La orquídea del hombre ahorcado es Orchis anthropophora, una orquídea terrestre silvestre que crece en buena parte de la península ibérica y que se llama así porque cada una de sus flores, mirada de cerca, es la silueta de una figura humana colgando de una capucha: dos brazos finos a los lados, un cuerpo y dos piernas. Una espiga puede llevar decenas de esas figuritas alineadas una encima de otra. No es un arbusto, como decía el texto que ocupaba antes esta página, sino una planta herbácea de tubérculos que pasa el verano y el otoño bajo tierra.

Si has llegado buscando cómo cultivarla, la respuesta honesta es que no se cultiva. No es una cuestión de dificultad ni de tener buena mano: depende de hongos micorrícicos del suelo para germinar y para vivir, y esa relación no se reproduce en una maceta con sustrato de orquídeas comprado en el centro de jardinería. Arrancar una mata del campo la mata y además es ilegal. Lo que sí se puede hacer es aprender a reconocerla y saber dónde y cuándo buscarla, que es de lo que va esta ficha.

Espiga floral de Orchis anthropophora con numerosas flores amarillo verdosas La espiga es densa y estrecha, con las flores muy juntas. De lejos parece una vela verdosa sin nada llamativo.

Cómo es la flor y por qué parece un hombre colgado

La flor es pequeña y de un verde amarillento apagado, y ahí está el detalle: de lejos la planta no llama la atención. Los sépalos y los pétalos superiores se juntan formando una capucha cerrada, la gálea, que suele llevar el borde ribeteado de un pardo rojizo y unas líneas del mismo color recorriendo la superficie.

Colgando de esa capucha va el labelo, el pétalo inferior modificado. Está dividido en lóbulos muy estrechos y alargados: dos laterales que se abren como brazos y un lóbulo central que baja y se parte a su vez en dos, que son las piernas. El conjunto es de un amarillo más vivo que el resto de la flor, y contrasta con la capucha verdosa. Esa es la figura que ve todo el mundo desde que la especie tiene nombre, y de la que salen los nombres populares de hombre ahorcado, hombrecillos u hombre colgado.

El carácter que la distingue: no tiene espolón

Las orquídeas del género Orchis tienen, detrás de la flor, un espolón, un tubito que sobresale hacia atrás. Orchis anthropophora no lo tiene, y esa ausencia es lo que durante mucho tiempo la mantuvo en un género propio, Aceras, con el nombre de Aceras anthropophorum. Los estudios de filogenia molecular de las orquídeas europeas mostraron que estaba plenamente dentro de Orchis, y el género Aceras se abandonó. Si encuentras el nombre antiguo en una guía de campo, no está equivocado, solo está desfasado.

En el campo lo que te va a confundir son sus parientes cercanos. Orchis simia, la orquídea de los monos, tiene también un labelo con brazos y piernas, pero la capucha es rosada o blanquecina y los lóbulos son más finos y retorcidos. Orchis militaris y Orchis purpurea tienen la gálea claramente teñida de rosa o de púrpura y una figura mucho más robusta. Los tres tienen espolón. Si la flor es verde amarillenta, sin espolón, y las figuritas cuelgan claramente, estás ante anthropophora.

Hay una complicación añadida que conviene saber: estas especies hibridan entre sí con relativa facilidad, y los híbridos presentan caracteres intermedios que no encajan del todo en ninguna descripción. Si te encuentras con algo a medio camino, lo más probable es que sea exactamente eso.

Detalle de las flores de Orchis anthropophora con el labelo en forma de figura humana De cerca aparece la figura: la capucha ribeteada de pardo rojizo y, colgando de ella, el labelo amarillo con brazos y piernas.

Dónde y cuándo buscarla en España

Es una especie de distribución mediterránea y atlántica occidental, presente desde las islas británicas hasta el norte de África, y en la península ibérica se encuentra repartida por buena parte del territorio, con más presencia donde hay caliza. Ese es el dato útil para buscarla: prefiere sustratos calcáreos y terrenos poco fértiles.

Los ambientes en los que aparece son pastizales secos, claros de matorral, bordes de camino, cunetas no segadas, terrenos pedregosos y márgenes de encinar o de pinar abierto. Va del nivel del mar hasta la media montaña. Es una planta de sitios pobres y con poca competencia, y eso explica por qué desaparece cuando un pastizal se abandona y se cierra de matorral, o cuando una cuneta se abona o se siega antes de tiempo.

