El mastranzo es Mentha suaveolens, la menta silvestre de hoja redonda y afelpada que crece en acequias, cunetas húmedas y márgenes de río de casi toda España. No es una variedad rara ni una planta exótica: es probablemente la menta que más has pisado sin saberlo, y el olor que se levanta cuando la pisas es la forma más rápida de identificarla.
Lo que sí tiene de particular es el nombre, y ese es el asunto de este artículo. Mastranzo, mastranto, mentastro, hierbabuena de burro, menta de caballo, matapulgas: media docena de nombres para una sola planta, y alguno de ellos compartido con plantas distintas que no conviene confundir. Si lo que buscas es cómo cultivarla, regarla y contenerla, eso está desarrollado en la ficha de Mentha suaveolens; aquí va de quién es y de cómo reconocerla en el campo.
De dónde viene la palabra
"Mastranzo" procede del latín mentastrum, que a su vez se forma sobre mentha con el sufijo -astrum. Ese sufijo no es neutro: en latín tenía un valor despectivo o aproximativo, y servía para nombrar la versión silvestre, basta o falsa de una planta cultivada. Es el mismo mecanismo que da oleaster, el acebuche, frente al olivo, o pinaster, el pino rodeno, frente al pino piñonero.
Así que mentastrum significa, literalmente, "la falsa menta" o "la menta basta". Los romanos ya distinguían entre la menta que se cultivaba para la cocina y esta otra, grande y peluda, que crecía sola en los sitios húmedos y no servía igual. El castellano lo convirtió en mastranzo y mastranto, el italiano en mentastro, el portugués en mentrasto o montrasto. La misma palabra, el mismo juicio de valor, dos mil años después.
El epíteto científico va en la dirección contraria: suaveolens quiere decir "de olor agradable". Quien la nombró así debió de encontrarse con una población de las buenas, porque el olor de esta especie varía muchísimo de un sitio a otro. Hay matas que huelen claramente a manzana y menta, y las hay que huelen a moho, a establo o directamente mal. Las dos son la misma especie.
Cómo se reconoce sin dudar
La hoja es el carácter que zanja la cuestión. Es redondeada u oval, casi sin rabillo, rugosa y como abollada por el haz, y cubierta por el envés de un fieltro blanquecino de pelos cortos. Al pasar los dedos engancha, no resbala. El color es un verde grisáceo mate, sin brillo.
Hoja redonda, rugosa, sin peciolo apenas y afelpada por debajo: es el mastranzo y no otra menta.
Eso la separa de las mentas de cocina a simple vista. La hierbabuena común (Mentha spicata) tiene hoja alargada, lampiña y brillante; la menta piperita (Mentha × piperita) la tiene lanceolada y los tallos teñidos de púrpura. Ninguna de las dos es peluda.
El tallo es cuadrado, como en toda la familia de las labiadas, y también velloso. La planta levanta entre medio metro y un metro largo en buenas condiciones, y se extiende por rizomas someros que corren a pocos centímetros de la superficie y rebrotan de cualquier fragmento.
La floración llega en pleno verano, entre junio y septiembre, en espigas terminales apretadas y algo cónicas, de flores diminutas blancas o rosa pálido. En una ribera de agosto, cuando ya no queda casi nada en flor, un mastranzo florido es una nube de abejas silvestres, sírfidos y avispas parásitas. Es, sin exagerar, una de las plantas más útiles del verano para los polinizadores de la ribera.
Espiga terminal densa en pleno verano. Las hojas de alrededor muestran bien el vello del envés.
Las otras mentas con las que se cruza y se confunde
Las mentas hibridan entre ellas con una facilidad extraordinaria, y eso complica la identificación en el campo más que en cualquier otro género aromático. El híbrido que más aparece junto al mastranzo es Mentha × rotundifolia, cruce natural con Mentha longifolia, que también tiene la hoja redondeada y velluda. Distinguirlos con seguridad es tarea de botánico y, para todo lo demás, no cambia nada.
