desde el principio: sujetar la planta y alimentarla. Sujetan casi todos los materiales; alimentan muy pocos. La mayoría de los problemas de un acuario nuevo vienen de haber elegido un fondo pensando solo en el color y de haberlo montado con un grosor y un grano que no dejan que la raíz trabaje.
Vamos por orden: qué tamaño de grano funciona y por qué, la diferencia real entre un sustrato inerte y uno nutritivo, cómo se monta un fondo por capas y cuánto espesor hace falta. Y al final, lo que no debe entrar en un acuario, que en este asunto es tan importante como lo que sí.
En un acuario así, buena parte de lo que se ve no toca el fondo: helechos y musgos van atados a la madera, y solo las rosetas y las cintas dependen del sustrato.
La granulometría, que es lo que más decide
El tamaño de grano gobierna dos cosas opuestas: cuánto aire y agua circulan entre los granos y cuánto se agarra la raíz. La horquilla que funciona para la mayoría de las plantas de acuario está entre uno y tres milímetros, con algo de tolerancia hacia arriba.
Por debajo de ese rango, con arena muy fina, el fondo se compacta y el agua deja de circular entre los granos. La raíz se ahoga, el detrito se queda en la superficie sin filtrarse y las tapizantes se descalzan porque no encuentran dónde morder. Por encima, con grava gruesa de cinco milímetros o más, pasa lo contrario: los restos de comida y los excrementos caen entre las piedras y se acumulan fuera del alcance del sifón, y las plantas de raíz fina no llegan a sujetarse.
El otro detalle es la forma del grano. Un árido rodado, de canto romo, deja pasar mejor las pinzas al plantar y no daña las barbas de los peces de fondo que rebuscan en el sustrato, como los corydoras o los botias. Un grano machacado, de aristas vivas, sujeta algo mejor pero es agresivo con esos peces.
Inerte o nutritivo: dos formas de montarlo
Un sustrato inerte es lo que su nombre dice: arena de sílice, cuarzo o grava, materiales que no aportan nada ni alteran el agua. Sujetan la planta y punto. Es la opción barata, indestructible y la que más fácil hace la vida al que empieza, porque el agua no cambia de parámetros. Las plantas que comen por la raíz se alimentan con pastillas de abono enterradas junto al pie.
Un sustrato nutritivo es un suelo de arcilla cocida y granulada, con nutrientes incorporados. Alimenta a la planta desde el primer día, suele bajar el pH y la dureza del agua (lo que a muchas especies sudamericanas les viene de perlas), y facilita mucho el enraizamiento de las tapizantes. Tiene tres contrapartidas que hay que conocer antes de comprarlo: cuesta bastante más, libera amonio durante las primeras semanas, así que el acuario necesita un rodaje más largo y cambios de agua más frecuentes antes de meter peces, y se agota en un plazo de años, después del cual hay que abonar igualmente.
Para un primer acuario plantado con anubias, helechos, criptocorinas, espadas y vallisneria, un fondo inerte con pastillas de raíz es suficiente y da menos disgustos. El suelo nutritivo cobra sentido si quieres alfombra en el frente o plantas exigentes de crecimiento rápido.
El montaje por capas
La fórmula clásica es una capa nutritiva abajo y una capa inerte de cobertura encima. La de abajo es donde están los nutrientes, y la de arriba cumple tres funciones: impide que el material fino enturbie el agua, evita que los peces excavadores lo saquen a la vista y da el aspecto que quieras.
La capa de cobertura tiene que ser lo bastante gruesa para hacer su trabajo, del orden de dos o tres centímetros, y con el grano más grueso que la capa inferior, nunca al revés. Si pones arena fina sobre una base de grano grueso, la arena se filtra hacia abajo y en unos meses se han invertido las capas.
Cuándo no hace falta montar capas: si el sustrato es inerte, porque no hay nada que cubrir; si el suelo nutritivo es de los que van a la vista, que se usan tal cual y se estropean al enterrarlos bajo grava; y si tu acuario es de plantas atadas a roca y madera, porque entonces el fondo es decorativo y con un par de centímetros de árido tienes de sobra.
Espesor y pendiente
La regla práctica es dar más fondo detrás que delante. Con tres centímetros escasos en el frente y cinco o seis en la parte trasera cubres las necesidades de casi todo: las tapizantes y las plantas de raíz corta van delante y no piden más, y las espadas y las vallisnerias, que sí desarrollan raíz larga, quedan donde hay volumen.
