Una Echeveria estirada hacia la ventana, un cactus con la base blanda o una Crassula partida por el viento parecen plantas perdidas y son, casi siempre, material de partida. La multiplicación por esqueje tiene una segunda función menos comentada que la de aumentar la colección: sirve para recuperar lo que queda de un ejemplar deteriorado, y con frecuencia es la única intervención que lo salva.

Los fundamentos del método —el corte, el cicatrizado según grosor, el sustrato de enraizamiento y los tiempos normales— están en la guía de multiplicación por esquejes. Aquí se aplica ese método a plantas que ya vienen dañadas, donde el criterio de qué se corta y a qué altura pesa más que la técnica.

Decidir qué parte se salva

Antes de coger la cuchilla, la regla que ordena todo el trabajo: solo sirve el tejido firme, de color uniforme y sin vetas. Una pieza que cede al apretarla suavemente entre los dedos, que suena hueca o que muestra puntos translúcidos en el corte no va a enraizar, va a pudrirse en la bandeja y a contaminar lo que tenga al lado.

La comprobación se hace con la cuchilla en la mano y por rodajas. Se corta un disco fino en la zona elegida y se mira la superficie a contraluz: tejido claro y homogéneo, adelante; anillos pardos, manchas acuosas o un punteado oscuro en el cilindro central, se sube otro centímetro y se repite. Es preferible sacrificar tejido de más que arrastrar un foco que reaparece tres semanas después.

La planta estirada por falta de luz

La etiolación —entrenudos largos, color pálido, hojas separadas y pequeñas, cactus con un cuello estrecho apuntando a la ventana— es irreversible. El tejido ya formado no vuelve a compactarse por mucha luz que se le dé después, así que la única salida es cortar y rehacer la planta.

En rosetas de Echeveria, Graptopetalum o Aeonium, se corta la cabeza con dos o tres centímetros de tallo limpio. En Crassula ovata o Portulacaria afra, la punta de cada rama. En un cactus columnar juvenil, por debajo del estrechamiento.

Del tramo intermedio se saca partido en las crasas de tallo: troceado en segmentos de siete a diez centímetros, con la orientación marcada antes de dejarlo secar, cada segmento brota por las yemas de las axilas. En cactus, en cambio, el tramo estiolado no merece la pena salvo que se quiera un patrón de emergencia.

La nueva planta necesita una aclimatación cuidadosa. Sacar del salón a pleno sol una roseta pálida es cambiar un problema por otro: quemaduras irreversibles en dos días. Sombra clara la primera semana, sol de mañana la segunda, exposición plena a partir de la tercera.

Multiplicación de plantas crasas por esquejes

Podredumbre por la base

Es el rescate más frecuente y el que peor tolera la demora. La podredumbre asciende por el interior del tallo antes de manifestarse fuera, de modo que cuando la superficie exterior se ve parda, el cilindro central ya está afectado bastante más arriba.

Se saca la planta de la maceta, se corta muy por encima de la zona blanda y se va subiendo en rodajas finas hasta que dos cortes consecutivos salen completamente limpios. Después, y esto es específico del material enfermo, el secado se alarga: donde un esqueje sano de ese grosor pediría una semana, aquí conviene el doble, en sombra ventilada y con la superficie espolvoreada de azufre en polvo.

El resto de la operación es tajante. El sustrato viejo se tira, la maceta se lava y se seca al sol o se descarta, y el ejemplar rescatado se pone a enraizar en mezcla mineral nueva. Reutilizar el cepellón que ha alojado el foco es repetir el proceso desde el principio.

En cactus globosos con la raíz perdida hay una alternativa cuando la pieza es valiosa y el enraizamiento parece dudoso: colocarla sobre un patrón vigoroso. Es la vía habitual con especies lentas y con crestas de raíz delicada.

Daños por frío y por sol

Tras una helada, el tejido dañado aparece traslúcido y flácido, y con los días vira a pardo y se colapsa. Conviene no cortar de inmediato: la línea entre lo muerto y lo vivo tarda entre una y dos semanas en definirse, y un corte prematuro obliga a repetirlo. Cuando el límite está claro, se corta por encima, en tejido firme, y se procede como con cualquier esqueje.

