Un rosal trepador atado en vertical contra un muro da flores arriba, en el metro final de cada vara, y deja debajo tres metros de tallo desnudo. El mismo rosal, con las mismas varas y el mismo abono, atado en horizontal, florece de punta a punta. No se trata de un truco de jardinero: es fisiología pura, y es la primera cosa que hay que entender antes de coger la tijera.

Rosal trepador en flor conducido sobre un muro

Trepador y sarmentoso: dos plantas y dos podas

En castellano se llama trepador a cualquier rosal que suba, y de ahí sale la mitad de los errores. La horticultura distingue dos grupos con comportamientos incompatibles.

El rosal trepador (el climber de los catálogos) tiene varas gruesas, rígidas y relativamente cortas, de dos a cuatro metros. Construye un armazón permanente que dura años y florece sobre brotes del año en curso que nacen de ramillas laterales de ese armazón. Casi todos son reflorecientes: dan una primera oleada fuerte en mayo y siguen abriendo en tandas hasta el otoño. La flor suele ser grande y en pocos ejemplares por ramillete.

El rosal sarmentoso (el rambler) tiene varas finas, flexibles y muy largas, de cinco a diez metros o más, que salen del pie cada temporada. Florece una sola vez, entre finales de mayo y junio, y lo hace sobre la madera producida el año anterior. La flor es pequeña y viene en ramilletes numerosos, herencia de sus ancestros Rosa multiflora y Rosa wichuraiana.

La consecuencia es directa. Al trepador se le poda todos los años en frío y no se pierde nada, porque la flor está por venir. Al sarmentoso, si se le poda en invierno, se le corta exactamente la madera que iba a florecer en junio, y esa temporada se queda en verde.

Cómo saber cuál se tiene delante

Cuando se hereda un rosal sin etiqueta, tres indicios bastan.

¿Vuelve a florecer en agosto o septiembre? Si sí, es un trepador. Si toda la flor se concentró en tres semanas de junio y después nada, es un sarmentoso.

¿Cómo son las varas nuevas? Si del pie salen cada verano latigazos verdes, delgados y larguísimos, es sarmentoso. Si los brotes nuevos son gruesos, cortos y salen más de la mitad alta de la planta, es trepador.

¿Cuántas flores por ramillete? Racimos de quince o veinte flores pequeñas apuntan a sarmentoso; flores grandes de una en una o de tres en tres, a trepador.

Hay una tercera categoría que confunde: las variedades 'Climbing', mutaciones trepadoras de un híbrido de té o de una floribunda, como 'Climbing Iceberg'. Se podan como trepadores, pero con una precaución añadida: si se les hace poda severa los primeros años tienden a revertir al porte arbustivo del que salieron.

La horizontal, el gesto que multiplica la flor

En el extremo de cada vara hay una yema terminal que produce auxina. Esa hormona desciende por el tallo e inhibe la brotación de las yemas laterales que encuentra a su paso; el fenómeno se llama dominancia apical y es el mecanismo por el que una planta prioriza crecer hacia arriba en lugar de ramificarse. Mientras la vara está vertical, el gradiente funciona a pleno rendimiento y las yemas de la mitad inferior permanecen dormidas.

Al tumbar la vara hacia la horizontal, ese control se debilita a lo largo de casi todo su recorrido. Las yemas laterales se liberan y brotan, y como en un trepador la flor sale precisamente de esos brotes laterales, el número de flores se multiplica. En un sarmentoso ocurre lo mismo con los brotes que darán la floración del año siguiente.

Traducido a alambres y rafia:

Sobre un muro, se montan alambres horizontales cada treinta o cuarenta centímetros y se van atando las varas principales tan tendidas como su rigidez permita. Si la vara no da para la horizontal completa, un ángulo de 45 grados ya cambia mucho las cosas; cuanto más se acerque a la horizontal, mejor.

Sobre un pilar o poste, no se sube la vara en recto: se enrosca en espiral alrededor del soporte, dando dos o tres vueltas hasta arriba. El recorrido helicoidal cumple la misma función que la horizontal y cubre el pilar entero de flor en lugar de coronarlo.

Sobre un arco o una pérgola, se atan las varas siguiendo la curva y se dejan caer un poco por el otro lado. Lo que cuelga florece.

Se ata con cinta o rafia blanda, en ocho, con holgura para que la vara engorde. Los detalles de anclaje y de separación entre planta y paramento están en consejos a la hora de colocar enredaderas.

Poda del trepador: final del invierno

Época: cuando la yema empieza a hincharse pero antes de que brote. En el litoral mediterráneo y el sur, de mediados de enero a mediados de febrero. En la meseta y el norte interior, finales de febrero o marzo, esperando a que pase el grueso de las heladas.

