Wisteria sinensis abre el racimo entero de golpe y con la planta todavía desnuda: en tres o cuatro días pasa de tener botones cerrados a estar cubierta de flor sin una sola hoja de por medio. Ese detalle, que parece menor, es lo que produce el efecto de cascada limpia por el que se planta esta especie y no otra, y explica por qué la glicinia china sigue siendo la más difundida doscientos años después de llegar a Europa.
Retrato de la planta
Es una liana leñosa caduca de la familia de las leguminosas, originaria de las provincias centrales y orientales de China, donde crece en laderas boscosas y márgenes de río. Con los años forma un tronco retorcido de corteza gris que puede alcanzar el grosor del muslo de una persona, y en ejemplares antiguos se comporta ya más como un árbol tumbado que como una trepadora.
La hoja es imparipinnada, con nueve a trece foliolos ovado-lanceolados de borde entero, que salen con un tono bronceado y viran a verde medio en pocas semanas. En otoño amarillean de forma limpia antes de caer, lo que le añade una segunda temporada de interés modesta pero real. La flor es papilionácea, con la estructura típica de estandarte, alas y quilla que tienen las leguminosas, y detrás vienen vainas aterciopeladas y colgantes de diez a quince centímetros que persisten en invierno.
Vive mucho. Cien años son normales y hay ejemplares documentados que superan el siglo y medio en plena producción; el enfoque correcto al plantarla es el de quien planta un árbol, no el de quien pone una trepadora de temporada.
Gira a izquierdas
Mirando la planta de frente, el tallo joven asciende enroscándose en sentido contrario a las agujas del reloj. Es el carácter que la separa de la japonesa, que gira justo al revés, y se aprecia mejor en brotes del año sobre un cable o un poste fino. El resto de diferencias entre especies, con sus cultivares, está en tipos de wisteria.
El racimo y por qué se ve así
Los racimos de Wisteria sinensis miden de veinte a treinta centímetros y reúnen entre cincuenta y cien flores. No son los más largos del género —esa marca es de la japonesa—, pero sí más anchos y más densos, con las flores muy apretadas alrededor del eje.
Lo determinante es el patrón de apertura. Las flores abren casi simultáneamente, empezando por la base del racimo y completándose en tres o cuatro días, de modo que en un momento dado toda la planta está en flor a la vez. Sumado a que la floración precede a la brotación, el resultado visual es una masa continua de color violeta pálido colgando de una estructura leñosa desnuda, sin verde que la interrumpa ni racimos a medio abrir.
La japonesa hace lo contrario: abre de arriba abajo, poco a poco, y con la hoja ya salida, lo que da un efecto más largo pero menos rotundo y sobre fondo verde. Son dos maneras distintas de resolver la misma floración, y la elección depende de qué se busque; el caso japonés está tratado en Wisteria floribunda.
El perfume acompaña, y es intenso. En una planta adulta y en tarde templada y sin viento se percibe a varios metros de distancia, dulce y con un fondo que recuerda a la flor de guisante. 'Alba' y 'Jako', las formas blancas, están entre las más aromáticas.
El vigor, que es su mayor virtud y su mayor problema
De todas las glicinias es la más crecida. En suelo profundo y buena exposición alcanza de quince a veinticinco metros de recorrido y engorda dos o tres metros de brote al año una vez arrancada, con brotes de verano que se lanzan al aire buscando dónde agarrarse.
Esa energía es lo que permite cubrir una pérgola grande o una fachada entera en cinco o seis años, y también lo que obliga a tomársela en serio desde el principio. El tronco engruesa sin parar y ejerce presión sobre lo que rodea: canalones, bajantes, listones de madera, celosías, alambres. La cuestión de la fuerza mecánica y de la poda en dos tiempos que la mantiene bajo control está desarrollada en la glicina, una planta trepadora para el jardín, y no tiene sentido repetirla aquí; basta con retener tres reglas de colocación.
Primero, estructura sobredimensionada: pilar de obra, perfil metálico o madera de escuadría gruesa, nunca celosía de jardinería. Segundo, lejos de canalones, bajantes, marcos de ventana y tejados, dejando un metro largo de margen. Tercero, no la conduzcas sobre un árbol vivo: a diferencia de una clemátide, esta planta acaba estrangulando las ramas por torsión. Los criterios de anclaje y separación del muro están en consejos a la hora de colocar enredaderas.