La quemadura solar es distinta: mancha amarillenta o blanquecina que después se vuelve corchosa, pero superficial. No exige cortar nada, porque la planta sigue viva debajo; solo estropea el aspecto. Se corta únicamente si se prefiere rehacer el ejemplar por estética, y en ese caso el material quemado no sirve como esqueje, se elige tejido sano.

Roturas y accidentes

Una rama de Aeonium arboreum desgajada por el viento, un brazo de Cereus que se ha partido por su peso o una pala de Opuntia caída son esquejes ya cortados por la propia planta. La diferencia con un corte hecho a propósito es que la superficie de rotura es irregular y a menudo está machacada, lo que retrasa el cicatrizado y facilita la infección.

El arreglo es refrescar: recortar la zona rota con hoja limpia hasta dejar un plano regular, biselar el canto en las piezas gruesas y dejar secar el tiempo que corresponda a ese grosor. Una pieza recogida del suelo lleva además tierra y microorganismos en la herida, así que ese repaso no es opcional.

La planta madre también agradece atención: el desgarro que ha quedado en el tronco se recorta hasta dejar un corte limpio, se espolvorea con azufre y se mantiene seca unos días.

Cuando la salida es la plaga

Con cochinilla algodonosa muy instalada en las axilas de una crasa, o con cochinilla de raíz que reaparece tras varios tratamientos, rehacer la planta desde un esqueje limpio resulta más eficaz que insistir.

El material se toma de las partes altas, que suelen estar menos colonizadas, y se revisa a conciencia con lupa: axilas de las hojas, base de las espinas, areolas y pliegues. Cualquier mota algodonosa se retira con un bastoncillo. El esqueje se enraíza aparte del resto de la colección y se mantiene en cuarentena un par de meses antes de devolverlo a la estantería, porque las formas juveniles del insecto pasan desapercibidas y viajan en el sustrato.

Lo que queda de la planta madre

El tocón rara vez se tira. Un tallo de crasa decapitado y con raíz intacta brota por debajo del corte en tres a seis semanas de temporada, y produce dos, tres o cuatro cabezas nuevas donde había una sola. En cactus columnares ocurre lo mismo a partir de las areolas altas.

Para que responda bien conviene mantenerlo en su sitio habitual, con riego reducido hasta que la herida esté seca y dura, y no abonar hasta que los brotes tengan un par de centímetros. Un tocón regado abundantemente con la herida fresca se pudre por el corte, que es justo el desenlace que se quería evitar.

Rescates que no esperan a la primavera

La multiplicación programada se hace en temporada; el rescate se hace cuando aparece el problema, aunque sea en noviembre. Una podredumbre no admite espera de cuatro meses.

Fuera de temporada hay que compensar. Calor de fondo en la base, con un cable o una manta calefactora que mantenga el sustrato en torno a 22 °C; luz artificial si la ventana no da lo suficiente; ambiente ventilado y seco; y expectativas realistas, porque el porcentaje de éxito baja y los plazos se alargan al doble. Aun así, un esqueje invernal con calor de fondo tiene bastantes más posibilidades que una planta con la base podrida a la que se deja llegar a marzo.

En resumen

Casi todo lo que le pasa a una crasa o a un cactus deja tejido aprovechable, y el esqueje es la herramienta para recuperarlo: se corta por encima del daño hasta que la rodaja sale limpia, se seca más tiempo del habitual cuando ha habido podredumbre, se descarta el sustrato y la maceta implicados, y se aclimata despacio lo que venía de poca luz. La planta estirada se decapita y el tocón devuelve varias cabezas; la helada se deja delimitar antes de cortar; la rotura se refresca; y la plaga persistente se resuelve rehaciendo la planta desde una pieza limpia en cuarentena. Con ese repertorio, perder un ejemplar entero pasa a ser la excepción.


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