La familia de las cannabáceas reúne apenas una decena de géneros, y dos de ellos resultan familiares a cualquiera: Humulus, el lúpulo con el que se amarga la cerveza, y Celtis, el almez de las plazas de media España. El tercero, Cannabis, arrastra tanta discusión que su condición de planta —de organismo con una morfología, una fisiología y una historia agrícola— queda casi siempre tapada. Esta ficha se ocupa de eso: de la botánica de la especie y del cáñamo industrial, que es la rama legal, milenaria y poco divulgada del asunto. Sobre lo que la ley española permite y lo que no, el sitio tiene un artículo específico: dónde plantar cannabis.

Planta de Cannabis sativa con sus hojas palmeadas características

Qué es Cannabis sativa en términos botánicos

Es una herbácea anual del orden Rosales, emparentada de cerca con las moráceas —la morera, la higuera— y con las urticáceas de la ortiga. Ese parentesco explica cosas que se ven a simple vista: hojas ásperas por pelos rígidos, savia sin látex, flores diminutas y sin pétalos vistosos, y polinización por viento en lugar de por insectos.

La raíz es pivotante y profundiza con rapidez si el suelo se lo permite, con un sistema secundario relativamente escaso. El tallo es anguloso, con cuatro a seis costillas marcadas, hueco en la médula cuando la planta se hace grande, y con la particularidad de que la fibra útil se aloja en el líber, es decir, en la corteza interna, no en la madera.

La hoja es palmaticompuesta, con foliolos lanceolados de borde aserrado en número impar que crece desde uno o tres en las primeras hojas hasta siete, nueve u once en el tramo medio, y vuelve a reducirse arriba. La filotaxia cambia durante el ciclo: las hojas nacen opuestas en la parte baja y pasan a alternas cuando la planta entra en floración, lo que en el campo sirve de indicador del cambio de fase.

La especie es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos, como ocurre en el sauce, el kiwi o el tejo. Los masculinos abren panículas laxas y colgantes que sueltan polen ligero, capaz de recorrer kilómetros con el viento; los femeninos llevan flores reducidas a un ovario con dos estigmas filiformes, envuelto en una bráctea. El fruto es un aquenio —el cañamón— de tres a cinco milímetros, ovoide y con la superficie moteada.

Y es una planta de día corto, es decir, que induce la floración cuando la noche ininterrumpida supera un umbral, no cuando el día se acorta, que es como se explicó mal durante décadas. Ese mecanismo, común a los crisantemos y a las Poinsettia, condiciona por completo el calendario del cultivo.

La discusión taxonómica

Linneo describió Cannabis sativa en 1753 y Lamarck propuso Cannabis indica en 1785 para las poblaciones de la India. Desde entonces la botánica oscila entre dos posturas: un género monoespecífico con subespecies y variedades, o dos o tres especies separadas —añadiendo C. ruderalis para las poblaciones silvestres de Asia central—.

Los estudios genéticos de las últimas dos décadas apuntan a que se trata de un único acervo con estructura geográfica, cruzado hasta la saturación por la mano humana. Conviene saberlo porque los nombres «sativa» e «indica» que circulan en el comercio no se corresponden con esas entidades botánicas: son etiquetas comerciales, y aplicarlas como si fueran taxones lleva a confusión.

Los tricomas: qué son como estructura vegetal

Un tricoma es, simplemente, una excrecencia de la epidermis. Están por todo el reino vegetal y cumplen funciones muy variadas: reflejar radiación, frenar la pérdida de agua, disuadir a los herbívoros pequeños o atraparlos.

En Cannabis hay dos tipos. Los no glandulares son pelos unicelulares rígidos, curvados, con la base engrosada por un cistolito de carbonato cálcico; son los responsables de la aspereza de la hoja y su papel es mecánico, disuasorio frente a insectos masticadores. Los glandulares tienen una cabeza secretora de varias células y se describen en tres formas: bulbosos, casi microscópicos; capitados sésiles, apoyados directamente sobre la epidermis; y capitados pedunculados, con un pie multicelular que eleva la cabeza sobre la superficie.

