Cheiridopsis es un género de suculentas de hoja de la familia Aizoaceae, subfamilia Ruschioideae, propio del suroeste de Sudáfrica y del sur de Namibia, sobre todo de Namaqualand y del Richtersveld. Son plantas compactas que forman grupos apretados de hojas carnosas, opuestas, alargadas, de sección triangular y superficie aterciopelada, de un característico color verde grisáceo, y que dan flores solitarias parecidas a margaritas, casi siempre amarillas.
Lo determinante para tenerlas vivas es su calendario. Proceden de una región de lluvia invernal, de manera que crecen y florecen en los meses fríos y pasan el verano en reposo, escondidas dentro de una vaina seca. Es exactamente lo contrario de lo que la gente supone de una suculenta, y regarlas en agosto pensando que están en plena temporada es la forma más rápida de perderlas.
Cómo se reconoce
Las hojas van por pares, unidas en la base, con tres caras y quilla en el envés, y su superficie es papilosa, con un tacto entre aterciopelado y áspero. Algunas especies presentan puntos translúcidos repartidos por la hoja, que dejan pasar la luz hacia el tejido interior, y otras muestran puntos blancos en relieve sobre la superficie. Ese detalle es el que separa varias especies muy parecidas entre sí.
Un rasgo distintivo del género es el dimorfismo de los pares de hojas: dentro de la misma planta alternan pares largos y pares cortos, y la relación entre ambos cambia según la especie y la estación. Esa alternancia da a las matas su aspecto de crestas superpuestas.
El tamaño abarca un rango amplio. Hay especies diminutas, de pocos centímetros, y otras que forman grupos amplios de varios decímetros de diámetro con hojas muy gruesas. En todos los casos el porte es bajo y en mata, nunca erguido.
La vaina que da nombre al género
El nombre viene del griego y alude a una manga o vaina, que es exactamente lo que hace la planta para pasar la estación seca. Al llegar el calor, el par de hojas más externo se deshidrata y se convierte en una envoltura papirácea que envuelve por completo al par nuevo, todavía tierno, y lo protege de la insolación y de la desecación durante meses.
Cuando vuelven las lluvias, el par interior rompe la vaina y la planta reanuda el crecimiento. En especies como Cheiridopsis peculiaris el mecanismo llega a un extremo notable: los pares de hojas adoptan dos posiciones distintas, uno extendido y en gran parte libre, y otro fusionado en más de la mitad de su longitud y erguido, siendo este segundo el que entra en la fase de reposo.
No todas las especies siguen el mismo patrón. Cheiridopsis schlechteri, cuyas hojas no forman vaina, simplemente las marchita; y Cheiridopsis pearsonii, de hojas delgadas, necesita agua durante todo el año y se marchita si se la priva. Este es un buen ejemplo de por qué en un género hay que distinguir lo que vale para el conjunto de lo que vale solo para una especie.
Especies
El género reúne varias decenas de especies, muchas de área muy reducida. Las que más se ven en colección son Cheiridopsis denticulata, la más extendida y la más tolerante en cultivo, junto con C. peculiaris, C. purpurea, C. pillansii, de hojas muy gruesas y matas grandes, C. meyeri, entre las menores del género, y C. namaquensis. Otras como C. alata, C. aspera o C. umdausensis son plantas de coleccionista, muy próximas entre sí y difíciles de separar sin datos de procedencia.
La floración
La flor es solitaria, con pedicelo y brácteas, y aparece en invierno. Es amarilla en la mayoría de las especies, blanca en algunas y de un rojo purpúreo en unas pocas, y como en toda la familia lo que parecen pétalos son en realidad estaminodios petaloides, apéndices derivados de los estambres. Abren con el sol y se cierran al atardecer y en días grises, de modo que una mata en flor tiene un aspecto completamente distinto por la mañana y a media tarde.
Cultivo: el calendario invertido
Este es el punto que decide el éxito. Su periodo de actividad va aproximadamente de octubre a abril, y su reposo cubre el verano. En España, el clima mediterráneo del este y el sur reproduce razonablemente bien ese patrón, con la salvedad importante de que aquí el invierno trae frío y humedad a la vez, mientras que en Namaqualand las lluvias invernales van acompañadas de temperaturas suaves.
De ahí se deriva el manejo práctico:
- Otoño y primavera: es su momento. Riego a fondo cuando el sustrato esté completamente seco, dejando que se empape y drene por completo. Es cuando crecen, rompen la vaina y desarrollan el par de hojas nuevo.