La pendiente además da sensación de profundidad, aunque hay que asumir que no dura: la grava se reparte sola con el tiempo, con los cambios de agua y con los peces. Si te importa mantenerla, se sujeta con una hilera de piedras o de raíces que hagan de escalón.
Y una cuestión de peso que se olvida al montar: un fondo de seis centímetros en un acuario grande son muchos kilos. Hay que repartirlos sobre un mueble que aguante y nunca apoyar el cristal sobre una superficie irregular.
Lavar y llenar sin enturbiar
La grava y la arena inertes se lavan antes, en un cubo, removiendo y cambiando el agua hasta que salga transparente. Cuesta un rato y ahorra dos días de agua lechosa.
Los suelos nutritivos no se lavan nunca: se echan secos y en su sitio, porque el lavado les arranca los finos y parte de los nutrientes.
Para llenar sin destrozar el montaje, se pone un plato hondo, una bolsa de plástico abierta o un trapo sobre el sustrato y se vierte el agua encima despacio, para que caiga repartida. Conviene llenar solo hasta la mitad, plantar con el acuario a medio llenar (se trabaja mucho mejor y las plantas no flotan) y completar después.
Las zonas anaerobias, ese miedo
Circula mucho la idea de que el sustrato genera bolsas sin oxígeno que sueltan sulfuro y matan a los peces. Es un fenómeno real, pero pide condiciones concretas: capas gruesas de material muy fino, sin circulación ninguna y sin raíces que lo atraviesen. En un acuario doméstico con tres a seis centímetros de grano medio y plantas enraizadas no suele darse, entre otras cosas porque las propias raíces aportan oxígeno a su alrededor.
Si tienes un fondo de arena fina y espesa, la costumbre sensata es removerla superficialmente con el dedo o con una varilla de vez en cuando por la zona sin plantar, y no sifonar a fondo entre las plantas. En un acuario plantado el sifón se pasa por encima, retirando el detrito de la superficie, sin clavarlo hasta abajo como en uno sin plantas.
Lo que no debe entrar en un acuario
- Arena de playa. Trae sal, restos de conchas y una granulometría demasiado fina. Además, recoger áridos de la playa no es algo que se pueda hacer libremente.
- Conchas, coral triturado y caliza en un acuario de agua blanda. Van disolviéndose y suben la dureza y el pH sin que sepas por qué. Tienen su sitio, pero es en acuarios de especies de aguas duras.
- Grava pintada o barnizada. El recubrimiento acaba saltando, y de la composición de la pintura no sabes nada.
- Tierra de jardín o sustrato de maceta. Flota, enturbia, suelta materia orgánica sin control y puede llevar abonos y tratamientos. El sustrato de exterior está pensado para otro medio; si te interesa el asunto de fondo, en tipos de sustrato está explicado.
- Áridos recogidos de un río o de una cantera. Aparte del aspecto legal en espacios protegidos, no sabes qué composición tienen ni qué traen pegado.
Una comprobación casera que sirve para cualquier árido de origen dudoso: unas gotas de un ácido suave, como el vinagre, sobre una piedra seca. Si burbujea, lleva carbonatos y te va a subir la dureza del agua.
Las plantas que no necesitan sustrato
Conviene recordarlo antes de gastar en un suelo caro. Las anubias y el helecho de Java se atan a piedra o madera y se pudren si los entierras. Los musgos se sujetan por rizoides y tampoco enraízan. La cola de zorro y las flotantes viven sin tocar el fondo, comiendo directamente del agua.
Es decir, que se puede montar un acuario plantado muy digno con dos centímetros de grava decorativa y todo lo verde atado a la decoración. Cómo se fija cada tipo de planta está en plantas para tu pecera, y la selección para acuarios sin calentador, en plantas de acuario de agua fría.
En resumen
Para un acuario plantado, el grano de uno a tres milímetros, rodado y sin carbonatos, es la elección que funciona casi siempre. El sustrato inerte con pastillas de abono en la raíz es lo más sencillo y lo más barato; el suelo nutritivo alimenta mejor y ayuda a las tapizantes, pero cuesta más, libera amonio al principio y obliga a un rodaje más largo. Si montas por capas, la nutritiva abajo y la de cobertura encima, siempre de grano igual o más grueso, y con dos o tres centímetros de espesor.
Da más fondo detrás que delante, lava los áridos inertes y nunca los nutritivos, y llena el acuario vertiendo sobre un plato para no levantar el montaje. Fuera quedan la arena de playa, el coral y la caliza en agua blanda, la grava pintada y la tierra de jardín. Y antes de comprar nada, mira qué plantas quieres: si son anubias, helechos y musgos, el sustrato que necesitas es prácticamente ninguno.