Carpobrotus es un género de la familia Aizoaceae con unas veinte o veinticinco especies de suculentas rastreras, la mayoría originarias de Sudáfrica y unas pocas de Australia y de Chile. Forman tapices densos de tallos horizontales con hojas carnosas de sección triangular, y dan flores enormes, de hasta doce o quince centímetros de diámetro, que están entre las mayores de toda la subfamilia Ruschioideae.

En España hay que empezar por lo que de verdad importa: Carpobrotus edulis, la uña de gato o hierba del cuchillo, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. Eso significa que su posesión, transporte, tráfico y comercio están prohibidos con carácter general, así como su introducción en el medio natural. No es una planta que se compre, se plante ni se regale, y quien la tenga en el jardín debe saber que su gestión está regulada.

Cómo es un Carpobrotus

Son hierbas perennes suculentas de crecimiento postrado que se arrastran formando un tapete continuo. Las hojas son opuestas, algo soldadas en la base, con tres caras y un ángulo agudo, de sección triangular que va de isósceles a equilátera según la especie. Su longitud, de varios centímetros, y su grosor las hacen inconfundibles frente a otras tapizantes suculentas.

La flor es solitaria, terminal, con pedicelo, y despliega un número altísimo de apéndices petaloides finos en varias series alrededor de un centro denso de estambres. En Carpobrotus edulis es amarilla y vira a rosado al marchitarse; en otras especies es de un magenta intenso.

El fruto es la clave de su éxito y el rasgo que da nombre al género: carnoso, pulposo e indehiscente, es decir, que no se abre solo. Contiene numerosas semillas brillantes, pardas y ligeramente comprimidas, y se dispersa cuando un animal se lo come. Conejos, ratas y zorros cumplen esa función en el litoral español, lo que explica que aparezcan colonias nuevas lejos del foco original.

Las especies del género

Entre las descritas figuran Carpobrotus acinaciformis, C. aequilaterus, C. chilensis, C. deliciosus, C. dimidiatus, C. edulis, C. glaucescens, C. mellei, C. modestus, C. muirii, C. quadrifidus, C. rossii y C. virescens. La mayoría proceden de la provincia del Cabo; C. glaucescens, C. rossii, C. modestus y C. virescens son australianas.

En el litoral español las que se encuentran son C. edulis, de flor amarilla, y C. acinaciformis, de flor magenta, además de híbridos entre ambas. Esa capacidad de hibridar complica bastante la identificación sobre el terreno y también la gestión, porque los híbridos son fértiles y a menudo más vigorosos que los progenitores.

Cómo llegó a las costas españolas

No llegó sola. Se plantó a propósito, durante décadas, con dos objetivos que en su momento parecían razonables: fijar dunas y taludes y cubrir con poco mantenimiento los desmontes de carreteras y paseos marítimos. Es una planta que cumple ese encargo a la perfección, porque crece rápido, aguanta la sequía, el salitre y el viento marino, y no necesita riego ni abono.

El problema apareció después, cuando quedó claro que no se quedaba donde se la plantaba. Un solo fragmento de tallo arrastrado por el viento, por el agua o por la rueda de un vehículo enraíza y funda una colonia nueva, y los frutos garantizan una dispersión a mayor distancia. Hoy está presente en prácticamente toda la costa mediterránea y atlántica peninsular, en Baleares y en Canarias.

La inclusión de una especie en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, previsto en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y desarrollado por el Real Decreto 630/2013, conlleva una prohibición genérica que afecta a los ejemplares vivos y muertos, a sus restos y a sus propágulos: no se poseen, no se transportan, no se comercian y, sobre todo, no se introducen en el medio natural.

En la práctica, para un particular con un talud cubierto de uña de gato, esto se traduce en tres cosas. No se propaga ni se regala. Los restos de retirada no se llevan al monte ni al compost: cualquier trozo enraíza, y un montón de recortes junto a un camino costero es un foco nuevo garantizado. Y si la parcela linda con un espacio natural protegido, lo lógico es consultar a la administración ambiental autonómica antes de actuar, porque suele haber programas de control en marcha y criterios concretos sobre la retirada.

