El género Aloe reúne más de quinientas especies de suculentas de la familia Asphodelaceae, nativas de África continental, Madagascar, la península arábiga y algunas islas del océano Índico. Su forma característica es una roseta de hojas carnosas con dientes en el borde, a ras de suelo o al final de un tallo, y una inflorescencia en racimo sobre un escapo alto con flores tubulares de color rojo, naranja o amarillo.

En España se cultivan sin dificultad en toda la franja mediterránea y en Canarias, donde muchas especies florecen precisamente en invierno, cuando poco más lo hace. En el interior peninsular viven en maceta y se resguardan del frío húmedo. La clave del cultivo es la misma que en el resto de las suculentas: sustrato mineral que seque rápido y riego escaso, sobre todo en los meses fríos.

Cómo es un aloe

Casi todos los aloes forman rosetas, pero el porte varía enormemente. Hay especies enanas de pocos centímetros, especies arbustivas de uno o dos metros como Aloe arborescens, y especies arborescentes de tronco grueso que llegan a ser árboles de varios metros, hoy separadas en un género propio.

La hoja es la pieza definitoria. Suele tener el borde armado de dientes afilados, en algunas especies también espinas o tubérculos sobre la superficie, y su interior está ocupado por un parénquima acuoso, el gel. Justo bajo la epidermis, en cambio, hay una capa de conductos que produce un exudado amarillo y muy amargo. Son dos sustancias distintas y no conviene confundirlas, como se explica más abajo.

Algunas especies conservan las hojas secas alrededor del tallo en lugar de desprenderlas. No es descuido: esa envoltura funciona como aislante frente al calor de los incendios de sabana, frecuentes en su hábitat.

Aloe y agave no son lo mismo

Se confunden constantemente porque ambos hacen rosetas de hojas dentadas, y sin embargo son plantas sin parentesco cercano. El aloe es africano, tiene la hoja blanda y llena de gel, y florece muchas veces a lo largo de su vida. El agave es americano, tiene la hoja fibrosa y dura y una espina terminal punzante, y su roseta muere después de florecer una única vez. Si al cortar una hoja aparece un tejido gelatinoso, es un aloe.

La reorganización reciente del género

Los estudios de filogenia molecular de los últimos años han desmontado el Aloe tradicional, que resultó no ser un grupo natural. Varias especies muy conocidas han pasado a géneros propios, y merece la pena conocer las equivalencias porque los viveros y la bibliografía antigua siguen usando los nombres viejos:

  • Aloidendron, para los aloes arborescentes de gran porte, como el antiguo Aloe dichotoma, el árbol carcaj namibio.
  • Aloiampelos, para los aloes trepadores o de tallos largos y flexibles, como el antiguo Aloe ciliaris.
  • Kumara, para el antiguo Aloe plicatilis, el de las hojas dispuestas en abanico en un plano.
  • Gonialoe, para el antiguo Aloe variegata, el aloe tigre o cola de perdiz de las colecciones.
  • Aristaloe, para el antiguo Aloe aristata.

El Aloe en sentido estricto sigue siendo, aun así, un género enorme, y en él permanecen las especies más cultivadas: Aloe vera, Aloe arborescens, Aloe ferox, Aloe maculata o Aloe striata, entre muchas otras.

Floración

La inflorescencia es un racimo denso, simple o ramificado, sobre un escapo que se eleva bastante por encima de la roseta. Las flores son tubulares y colgantes, de rojo a amarillo pasando por el naranja, y en su hábitat las polinizan aves nectarívoras, que se posan en el escapo rígido para alcanzarlas. En un jardín español atraen abejas y, con frecuencia, pájaros.

Lo interesante para el jardinero es el calendario: buena parte de las especies cultivadas florecen en pleno invierno o a final de invierno en clima mediterráneo. Un grupo de Aloe arborescens en flor en enero, en una terraza de la costa, resuelve la estación más pobre del jardín sin ningún cuidado especial.

Cultivo en España

Sol directo o sombra ligera. A pleno sol las hojas adquieren tonos rojizos o bronceados, que es una respuesta normal de estrés luminoso y no un síntoma de enfermedad. En sombra crecen más verdes y blandos, se estiran y florecen mal.

El suelo debe drenar bien. En jardín, la posición ideal es un talud, un montículo o un arriate elevado, para que el agua nunca se detenga en el cuello de la planta. En maceta, sustrato para cactus aligerado con arena gruesa, puzolana o pómice, en recipiente ancho y con acabado de gravilla en superficie.

Sobre el frío, la mayoría tolera heladas ligeras y muy pocas resisten un invierno continental. Aloe vera y Aloe arborescens viven a la intemperie en el litoral mediterráneo, Baleares, Canarias y el valle del Guadalquivir; en Castilla, Aragón o el norte pasan el invierno en maceta bajo cubierto. Lo determinante otra vez no es la temperatura sino la humedad: una planta seca aguanta un frío que la mataría estando mojada.

