Antes de decidir dónde va: el galán de noche es una solanácea y toda la planta es tóxica, incluidas las bayas blancas que salen después de la floración. No es motivo para descartarla, pero sí condiciona el emplazamiento si hay niños pequeños, perros o gallinas sueltas por el jardín.
Dicho eso, pocas plantas dan tanto por tan poco. Cestrum nocturnum es un arbusto de crecimiento rápido, de floración larga, que se multiplica con un esqueje en un vaso de agua y que a partir del atardecer perfuma un patio entero desde una maceta de treinta centímetros.
De dónde viene y cómo es
Originario de las Antillas y de América Central, Cestrum nocturnum pertenece a la familia Solanaceae, la misma del tomate, la patata y el estramonio. Es un arbusto de porte laxo, con ramas largas y arqueadas que en un buen emplazamiento alcanzan los 3 o 4 metros. No tiene un tronco definido: emite varas desde la base y tiende a desmadejarse si no se le da forma.
Las hojas son alternas, enteras, de color verde brillante, ovado-lanceoladas y de 6 a 12 cm. Las flores salen en racimos densos en los extremos de los brotes; son tubulares, estrechas, de un verde crema apagado, y visualmente pasan desapercibidas. La gracia está en que solo abren y perfuman de noche, un patrón que se explica por sus polinizadores naturales, polillas nocturnas. Al amanecer se cierran y el olor desaparece casi por completo.
Florece desde finales de primavera hasta el otoño, en tandas sucesivas: la planta abre un racimo, descansa dos o tres semanas y vuelve a abrir. En la costa mediterránea y en Canarias es normal ver flor de junio a noviembre. Después de cada tanda aparecen bayas blancas, del tamaño de un guisante pequeño.
Cuidado con el nombre
El mismo apodo circula por varias plantas que no tienen nada que ver entre sí, y comprar la equivocada es fácil. Estas son las que se cruzan más a menudo:
Cestrum nocturnum es el galán de noche o jazmín de noche propiamente dicho: arbusto leñoso, hoja perenne, flor tubular verdosa. Cestrum diurnum, el galán de día, es su gemelo de flor blanca que huele de día y frutos negros. Mirabilis jalapa, el dondiego de noche, es una herbácea de raíz tuberosa con flores acampanadas rosas, blancas o amarillas: si la etiqueta dice "huele de noche" y las flores son grandes y de colores, es esta. Y Epiphyllum oxypetalum, la reina o dama de la noche, es un cactus epifito de tallos aplanados cuya flor enorme se abre una sola noche al año.
La diferencia práctica: quien busca perfume nocturno continuo durante meses quiere el Cestrum. Quien se lleva a casa el Epiphyllum pensando lo mismo tendrá una planta preciosa y una única noche de espectáculo.
Dónde plantarlo
Sol directo o media sombra luminosa. A pleno sol florece más y hace la mata más compacta; en sombra densa crece hacia la luz, se ahíla y da racimos escasos. En el interior peninsular, con veranos duros, agradece unas horas de sombra a mediodía en julio y agosto.
La ubicación se decide también por el olfato. El perfume es muy intenso y no se puede regular. Al aire libre resulta agradable; en un patio cerrado, un balcón pequeño o junto a la ventana del dormitorio se vuelve pesado y hay personas —especialmente con asma o con migrañas— a las que les provoca dolor de cabeza o irritación respiratoria pasando la noche con esa concentración. Colócalo a cierta distancia de las ventanas que se dejan abiertas por la noche, y nunca dentro de casa cuando esté en flor.
Tercer criterio: el frío. Es una planta subtropical. Por debajo de unos -2 ºC la parte aérea se quema. Si la helada es puntual y el cepellón no se congela, rebrota desde la base en primavera y con la poda adecuada vuelve a florecer ese mismo verano. Heladas repetidas o suelo helado la matan. Traducido a mapa: en la costa mediterránea, el sur y Canarias vive en el suelo sin problema; en la meseta y el norte interior conviene tenerlo en maceta y meterlo en un porche o un invernadero frío durante el invierno.
Sustrato y riego
No es exigente con el tipo de suelo mientras drene. Una mezcla de sustrato universal con un 20-30 % de perlita o arena gruesa va bien en maceta; en tierra, basta con mejorar el hoyo con compost si el suelo es muy compacto.
Sí tiene una debilidad clara: la clorosis férrica en suelo calizo o con agua dura. Se reconoce porque las hojas nuevas amarillean dejando los nervios verdes, mientras las viejas siguen bien. Se corrige con quelato de hierro (mejor el estable a pH alto, tipo EDDHA) y, en maceta, evitando el riego continuado con agua muy calcárea. El agua de lluvia recogida resuelve el problema de raíz.
En riego pide regularidad en verano: sustrato que no llegue a secarse del todo pero tampoco encharcado. Un ejemplar en maceta al sol en agosto puede necesitar riego diario. En invierno, con la planta parada, se espacia mucho; regar como en verano durante los meses fríos es lo que pudre las raíces y hace que la planta aparezca muerta en marzo sin haber sufrido ninguna helada.
Abonado
Florece en los brotes del año, así que el abonado influye directamente en la floración. Desde marzo hasta septiembre, un fertilizante líquido para plantas de flor —relativamente rico en potasio y fósforo— cada 15 días en el riego, o un abono de liberación lenta al inicio de la temporada. En otoño e invierno se suspende.
