La orquídea de abeja es Ophrys apifera, una orquídea silvestre terrestre que crece en buena parte de la península ibérica, en Baleares y en el resto del Mediterráneo, y que se llama así porque el pétalo inferior de su flor reproduce el cuerpo de un abejorro: aterciopelado, pardo, con dos jorobas peludas a los lados y unos dibujos amarillentos que parecen el reflejo de las alas. Mide poco, rara vez pasa de medio metro, y la espiga lleva unas pocas flores muy separadas entre sí.
Lo que hace que esta planta merezca un artículo no es su aspecto, sino para qué sirve ese aspecto. El género Ophrys practica el engaño sexual: la flor no ofrece néctar y no paga nada por ser polinizada, sino que imita a la hembra de un insecto hasta el punto de que el macho intenta aparearse con ella y se lleva el polen pegado encima. Y Ophrys apifera tiene además un giro que la separa del resto de su género y que se explica más abajo. Antes de nada, dos avisos: esta planta no se trasplanta ni sobrevive en maceta, porque depende de hongos del suelo, y su comercio está regulado internacionalmente.
Los tres sépalos rosados hacen de fondo y el labelo, en el centro, es el que imita al insecto: velludo, pardo y con dibujos amarillos.
Cómo es la flor y por qué parece una abeja
La flor se organiza en tres piezas que conviene mirar por separado. Los tres sépalos son grandes, extendidos y de color rosa, malva o casi blanco, a veces con un nervio verdoso por el centro. Encima, dos pétalos muy pequeños, cortos, triangulares y peludos, de tono verdoso o rosado, que hacen el papel de antenas. Y colgando, el labelo, que es el pétalo inferior transformado y el que sostiene todo el parecido.
El labelo es abombado, casi globoso, cubierto de pelo corto y denso, de color pardo oscuro o caoba, con un dibujo amarillento variable que suele formar una especie de escudo o de herradura. A los lados lleva dos gibas laterales muy velludas que hacen de patas. En la punta, doblado hacia abajo y hacia atrás, queda un apéndice verdoso que desde delante no se ve y que es uno de los caracteres que la identifican.
El parecido no es solo de forma y color. El labelo es velludo al tacto y la flor emite una mezcla de compuestos volátiles que remeda el olor con el que las hembras de ciertas abejas solitarias señalan su presencia. Es una imitación construida en tres sentidos a la vez.
El engaño sexual, paso a paso
El mecanismo funciona así. Un macho de abeja solitaria que ha emergido antes que las hembras, como suele ocurrir en estas especies, detecta a distancia el olor de la flor y se acerca. Al posarse encuentra una superficie peluda del tamaño adecuado y ejecuta sobre ella los movimientos del apareamiento, lo que se conoce como pseudocopulación. En esa maniobra la cabeza o el abdomen del insecto rozan la parte superior de la flor, donde están los polinios, las dos masas compactas de polen que las orquídeas no sueltan en granos sueltos.
Los polinios van montados en un pie flexible y pegados a una pequeña ventosa. Al contacto, la ventosa se adhiere al insecto y el polinio sale entero de su alojamiento. El macho se marcha con el paquete encima, y cuando repite la escena en otra flor lo deposita sobre el estigma. Una sola visita basta para polinizar una flor entera, y ese es el motivo por el que a estas orquídeas les compensa no producir néctar: no necesitan muchos visitantes, necesitan visitantes muy precisos.
El sistema tiene un efecto secundario interesante. Como cada especie de Ophrys imita a una especie concreta de insecto, el polen viaja casi siempre entre flores de la misma especie, lo que mantiene separadas especies que crecen mezcladas en el mismo pastizal. En este grupo, la barrera entre especies no está en la genética sino en el olfato de un insecto.
Aquí se ven los dos polinios fuera de su alojamiento, colgando de sus pies amarillentos. En esta especie basta que se balanceen para alcanzar el estigma de la propia flor.
La paradoja: una abejera que ya casi no necesita a la abeja
Aquí está lo que distingue a Ophrys apifera del resto del género. En la mayor parte de su área de distribución esta especie se autopoliniza de forma habitual. Los polinios se desprenden de su alojamiento poco después de abrirse la flor, quedan colgando de sus pies flexibles, y el propio peso y el viento los hacen doblarse hacia delante y hacia abajo hasta tocar el estigma de la misma flor. No hace falta ningún insecto.
Las visitas de machos de abeja solitaria a esta especie están documentadas, pero son escasas y se concentran en la zona mediterránea. Es decir, la flor conserva intacta la maquinaria del engaño (la forma, el vello, el olor, el color) mientras el engaño ha dejado de ser necesario para dar semilla. No es un dato menor: significa que una población entera puede fructificar sin polinizadores, lo que explica por qué esta es la Ophrys más extendida y la que más aparece en terrenos removidos, cunetas y taludes recientes, donde otras especies del género no llegan.