Las otras mentas silvestres de nuestras riberas se separan mejor. Mentha longifolia, la menta de burro, tiene la hoja claramente alargada y tomentosa. Mentha aquatica, la menta de agua, agrupa sus flores en una cabezuela terminal casi esférica, no en espiga cónica, y vive con los pies dentro del agua. Y el poleo (Mentha pulegium) es mucho más bajo, de hoja pequeña y con las flores en verticilos separados a lo largo del tallo, como pisos.
Ese último importa porque comparte nombres populares con el mastranzo en varias comarcas, incluido "matapulgas". No son la misma planta y no tienen el mismo perfil químico, como se explica más abajo.
Y hay un salto mayor: fuera de España, en Venezuela, Colombia y parte del Caribe, "mastranto" designa a otras labiadas silvestres que nada tienen que ver con Mentha. Si lees una receta o un artículo americano que hable de mastranto, lo prudente es asumir que habla de otra planta.
La hierba que se echaba al suelo de las casas
Hay un uso histórico del mastranzo que hoy sorprende y que explica su presencia constante alrededor de los pueblos: se esparcía por el suelo. Entre la Edad Media y el siglo XVIII era práctica corriente en Europa cubrir el suelo de tierra o de losa de casas, tabernas e iglesias con una capa de juncos y hierbas aromáticas que se renovaba cada cierto tiempo. Las mentas estaban entre las favoritas, porque al pisarlas soltaban aroma y, según se creía, ahuyentaban pulgas y otros insectos.
De ahí vienen nombres como "matapulgas", aplicado tanto a esta especie como al poleo. Y de ahí viene también que el mastranzo se encuentre con tanta frecuencia en las inmediaciones de núcleos habitados antiguos, lavaderos, abrevaderos y muros de huerta: es una planta que ha acompañado a la gente.
El otro uso tradicional, más prosaico, es el ganadero: los nombres "hierbabuena de burro" y "menta de caballo" no son cariñosos, señalan que se consideraba menta de segunda, buena para el ganado y no para la mesa. La hoja peluda resulta áspera en crudo, y por eso en cocina rinde mucho mejor cocinada o en infusión que en fresco.
Qué hay que saber antes de tomarla
Aquí conviene ser claro, porque el artículo original de esta ficha prometía propiedades y beneficios. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. El largo uso tradicional del mastranzo es un dato histórico, no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
Dicho eso, sí hay un aviso de composición que merece la pena conocer. Mentha suaveolens presenta quimiotipos muy distintos según la población de origen, y algunos son ricos en pulegona, una cetona que en cantidades altas es hepatotóxica. No hay forma de saber a ojo qué quimiotipo tienes en la cuneta. El poleo, con el que comparte nombres, es netamente rico en pulegona, y su consumo continuado o en cantidad está desaconsejado, con mención expresa al embarazo y la lactancia.
Y una advertencia que vale para todas las mentas: el aceite esencial no es la planta. Está concentrado decenas de veces, su uso interno no es cosa doméstica, y los productos mentolados no deben aplicarse en la cara ni cerca de la nariz de lactantes y niños pequeños por el riesgo de espasmo respiratorio.
En resumen
Mastranzo y mastranto son el mismo nombre para Mentha suaveolens, la menta silvestre de hoja redonda y afelpada de las riberas y cunetas húmedas peninsulares. La palabra viene del latín mentastrum, "la menta basta", con el mismo sufijo despectivo que convierte el olivo en acebuche, y ese juicio de valor se ha mantenido intacto en el castellano, el italiano y el portugués.
Se reconoce por la hoja redonda, rugosa y peluda, que ninguna menta de cocina tiene, y por sus espigas apretadas de flor pálida en pleno verano, que son un imán de polinizadores. Acompañó durante siglos a la gente como hierba de esparcir por el suelo de las casas, de donde le viene el nombre de matapulgas que comparte con el poleo. Y conviene no mezclar ambos: el contenido en pulegona varía mucho entre poblaciones, así que consumo moderado, nada de aceites esenciales por vía interna y precaución en embarazo, lactancia y niños pequeños.