Un exceso de nitrógeno da hojas grandes, brotes blandos y pocos racimos, además de atraer al pulgón. Si tu galán está exuberante y verde pero no florece, revisa el abono antes que ninguna otra cosa.
Poda: aquí se decide la floración del verano
Pocos arbustos agradecen tanto la tijera. Al florecer en madera del año, cada rama nueva que emita es una rama con posibilidades de flor, y podar fuerte multiplica esas ramas.
El momento es el final del invierno, entre febrero y marzo, antes de que arranque la brotación. Se acorta la mata a un tercio o la mitad, eliminando ramas viejas, cruzadas y las varas largas que se han quedado desnudas por la base. Una planta descuidada durante años se puede rebajar a 40-50 cm del suelo: rebrota con fuerza y recupera la forma en una temporada.
Durante la floración, retirar los racimos gastados con las bayas ya formadas ahorra energía a la planta y anima la siguiente tanda, además de eliminar el fruto tóxico. Es una tarea de dos minutos que se agradece en agosto.
Lo que no conviene es podarlo a fondo en otoño: los brotes tiernos que emita llegarán al invierno sin madurar y se helarán a la primera.
Multiplicación
Por esqueje, sin discusión. Se toman en primavera o principios de verano, de brotes semileñosos, de 12-15 cm, quitando las hojas inferiores y dejando dos o tres arriba. Con hormona de enraizamiento y sustrato ligero enraízan en tres o cuatro semanas con calor y humedad ambiental; incluso en un vaso de agua sacan raíz, aunque esas raíces son frágiles y hay que pasarlas a tierra pronto.
El acodo aéreo también funciona en ramas gruesas. La semilla, extraída de las bayas maduras, germina pero es lenta y no aporta ninguna ventaja frente al esqueje. Si manipulas los frutos, lávate las manos después.
Plagas y problemas
Cochinilla algodonosa: la más habitual, escondida en las axilas de las hojas y en el envés. Se retira con un algodón con alcohol en ataques leves y con aceite de parafina o jabón potásico si está extendida.
Mosca blanca: nubes de mosquitas al mover la planta, sobre todo en ambiente resguardado y cálido. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico repetido.
Araña roja: aparece con calor seco. Hojas punteadas y con aspecto polvoriento. Aumentar la humedad ambiental y mojar el envés en las horas frescas la frena.
Pulgón: en los brotes tiernos de primavera, favorecido por el exceso de nitrógeno.
No florece: por orden de probabilidad, falta de luz, abono demasiado nitrogenado, o poda hecha en el momento equivocado que ha eliminado los brotes que iban a florecer.
Hojas caídas y ramas secas en primavera: daño por frío. Rasca la corteza con la uña; si debajo hay verde, la rama vive. Espera a mayo antes de dar nada por muerto, corta lo seco y deja que rebrote.
Toxicidad, con detalle
Como buena solanácea, Cestrum nocturnum contiene alcaloides y saponinas esteroídicas en hojas, tallos y frutos. Las bayas blancas maduras son la parte que más problemas ha causado, sencillamente porque parecen comestibles y están al alcance de un niño. La ingestión provoca cuadros digestivos con vómitos y diarrea y, en cantidades mayores, alteraciones nerviosas y cardíacas. En ganado se han descrito intoxicaciones por consumo de hoja.
Consecuencias prácticas: no lo plantes donde juegan niños pequeños ni donde tu perro roa ramas por aburrimiento; retira los racimos con fruto en cuanto se formen; y si alguien ingiere alguna parte de la planta, llama al Servicio de Información Toxicológica (91 562 04 20, 24 horas) o acude a urgencias llevando una rama para identificarla.
Sobre el perfume, hay que separar el hecho del mito. Que un olor muy concentrado en un espacio cerrado desencadene cefalea o molestias respiratorias en personas sensibles es real y bien conocido. Que "el galán de noche envenena el aire" o "consume el oxígeno de la habitación" es falso: ninguna planta doméstica altera de forma apreciable el oxígeno de una casa. El motivo para no meterla en el dormitorio es el olor, no una toxina volátil.
Dónde encaja en el jardín
Su sitio natural es el borde de una zona de estar exterior: una terraza, un porche, el paso hacia la puerta, siempre a unos metros de donde se sienta la gente y no encima. Funciona muy bien como pantalla informal en un lindero soleado, guiado sobre una valla o una pérgola, porque sus varas largas se dejan atar sin resistencia.
En maceta necesita al menos 30-40 cm de diámetro para dar un ejemplar decente, y trasplante cada dos o tres años a finales de invierno, coincidiendo con la poda. Esa combinación —maceta grande, poda fuerte en febrero, invernada resguardada— es la que permite tenerlo en climas donde en pleno suelo no sobreviviría.
En resumen
El galán de noche es un arbusto subtropical de flor discreta y perfume nocturno desmedido, fácil de cultivar en la mitad sur y el litoral mediterráneo, y perfectamente viable en maceta más al norte si se resguarda del invierno. Quiere sol, drenaje, riego regular en verano y muy escaso en invierno, abono quincenal de marzo a septiembre y una poda fuerte a finales de invierno, que es lo que le da la floración del año. Vigila la clorosis si tu agua es dura y la cochinilla si el sitio es resguardado. Y no pierdas de vista que es una solanácea tóxica: elige el emplazamiento contando con los niños y los animales de la casa, y quita las bayas blancas en cuanto aparezcan.