Un lechuguino es una lechuga pequeña, la planta joven que todavía no se ha trasplantado a su sitio definitivo. Es la lechuga en fase de plántula: unas pocas hojas alrededor de un cuello diminuto, con la roseta aún sin cerrar, tal como sale del semillero y tal como se vende en bandejas de alvéolos en los viveros. La especie es la de siempre, Lactuca sativa, de la familia de las compuestas (Asteraceae), y la fase es común a todas las variedades: romana, batavia, hoja de roble, iceberg o maravilla pasan todas por ella.
La palabra tiene además un segundo sentido, y mucha gente llega aquí buscando justo ese: en español, un lechuguino es también un joven muy arreglado, presumido y pendiente de la moda. Las dos acepciones están recogidas en el diccionario académico y las dos salen de la misma palabra, lechuga. Al final del artículo está la explicación de cómo se llega de una cosa a la otra. Como esto es un sitio de plantas, empezamos por la planta.

Una lechuga en fase de lechuguino, con las primeras hojas verdaderas y la roseta sin cerrar.
Qué es exactamente un lechuguino
La lechuga se siembra con una semilla minúscula, alargada y ligera. De ella salen primero dos cotiledones, dos hojitas redondeadas que no se parecen a una hoja de lechuga, y después las hojas verdaderas, que ya sí tienen la forma y el color de la variedad. Ese estado intermedio, con dos a seis hojas verdaderas y una raíz todavía corta, es el lechuguino.
Es una fase corta y bastante frágil. La planta tiene muy poca reserva, el sistema radicular no llega lejos y cualquier descuido se paga: un día de sol fuerte sin agua se lleva la bandeja entera, y un exceso de humedad con poca ventilación provoca que el tallito se estrangule a ras de sustrato y la plántula caiga. Esto último es lo que en el huerto se llama caída de plántulas o mal del cuello, lo causan hongos del suelo y se previene con sustrato limpio, siembra poco densa y riego contenido, no con tratamientos.
El nombre se usa también en plural y en colectivo, para el conjunto de esas lechugas pequeñas todavía sin plantar. En una conversación de huerto, "voy a por lechuguinos" significa ir a comprar plantel, y no tiene nada que ver con comprar lechugas para comer.
Cuándo está listo para trasplantar
El punto de trasplante no se mide en días, se mira. El lechuguino está listo cuando tiene cuatro o cinco hojas verdaderas bien formadas y cuando, al sacarlo del alvéolo, el cepellón se mantiene entero porque las raíces ya lo sujetan. Si el sustrato se desmorona, es pronto. Si las raíces salen en espiral por el fondo del alvéolo y la planta empieza a estirarse buscando luz, es tarde.
Un lechuguino que se pasa de tiempo en la bandeja se ahíla: alarga el cuello, se queda pálido y llega al bancal debilitado. Ese retraso no se recupera, y muchas veces la planta acaba subiéndose a flor antes de formar un cogollo decente. Entre el semillero y el bancal conviene un par de días de aclimatación al aire libre, a media sombra, sobre todo si el plantel venía de invernadero.
Cómo se planta para que no se pudra el cuello
Este es el error clásico y es fácil de evitar. La lechuga se planta con el cuello por encima del nivel del suelo, es decir, dejando la corona donde arrancan las hojas ligeramente elevada y sin enterrar. Si lo hundes, el agua de riego se acumula ahí y la planta se pudre por la base justo cuando empieza a crecer.
El resto es sencillo. Marco de plantación de unos 20 a 30 centímetros entre plantas según la variedad, porque una romana necesita bastante más sitio que una hoja de roble para recoger. Suelo mullido y con materia orgánica, que la lechuga tiene raíz superficial y agradece que no se compacte. Riego de asiento generoso justo después de plantar, para que el cepellón haga contacto con la tierra, y después riegos frecuentes y no muy abundantes. Si plantas con calor, hazlo a última hora de la tarde y da algo de sombra los primeros días.
Si vas a sembrar tú el semillero, ten en cuenta dos cosas de la semilla de lechuga: se cubre apenas, con una capa fina de sustrato, porque germina mejor con algo de luz, y no le gusta el calor fuerte. En pleno verano una buena parte de las semillas simplemente no germina, y por eso las siembras de agosto se hacen mejor en un sitio fresco y a la sombra. El detalle de las bandejas y el sustrato lo tienes en los semilleros y en cómo hacer buenos semilleros para el huerto.
Por qué un lechuguino se sube y amarga

