El yero es Vicia ervilia, una leguminosa anual que en España se siembra para una sola cosa: grano de pienso. No es la veza, que es Vicia sativa y se siembra sobre todo para segar en verde o enterrar. No es la algarroba de forraje, que es Vicia articulata. Y desde luego no es la almorta. Son cuatro plantas distintas con nombres que se cruzan en cada comarca, y el artículo que ocupaba antes esta página las mezclaba hasta el punto de listar como variedades de yero una veintena de subespecies de Vicia sativa.

Lo segundo que hay que saber, y que decide todo el manejo: el grano de yero no es alimento humano y tampoco vale para cualquier animal. Crudo es amargo y contiene factores antinutritivos que los rumiantes toleran razonablemente bien y los monogástricos (cerdo, aves) no. Esa es la frontera que gobierna su uso en la granja, y quien fija el porcentaje concreto de inclusión en una ración es quien formula el pienso o el veterinario, no un artículo de internet.

Una veza de flor morada, con toda probabilidad Vicia sativa. Es una de las fotos que ilustraban el artículo original y no es un yero: el yero tiene flores mucho más pequeñas y blanquecinas, y apenas zarcillo.

Qué es el yero

Vicia ervilia es una fabácea anual de porte bajo, erguida y ramificada, de talla modesta, que no trepa como la veza porque su zarcillo está reducido a poco más que una punta. La hoja es paripinnada con muchos pares de folíolos pequeños y estrechos, lo que le da un aspecto menudo y fino. Las flores son pequeñas, blanquecinas o de un lila muy pálido, con venas violáceas, y salen de una en una o en grupitos de dos a cuatro en la axila de la hoja, entre la primavera y principios del verano. La legumbre es corta y algo estrangulada entre semilla y semilla, y cada una lleva unas pocas semillas angulosas, de color pardo amarillento, a menudo jaspeadas.

Es un cultivo antiquísimo. Sus semillas aparecen en yacimientos neolíticos del Próximo Oriente, y el Mediterráneo lo ha mantenido en cultivo de forma continua desde entonces. En España sigue vivo en secanos del interior, en rotaciones de cereal, sobre suelos pobres, pedregosos y poco profundos donde otras leguminosas no rinden.

Al género se le han propuesto revisiones y en algunos tratamientos recientes esta especie se segrega de Vicia, pero el nombre que sigue usándose en el campo, en el comercio de semilla y en la bibliografía agronómica española es Vicia ervilia.

Yero, veza, algarroba y almorta: cuatro plantas, un nudo de nombres

Este es el punto donde más gente se equivoca, y donde el original hacía más daño. El yero se llama también yeros, hieros, ervilla o yervo, y en algunas zonas se le aplican nombres que en otras designan a otra planta distinta, como arveja o chícharo. Conviene tener el cuadro claro.

NombreEspecieQué es
Yero, ervillaVicia erviliaLeguminosa de grano para pienso, sobre todo de rumiantes
Veza, arvejaVicia sativaForrajera y abono verde de referencia
Algarroba, arvejoteVicia articulataOtra leguminosa de grano de secano, de uso parecido al yero
Almorta, titos, muelasLathyrus sativusOtro género distinto, el de las gachas de almorta

La última fila merece un párrafo aparte, porque la confusión ahí sí tiene consecuencias. La almorta no es una Vicia sino un Lathyrus, y su consumo humano continuado se asocia al latirismo, una enfermedad neurológica que en España se documentó en la posguerra, cuando el pan y las gachas de almorta sustituyeron al trigo en zonas de escasez. Esa historia es de la almorta y no del yero: no se deben mezclar ni las plantas ni los avisos. Para la veza, que es la otra confusión constante, está la ficha de Vicia sativa y el artículo sobre el lío del nombre arveja.

Guisantes desgranados (Pisum sativum). Aparecían ilustrando el artículo original sobre el yero, que es justamente el tipo de confusión que esta página intenta deshacer.