Rusticidad y heladas tardías
La madera aguanta sin daño alrededor de −20 ºC, de manera que en España no hay prácticamente ninguna zona habitada donde el frío invernal sea un obstáculo para la planta. El punto débil está en otro sitio: el botón floral hinchado, en marzo o abril, se estropea con dos o tres grados bajo cero. Una helada tardía en esa ventana puede llevarse la floración completa del año sin dañar la planta.
En el interior peninsular eso ocurre con cierta frecuencia, y es la razón por la que un mismo ejemplar florece de forma espectacular tres años y se queda en nada el cuarto. Se mitiga eligiendo una ubicación resguardada —fachada sur o sureste, patio cerrado, protección de un muro— y evitando las hondonadas donde se acumula el aire frío.
Comportamiento en clima mediterráneo
Es la especie que mejor se adapta al sur y al levante peninsular, y por una razón fisiológica concreta: necesita menos acumulación de frío invernal que la japonesa para diferenciar bien las yemas de flor. En un invierno suave de Valencia, Sevilla o Málaga, la japonesa florece de manera irregular mientras la china responde sin problema.
En esas zonas abre pronto, de mediados de marzo a primeros de abril, y con frecuencia da una segunda floración en verano, hacia julio o agosto, sobre los brotes nuevos. Esa refloración es más corta, con racimos sueltos y menos densos, y no compite con la de primavera, pero llega en un momento en que el jardín agradece cualquier cosa. Suele ser más abundante en plantas bien regadas y en cultivares como 'Prolific'.
El calor del verano no le molesta si el suelo tiene profundidad y no se seca del todo. Pide riego regular los tres o cuatro primeros años para asentar la raíz, y después se vuelve bastante autónoma, aunque en secano estricto la floración se resiente. Tolera la caliza moderada; en suelos muy calcáreos y con agua dura acaba clorosando, con el amarilleo internervial característico, que se corrige con quelato de hierro y materia orgánica.
Cultivares que merece la pena buscar
'Prolific', a veces etiquetada como 'Amethyst', florece antes y más abundantemente que la especie tipo y empieza a hacerlo joven; es la elección segura si solo se va a plantar una. 'Alba' y su selección japonesa 'Jako' dan racimo blanco puro y perfume superior, y quedan especialmente bien sobre piedra oscura o ladrillo. 'Caroline' tira a azul violáceo intenso y es de las más tempranas. 'Consequa', menos frecuente, ofrece racimos algo más largos de lo habitual en la especie.
Multiplicación y un apunte final
Se reproduce bien por acodo serpenteante en primavera, enterrando un tramo de brote flexible del año anterior y dejándolo enraizar una temporada completa, y por esqueje semileñoso a mediados de verano con hormona de enraizamiento y calor de fondo. La vía comercial es el injerto sobre patrón de semilla, y por eso una planta de vivero de calidad muestra el punto de injerto en la base. Sembrar semilla es posible, pero da plantas de floración imprevisible que tardan diez o quince años en abrir el primer racimo.
Dos advertencias para cerrar. En el sureste de Estados Unidos, esta especie se ha naturalizado y figura como invasora declarada, capaz de asfixiar masas forestales enteras; en España no ha mostrado ese comportamiento, pero conviene retirar las vainas maduras si hay monte o ribera cerca. Y sus semillas y vainas son tóxicas por ingestión, un asunto que se detalla en el artículo técnico enlazado más arriba y que hay que tener presente donde jueguen niños pequeños.
En resumen
Wisteria sinensis es la glicinia china: tallo que gira a izquierdas, hoja de nueve a trece foliolos y racimos de veinte a treinta centímetros, anchos y densos, que abren todas sus flores en tres o cuatro días y antes de que salga la hoja, con perfume intenso. De ahí el efecto de cascada limpia sobre madera desnuda que la distingue de la japonesa. Es la más vigorosa del género —hasta veinticinco metros y dos o tres al año—, lo que exige estructura sobredimensionada, distancia de canalones y tejados y no conducirla sobre un árbol vivo. Resiste unos −20 ºC de madera, pero pierde la floración con una helada tardía sobre el botón hinchado. En clima mediterráneo es la mejor opción del género porque necesita poco frío invernal: florece pronto, en marzo o abril, y a menudo repite en verano.