Lechuga subida a flor: el tallo se alarga y aparecen los capítulos amarillos, típicos de las compuestas.
La lechuga es un cultivo de tiempo fresco. Mientras las temperaturas son suaves y los días cortos, mantiene el tallo corto y va acumulando hojas en roseta, que es lo que comemos. Cuando llega el calor y el día se alarga, el tallo se estira de golpe, la roseta se abre y aparece una inflorescencia ramificada con capítulos amarillos pequeños, muy parecidos a los de un diente de león. Eso es subirse, espigarse o irse a flor.
A partir de ese momento la hoja cambia: se vuelve más basta y notablemente amarga. La lechuga, como muchas compuestas, tiene un látex blanco en tallos y nervios que se hace más abundante y más amargo con la floración. Si cortas un tallo de una lechuga subida verás salir ese jugo lechoso enseguida. No es que la planta se estropee, es que ha cambiado de trabajo: ha dejado de fabricar hojas para fabricar semillas.
Traducido a decisiones prácticas: el lechuguino se planta pronto en primavera y otra vez a finales de verano, se elige variedad resistente a la subida para los meses cálidos, y se recolecta sin esperar demasiado. Las variedades y los grupos de lechuga están en tipos de lechuga, y el proceso completo de plantación en cómo plantar lechugas.
Lechuguino comprado o sembrado en casa
Comprar plantel en bandeja tiene ventajas evidentes: te ahorras la parte delicada, plantas el mismo día y sabes lo que vas a recoger. Al elegir la bandeja, mira el cuello (grueso y corto, no estirado), el color (verde firme, sin tonos amarillentos) y el fondo del alvéolo (raíces blancas asomando, no una maraña marrón dando vueltas).
Sembrar tú los lechuguinos sale mucho más barato y te abre el catálogo entero de variedades, que en bandeja se reduce a tres o cuatro. También te permite escalonar: sembrar unos pocos alvéolos cada dos o tres semanas en lugar de plantar veinte lechugas que estarán listas el mismo día. Para quien cultiva en balcón, la opción de sembrar directamente en la jardinera y aclarar después también funciona, y está contada en lechuga en maceta.
Sobre la recolección, hay dos maneras: arrancar la mata entera o ir cortando hojas exteriores y dejar que la planta siga. La segunda alarga mucho la cosecha en variedades de hoja suelta. Lo tienes desarrollado en cómo se recolecta la lechuga, y la práctica de atar los cogollos en cuándo y por qué atar lechugas.
Lo que aquí no vas a encontrar
El texto que ocupaba antes esta página prometía propiedades y beneficios de la lechuga para la salud. No se recogen aquí. En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión tras evaluación científica, no un artículo de internet.
Lo que sí se puede decir de una lechuga es lo que es: una hortaliza de hoja con muchísima agua y muy poca materia seca, que es exactamente la razón de que se marchite en horas si la dejas fuera de la nevera y de que haya que recogerla a primera hora de la mañana, cuando la hoja está turgente.
El otro lechuguino, el presumido
El diccionario académico recoge, junto a la lechuga pequeña, el uso coloquial de lechuguino para el muchacho que se compone mucho y sigue rigurosamente la moda, y también para el jovencito que se mete a galantear. Es una palabra que suena antigua porque su momento de esplendor fue el siglo XIX, en la literatura costumbrista española, donde el lechuguino es un tipo social reconocible: joven, atildado, más pendiente del corte de la levita que de cualquier otra cosa.
La imagen detrás del insulto es transparente cuando has visto un semillero. Un lechuguino es una lechuga tierna, verde, lustrosa y sin hacer del todo. Aplicado a una persona, junta las dos ideas de golpe: la lozanía aparente y la falta de sustancia. Sigue siendo el mismo sentido que tiene llamar a alguien verde o tierno, solo que con una hortaliza concreta detrás.

El destino del lechuguino, unas semanas después: la mata hecha y cortada por el cuello.
En resumen
Lechuguino es la lechuga joven antes del trasplante, y por extensión el conjunto del plantel. Se reconoce por tener ya cuatro o cinco hojas verdaderas y un cepellón que aguanta entero, se planta con el cuello por encima del suelo para que no se pudra, y se lleva mejor con el fresco que con el calor, porque en cuanto aprietan las temperaturas y se alargan los días se sube a flor y la hoja amarga.
Y sí, la misma palabra sirve en español para el joven presumido, por la comparación con esa lechuga tierna y lustrosa que todavía no ha cuajado. Las dos acepciones son correctas, conviven desde hace más de un siglo y explican por qué "lechuguino" aparece tanto en un catálogo de semillas como en una novela del XIX.