El árbol que en media América se llama roble amarillo no es un roble. No pertenece al género Quercus, no da bellotas y no tiene nada que ver con los robles de Galicia o del País Vasco. Es Handroanthus chrysanthus, antes Tabebuia chrysantha, una bignoniácea tropical americana que un día de la estación seca se queda sin una sola hoja y al siguiente amanece cubierta de flores amarillas en forma de trompeta. En Venezuela lo llaman araguaney, en Colombia guayacán o cañaguate, en Bolivia tajibo, en Brasil ipê-amarelo y en Ecuador y Perú guayacán amarillo.
Esa colección de nombres es justo el problema. Si buscas "roble amarillo" vas a encontrar mezcladas fichas de robles europeos, de robles americanos y de este árbol, y si buscas "guayacán" vas a encontrar además otro árbol completamente distinto que sí se llama así de verdad. Este artículo va de eso: de qué árbol es cada uno y de cómo no equivocarse.
Flores acampanadas en racimos apretados, sobre ramas todavía desnudas. Ningún Quercus florece así.
Por qué se le llama roble sin serlo
En la América colonial, "roble" acabó designando a casi cualquier árbol de madera dura y buena para construir, igual que "cedro" se le colgó a maderas olorosas que no eran cedros y "caoba" a cualquier madera rojiza. El criterio era el uso del tronco, no el parentesco. Como la madera de este árbol es de las más duras del continente, se ganó el nombre sin más trámite, y con él se quedó.
Distinguirlo de un roble de verdad es inmediato en cuanto miras la flor o el fruto:
- Un Quercus tiene flores masculinas en amentos colgantes y verdosos, que pasan desapercibidos, y da bellotas. Familia de las fagáceas.
- El roble amarillo tiene flores grandes y acampanadas en racimos vistosos, y da una vaina alargada y seca, llena de semillas aladas que se van con el viento. Familia de las bignoniáceas, la de la jacaranda y el catalpa.
- La hoja del roble amarillo es palmeada, con cinco foliolos que salen de un mismo punto como los dedos de una mano. La de un roble es simple, de una pieza, lobulada o dentada.
Lo mismo le ocurre a su pariente de flor rosa, el matilisguate, al que también llaman roble sabana o roble morado. Es el mismo malentendido con otro color.
Y tampoco es el guayacán de verdad
Esta confusión es más seria, porque implica a dos árboles que no se parecen en nada. En Colombia y en parte de Centroamérica se llama guayacán a este Handroanthus de flor amarilla, pero el guayacán propiamente dicho es Guaiacum officinale, de la familia de las cigofiláceas, un árbol pequeño del Caribe y del norte de Sudamérica, de crecimiento lentísimo, hoja perenne y compuesta, y flores azules. Su madera, el célebre lignum vitae, es tan densa y resinosa que se usó para cojinetes de ejes de hélices de barco. Tienes su ficha en guayacán.
Resumido: mismo nombre común, dos familias botánicas distintas, dos árboles sin ningún parentesco. Si alguien te ofrece semillas o una planta de "guayacán", lo primero que hay que preguntar es el nombre científico. Y conviene saber que las especies de Guaiacum están reguladas por CITES, el convenio que controla el comercio internacional de especies amenazadas, aplicado en la Unión Europea mediante el Reglamento (CE) 338/97.
Ni un solo nombre, ni una sola especie
Hay un segundo nivel de confusión, dentro del propio grupo. Bajo "roble amarillo", "ipê amarelo" o "guayacán amarillo" se venden y se plantan varias especies de flor amarilla que no son la misma:
- Handroanthus chrysanthus, el araguaney, de floración corta y explosiva y amarillo intenso.
- Handroanthus ochraceus, muy parecido, con el envés de la hoja afelpado.
- Handroanthus serratifolius, el ipê amarillo de gran porte del que sale buena parte de la madera comercial.
- Tabebuia aurea, más pequeño, de tronco sinuoso y hoja gruesa y plateada. Este no pasó a Handroanthus.
El motivo del baile de géneros es una revisión taxonómica que partió el antiguo Tabebuia en tres: Tabebuia en sentido estricto, Handroanthus para los lapachos de madera densa, y Roseodendron. Por eso las etiquetas de vivero y los libros antiguos siguen diciendo Tabebuia chrysantha, que hoy es sinónimo. El epíteto, por cierto, va en minúscula y en cursiva: Handroanthus chrysanthus, no "Handroanthus Chrysanthus". Cómo se reparten hoy las especies del grupo está detallado en tabebuia.
