La foto que circula desde hace años, esa flor que parece tener dos ojos, un hocico y una boca, es Dracula simia, una orquídea de los bosques nublados andinos. Pero el apodo «cara de mono» se lo reparten al menos tres plantas distintas, y solo dos de ellas son orquídeas. Buena parte de los textos que encontrarás con ese título describen en realidad una cuarta cosa: el mímulo, una herbácea de borde de arroyo que no pertenece ni de lejos a la familia de las orquídeas.
Este artículo es el mapa de ese lío. Cuál es cada planta, en qué se diferencian a simple vista, cuál puedes ver en el campo en España sin salir de la península y por qué las semillas que se anuncian en internet con esa foto no van a darte nunca la flor del anuncio. Si lo que buscas es el cultivo de Dracula simia, está resuelto en la ficha de la orquídea Drácula simia, y su situación en el bosque nublado, en este otro artículo.
La flor de una Dracula sostenida en la mano. El tamaño real sorprende a casi todo el mundo: es mucho más pequeña de lo que sugieren las fotos.
La de las fotos: Dracula simia
Es una orquídea epífita, es decir, que vive agarrada a troncos y ramas cubiertos de musgo sin ser parásita. Su casa son los bosques nublados de la vertiente andina de Ecuador y su entorno inmediato, en una franja de altitud estrecha donde la nube toca la ladera durante buena parte del año.
La flor tiene tres sépalos anchos rematados en apéndices largos y finos, como colas, y en el centro una disposición de columna, pétalos y labelo que el ojo humano lee como un hocico. El nombre del género no viene de vampiros: Dracula significa «pequeño dragón», por esos apéndices. El epíteto simia sí es literal.
Dos detalles antes de encapricharse. El tamaño: la flor se mide en centímetros y quien la ve por primera vez se lleva un chasco. Y la temperatura: es una planta de fresco permanente, y un verano peninsular dentro de una casa la mata.
La orquídea mono que sí crece aquí
Mucho antes de que existiera internet, en Europa ya había una «orquídea mono», y el nombre es tan antiguo como su binomio: Orchis simia. Es una orquídea terrestre, de las que brotan del suelo a partir de tubérculos, y está presente en la Península Ibérica, sobre todo en pastos, claros y ribazos de suelo calizo, donde florece en primavera.
Sus flores son pequeñas y se agrupan en una espiga densa. Cada una dibuja una figurilla: el labelo se divide en dos lóbulos laterales estrechos que parecen brazos y dos lóbulos centrales que parecen piernas, con un dientecillo en medio, y por encima los sépalos y pétalos se cierran formando una especie de capucha. Las guías de campo señalan una rareza suya: la espiga abre las flores de arriba abajo, al revés que la mayoría de las orquídeas.
No está sola en esto. En el mismo grupo de orquídeas antropomorfas ibéricas están Orchis italica, a la que llaman flor del hombre desnudo, Orchis militaris, la orquídea militar, y Orchis anthropophora, la flor del hombre ahorcado. Todas repiten el mismo esquema de figurilla con brazos y piernas. Si te interesa este mundo, el sitio tiene la ficha de otra orquídea silvestre ibérica muy reconocible, la orquídea mariposa.
Aquí está la diferencia práctica que más importa: a Dracula simia no la vas a ver nunca fuera de un invernadero, y a Orchis simia puedes verla en el campo, gratis, un día de primavera, si sabes dónde mirar.
Otras flores del género Dracula. El género reúne más de un centenar de especies y varias tienen ese aire de rostro; la famosa es solo una de ellas.
Y el mímulo, que no es una orquídea
Aquí es donde se enreda casi toda la información que circula. En inglés, monkey flower es el nombre de un grupo de plantas herbáceas de flor tubular y garganta moteada que durante mucho tiempo se llamaron Mimulus y que hoy la botánica reparte sobre todo entre Erythranthe y Diplacus, dentro de la familia de las frimáceas. En castellano se las llama mímulos o flor de mono.
Nada que ver con una orquídea. Son plantas anuales o vivaces, muchas de ellas de orilla de arroyo, que se venden en bandeja como flor de temporada y que cualquiera puede cultivar. El malentendido es fácil de rastrear: alguien traduce monkey flower por «flor cara de mono», lo ilustra con la foto viral de la orquídea y el resultado es un texto que describe una planta y enseña otra. Todo lo del mímulo, que es bastante más útil para un jardín de aquí, está en el artículo del género Mimulus.