Su funcionamiento es el mismo que el de las glándulas de la salvia, del romero o del lúpulo: las células de la cabeza sintetizan compuestos y los vierten a una cavidad subcuticular que queda abombada como una ampolla. Desde el punto de vista de la planta, es un depósito de metabolitos secundarios situado en la superficie y aislado del citoplasma, porque lo que contiene sería tóxico para las propias células si circulara libremente. La densidad de estas estructuras es mucho mayor en las brácteas florales de los pies femeninos que en las hojas, y prácticamente nula en el tallo leñificado y en la raíz.

El cáñamo industrial: la otra mitad de la historia

Cuando el debate público se agota en la cuestión estupefaciente, se pierde de vista que la misma especie sostiene un cultivo textil y oleaginoso perfectamente legal en la Unión Europea, con sus reglamentos, sus catálogos de variedades y sus ayudas de la Política Agraria Común.

El criterio es cuantitativo. Solo pueden cultivarse variedades certificadas incluidas en el catálogo común de variedades de especies de plantas agrícolas de la Unión Europea, cuyo contenido en tetrahidrocannabinol se mantiene por debajo del umbral fijado por la normativa comunitaria, elevado del 0,2 % al 0,3 % con la reforma de la PAC aplicable desde 2023. La semilla debe ser certificada, con etiqueta oficial, y el agricultor conserva esa etiqueta como prueba; la administración toma muestras de control en campo según un protocolo europeo de muestreo. Variedades como Futura 75, Fedora 17, Santhica 27, Uso-31 o Finola llevan décadas en ese catálogo, seleccionadas unas para fibra y otras para grano.

Fuera de ese marco, el cultivo no es agrícola sino otra cosa, y ahí entran las normas penales y administrativas que se detallan en el artículo enlazado al principio. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios mantiene además competencia sobre el cannabis destinado a fines médicos y de investigación, que sigue una vía de autorización propia y distinta de la agrícola.

Cultivo para fibra y cultivo para semilla

Son dos manejos casi opuestos, y esa diferencia es puramente agronómica.

Para fibra interesa un tallo largo, recto y sin ramificar, así que se siembra denso —del orden de 50 a 70 kilos de semilla por hectárea— para que las plantas compitan por la luz y se ahílen deliberadamente. En condiciones de regadío o de secano fresco, una parcela de cáñamo textil puede pasar de dos metros y medio en unos cien días. Para semilla interesa lo contrario: densidades bajas, entre 25 y 40 kilos por hectárea, para que cada planta ramifique y cargue de aquenios.

La siembra se hace en primavera, cuando el suelo pasa de 8 a 10 °C —abril en el interior peninsular, algo antes en el sur—, y la nascencia es rápida y vigorosa. El cultivo pide suelo profundo y bien drenado, con pH próximo a la neutralidad, y no tolera el encharcamiento. Su principal virtud agronómica es la cobertura: cierra el suelo tan deprisa que ahoga a las adventicias sin herbicida, y deja el terreno limpio y esponjado por la raíz pivotante para el cultivo siguiente, lo que lo hace un buen cabeza de rotación delante de un cereal.

La fibra se extrae del líber por enriado, un proceso de fermentación controlada en el campo o en agua que degrada las pectinas que unen los haces al resto del tallo, seguido de agramado y espadillado, que separan mecánicamente la fibra larga de la parte leñosa. Esa parte leñosa, la agramiza o cañamiza, era antes un residuo y hoy es un producto en sí misma.

Del cañamón se obtiene un aceite de perfil poco corriente, con ácido linoleico y alfa-linolénico en una proporción cercana a tres a uno y una fracción de ácido gamma-linolénico, y una torta residual rica en proteína —la edestina— que se emplea en alimentación animal. La semilla entera lleva siglos usándose como alimento de aves y cebo de pesca, y ese uso doméstico es el que dio al fruto su nombre popular en castellano.

Detalle de las hojas y flores de la planta de cáñamo

El cáñamo en la historia de España y en la marina

Durante los siglos XVI a XVIII, el cáñamo fue material estratégico. Una nao o un navío de línea consumía toneladas de cordelería: cables de anclaje, jarcia firme, jarcia de labor, drizas, escotas, además del velamen de lona y de la estopa para calafatear las juntas del casco. Todo eso salía de la misma planta, porque la fibra de cáñamo resiste bien la tracción, aguanta la humedad mejor que el lino y no se pudre con la rapidez de otras fibras vegetales.

