Un trozo de tallo cortado por la mañana y plantado esa misma tarde se pudre casi siempre. Ese es el fallo que arruina la mayor parte de los intentos de multiplicar cactus y crasas, y es también el más fácil de evitar: entre el corte y la plantación tiene que pasar tiempo, a veces bastante. Con esa única regla asumida, la propagación por esquejes se convierte en una de las operaciones más agradecidas de la jardinería, con porcentajes de éxito que rondan el 90 % en géneros como Echeveria, Sedum, Crassula u Opuntia.

Las suculentas tienen una ventaja enorme sobre cualquier otra planta a la hora de enraizar: el esqueje lleva dentro su propia despensa de agua. No depende de que le llegue humedad desde fuera mientras emite raíces, que es justamente lo que hace tan delicados los esquejes de plantas leñosas. Eso permite trabajar sin nebulización, sin bolsas de plástico y sin invernaderos de propagación. Y explica por qué el exceso de cuidados —regar, tapar, mantener húmedo— es contraproducente aquí.

Esquejes de plantas crasas preparados para enraizar

Cuándo hacerlo

La ventana buena en la península es de mediados de abril a finales de junio, y una segunda oportunidad más corta en septiembre. Lo que se busca es que la planta esté en crecimiento activo y que la temperatura ronde los 20-25 °C, que es el rango en el que se forman raíces con rapidez.

Hay dos épocas que conviene descartar. El pleno verano en el interior y el sur —julio y agosto, con máximas por encima de 35 °C— porque muchas suculentas entran entonces en parada estival y el esqueje se limita a deshidratarse sin emitir nada. Y el invierno, por la razón contraria: por debajo de 15 °C el enraizamiento se ralentiza tanto que el corte pasa semanas expuesto y acaba colonizado por hongos.

Un esqueje tomado en octubre en el norte peninsular tiene bastantes papeletas de no llegar a la primavera. Si te ves obligado a hacerlo fuera de temporada, un cable o manta calefactora bajo la bandeja que mantenga el sustrato a 22 °C cambia el resultado por completo.

El corte y el cicatrizado

Usa una cuchilla o cúter afilado, nunca tijeras: las tijeras aplastan el tejido en lugar de cortarlo y esa zona machacada es puerta de entrada para bacterias del género Pectobacterium, responsables de la podredumbre blanda que licúa el interior del tallo en pocos días.

Desinfecta la hoja antes de cada planta con alcohol de 96° o con lejía diluida al 10 %. No es manía: por esta vía se transmite el virus X del cactus, que no tiene cura y que en muchas plantas es asintomático hasta que aparece en otra más sensible.

El corte debe ser perpendicular al tallo y de un solo pase. En cactus columnares conviene después biselar ligeramente el borde de la herida, rebajando el anillo exterior, para que al secarse no se hunda el centro y quede una superficie cóncava donde se acumule agua.

Y ahora la parte decisiva. El esqueje se deja cicatrizar en seco, tumbado o de pie sobre una rejilla o un papel, en un sitio a la sombra, ventilado y sin humedad. Nunca al sol directo. Los tiempos dependen del grosor de la herida:

Hojas de Echeveria, Sedum, Graptopetalum: de 2 a 4 días. Rosetas y esquejes de tallo delgado (Aeonium, Crassula, Kalanchoe): de 5 a 8 días. Palas de Opuntia y segmentos de cactus columnares de 5-10 cm de diámetro: de 2 a 3 semanas. Troncos gruesos de Euphorbia o Cereus de más de 10 cm: hasta un mes.

Sabrás que está listo cuando la superficie del corte esté seca, dura y de color mate, sin ninguna zona translúcida ni húmeda. Espolvorear el corte con azufre en polvo o con canela molida ayuda a prevenir hongos durante ese periodo, aunque con buena ventilación no suele hacer falta.

Caso aparte: las Euphorbia suculentas, que se confunden con cactus pero no lo son, sueltan al cortarlas un látex blanco irritante. Es cáustico en los ojos y produce dermatitis. Trabaja con guantes, no te lleves las manos a la cara y corta el sangrado pulverizando el corte con agua fría hasta que deje de manar; después, cicatrizado normal.

Esquejes de tallo

Es el método para cactus columnares y para las crasas que forman troncos. Funciona en Cereus, Echinopsis pachanoi, Myrtillocactus geometrizans, Cleistocactus, Aeonium arboreum, Crassula ovata, Kalanchoe, Portulacaria afra o Aloe arborescens.

