Planta un mastranto en un arriate compartido y a la tercera temporada el arriate es suyo. Los rizomas de Mentha suaveolens corren a diez o quince centímetros de profundidad, cruzan por debajo de las raíces de las fresas, salen al otro lado del seto y rebrotan de cualquier trozo que quede en el suelo al arrancarla. Es la planta aromática más agradecida de cultivar y la más difícil de quitar cuando ya no la quieres, y ambas cosas se explican por lo mismo.
Con eso claro desde el principio, el resto es fácil: aguanta suelos pesados, encharcamientos temporales, heladas fuertes y podas brutales, y da hoja desde marzo hasta las primeras heladas serias.
Cómo reconocer el mastranto
Mentha suaveolens Ehrh. es una labiada (familia Lamiaceae) perenne y rizomatosa que en España se conoce como mastranto, mastranzo, hierbabuena de burro o menta de caballo, según la comarca. Levanta entre 40 y 100 cm, con tallos cuadrados —como todas las mentas— cubiertos de pelo corto.
Lo que la separa a simple vista de la hierbabuena de cocina es la hoja: redondeada u ovalada, sin peciolo o casi, rugosa por el haz y claramente afelpada por el envés, de un verde grisáceo mate. Al tocarla no resbala, engancha. La hierbabuena común (Mentha spicata) tiene la hoja alargada, lampiña y brillante; la menta piperita (Mentha × piperita), lanceolada y con los tallos teñidos de púrpura.
Florece de junio a septiembre en espigas terminales apretadas, densas, de flores diminutas blancas o rosa muy pálido. Son un imán para abejas silvestres, sírfidos y avispas parásitas, y ese es un argumento serio para dejarla florecer aunque la tengas por la hoja.
El olor tiene mucha variación entre poblaciones. Hay matas que huelen a manzana y menta, otras claramente a moho o a establo. Si la vas a usar en cocina, huele la planta concreta antes de comprarla o de sacar el esqueje: el epíteto suaveolens significa "de olor agradable", pero la naturaleza no siempre cumple lo que promete la etiqueta.
El lío de las etiquetas en el vivero
Vas a encontrar la misma planta con tres nombres distintos en tres macetas de la misma estantería. Las mentas hibridan entre ellas con una facilidad extraordinaria y los híbridos se propagan por esqueje, así que circulan clones sin identificar desde hace décadas.
La confusión más habitual es con Mentha × rotundifolia, el híbrido natural entre M. suaveolens y M. longifolia, de hoja también redondeada y velluda. Distinguirlos en maceta es tarea de botánico y, para el cultivo, da igual: se comportan casi idénticos.
La etiqueta "menta piña" corresponde a Mentha suaveolens 'Variegata', con el borde de la hoja irregularmente blanco. Es la misma especie, más lenta, más pequeña y algo menos invasora, pero conviene saber una cosa: tiende a revertir. Cuando aparezcan ramas totalmente verdes hay que cortarlas de raíz, porque crecen más deprisa que las variegadas y en dos años se comen la mata entera.
Aparte queda el poleo (Mentha pulegium), planta distinta, de porte bajo y hoja pequeña, que en muchos sitios se llama también "mastranto" o "matapulgas". Importa no mezclarlos, y en el último apartado explico por qué.
Suelo, luz y agua
En su hábitat natural el mastranto vive en bordes de acequia, vaguadas, cunetas húmedas y márgenes de río de toda la Península. Esa es la pista de cultivo: quiere el pie fresco.
Tolera suelos arcillosos y compactados que ahogarían a un romero, y aguanta encharcamientos de unos días sin inmutarse. También va bien en calizos. Lo que no perdona es la sequía prolongada en pleno sol: la hoja se aja, se llena de manchas y la mata se echa a perder estéticamente, aunque el rizoma sobreviva y rebrote.
Sobre la exposición hay que ajustar por zonas. En el norte y en zonas de montaña, a pleno sol crece más compacta y aromática. De Madrid hacia el sur, y sobre todo en el valle del Guadalquivir y el interior de Levante, plántala a media sombra: unas horas de sol de mañana y sombra de tarde. Al sol pleno de julio en Córdoba necesitará riego casi diario y aun así se quemará por los bordes.
El riego, entonces, es abundante y frecuente en verano —dos o tres veces por semana en suelo, diario en maceta pequeña— y prácticamente nulo de noviembre a marzo. En invierno la parte aérea se seca del todo con las primeras heladas; el rizoma resiste sin problema por debajo de -15 ºC y rebrota en marzo. No la des por muerta en enero ni la arranques: es su ciclo normal.
Cómo plantarla sin arrepentirte
La solución clásica es enterrar la maceta: un contenedor de 30-40 cm de diámetro sin fondo o con fondo, hundido en el suelo dejando el borde cinco centímetros por encima de la superficie. Ese borde asomando no es un detalle decorativo. Sin él, los tallos rastreros pasan por encima, enraízan al otro lado y la contención no sirve de nada.
Aun con la maceta enterrada, revisa el perímetro una vez al año, en otoño, y corta cualquier estolón que haya saltado. Las barreras de plástico fino clavadas de canto fallan a los dos o tres años: el rizoma encuentra la junta.
Si la plantas suelta, hazlo donde no te importe que gane: un rincón bajo un grifo exterior, el pie de un talud, una zona de bordes de camino. Y no la pongas nunca en el mismo bancal que fresas, zanahorias o cualquier hortaliza de raíz, porque para desenredar los rizomas de la cosecha hay que levantarlo todo.
En maceta, mínimo 30 cm de diámetro y sustrato normal de jardín mezclado con compost. Cada dos años se agota: la mata se apelmaza, saca hojas pequeñas y amarillea desde el centro. Se saca el cepellón, se corta un trozo sano de la parte exterior, se tira el corazón viejo y se replanta con tierra nueva.