Riego

Riego a fondo y espaciado, dejando secar el sustrato por completo entre uno y otro. En verano puede tocar cada diez o quince días en maceta al sol; en invierno, prácticamente nada.

Merece la pena insistir porque es el error que más aloes mata: lo peligroso no es olvidarse de regar, es regar en invierno con un sustrato que retiene agua. Con temperaturas bajas la planta no absorbe, el sustrato se queda húmedo durante días y la raíz y el cuello se pudren. Un aloe puede pasar meses sin agua consumiendo la reserva de sus hojas; no puede pasar dos semanas con el cuello encharcado.

La hoja indica el estado: firme y llena significa que hay reserva; algo arrugada y flexible significa que ya se puede regar; blanda, translúcida y amarillenta desde la base significa exceso de agua.

Multiplicación

La vía más sencilla son los hijuelos que muchas especies producen alrededor de la roseta madre. Se separan con algo de raíz, preferiblemente en primavera, se deja secar el corte dos o tres días a la sombra y se plantan en sustrato mineral sin regar durante la primera semana.

Las especies de tallo, como Aloe arborescens, se multiplican por esqueje de rama, con el mismo procedimiento de cicatrizado previo. La semilla es la vía para las especies que no ramifican y para obtener variabilidad, sembrando en primavera sobre sustrato mineral fino y con humedad constante hasta la nascencia.

Gel y látex: dos cosas distintas

Dentro de una hoja de aloe hay dos productos que no deben mezclarse. El gel es el tejido acuoso e incoloro del interior, el que se emplea desde hace siglos en cosmética y en preparados de uso tópico. El látex o acíbar es el exudado amarillo que sale por el corte de la hoja, situado justo bajo la piel, rico en compuestos antraquinónicos y de sabor intensamente amargo; en la planta cumple una función defensiva frente a los animales que la mordisquean.

Ese látex es irritante y de efecto purgante fuerte, y es la parte responsable de la toxicidad del aloe por ingestión en perros y gatos, que a veces mordisquean las hojas. Si hay animales en casa, la maceta va fuera de su alcance. Ante una ingestión, la consulta es al veterinario, y en el caso de una persona, al médico. Este artículo no entra en usos medicinales ni recomienda preparados: se limita a explicar la planta.

CITES y recolección en el medio natural

Todas las especies del género Aloe están incluidas en el Convenio CITES, en el Apéndice II con carácter general y un grupo reducido de especies en el Apéndice I, que es el nivel más restrictivo. Aloe vera está expresamente excluida de esa protección por su condición de planta cultivada a escala mundial.

En términos prácticos, eso significa que el comercio internacional de aloes está regulado, que las plantas legales llevan documentación de origen y que no se recolectan ejemplares del medio natural. La planta de vivero, propagada por hijuelo o por semilla, es la única vía correcta y además la que mejor se adapta a la maceta. Ocurre lo mismo con toda la familia Cactaceae, incluida al completo en el Apéndice II.

Plagas y problemas

  • Cochinilla algodonosa entre las hojas y en la base de la roseta, y cochinilla de raíz, que se detecta al trasplantar. Se retiran mecánicamente en cuanto se ven.
  • Ácaro del aloe (Aceria), que provoca crecimientos deformes y verrugosos en hojas y flores, conocidos popularmente como cáncer del aloe. No tiene solución sencilla: se corta y se destruye la parte afectada, y se aísla la planta del resto de la colección.
  • Podredumbre de cuello, la causa de muerte más habitual, siempre asociada al exceso de agua.
  • Hojas pálidas y estiradas: falta de luz.

Si se llega a plantear un tratamiento, el producto tiene que estar autorizado para jardinería exterior doméstica y la dosis es la de la etiqueta del envase; los productos vigentes se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El marco general es el Real Decreto 1311/2012, que sitúa la prevención y los medios físicos por delante del tratamiento químico.

En resumen

Aloe es un género africano de la familia Asphodelaceae, con más de quinientas especies de roseta suculenta y flores tubulares en racimo, muchas de ellas de floración invernal en clima mediterráneo. La revisión reciente ha desgajado varios géneros nuevos (Aloidendron, Aloiampelos, Kumara, Gonialoe, Aristaloe), lo que explica los cambios de nombre en viveros y libros.

Se cultiva a pleno sol, en sustrato mineral y con riego a fondo pero muy espaciado; lo que mata a estas plantas es el riego de invierno en sustrato que retiene agua, no la sequía. El látex amarillo de la hoja es irritante y tóxico por ingestión para perros y gatos, y no debe confundirse con el gel interior. Y todo el género figura en CITES, con Aloe vera como excepción expresa, de modo que la planta de vivero es la única opción defendible.


Contenidos relacionados