La regla rápida para no confundirte: si el texto habla de sembrar semillas al voleo, de mantener la tierra húmeda y de floración de primavera a otoño en el arriate, está hablando del mímulo. Si habla de cestas colgantes, esfagno, humedad del noventa por ciento y aire en movimiento, está hablando de la orquídea.
Por qué vemos una cara donde no la hay
La cara es pareidolia, el mismo mecanismo por el que vemos rostros en un enchufe o en la corteza de un árbol. Nuestro cerebro dispara con muy poca información cuando detecta dos puntos y una línea debajo, y la geometría de estas flores da esa combinación por casualidad.
Conviene decirlo porque se lee lo contrario a menudo: no hay ninguna función biológica conocida en ese parecido. La flor no imita a un mono para nada, entre otras cosas porque los monos no la polinizan. Lo que sí está descrito en Dracula es otro engaño, y ese sí es real: el labelo blanco y acostillado recuerda a las láminas del sombrero de una seta, y la flor huele a fruta fermentada, lo que atrae a mosquitas que buscan hongos donde poner sus huevos. El parecido que le interesa a la planta es con una seta, no con un simio.
El otro dato que se cae en cuanto ves una flor de verdad es el ángulo. La cara aparece mirando la flor de frente y a su altura. Girada treinta grados deja de ser un mono, y todas las fotos que circulan están tomadas desde ese mismo punto.
La «cara» solo se arma desde este ángulo concreto y a esta distancia. Es un accidente de la geometría floral, no una imitación.
Las semillas que se anuncian en internet
Los sobres de «semillas de orquídea cara de mono», con colores imposibles y precios de dos euros, no contienen nada que vaya a convertirse en esta planta. La razón no es la mala fe del vendedor, aunque también: es que una semilla de orquídea es polvo microscópico sin reservas de alimento y solo germina con un hongo compatible o en un medio estéril de laboratorio. En una maceta de la terraza no germina ninguna, ni de esta especie ni de ninguna otra.
Lo mismo vale para las fotos de orquídeas azul eléctrico o negras con puntos de neón: son retoques. Una planta de verdad se compra hecha, o en frasco de plántulas, en un vivero especializado.
Comprar, sí; arrancar, no
Toda la familia de las orquídeas, las más de veinte mil especies que la componen, figura al menos en el Apéndice II del convenio CITES. Eso significa que el comercio internacional de ejemplares exige permisos y documentación de origen, y que traer una planta de un viaje sin papeles no es una travesura, es una infracción. Comprar a un vivero que propague en laboratorio y pueda acreditar la procedencia es, además de legal, la forma de llevarte una planta aclimatada y con raíces.
Con las orquídeas silvestres de aquí la norma es más sencilla todavía: se miran y se fotografían. Varias comunidades autónomas incluyen orquídeas silvestres en sus catálogos de especies protegidas, con las prohibiciones correspondientes. Y aunque no lo estuvieran, arrancar una no sirve de nada: dependen de hongos micorrícicos del suelo y de un tubérculo que se resiente, así que el trasplante al jardín acaba en planta muerta y en un hueco en el prado.
Sobre las «propiedades» que se le atribuyen
El texto que ocupaba antes esta página, como tantos de su género, terminaba enumerando virtudes medicinales de las orquídeas: reforzar el sistema inmunitario, mejorar la vista, tratar enfermedades graves. Nada de eso se sostiene y no lo vamos a repetir.
No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. Que algunas orquídeas tengan un uso tradicional documentado en la medicina china o en la india es un hecho etnobotánico, y se cuenta como tradición: no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. Dracula simia, por lo demás, no tiene ningún uso de ese tipo. Es una planta de colección, y su interés está en cómo vive y cómo engaña a sus polinizadores.
En resumen
Bajo el nombre «orquídea cara de mono» se juntan tres plantas que no tienen nada que ver. Dracula simia es la de las fotos, una orquídea epífita de bosque nublado andino, pequeña, de cultivo difícil y clima fresco permanente. Orchis simia es una orquídea terrestre europea presente en la Península, con flores en forma de figurilla y floración primaveral, que se puede ver en el campo. Y el mímulo o flor de mono, hoy Erythranthe y Diplacus, ni siquiera es una orquídea: es una herbácea de jardín que se traduce mal del inglés y acaba ilustrada con la foto de la otra.
La cara es pareidolia y no cumple ninguna función; el engaño que sí practica la Dracula es parecerse a una seta para atraer mosquitas. Las semillas que se venden con esa foto no germinan, porque ninguna semilla de orquídea germina sin hongo o sin laboratorio. Y tanto si compras como si te la encuentras en un ribazo, la regla es la misma: planta propagada y con papeles, o mirar y no tocar.