Poda y renovación de la mata
Para cosechar hoja, corta los tallos a un tercio de su altura justo antes de que abran las flores: es cuando la concentración de aceites esenciales en la hoja es mayor y, además, el corte provoca un rebrote limpio que da una segunda cosecha en agosto.
Si prefieres las flores para los polinizadores, deja florecer y siega toda la mata al ras en octubre o noviembre, cuando ya esté seca. Retira los restos en lugar de dejarlos sobre la mata: el material muerto acumulado en el suelo es donde inverna la roya.
Cada tres o cuatro años conviene renovar la plantación entera en otro sitio. El centro de la mata vieja se lignifica, produce menos, y la carga de hongos del suelo se va acumulando. Es la diferencia entre un mastranto de hoja grande y sana y una mata destartalada llena de puntos naranjas.
Multiplicación
No hay planta más fácil. Tres métodos, por orden de fiabilidad:
División de mata. En marzo o en octubre, se levanta un trozo del borde con raíces y se replanta. Prende prácticamente siempre.
Trozo de rizoma. Un fragmento de rizoma blanco de 8-10 cm con dos o tres nudos, enterrado tumbado a 4 cm de profundidad en tierra húmeda, brota en dos o tres semanas de primavera.
Esqueje en agua. Un tallo de 10 cm sin flor, quitando las hojas de la mitad inferior, en un vaso de agua a la luz pero sin sol directo. Raíces en diez días. Pásalo a tierra cuando midan 2-3 cm, no más largas, porque las raíces de agua son frágiles y se pierden al trasplantar si se dejan crecer.
La semilla no merece la pena: germina irregular y la descendencia sale híbrida y con olores impredecibles.
Roya, escarabajo y otros problemas
El problema serio del mastranto en España tiene nombre: roya de la menta (Puccinia menthae). Aparece como pústulas pulverulentas de color naranja intenso en el envés de las hojas y en los tallos, primero en las hojas bajas, y avanza hacia arriba. Con humedad y calor moderado —mayo, junio, septiembre— se dispara.
Qué hacer: cortar y retirar todo el material afectado, a la basura y no al compost; airear la mata aclarando tallos; regar al pie y nunca por aspersión sobre la hoja; y, si la infección es fuerte, segar al ras y dejar que rebrote limpio. Una mata muy densa, muy abonada con nitrógeno y regada por encima es una plantación de roya.
El escarabajo de la menta (Chrysolina herbacea), verde metálico y de unos 8 mm, agujerea las hojas en primavera. En una mata doméstica se controla a mano por las mañanas, que es cuando está torpe.
Añade oídio en otoño en zonas de niebla, y pulgón en los brotes tiernos de abril, este último sin mayor consecuencia si hay mariquitas cerca.
Usos en cocina y precauciones reales
La hoja del mastranto es peluda y de textura áspera, así que en crudo no funciona igual que la hierbabuena: en una ensalada o en un mojito resulta desagradable al paladar. Donde sí rinde es en infusión, en cocinados y en aromatizados, porque el calor y el líquido extraen el aroma y la textura deja de importar. Va bien con carne de cordero, con legumbre, en caldos y en almíbares para fruta.
Se seca fácil: manojos colgados boca abajo en sombra ventilada, y luego hoja desmenuzada en tarro opaco. Pierde bastante aroma al año.
Y aquí la parte que conviene decir con claridad. El mastranto tiene un largo historial de uso tradicional, pero eso no lo convierte en un remedio y no debe sustituir a un tratamiento médico. Tres avisos concretos:
La composición química varía mucho entre poblaciones. Mentha suaveolens presenta quimiotipos distintos según el origen; algunos son ricos en pulegona, una cetona hepatotóxica en dosis altas. Una infusión ocasional de hoja no es lo mismo que un consumo diario y concentrado, y no hay forma de saber a ojo qué quimiotipo tienes en el arriate.
Confundirlo con el poleo agrava el asunto. El poleo (Mentha pulegium), que comparte nombres populares con el mastranto en varias regiones, es netamente rico en pulegona. Su consumo continuado o en cantidades altas está desaconsejado, y en embarazo y lactancia debe evitarse.
Los aceites esenciales de menta no son la planta. Están concentrados decenas de veces y su uso interno no es cosa doméstica. Los productos mentolados no deben aplicarse en la cara ni cerca de la nariz de lactantes y niños pequeños, por el riesgo de espasmo respiratorio.
Con eso en mente, disfrútala como lo que es en el jardín: una aromática resistente, generosa y excelente para insectos.
En resumen
Mentha suaveolens es una menta perenne y rizomatosa de hoja redonda y afelpada, propia de suelos frescos de toda la Península, resistente al frío y a los suelos pesados. Plántala siempre con contención —maceta enterrada con el borde asomando cinco centímetros— y lejos de las hortalizas de raíz.
Media sombra del centro peninsular hacia el sur, sol directo en el norte; riego frecuente en verano y ninguno en invierno, cuando desaparece del todo y rebrota sola en marzo. Corta a un tercio justo antes de la floración para la mejor hoja, retira los restos secos en otoño y renueva la mata cada tres o cuatro años para escapar de la roya, que es su principal enemigo.
Se multiplica por división, rizoma o esqueje en agua sin ninguna dificultad. En cocina, mejor cocinada o en infusión que en crudo, por la aspereza de la hoja. Y aunque arrastre fama de planta medicinal, su contenido en pulegona varía según la procedencia: consumo moderado, nada de aceites esenciales por vía interna y precaución especial en embarazo, lactancia y niños pequeños.