Conviene empezar deshaciendo un equívoco de vocabulario. En España se llama pozo de luz al patinillo interior de un edificio, ese hueco vertical al que dan las ventanas de cocinas y baños; y se llama pozo a secas al de agua, con su brocal de piedra, su arco de forja y su polea. Este artículo trata del segundo, del pozo de jardín o de finca, porque plantar en un patinillo es un asunto distinto que ya está resuelto en trepadoras para lugares con poca luz.

Pozo de jardín con brocal de piedra y arco de forja

El brocal es un emplazamiento raro

Merece la pena describir el sitio antes de elegir planta, porque no se parece a un muro ni a una pérgola.

Es diminuto. Un brocal típico mide entre ochenta centímetros y metro y medio de alto, con un diámetro parecido, y el arco de forja que lo remata llega a los dos metros escasos. La superficie total a cubrir son unos pocos metros cuadrados. Una glicinia adulta, que desarrolla veinte metros de rama y un tronco de brazo, se traga esa estructura y la deja invisible en cuatro años.

Es exento. A diferencia de una fachada, el pozo suele estar solo en medio del jardín, con cielo por los cuatro costados. Eso significa sol de mañana y de tarde repartido, viento sin obstáculo y, en invierno, ninguna de las ventajas térmicas de un paramento; al contrario, es de los puntos más fríos de la parcela porque la planta irradia hacia todo el hemisferio celeste. Lo explicado en el muro como refugio térmico funciona aquí exactamente al revés, así que en zonas de helada hay que elegir especies con margen de rusticidad sobrado.

Es una estructura ligera. El arco es normalmente de hierro forjado de sección pequeña o de madera, anclado en el propio brocal con unos pocos centímetros de empotramiento. Aguanta un cubo, no doscientos kilos de biomasa mojada. Una buganvilla adulta empapada por una tormenta ha arrancado más de un arco.

Y no tiene tierra. El brocal es fábrica maciza. La planta va a vivir en el suelo que lo rodea y a subir por fuera, un matiz que condiciona toda la plantación.

De todo eso se deduce el criterio principal, que no es el color de la flor: vigor moderado y buena respuesta a la poda. Ese y no otro es el filtro.

La fábrica: por qué aquí las autoadherentes estorban

Los pozos antiguos están construidos con mampostería o ladrillo tomados con mortero de cal, mucho más blando y poroso que el cemento. Las trepadoras que se fijan por raicillas adventicias o por discos adhesivos (hiedra, Parthenocissus, Ficus pumila, Campsis radicans) penetran esas juntas, engordan dentro y las descarnan. En una tapia de contención da igual; en un brocal de dos siglos, no.

No es que la hiedra sea parásita ni que ataque la piedra sana, cuestión que se aclara en el artículo dedicado a la hedera; es que la junta de cal degradada le ofrece un anclaje que termina por abrirla. Si el brocal es de hormigón moderno o está rejuntado con mortero bastardo, el riesgo baja mucho y la hiedra de hoja pequeña resulta una opción válida y bonita.

La alternativa segura y la que se recomienda por defecto es usar plantas volubles o sarmentosas y hacerlas subir por el arco de forja, por unos alambres finos tendidos entre la base y el arco, o por tres o cuatro varillas de acero clavadas alrededor del brocal. La planta se sostiene en el metal y solo se apoya en la piedra.

Si el pozo todavía se usa

Cuando el pozo sigue dando agua, para riego o para consumo, la ornamentación pasa a segundo plano y aparecen tres reglas.

Nada que caiga dentro. Hoja caduca, pétalos y frutos acaban en el agua y la pudren. Eso descarta de facto a la Passiflora, que suelta fruto, y hace preferibles las perennes de hoja pequeña y caída escalonada frente a las caducas de golpe. Y obliga a mantener la tapa del pozo puesta, cosa que conviene por seguridad de todos modos.

Ningún tratamiento sobre la boca. Ni insecticida, ni fungicida, ni abono foliar aplicado encima del hueco. Si hay que tratar, se hace con la tapa cerrada y con producto autorizado, o no se hace.

Raíces lejos del pozo. Una raíz que detecta humedad busca la junta y entra por ella. Se planta a un metro largo del brocal como mínimo, y si la especie es de raíz agresiva se interpone una lámina antirraíz vertical entre el hoyo y la estructura.

Y en cualquier caso, la boca y la polea deben seguir siendo accesibles. Un pozo sepultado en vegetación deja de ser un pozo y pasa a ser un bulto con riesgo de caída.

Dónde se planta y cómo se conduce

Lo habitual es abrir dos hoyos enfrentados, a norte y sur del brocal o a los lados del arco, y plantar un ejemplar en cada uno para que se encuentren arriba. Con una sola planta el reparto suele quedar descompensado.