Floración sincronizada: todos los árboles de la zona abren a la vez y el efecto dura pocos días.
Cómo es el árbol
Es un árbol caducifolio de porte mediano a grande, con el tronco a menudo torcido, la corteza agrietada en surcos longitudinales y la copa abierta y poco densa. Vive en los bosques secos y en las sabanas arboladas del trópico americano, donde hay una estación seca marcada, y esa estacionalidad es la clave de su comportamiento.
Durante la sequía tira la hoja y se queda desnudo. Después, a los pocos días de una lluvia aislada, todos los ejemplares de una comarca abren la flor a la vez, y de golpe: es una floración sincronizada, que dura poco y deja el suelo amarillo cuando cae. La flor, además, es una fuente de néctar enorme en un momento del año en el que casi no hay nada abierto, así que atrae abejas y colibríes en cantidad. Cuando la floración termina, el árbol echa la hoja nueva y las vainas maduran.
El detalle que no encaja en la cabeza de nadie la primera vez es ese: florece porque ha pasado sed, no a pesar de ello. Un ejemplar regado por igual los doce meses del año se queda semiperenne y apenas florece.
La madera, que es la razón de medio malentendido
La madera de los Handroanthus, comercializada como ipê o lapacho, es de las más densas que llegan al mercado, con un peso específico próximo o superior al del agua, de modo que hay piezas que no flotan. Es dura, muy resistente a la intemperie y a los hongos, y por eso se ha usado en traviesas de ferrocarril, postes y tarimas de exterior. Esa dureza es la que le valió el apodo de roble.
Conviene añadir un apunte: la demanda internacional de ipê ha puesto presión sobre las poblaciones silvestres en varios países americanos, y su comercio está sometido a controles. Si compras madera de este grupo, lo razonable es exigir documentación del origen. No he podido verificar aquí el estado exacto de su figura de protección internacional, así que prefiero no citar una norma concreta antes que citar una equivocada.
¿Se puede plantar en España?
En Canarias, sí, y de hecho allí se ven ejemplares plantados. En la Península, solo en franjas litorales libres de heladas y con verano largo y caluroso, como el litoral de Málaga, Granada, Almería, Murcia o el sur de Alicante, siempre en sitios resguardados. Cualquier planta joven muere con la primera helada seria, y en un clima templado sin heladas pero con verano flojo el árbol sobrevive sin florecer nunca, que es la peor de las opciones. El cultivo, la plantación y el manejo del riego para que florezca están explicados con detalle en la ficha del género tabebuia.
Las ramas desnudas se ven a través de la floración, porque la hoja llega después.
Lo que el texto anterior decía y aquí no vas a leer
La página que ocupaba antes este sitio le atribuía al roble amarillo bellotas con taninos astringentes y una corteza capaz de curar heridas, picaduras y trastornos digestivos. Las bellotas son un error de identificación puro y duro, arrastrado de fichas de Quercus: este árbol no las produce. Y los usos curativos se han retirado enteros.
La corteza del grupo se vende con nombres como lapacho, pau d'arco o taheebo y se le atribuyen toda clase de efectos. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. Que exista un uso tradicional documentado en su área de origen es un dato cultural: no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
En resumen
El roble amarillo es Handroanthus chrysanthus (antes Tabebuia chrysantha), una bignoniácea del trópico americano que florece en amarillo sobre ramas desnudas al final de la estación seca. No es un Quercus, no da bellotas, y el nombre de roble le viene de la dureza de su madera y no de su parentesco. Según el país lo llamarás araguaney, guayacán, cañaguate, tajibo o ipê-amarelo, y bajo esos nombres se esconden además varias especies distintas.
El equívoco que más conviene tener claro es el de guayacán, porque ese nombre le corresponde en realidad a Guaiacum officinale, un árbol de otra familia, de flor azul y madera todavía más densa. Ante cualquier compra de semilla, planta o madera, el nombre científico por delante. Y si piensas en plantarlo aquí, cuenta con Canarias o con un litoral cálido sin heladas: en el interior peninsular no hay manera.