Tiene también un coste. La autopolinización constante reduce la variabilidad de la descendencia, y a ella se atribuye la abundancia de formas anómalas que se describen en esta especie: ejemplares con los sépalos blancos, con el labelo sin dibujo, o con el labelo alargado y estrechado en punta, que es la forma conocida como orquídea avispa y que se ha llamado Ophrys apifera var. trollii. Si encuentras una abejera rara, lo más probable es que sea una variación de estas y no una especie nueva.
Dónde y cuándo buscarla en España
Busca pastizales secos poco fértiles, claros de matorral, márgenes de encinar y pinar abierto, taludes y cunetas que no se hayan segado, preferentemente sobre suelo calizo. Es una planta de terrenos pobres y de poca competencia, y tolera bien la perturbación reciente, así que puede aparecer en sitios tan poco solemnes como el borde de un aparcamiento o un desmonte de carretera de hace unos años.
El ciclo empieza en otoño, cuando de los tubérculos brota una roseta de hojas ovaladas a ras de suelo que pasa así el invierno. En primavera sube el tallo floral, antes en el sur y en la costa y más tarde en el interior y en altura. Terminada la floración la parte aérea se seca y la planta desaparece de la vista hasta el otoño siguiente, así que buscarla fuera de temporada no sirve de nada.
Las dos gibas laterales, muy velludas, y el dibujo amarillo del labelo varían bastante de una planta a otra dentro de la misma población.
Por qué no se trasplanta ni se cultiva en maceta
La semilla de las orquídeas es prácticamente polvo y no lleva reservas. Para germinar necesita que la infecte un hongo micorrícico compatible que le suministre carbono y nutrientes durante los primeros años, que la plántula pasa bajo tierra sin una sola hoja. La planta adulta sigue asociada a esa red de hifas del suelo.
Por eso arrancar un ejemplar del campo no funciona. Al sacar los tubérculos se rompe la red que los alimenta, y la planta se consume en una o dos temporadas sin volver a florecer. Tampoco sirve el sustrato de corteza que se vende para orquídeas tropicales, que está pensado para plantas epífitas y no tiene nada que ver con el suelo calizo pobre donde vive esta. Y el abonado, que parece la solución evidente, es justo lo contrario de lo que necesita: enriquecer un pastizal pobre hace que las gramíneas la tapen y desaparezca. El mismo mecanismo, contado con otras orquídeas ibéricas, está en el espejo de Venus y en la orquídea del hombre ahorcado.
Lo que sí funciona, si tienes una población cerca, es no tocarla: retrasar la siega de la cuneta o del pastizal hasta que las cápsulas hayan soltado la semilla, y no abonar.
Lo que dice la ley
Todas las orquidáceas están incluidas en los apéndices del Convenio CITES sobre comercio internacional de especies amenazadas, que en la Unión Europea se aplica a través del Reglamento (CE) 338/97. Eso regula el comercio y el transporte internacional de ejemplares, de partes y de productos derivados, también de las especies silvestres europeas. A eso se suma la protección que cada comunidad autónoma da a su flora en su propio catálogo de especies amenazadas, que no es igual en todas partes: el estatus concreto de tu zona se mira ahí.
Sobre las propiedades que prometía el texto anterior
El texto anterior anunciaba propiedades y beneficios, y una guía de riego y macetas que correspondía a orquídeas tropicales de interior, no a esta especie. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta; las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación, no un artículo de internet. Tampoco es una planta comestible ni ornamental de jardín. Es flora silvestre, y su interés está en verla donde está.
En resumen
Ophrys apifera es una orquídea silvestre pequeña cuyo pétalo inferior imita el cuerpo, el vello y el olor de una abeja hembra para que los machos intenten aparearse con ella y le hagan de mensajeros. Es uno de los engaños mejor construidos del mundo vegetal, y esta especie en concreto lo mantiene aunque ya casi no lo use: en la mayor parte de su territorio los polinios se doblan solos sobre el estigma y la flor se poliniza a sí misma.
Se busca en primavera, en pastizales secos y cunetas sobre caliza, después de haber pasado el invierno como una roseta de hojas. No se cultiva, no se trasplanta y no se abona: depende de hongos del suelo que no acompañan al tubérculo, y su comercio está regulado por CITES a través del Reglamento (CE) 338/97. La mejor manera de conservarla es dejar el pastizal pobre y sin segar hasta que haya granado.