Qué daño hace

El impacto de Carpobrotus en dunas, acantilados y matorral costero está muy documentado, y va bastante más allá de ocupar espacio:

  • Cobertura total del suelo. El tapiz es continuo y opaco, e impide la germinación y el establecimiento de la flora autóctona de arenales y roquedos, que son comunidades de plantas pequeñas y especializadas.
  • Alteración del suelo. Acumula una capa espesa de materia orgánica propia, modifica el pH y el contenido de sales y nutrientes, y deja el terreno alterado incluso después de retirar la planta.
  • Cambio en la dinámica de la duna. Fija la arena de forma rígida, cuando el funcionamiento natural de un sistema dunar depende de que la arena se mueva.
  • Competencia con especies amenazadas. Buena parte de la flora endémica del litoral ibérico y balear vive precisamente en los hábitats que esta planta ocupa.

Cómo se elimina

La retirada es manual y no tiene misterio, pero sí exige constancia. Se arranca el tapiz completo tirando desde el borde, se levantan todas las raíces y se recoge hasta el último fragmento de tallo, porque cualquier resto sobre el suelo húmedo vuelve a enraizar. El material retirado se seca al sol sobre una superficie donde no pueda arraigar, o se gestiona como residuo vegetal por vía controlada, nunca en compostaje doméstico abierto.

Después hacen falta pasadas de revisión durante al menos dos o tres temporadas, porque el banco de semillas del suelo sigue germinando. Retirar una vez y darlo por hecho es la razón más común de que la mancha vuelva. Hay más criterios generales en la guía sobre eliminar plantas invasoras.

Una advertencia sobre el terreno: tras retirar un tapiz grande en una duna queda arena desnuda y suelta, y si no se replanta enseguida con especies propias del lugar, la erosión puede causar un problema distinto. La retirada y la restauración van juntas.

Qué plantar en su lugar

Para cubrir un talud costero o un jardín de bajo riego cerca del mar hay alternativas autóctonas o adaptadas que hacen el mismo trabajo sin el mismo riesgo:

  • Barrón (Ammophila arenaria) y grama marina para fijación de arena en sistemas dunares, que es su papel natural.
  • Cuernecillo de mar (Lotus creticus) y mielga marina (Medicago marina), tapizantes de arenal con floración amarilla.
  • Siempreviva (Helichrysum stoechas) y saladillas (Limonium) en suelos secos y salinos.
  • Hinojo marino (Crithmum maritimum) en roquedo y acantilado.
  • Para jardín seco no litoral, matas mediterráneas como romero rastrero, Teucrium fruticans, santolina o tomillos.

Conviene decir también que la Aptenia cordifolia, que suele proponerse como sustituto por su aspecto parecido, es otra Aizoaceae sudafricana con comportamiento invasor documentado en el litoral, así que no resuelve el problema.

Sobre el nombre "edulis"

El epíteto alude a que el fruto carnoso se consume tradicionalmente en su área de origen, en Sudáfrica, donde se prepara en conserva. Es un dato de historia natural, no una sugerencia: en España la especie está catalogada como invasora y su recolección, transporte y manipulación quedan sujetos a la prohibición del Real Decreto 630/2013, de modo que no procede tratarla como planta de recolección silvestre.

En resumen

Carpobrotus es un género de Aizoaceae de hojas trígonas y flores muy grandes, casi todas sudafricanas, que se comporta como tapizante agresiva en litorales de clima mediterráneo. Se extendió por las costas españolas porque se plantó deliberadamente para fijar dunas y taludes, y hoy ocupa arenales, acantilados y matorral costero de casi todo el país, incluidas Baleares y Canarias.

Carpobrotus edulis figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con la prohibición de posesión, transporte, comercio e introducción en el medio natural que ello conlleva. Su eliminación es manual, exige recoger todos los fragmentos, repetir la revisión durante varias temporadas y replantar después con especies propias del lugar, porque dejar la arena desnuda genera un problema nuevo.


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