Corta segmentos de 10 a 20 cm. Marca cuál es el extremo superior antes de dejarlo cicatrizar: cuando el esqueje lleva dos semanas en un cajón es sorprendentemente fácil confundirse, y un esqueje plantado del revés no enraiza. La polaridad del tallo es fija.

Después del cicatrizado, se planta apenas 2 o 3 cm de profundidad, lo justo para que se sostenga. Enterrar más no acelera nada y multiplica el riesgo de podredumbre. Si el esqueje es alto y se cae, sujétalo con una caña o rodéalo de grava gruesa en lugar de hundirlo.

En los cactus columnares hay un truco que dobla el rendimiento: decapitar la planta madre no solo te da el esqueje, sino que rompe la dominancia apical del tocón, que empezará a emitir varios brotes laterales desde las areolas altas. Cada uno de esos brotes será a su vez un esqueje al año siguiente.

Palas de chumbera y segmentos

Las Opuntia son el caso más sencillo de todos. Se desprende una pala entera por su articulación —girándola con cuidado, con guantes gruesos y unas pinzas, porque los gloquidios (esas espinas diminutas y ganchudas de las areolas) se clavan invisibles y son mucho más molestos que las espinas grandes—, se deja secar dos o tres semanas de pie apoyada contra una pared, y se planta enterrando un tercio.

Enraíza en 3 a 6 semanas y sin ningún cuidado especial. Ten en cuenta que varias Opuntia están catalogadas como especies exóticas invasoras en España, muy especialmente Opuntia dillenii y Opuntia stricta, y su multiplicación y plantación está prohibida. Antes de propagar una chumbera de origen desconocido, identifícala.

Los cactus articulados de interior —Schlumbergera, Rhipsalis, Hatiora— se multiplican igual pero a otra escala: se separan cadenas de dos o tres segmentos por la articulación, se dejan secar 48 horas y se clavan de pie en sustrato ligero. En estos el enraizamiento es rapidísimo, tres o cuatro semanas, y el mejor momento es justo después de la floración, entre febrero y abril.

Esquejes de hoja

Este es el método más espectacular y también el peor explicado. De una sola hoja sale una planta completa, pero solo en determinados géneros y solo si se hace bien una cosa.

La clave está en arrancar la hoja entera, con su base intacta. En la unión de la hoja con el tallo hay un tejido meristemático diminuto; si tiras hacia abajo y la hoja se rompe dejando un trocito pegado al tallo, no habrá raíces ni brote, por muchos meses que la dejes. El gesto correcto es sujetar la hoja por la base y girarla lateralmente a un lado y a otro hasta que se desprenda limpia, con la basecita completa y sin desgarro.

Se dejan secar 2-4 días y se colocan simplemente apoyadas sobre el sustrato seco, sin enterrarlas y sin plantarlas de pie. Con la base ligeramente en contacto con la superficie basta. En dos o tres semanas verás salir raíces rosadas al aire, y detrás de ellas una roseta en miniatura. En ese momento, y solo entonces, empieza a pulverizar la superficie del sustrato cada pocos días para que las raíces encuentren humedad y se dirijan hacia abajo.

La hoja madre se irá arrugando y consumiendo mientras alimenta al hijo. No la arranques: se desprenderá sola cuando ya no le quede nada que aportar, y quitarla antes frena el crecimiento de la nueva planta.

Funciona bien en Echeveria, Graptopetalum paraguayense, Graptoveria, Pachyphytum, Sedum de hoja gruesa (Sedum morganianum, Sedum pachyphyllum), Crassula ovata y Kalanchoe. Es lento pero seguro en Haworthia y Gasteria, donde puede tardar tres meses.

Y no funciona, por mucho que se intente, en Aeonium, Sempervivum, Agave, Aloe, Sansevieria variegada ni en Echeveria de hoja muy fina. Los Aeonium solo se propagan por esqueje de roseta con un trozo de tallo; las hojas sueltas se secan sin más. En Sansevieria el esqueje de hoja sí enraíza, pero la planta hija pierde la variegación y sale verde lisa, porque el borde amarillo es una quimera que no se transmite por el tejido de la hoja: para conservarla hay que dividir el rizoma.

Rosetas e hijuelos

Cuando la planta ya se ha ahijado, el trabajo está hecho. Los hijuelos —también llamados retoños o chupones— son brotes que salen de la base o de los laterales de la madre y que a menudo ya traen raíces propias.