- Invierno: siguen activas y florecen, pero el riego se espacia y se hace por la mañana y en días soleados, para que la maceta seque antes de la noche. Si hace frío de verdad, se suspende.
- Verano: reposo. Riego mínimo o nulo, y a lo sumo una pulverización ocasional en las especies de hoja fina. La planta se retrae dentro de su vaina y su aspecto arrugado es normal, no un síntoma de sed.
Sustrato, maceta, luz y frío
Sustrato mayoritariamente mineral: una parte de sustrato para cactus y dos de puzolana, pómice o arena gruesa de sílice lavada, con acabado de gravilla en superficie para que el cuello no toque material húmedo. Maceta de barro sin esmaltar, ancha y poco profunda, que evapora por la pared y perdona un riego de más. Hay más detalle en la guía de mezcla de tierra para suculentas.
Necesitan mucha luz para mantener el porte compacto y florecer. Sol directo en invierno y en las estaciones intermedias, y sombra ligera en las horas centrales del verano en el interior peninsular, donde el sol de julio quema incluso a una planta en reposo.
Toleran frío moderado, y algunas soportan puntualmente temperaturas bajo cero, pero siempre en seco. La combinación letal es frío con sustrato húmedo. En zonas de heladas, la colección pasa el invierno en invernadero frío o porche cubierto, bien ventilado y muy luminoso, y no dentro de casa, donde la calefacción y la penumbra las estiran y arruinan la floración.
Multiplicación
Por semilla, que es la vía habitual y la que da plantas mejor adaptadas. Se siembra en otoño, coincidiendo con el arranque de su temporada, a voleo sobre sustrato mineral fino, sin enterrar porque la semilla es minúscula, cubriendo apenas con arena muy fina y manteniendo humedad constante en recipiente cerrado hasta la nascencia.
También por división de las matas establecidas, separando cabezas con algo de raíz al principio del otoño, dejando secar el corte un par de días antes de plantar y esperando una semana antes del primer riego.
Problemas frecuentes
- Podredumbre del cuello: riego en verano o en frío húmedo. Es la causa de muerte dominante en este género, y no tiene arreglo una vez avanzada.
- Planta estirada y pálida, hojas separadas: falta de luz, muy típico del cultivo en interior.
- Vaina que no se abre: normal si la planta sigue en reposo. Si con el riego de otoño no arranca, suele indicar raíz dañada.
- Cochinilla algodonosa, entre las hojas y en la raíz. Se retira mecánicamente; ante un ataque establecido, cualquier producto debe estar autorizado para uso doméstico y aplicarse a la dosis de la etiqueta del envase.
Origen de las plantas
Las suculentas del suroeste sudafricano y del sur de Namibia sufren desde hace años una presión de recolección furtiva de gran escala, alimentada por el coleccionismo internacional, hasta el punto de que se han incorporado géneros enteros de mesembs a la protección del Convenio CITES por ese motivo. Son plantas de poblaciones pequeñas, de crecimiento lento y muy localizadas, para las que la extracción de unos cientos de ejemplares puede suponer un porcentaje enorme de la especie.
La consecuencia práctica es sencilla: se compran plantas de vivero propagadas por semilla, con origen conocido, y se desconfía de ejemplares adultos de aspecto silvestre y precio llamativo. Además, la planta cultivada desde semilla se adapta mucho mejor a la maceta que una arrancada del campo. Puedes ver otros géneros emparentados en las fichas de Lithops, Acrodon y Carpobrotus.
En resumen
Cheiridopsis agrupa suculentas de hoja de Namaqualand y el sur de Namibia, reconocibles por sus pares de hojas trígonas de superficie aterciopelada, por el dimorfismo entre pares largos y cortos, y sobre todo por la vaina papirácea que forma el par viejo para proteger al nuevo durante la estación seca, mecanismo que da nombre al género. Florecen en invierno, casi siempre en amarillo.
Su cultivo se rige por un calendario invertido: crecen de otoño a primavera y reposan en verano, de modo que se riegan en la estación fresca, por la mañana y con secado completo entre riegos, y se mantienen prácticamente secas en julio y agosto. Sustrato mineral, maceta de barro, mucha luz y frío solo en seco. Y conviene comprar planta de vivero propagada por semilla, porque estas especies sufren una presión de recolección ilegal considerable en su tierra de origen.