La Corona organizó ese abastecimiento con Reales Fábricas de Jarcia asociadas a los arsenales de Cartagena, Ferrol y La Carraca, y con reales cédulas que obligaban o incentivaban la siembra en las comarcas de regadío. La Vega de Granada, las huertas del Segura y del Vinalopó, la ribera del Ebro en Aragón y Navarra y algunas vegas manchegas y extremeñas fueron zonas cañameras de primer orden. Callao, molinos y balsas de enriado dejaron topónimos y arquitectura que todavía se reconocen en pueblos de Granada y de Murcia.

El declive llegó por tres frentes casi simultáneos: el vapor y el casco de hierro redujeron la demanda de jarcia y de vela, el algodón desplazó al cáñamo en el textil de vestir, y el yute y el sisal, más baratos por venir de colonias tropicales, ocuparon el mercado de la cordelería gruesa. Las fibras sintéticas de mediados del siglo XX remataron la retirada.

Fibra textil y cáñamo en construcción

La fibra elemental del cáñamo mide entre cinco y cincuenta y cinco milímetros y es más gruesa y menos flexible que la del lino, lo que durante mucho tiempo la relegó a tejidos bastos: lonas, sacos, alpargatas, ropa de trabajo. Los tratamientos de afinado desarrollados desde los años noventa —descortezado enzimático, cotonización— permiten hilarla en títulos finos y mezclarla con algodón o con lino. Sus argumentos actuales son agronómicos más que técnicos: rendimiento de fibra por hectárea elevado, necesidad de riego moderada comparada con el algodón y muy pocos tratamientos fitosanitarios.

El uso que más ha crecido, sin embargo, no emplea la fibra sino la cañamiza, la médula leñosa troceada. Mezclada con un conglomerante de cal aérea o hidráulica y agua, produce el llamado hormigón de cáñamo o cáñamo-cal, un material de relleno no estructural con densidades del orden de 250 a 500 kilos por metro cúbico y una conductividad térmica aproximada de 0,06 a 0,11 W/mK según la dosificación.

Lo interesante de ese material no es solo el aislamiento, sino su comportamiento higroscópico: absorbe y cede vapor de agua amortiguando las oscilaciones de humedad interior, algo que un aislante cerrado no hace. Se aplica por encofrado, proyección o bloques prefabricados sobre una estructura portante de madera u hormigón, y la cal lo mineraliza progresivamente y lo protege frente a hongos e insectos. En España hay ya rehabilitaciones y obra nueva ejecutadas con esta técnica, sobre todo en climas atlánticos y de montaña. También se fabrican paneles y mantas aislantes con la fibra corta, y tableros y encamados para ganado con la cañamiza suelta, que absorbe varias veces su peso en líquido.

En resumen

Cannabis sativa es una anual dioica de la familia de las cannabáceas, vecina del lúpulo y del almez y prima de moreras y ortigas, con hoja palmaticompuesta, filotaxia que pasa de opuesta a alterna al florecer, polinización anemófila y respuesta fotoperiódica de día corto. Sus tricomas glandulares son estructuras epidérmicas secretoras equivalentes a las de otras plantas aromáticas, con la cabeza separada del resto de la planta por una cavidad subcuticular.

El cáñamo industrial es la vertiente agrícola legal de esa misma especie: variedades certificadas del catálogo común europeo por debajo del 0,3 % de THC, semilla con etiqueta oficial y control de campo. Se siembra denso para fibra y claro para grano, cierra el suelo frente a las adventicias y encaja bien en rotación. Fue material estratégico de la marina española durante siglos, con las Reales Fábricas de Jarcia y las vegas cañameras de Granada, Murcia y el Ebro detrás, y hoy vuelve por dos caminos: el textil de bajo impacto y, sobre todo, el cáñamo-cal como aislante higroscópico en construcción. Para la cuestión legal del cultivo en España, consulte el artículo dedicado a dónde plantar cannabis.


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