El galán de noche, Cestrum nocturnum, es un arbusto de flores diminutas y verdosas que durante el día pasa completamente desapercibido y al anochecer llena de perfume una terraza entera. Antes de nada, lo que hay que saber para tenerlo en casa: es una solanácea, la misma familia que la patata, el tomate y la belladona, y tanto sus hojas como sus frutos son tóxicos por ingestión, para personas y para animales. Los frutos son bayas blancas que aparecen después de la floración, están a la altura de la mano de un niño y tienen aspecto de algo que se puede comer.
Con niños o perros en el jardín, la medida sensata es quitar las bayas según se formen, y ante cualquier ingestión acudir al médico o al veterinario, o llamar al Instituto Nacional de Toxicología. Dicho esto, el resto de este artículo va de lo que hace único a este arbusto y de lo que casi nadie explica: por qué huele solo de noche, para quién huele, y qué hay de verdad en lo de no ponerlo junto a la ventana del dormitorio.

La flor del galán de noche: un tubo estrecho y largo que se abre en cinco puntas. Todo el néctar está en el fondo de ese tubo.
Por qué huele solo de noche
No es que el olor se note más de noche porque haya menos ruido de fondo o porque el aire esté más quieto. Es que la planta emite el perfume por la noche y deja de emitirlo por el día. La producción de los compuestos volátiles que forman ese olor sigue un ritmo diario propio de la planta, que arranca al caer la tarde, alcanza su máximo en plena noche y se apaga de madrugada. A la vez, los tubos de las flores se abren al anochecer y quedan entreabiertos hasta el amanecer.
Emitir perfume cuesta energía y materia prima, así que a una planta no le interesa hacerlo cuando no hay nadie que lo aproveche. Ese es todo el misterio: el galán de noche gasta su perfume en el turno en que pasan sus clientes.
A quién va dirigido ese olor
Los clientes son polillas nocturnas. La flor del galán de noche tiene exactamente la forma que corresponde a ese trato, y se puede leer como se lee una etiqueta:
- Es pálida, entre blanca y verdosa. El color no sirve de nada a oscuras, así que la planta no invierte en pigmentos vistosos. El blanco, en cambio, es lo poco que se distingue con luz de luna.
- Es un tubo largo y estrecho. El néctar queda al fondo, donde solo llega una lengua larga y enrollable, la de las polillas. Una abeja no tiene nada que hacer ahí.
- Abre de noche y huele de noche. El olor es el reclamo a distancia, el que hace que un insecto localice el arbusto desde lejos sin verlo.
- Va en ramilletes de muchas flores pequeñas. Un visitante nocturno hace varias flores seguidas en la misma parada, lo que compensa que cada flor dé poco.
Este conjunto de rasgos (flor pálida, tubular, nocturna y muy olorosa) se repite en plantas que no tienen ningún parentesco entre sí, precisamente porque todas se dirigen al mismo tipo de polinizador. Es la razón de que tantas plantas de perfume nocturno se parezcan tan poco entre sí y a la vez compartan el mismo aire.
Por qué unas noches huele muchísimo y otras casi nada
Es la queja más frecuente de quien lo tiene plantado, y no significa que la planta esté mal. Influyen varias cosas a la vez:
- La temperatura de la noche. Los compuestos volátiles se evaporan mejor con calor. Una noche fresca de principios de temporada huele mucho menos que una noche templada de agosto, aunque haya las mismas flores.
- La humedad y el viento. Con aire quieto y húmedo el olor se acumula y se queda en la zona; con brisa se lleva a otra parte.
- El momento de la noche. Si sales a las once y no huele nada, prueba a la una.
- La tanda de floración. El galán de noche florece a golpes durante el verano, con picos y con semanas de descanso entre ellos.

Una rama en plena tanda de floración. Cada ramillete concentra decenas de flores pequeñas, y así se reparte el trabajo del perfume.
El bulo del oxígeno
Hay una idea muy extendida de que no conviene dormir con un galán de noche cerca porque «consume el oxígeno de la habitación». Conviene desmontarla, porque es falsa y porque además tapa el motivo real.
Es cierto que de noche una planta no fotosintetiza y sí respira, es decir, consume oxígeno y suelta dióxido de carbono. Pero la cantidad que mueve un arbusto de terraza es insignificante comparada con la de las personas que duermen en la habitación, y en el exterior o con una ventana entornada esa contabilidad no tiene ningún sentido. Una planta no compite contigo por el aire.
Lo que sí ocurre es más sencillo: el perfume es muy intenso, y a bastante gente le resulta agobiante a corta distancia, con sensación de aire cargado, dolor de cabeza o náusea al despertarse. No es una intoxicación, es la reacción normal a un olor muy fuerte y muy persistente en un espacio cerrado, igual que ocurre con un ambientador excesivo o con un ramo de nardos en la mesilla.
Entonces, ¿dónde se pone?
La regla práctica es ponerlo donde se disfrute el olor pero no se duerma con él. Junto a una zona de estar exterior, al lado de una puerta de terraza, en el camino de entrada o contra un muro que haga de respaldo, a unos metros de la casa. Lo que conviene evitar es plantarlo pegado a la ventana del dormitorio, sobre todo en un patio de luces o en un espacio cerrado donde el aire no circula, porque ahí el olor se acumula toda la noche y no tienes forma de bajarle el volumen.
Si el único sitio disponible es ese, siempre queda la maceta, que permite moverlo en la temporada de floración. Los detalles de cultivo (suelo, riego, poda para que florezca más y rusticidad) están en la ficha de la planta galán de noche.
Con qué se confunde el nombre
«Galán de noche» y «dama de noche» son nombres que se reparten entre varias plantas sin parentesco, unidas solo por oler de noche. Además del Cestrum nocturnum, se llaman así el cactus epífito Epiphyllum oxypetalum, que abre una única flor blanca enorme durante una sola noche, y algunas enredaderas de flor blanca nocturna. Si alguien te ofrece un esqueje de «dama de noche», mira primero qué planta es, porque los cuidados no se parecen en nada y la toxicidad tampoco.
Sobre las propiedades que se le atribuyen
En la red hay páginas que le cuelgan al galán de noche efectos sobre el sueño, los nervios o las vías respiratorias, a veces con recetas de infusión. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. En este caso concreto la advertencia es doble, porque se trata de una solanácea tóxica: con sus hojas y sus frutos no se prepara nada, ni en infusión ni de ninguna otra forma.
Hay usos tradicionales documentados en las regiones donde crece de forma silvestre, sobre todo con la flor como perfume y como repelente de insectos en el ambiente. Eso es tradición, se cuenta como tradición y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
En resumen
El galán de noche huele solo de noche porque la emisión del perfume forma parte de su ritmo diario y va dirigida a las polillas nocturnas, los únicos polinizadores que pueden llegar al néctar del fondo de ese tubo estrecho. La flor pálida, tubular y sin apenas color es la otra mitad del mismo trato: de noche el color no sirve y el olor lo hace todo. Que unas noches huela más que otras depende sobre todo de la temperatura, de la humedad y del momento de la noche en que salgas.
Lo de que consume el oxígeno del dormitorio es falso, pero el consejo de no plantarlo pegado a la ventana sigue siendo bueno por otro motivo: el perfume es tan intenso que a mucha gente le resulta agobiante a corta distancia en un espacio cerrado. Y por encima de todo eso está lo primero: es una solanácea, sus hojas y sus bayas blancas son tóxicas por ingestión para personas y animales, así que conviene retirar los frutos si hay niños o perros, y ante una ingestión, al médico, al veterinario o al Instituto Nacional de Toxicología.