El grano crudo y por qué no se come

El yero tiene un contenido de proteína apreciable y bastante almidón, con un perfil de aminoácidos que en pienso resulta útil. Eso es composición, y como tal se puede decir. Lo que no se puede decir es que sea comestible para personas: no lo es, y no lo ha sido nunca en el uso normal de este cultivo.

El grano crudo es amargo, y ese amargor va asociado a los compuestos que limitan su uso. Tradicionalmente se remojaba y se cocía antes de dárselo al ganado para rebajarlo, con resultados variables según el método y la partida. He preferido no dar aquí el nombre del compuesto concreto ni su porcentaje: la bibliografía agronómica lo identifica, pero no he podido verificarlo para esta ficha, y prefiero decirlo a escribir un dato que no puedo sostener. Lo que sí está fuera de discusión es el efecto práctico, y es lo que importa a quien maneja el cultivo.

Rumiantes sí, monogástricos con límite

La diferencia está en el aparato digestivo. En el rumen, la flora microbiana degrada buena parte de los compuestos problemáticos y fermenta el almidón del yero de forma relativamente lenta, lo que encaja bien en raciones de ovino y de vacuno. Por eso el yero ha sido históricamente grano de ovejas en los secanos castellanos y aragoneses.

El cerdo y las aves no tienen ese filtro previo. En monogástricos el yero crudo se tolera mal: rebaja el consumo de pienso por su amargor y, en proporciones altas, deteriora los resultados productivos. Por eso su inclusión se limita, y por eso el porcentaje admisible depende de la especie, de la edad del animal, del procesado que haya recibido el grano y del resto de la ración. Esa cifra la pone quien formula el pienso. En vacuno de leche también se recomienda moderación, por la misma razón.

El resumen operativo: el yero es un grano barato de secano pobre, valioso para rumiantes, de uso restringido en cerdo y aves, y nunca para personas.

Cómo se comporta en el campo

Es un cultivo de secano, poco exigente y de ciclo corto, que es exactamente lo que se le pide. Se siembra en otoño en el clima mediterráneo y a finales de invierno donde los inviernos son duros, y cierra el ciclo antes de que apriete el calor del verano, lo que le permite escapar de la sequía terminal que arruina otras leguminosas. Resiste bien la escasez de agua y va razonablemente en suelos delgados, pedregosos y de fertilidad baja.

Como toda leguminosa, fija nitrógeno atmosférico en simbiosis con bacterias del suelo y deja la parcela en mejores condiciones para el cereal siguiente. Ahora bien, el yero se siembra para recolectar grano, no para enterrarlo: la mayor parte del nitrógeno se va con la cosecha, y lo que queda son raíces y rastrojo. Si lo que buscas es abono verde, la planta de referencia es otra, y está explicada con detalle en la ficha de la veza.

Su virtud real en la rotación es la de siempre en una leguminosa: rompe el ciclo de plagas y enfermedades del cereal, mejora la estructura del suelo y reduce la dependencia del abonado nitrogenado de la campaña siguiente. En un secano marginal, eso no es poco.

En resumen

El yero es Vicia ervilia, un grano de leguminosa para pienso que lleva cultivándose en el Mediterráneo desde el Neolítico y que sobrevive hoy en los secanos pobres del interior peninsular. No es la veza, no es la algarroba y no es la almorta, aunque los nombres populares se solapen y aunque el artículo que antes ocupaba esta página los mezclara sin distinguirlos, ilustrándolos además con fotos de guisantes.

Su uso tiene una regla clara: rumiantes sí, monogástricos con límite, personas no. Y ese límite no es un número que se copie de internet, sino una decisión de formulación que corresponde a quien prepara la ración. Todo lo demás, en un cultivo así, es cuestión de aprovechar lo que hace bien: dar una cosecha decente en una tierra donde casi nada la da y dejar el suelo mejor de lo que lo encontró.


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