Florece en primavera, con el momento exacto variando según la zona y la altitud: antes en el sur y en el litoral, más tarde en el interior y en zonas altas. Pasado ese periodo la parte aérea se seca y la planta desaparece de la vista, porque sobrevive bajo tierra en sus tubérculos hasta la temporada siguiente.

Por qué no se trasplanta ni sobrevive en maceta

La semilla de las orquídeas es polvo: microscópica, en cantidades enormes, y sin reservas alimenticias. Para germinar necesita que la infecte un hongo micorrícico compatible que le suministre el carbono y los nutrientes durante los primeros años, cuando la plántula vive bajo tierra sin una sola hoja. Esa dependencia no desaparece del todo en la planta adulta, que sigue asociada al hongo en el suelo.

Eso hace que trasplantar un ejemplar del campo sea inútil y destructivo a la vez: se arrancan los tubérculos, se rompe la red de hifas del suelo de la que dependen, y la planta se consume en una o dos temporadas sin volver a florecer. Lo mismo vale para el consejo, que circula mucho, de multiplicarla por división del rizoma o de abonarla con fertilizante para orquídeas de interior. No tiene rizoma, tiene tubérculos, y el abonado de un sitio pobre es justamente lo que la hace desaparecer. El mismo mecanismo, contado con otra orquídea ibérica, está en el espejo de Venus.

La ley, que aquí sí es concreta

Todas las orquídeas están incluidas en el Convenio CITES sobre comercio internacional de especies amenazadas, que en la Unión Europea se aplica a través del Reglamento (CE) 338/97. Eso afecta al comercio y al transporte internacional de ejemplares, de partes y de productos derivados, también de las especies silvestres europeas.

A eso se suma la protección que cada comunidad autónoma otorga a su flora en sus propios catálogos regionales de especies amenazadas, que no son iguales en todas partes. Si quieres saber qué estatus tiene la especie en tu zona, el sitio donde mirarlo es el catálogo autonómico correspondiente, y no una ficha general de internet. La regla práctica no cambia en ningún caso: se fotografía, no se recoge y no se arranca.

El salep, que explica buena parte de la presión sobre estas plantas

Hay un motivo histórico por el que los tubérculos de las orquídeas terrestres del grupo de Orchis se han recolectado durante siglos. Con ellos, secados y molidos, se hace el salep, una harina que se usa desde el Mediterráneo oriental hasta Turquía e Irán para preparar una bebida caliente espesa y, en el caso turco, un helado de textura elástica muy característica.

Se cuenta aquí como historia y como contexto de conservación, no como uso: cada ración de salep requiere arrancar tubérculos de plantas silvestres, que no se reponen en una temporada, y la recolección ha esquilmado poblaciones enteras en su área tradicional. Es uno de los motivos por los que el comercio de estas especies está regulado. En España no hay tradición de ese aprovechamiento, y no hay ninguna razón para empezar.

Sobre propiedades y salud

El texto original afirmaba que esta planta puede emplearse con fines medicinales. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta especie; las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación, no un artículo de internet. Aquel texto incluía además una fotografía de una persona con dolor de estómago, que no ilustra nada sobre la planta y que se ha retirado junto con el resto.

Tampoco es una planta comestible ni ornamental de jardín. Es flora silvestre protegida, y su interés es el de verla donde está.

En resumen

Orchis anthropophora es una orquídea terrestre ibérica de flores verde amarillentas cuyo labelo dibuja una figura humana colgando de una capucha. Se reconoce por esa figura, por el color apagado del conjunto y, sobre todo, porque no tiene espolón, que es lo que la separa de la orquídea de los monos, de la militar y de la purpúrea. Su nombre antiguo, Aceras anthropophorum, todavía aparece en guías de campo.

Se busca en primavera, en pastizales secos, cunetas y claros de matorral sobre suelo calizo. No se cultiva, no se trasplanta y no se arranca: depende de hongos del suelo que no acompañan al tubérculo, y su comercio está regulado por CITES a través del Reglamento (CE) 338/97. Lo mejor que puedes hacer por ella es dejarla donde está y, si la encuentras en una cuneta, que no la sieguen hasta que haya granado.


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