El trabajo, por orden:

Limpieza. Fuera la madera seca, la partida, la que tiene chancro y la que se cruza rozando con otra. Todo cortado a ras de su punto de origen.

Revisión del armazón. Se comprueban las ataduras de las varas principales, se sueltan las que aprietan y se reconduce lo que se haya salido de la horizontal. Este es el momento de bajar una vara que había quedado vertical.

Acortado de laterales. El grueso de la faena. Todas las ramillas laterales que salen del armazón se reducen a dos o tres yemas, lo que en la práctica son entre diez y quince centímetros. Corte limpio y en bisel un poco por encima de una yema, mirando hacia fuera del muro para que el brote no se meta hacia dentro. De cada uno de esos muñones saldrá en primavera un brote nuevo rematado en flor.

Renovación. A partir del cuarto o quinto año, se retira cada temporada una vara principal vieja, la más leñosa y menos productiva, cortándola a ras del pie, y se ata en su lugar un brote joven de los que hayan salido de la base.

Durante la temporada, en los reflorecientes, se retiran las flores marchitas cortando por encima de la primera hoja de cinco foliolos completa; eso acelera la siguiente oleada. La pauta general del corte, el ángulo y la higiene de la herramienta está desarrollada en la poda del rosal híbrido de té, y se aplica igual aquí; lo que no se aplica es su severidad, porque un trepador nunca se rebaja a tres yemas del suelo.

Poda del sarmentoso: en cuanto se apaga la floración

Época: de finales de junio a principios de agosto, en las semanas siguientes a que caiga el último pétalo. Cuanto antes se haga, más tiempo tiene la planta para madurar la madera nueva antes del otoño.

La lógica es de renovación, no de acortado. Un sarmentoso funciona por sustitución de varas.

Se identifican las varas que acaban de florecer. Llevan los ramilletes secos y tienen la corteza más oscura y agrietada.

Se retira aproximadamente un tercio de ellas, las más viejas, cortándolas a ras del pie o hasta el punto donde nazca un brote nuevo vigoroso. En un ejemplar joven puede que no haya nada que quitar; en uno maduro y bien alimentado se pueden sacar más.

Se atan en su lugar las varas del año, esos latigazos verdes que han salido de la base durante la primavera, extendiéndolas lo más horizontales posible sobre el soporte. Esas son las que florecerán el próximo junio.

Se acortan los laterales de las varas conservadas a unos diez centímetros, para dejar la estructura ordenada.

Con los sarmentosos gigantes trepados a un árbol, del tipo 'Kiftsgate' o 'Paul's Himalayan Musk', lo razonable es no podar nada salvo lo que estorbe o esté seco. Se plantan justamente para eso.

Los tres primeros años

Un rosal recién plantado, sea del tipo que sea, no se poda para producir flor sino para construir el armazón. Durante las dos o tres primeras temporadas el trabajo consiste en dejar crecer, atar cada vara en la dirección deseada y limitarse a suprimir lo seco y lo mal orientado. Podar corto un trepador joven retrasa varios años el momento en que cubre el muro, que era el motivo de plantarlo.

Si el rosal está injertado, cualquier brote que salga por debajo del punto de injerto es del patrón y se arranca de cuajo, no se corta: es vigoroso, tiene otra hoja y otra espina, y si se le deja acaba desplazando a la variedad.

Calendario en una línea

Trepador refloreciente: poda estructural en enero-marzo según zona, acortando laterales a dos o tres yemas; limpieza de flor marchita durante toda la temporada; retirada de una vara vieja al año a partir del cuarto.

Sarmentoso de floración única: nada en invierno; poda de renovación entre finales de junio y agosto, retirando un tercio de las varas florecidas y atando las nuevas.

Ambos: conducción lo más horizontal posible en cualquier época en que la vara siga siendo flexible, que es la operación con mayor efecto sobre la cantidad de flor.

Corte de una flor marchita en un rosal trepador

En resumen

La poda de un rosal que sube depende de a cuál de los dos grupos pertenece. El trepador mantiene un armazón permanente, florece sobre brotes del año nacidos de laterales y se poda al final del invierno acortando esos laterales a dos o tres yemas. El sarmentoso florece una vez sobre la madera del año anterior y se poda nada más terminar la floración, retirando varas viejas desde la base y atando las nuevas. Y por encima de las dos pautas está el principio que más flor produce: conducir las varas principales lo más horizontales que se pueda, porque al romper la dominancia apical se despiertan las yemas laterales en toda su longitud en lugar de solo en la punta.


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