El hoyo, generoso: sesenta u ochenta centímetros de lado. La cimentación del brocal y el cascote acumulado alrededor suelen dejar un suelo pésimo, con restos de mortero que además encalan el pH, así que conviene sustituir la tierra por una mezcla de tierra vegetal y compost y comprobar el drenaje. Acolchado encima, por las razones que se detallan en trepadoras para climas cálidos: el brocal irradia calor en verano y el pie se seca.

La conducción se hace en espiral alrededor del brocal y del arco, no en vertical directa. Enroscar la vara da vueltas a la estructura y hace brotar laterales en toda su longitud, en lugar de florecer solo en la clave del arco. Es el mismo principio que se explica en la poda de los rosales trepadores.

Especies a la escala de un pozo

Trachelospermum jasminoides (jazmín estrella). La primera recomendación en casi cualquier caso. Perenne, hoja pequeña y lustrosa, voluble sin raicillas, crecimiento contenido y muy dócil a la tijera, floración blanca muy perfumada en mayo y junio y prácticamente sin plagas. Resiste hasta -8 °C establecido, aunque en posición exenta conviene contar con menos. Admite recortarse en manto ceñido al brocal.

Clemátides del grupo 3, en especial las derivadas de Clematis viticella: 'Étoile Violette', 'Polish Spirit', 'Madame Julia Correvon'. Alcanzan dos o tres metros, se podan a treinta centímetros del suelo cada febrero, con lo que nunca se desmadran, y florecen de junio a septiembre. Encajan de maravilla porque el propio brocal sombrea su pie, que es lo que piden.

Rosales trepadores de porte contenido. 'Zéphirine Drouhin', prácticamente sin espinas y refloreciente, es la elección lógica si hay que sacar agua. También 'Pierre de Ronsard', de varas rígidas y cortas que se conducen bien sobre un arco, o 'New Dawn'. Se descartan por escala los sarmentosos grandes tipo 'Kiftsgate'.

Jasminum officinale. Caduco o semiperenne, perfume intenso de junio a septiembre, vigor medio y tolerancia al frío razonable. En litoral cálido, Jasminum polyanthum da una floración primaveral espectacular, pero es friolero y bastante más vigoroso.

Solanum laxum 'Album'. Semiperenne, floración blanca casi continua de mayo a noviembre, crecimiento rápido pero madera blanda que se recorta sin esfuerzo. Buen relleno mientras las demás se establecen.

Plumbago auriculata. Técnicamente un arbusto escandente, no una trepadora, pero atado al arco cubre y florece en azul pálido todo el verano. En clima suave; con helada se pierde la parte aérea y rebrota.

Lonicera periclymenum o Lonicera implexa. Madreselvas de escala razonable, perfumadas de noche y muy rústicas. Se evita la Lonicera japonica 'Halliana', que en un pozo resulta desproporcionada y en muchas zonas se naturaliza.

Buganvilla, solo en litoral templado y asumiendo dos condiciones: poda anual firme para mantener la escala, y espinas junto a la boca del pozo, algo a valorar si se maneja cubo y cuerda. Compensa por el impacto visual.

Anuales de temporada. Ipomoea tricolor, Thunbergia alata o la capuchina trepadora cubren el arco en un verano, se retiran en otoño y dejan la estructura limpia para revisarla. Buena solución si el pozo es una pieza patrimonial que no se quiere comprometer.

Mantenimiento: poco pero anual

Una poda al año, en la época que corresponda a cada especie, para mantener la proporción entre planta y estructura; en un pozo el objetivo no es cubrir el máximo sino dejar ver la piedra. Revisión de las ataduras y del anclaje del arco, que con el peso y el viento se afloja. Limpieza de la hojarasca acumulada en la coronación del brocal, porque retiene humedad y disgrega el mortero. Y comprobación de que la tapa cierra y de que la polea gira.

De plagas, lo previsible en cada especie, sin nada específico del emplazamiento; hay repaso en plagas en las plantas trepadoras.

Jazmín estrella, Trachelospermum jasminoides, en flor

En resumen

Vestir un pozo de jardín exige elegir por escala antes que por floración: la estructura es pequeña, exenta, sin abrigo térmico y con un arco ligero que no soporta grandes pesos. Como el brocal suele estar tomado con mortero de cal, se prefieren plantas volubles o sarmentosas conducidas sobre el hierro o sobre alambres, en lugar de autoadherentes que abren las juntas. Si el pozo sigue en uso, nada debe caer al agua, no se trata por encima de la boca y las raíces se mantienen alejadas de la fábrica. Con esas condiciones, el jazmín estrella, las clemátides del grupo 3, los rosales trepadores de porte corto, el jazmín común y el Solanum laxum cubren prácticamente todos los casos, y una anual de temporada resuelve el pozo antiguo que no conviene tocar.


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