Es el sistema natural en Mammillaria, Echinopsis, Rebutia, Gymnocalycium, Sempervivum, Agave, Aloe y Haworthia. Se separan con un giro de muñeca o con un corte limpio si están muy soldados, se dejan cicatrizar unos días —menos si ya tenían raíz— y se plantan en su propia maceta. Un hijuelo con raíces se puede regar a los tres o cuatro días; uno sin raíces sigue las reglas del esqueje.

En los cactus globulares grandes que no se ahíjan —Astrophytum, Ferocactus, Echinocactus, Thelocactus— no hay esqueje que valga: cortarlos por la mitad los arruina. Estos se multiplican por semilla, o bien por injerto sobre un patrón vigoroso si se quiere ganar tiempo.

Las rosetas de tallo largo merecen una mención propia. Cuando una Echeveria se ha estirado y ha perdido las hojas inferiores, la solución es decapitarla: cortas la roseta con 2-3 cm de tallo, la dejas secar una semana y la replantas. El tocón que queda abajo brotará por los lados y te dará tres o cuatro plantas nuevas en unos meses. De un ejemplar feo salen cinco bonitos.

Planta crasa enraizada a partir de esqueje en maceta

Sustrato, luz y riego durante el enraizamiento

El sustrato de enraizamiento debe ser más mineral que el de cultivo. Una mezcla que da buenos resultados es 70 % de material inerte de grano fino —pómice, puzolana o picón de 2-4 mm, perlita, arena de sílice lavada— y 30 % de fibra de coco o turba. Hay quien enraíza directamente en pómice puro, y funciona muy bien: las raíces salen gruesas y sanas, y luego se trasplanta a sustrato definitivo.

La luz debe ser abundante pero indirecta. Un esqueje sin raíces no puede reponer el agua que pierde, así que el sol directo lo deshidrata y le provoca quemaduras que después no se borran. Sombra luminosa, o pleno sol filtrado por una malla, hasta que enraíce.

Y el riego: nada de agua hasta que haya raíces. Ni un dedo de agua en el plato, ni pulverizar el esqueje, ni «un poquito para que no sufra». Si el sustrato está totalmente seco puedes darle un riego muy ligero a los 10-15 días de plantar, solo para humedecer los primeros centímetros y estimular la salida de raíces hacia esa humedad, pero es opcional. El primer riego de verdad llega cuando notes que el esqueje ha anclado —tira suavemente de él: si ofrece resistencia, ya tiene raíces— y a partir de ahí se pasa al régimen normal de la especie: empapar y dejar secar del todo.

Las hormonas de enraizamiento (auxinas tipo AIB) no aportan casi nada en suculentas y pueden empeorar las cosas, porque los polvos comerciales llevan talco que se apelmaza sobre la herida y retiene humedad. Guárdalas para los esquejes leñosos.

Errores que dan al traste con el esqueje

Plantar el mismo día del corte. El motivo número uno de fracaso. La herida abierta en contacto con sustrato húmedo es una infección casi garantizada.

Regar «para ayudar». El esqueje no tiene raíces con las que absorber; solo se moja la herida.

Enterrar demasiado. Cuanto más tejido bajo el sustrato, más superficie expuesta a podredumbre y ningún beneficio.

Tapar con plástico o meter en bolsa. Lo que va bien en esquejes de rosal o de hortensia es letal aquí: la humedad estancada dispara los hongos.

Tomar esquejes de una planta enferma o débil. Si la madre tiene cochinilla, podredumbre o está estiolada, el esqueje arrastra el problema. Multiplica siempre desde ejemplares sanos y bien nutridos.

Impaciencia. Desenterrar el esqueje cada semana para ver si ha echado raíces rompe las que estaban empezando. Fíate del test del tirón suave y no lo hagas antes de tres semanas.

En resumen

Multiplicar cactus y crasas por esquejes se reduce a una secuencia corta: cortar limpio con hoja desinfectada en primavera, dejar cicatrizar en seco el tiempo que pida el grosor —días para una hoja de Echeveria, semanas para una pala de chumbera—, plantar superficialmente en sustrato mineral y no regar hasta que haya raíces.

Elige el método según el género: hoja para Echeveria, Sedum y Graptopetalum; tallo para columnares, Aeonium y Crassula; hijuelos para Mammillaria, Aloe y Sempervivum; y semilla o injerto para los globulares grandes que no se ahíjan. Con esa correspondencia clara y la paciencia del cicatrizado, una sola planta madre puede darte una colección entera en un par de temporadas.


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