Medio metro de racimo colgando exige medio metro de aire libre debajo, y esa aritmética elemental decide casi todo lo que hay que saber sobre la glicinia japonesa. Wisteria floribunda produce las inflorescencias más largas del género, hasta un metro en algunos cultivares, y solo las luce cuando cuelgan sin tocar nada. Plantada contra una pared desperdicia justo aquello por lo que se compra; sobre una pérgola alta no tiene rival.
La especie
Es originaria de Japón, donde crece de forma natural en Honshu, Shikoku y Kyushu y donde se cultiva con el nombre de fuji desde hace más de un milenio. Ese cultivo prolongado explica que sea, con diferencia, la especie con más cultivares seleccionados del género: los jardineros japoneses llevaron siglos escogiendo por longitud de racimo, por color y por perfume mucho antes de que la planta llegara a Europa hacia 1830.
Botánicamente se distingue de la china por dos rasgos comprobables. El primero, la hoja, que reúne de trece a diecinueve foliolos frente a los nueve o trece de la otra. El segundo, y definitivo, el sentido de giro: el tallo joven de Wisteria floribunda asciende enroscándose en el sentido de las agujas del reloj, al revés que el de todas las demás glicinias cultivadas. El repaso completo de especies está en tipos de wisteria.
Un racimo que se abre de arriba abajo
El racimo cuelga desde su punto de inserción y mide, según el cultivar, de treinta a sesenta centímetros; 'Multijuga' llega con frecuencia a noventa y en ejemplares veteranos, bien alimentados y aclarados, ha superado el metro. Es un racimo estrecho, con las flores más separadas entre sí que en la china, lo que le da un aspecto más ligero y colgante.
Las flores no abren a la vez. Empiezan por el extremo unido a la rama y van abriéndose de forma progresiva hacia la punta, es decir, visualmente de arriba abajo, a lo largo de una o dos semanas. El efecto es el de un racimo que parece alargarse día a día, con la parte superior ya plenamente abierta mientras el extremo inferior sigue siendo una hilera de botones cerrados. Alarga la floración respecto a la china, que abre de golpe, pero renuncia al momento único de plenitud absoluta.
La segunda diferencia es el fondo. La japonesa florece con la hoja ya brotada, de modo que los racimos cuelgan sobre verde tierno en lugar de sobre madera desnuda. Da una imagen más suave y menos gráfica; el planteamiento contrario está descrito en Wisteria sinensis.
Floración tardía y necesidad de frío
Abre de dos a tres semanas después que la china: en España, de finales de abril a mediados de mayo en el centro y el norte, y algo antes en el sur. Esa demora tiene una ventaja práctica evidente en el interior peninsular, donde las heladas de abril se llevan con frecuencia los botones de las glicinias tempranas: la japonesa suele estar todavía cerrada cuando pasa el riesgo.
A cambio impone una condición: necesita acumular frío invernal para diferenciar bien las yemas de flor. En zonas de invierno templado —litoral mediterráneo cálido, sur de Andalucía, Canarias— la floración sale irregular, escasa o directamente ausente en los años suaves, y la planta se limita a crecer en madera y hoja. Es el motivo por el que un mismo cultivar deslumbra en Asturias o en Segovia y decepciona en Alicante.
Su rusticidad es alta, del orden de −25 ºC, así que ninguna zona española le resulta fría de más. En términos geográficos, su terreno es la mitad norte, los sistemas montañosos, la meseta y cualquier lugar con invierno de verdad.
La pérgola alta, que es su sitio
Con racimos de medio metro, la altura libre bajo la estructura deja de ser un detalle estético y pasa a ser un requisito. Con dos metros y medio, una 'Multijuga' en plena forma obliga a agacharse. Lo cómodo son tres metros o tres metros y medio de altura libre, contando desde el suelo hasta la cara inferior del emparrado, para que los racimos cuelguen enteros por encima de la cabeza o justo a la altura de los ojos.
El emparrado japonés tradicional, el fuji-dana, resuelve esto con una plataforma horizontal de listones sobre pilares, pensada para permanecer debajo y mirar hacia arriba. Es el planteamiento que mejor le va y del que se habla en la glicinia como pieza de jardín.
Otros emplazamientos que funcionan: el borde de un balcón o una terraza elevada, dejando que la floración caiga por delante del antepecho; un puente o pasarela sobre agua, aprovechando el reflejo; o un muro rematado por cornisa, conduciendo la planta hasta el coronamiento para que los racimos cuelguen libres desde arriba. Lo que no encaja es el enrejado plano a media altura: ahí el racimo largo queda apoyado en la pared y pierde el sentido, y para eso conviene más una especie de racimo corto. La estructura, en cualquier caso, tiene que estar calculada para el peso y el empuje de una planta que engorda cada año; los criterios generales están en consejos a la hora de colocar enredaderas, y la fuerza mecánica del género y su poda en dos tiempos, en la glicina, una planta trepadora para el jardín.
Cultivares por color y por longitud
'Multijuga', catalogada también como 'Macrobotrys' o 'Naga Noda', es la del racimo máximo: lila azulado, de sesenta centímetros a más de un metro. Es la elección obvia para una pérgola alta y la que más recompensa el buen cultivo, porque la longitud depende mucho del vigor y del riego del año anterior.
'Shiro Noda', vendida como 'Alba' o 'Snow Showers', da racimos blanco puro de cuarenta y cinco a sesenta centímetros y perfume notable. Sobre estructura de madera oscura o piedra es probablemente la combinación más elegante del género.
'Honbeni', que aparece también como 'Rosea' o 'Pink Ice', ofrece flor rosa pálida con la quilla malva, en racimos de unos cuarenta y cinco centímetros. Es el rosa más fiable disponible.
'Royal Purple' aporta el violeta más intenso y saturado, en racimos de treinta a cuarenta y cinco centímetros; contrasta bien con la hoja tierna.
'Black Dragon', también llamada 'Violacea Plena' o 'Yae-kokuryu', es la doble: flores apretadas de color púrpura muy oscuro, casi como pequeñas rosetas, en racimos cortos y gruesos. Rompe la silueta clásica y no es para quien busque el racimo largo, pero es una planta llamativa.
'Kuchi-beni', con los nombres comerciales 'Peaches and Cream' o 'Lipstick', da flor blanca con el borde teñido de rosa, un efecto de dos tonos que se aprecia de cerca.
'Lawrence' es de azul limpio y buena rusticidad, y 'Issai' —que muchos autores sitúan ya en el híbrido Wisteria × formosa— tiene la virtud de florecer muy joven, útil cuando no se quiere esperar.
Cultivo: lo que decide el racimo del año siguiente
Sol directo, seis horas como mínimo. A media sombra crece igual de bien y florece la mitad, con racimos cortos.
Suelo profundo, fértil y con drenaje. Es una planta que hace raíz a fondo y que en terreno somero nunca alcanza el tamaño de racimo que promete la etiqueta.
Agua a final de verano. Las yemas de flor se diferencian en julio y agosto, sobre la madera de ese año; un estrés hídrico en ese momento se paga con menos racimos y más cortos la primavera siguiente. En clima seco, un riego profundo quincenal en esos dos meses es la intervención con mayor efecto sobre la floración.
Sin exceso de nitrógeno. Los abonos ricos en nitrógeno dan brote y hoja a costa de flor, un problema frecuente cuando la glicinia se planta en el borde de un césped que se fertiliza. Mejor un compuesto equilibrado o con predominio de fósforo y potasio, aplicado a la salida del invierno.
Planta injertada o de acodo. Un ejemplar de semilla puede tardar diez o quince años en abrir el primer racimo y no reproduce el cultivar; uno injertado suele empezar al tercer o cuarto año. El punto de injerto se ve en la base del tallo.
Una práctica japonesa que merece copiarse: cuando los racimos empiezan a alargarse, se retiran a mano las hojas que los tapan y se despuntan los brotes tiernos que crecen entre ellos. Cuesta media hora y cambia por completo la lectura de la floración, sobre todo en una especie que florece con la hoja ya salida.
Como en todo el género, las semillas y las vainas son tóxicas por ingestión; conviene recogerlas donde haya niños pequeños o animales.
En resumen
Wisteria floribunda es la glicinia japonesa: tallo que gira a derechas —al contrario que las demás—, hoja de trece a diecinueve foliolos y racimos de treinta a sesenta centímetros, hasta más de un metro en 'Multijuga'. Sus flores abren de forma escalonada desde el punto de inserción hacia la punta, a lo largo de una o dos semanas, y lo hacen con la hoja ya brotada. Florece de dos a tres semanas después que la china, entre finales de abril y mayo, lo que la libra de muchas heladas tardías, pero exige frío invernal y rinde mal en litoral cálido. Su sitio es la pérgola alta, con tres metros o más de altura libre para que el racimo cuelgue entero. Los cultivares cubren toda la gama: 'Multijuga' para longitud, 'Shiro Noda' en blanco, 'Honbeni' en rosa, 'Royal Purple' y 'Black Dragon' en violeta oscuro. Y la clave del racimo del año siguiente está en el riego de julio y agosto y en no pasarse con el nitrógeno.