La vulneraria, Anthyllis vulneraria, es una leguminosa pequeña de flor amarilla que casi nadie planta a propósito en un jardín y que, sin embargo, va dentro de muchísimas mezclas de semilla que se lanzan sobre los taludes de las carreteras españolas. Ese es su papel real: pasto pobre y restauración de suelos maltratados. Aguanta la caliza, la sequía y el suelo esquelético, fija nitrógeno gracias a las bacterias de sus raíces y no compite con nadie, que es justo lo que se pide a una especie de siembra en un desmonte recién hecho.

Se reconoce por sus cabezuelas densas de flores amarillas, a veces con las puntas anaranjadas o directamente rojizas según la procedencia, envueltas en un cáliz hinchado y cubierto de pelos sedosos que le da a la mata un aspecto lanudo inconfundible. Las hojas son compuestas, con un folíolo terminal claramente mayor que los laterales, y la planta puede comportarse como anual, bienal o perenne de vida corta según dónde viva.

Cabezuelas amarillas de vulneraria con el cáliz cubierto de pelos blancos Vulneraria en flor. El cáliz lanudo que envuelve cada flor es el carácter que más ayuda a reconocerla en el campo.

Por qué cuesta tanto ponerle apellido

Anthyllis vulneraria no es una especie de contornos nítidos, sino un complejo con muchísimas subespecies descritas por toda Europa, el norte de África y el oeste de Asia. Varían en el color de la flor, en el porte, en la pelosidad y en el ciclo, y muchas de esas diferencias son graduales y se solapan, de modo que dos botánicos pueden asignar el mismo pliego a subespecies distintas sin que ninguno esté haciendo mal su trabajo.

Para quien la encuentra en el campo, la conclusión práctica es sencilla: identificar el género y la especie es fácil, y ponerle subespecie no lo es. Si alguien te vende semilla de una subespecie concreta, lo que importa de verdad no es el nombre del sobre, sino la procedencia: una vulneraria de montaña y una de arenal costero no se comportan igual aunque compartan etiqueta.

Dónde vive

Es una planta de suelos pobres, secos y con frecuencia calizos. Aparece en pastos rasos, cunetas, claros pedregosos, dunas fijadas, acantilados costeros y pastizales de montaña, y sube bien en altitud. Prefiere pleno sol y suelo drenado, tolera el viento y la exposición marítima y no le importa que la tierra sea poco profunda.

Lo que no tolera es la competencia. En un prado fértil y denso desaparece, tapada por las gramíneas vigorosas; en un suelo pobre donde las demás se rinden, resiste. Esa es la clave de todos sus usos, y también el motivo de que no funcione en un arriate bien abonado.

Florece entre la primavera y el verano según la altitud, y es una planta muy visitada: la polinizan abejas y otros himenópteros, y sirve de planta nutricia a las orugas de varias mariposas licénidas. En una siembra de pasto florido, eso cuenta tanto como el forraje.

Pasto y restauración de taludes

Como leguminosa, la vulneraria forma nódulos en la raíz con bacterias fijadoras de nitrógeno. El nitrógeno atmosférico, que ninguna planta puede usar directamente, acaba así incorporado al suelo, primero a la propia planta y después, cuando esta muere y se descompone, al resto de la comunidad. En un pasto pobre eso mejora la calidad del forraje, y en un talud recién construido es el primer paso para que aquello deje de ser un montón de material inerte y empiece a comportarse como un suelo.

De ahí que aparezca en las mezclas de hidrosiembra que se aplican sobre desmontes de obra pública, restauración de canteras y áreas degradadas. Cumple varios requisitos a la vez: germina y se instala en sustratos pobres, aporta nitrógeno, cubre poco y deja espacio a las demás, atrae polinizadores y es nativa, de modo que no introduce nada extraño en la flora local. Sobre la lógica de recuperar suelos así, hay más en recuperar un suelo erosionado.

Como forraje tiene una limitación que conviene decir: produce poco. No es una alfalfa ni un trébol, y nadie la siembra para hacer henos abundantes. Su valor está en producir algo donde las forrajeras exigentes no producen nada.

Cómo se siembra

La semilla de las leguminosas silvestres suele tener la cubierta dura e impermeable, y la vulneraria no es excepción. Esa dureza es una estrategia: la semilla se reparte la germinación a lo largo de varios años en lugar de jugárselo todo a la primera lluvia. Para una siembra dirigida, en cambio, es un estorbo, y por eso la semilla comercial suele venir escarificada, es decir, con la cubierta desgastada mecánicamente para que entre el agua.

La siembra natural es la de otoño, para que la plántula aproveche las lluvias y el fresco y llegue a la primavera con raíz hecha. Necesita contacto directo con la tierra y suelo desnudo, no una capa de hierba muerta encima. Y conviene no abonar: el nitrógeno de más beneficia a las gramíneas que la ahogan y desactiva la única ventaja competitiva que tiene la planta. Si el suelo es virgen y nunca ha tenido leguminosas, el inoculante de rizobio específico ayuda a que la nodulación funcione.

En un jardín seco

Tiene sentido en un solo tipo de jardín: el de pradera florida o el de rocalla seca y caliza, sembrada y no plantada, mezclada con gramíneas finas y otras herbáceas de secano. Ahí se comporta bien y se resiembra sola si se siega tarde, después de que la semilla caiga.

En un arriate convencional, con riego y tierra fértil, no dura. Y en maceta tampoco es interesante, porque su gracia está en el conjunto del pasto y no en la mata suelta.

No la confundas con las otras Anthyllis

El género tiene en la Península otras especies que se parecen muy poco a esta, y que ya tienen su ficha:

  • La albaida, Anthyllis cytisoides, es un arbusto blanquecino de matorral seco del sureste, no una herbácea de pasto.
  • El cojín de monja, Erinacea anthyllis, ni siquiera es del mismo género: es otra leguminosa, un almohadillón espinoso de alta montaña con flor azulada. Comparte la palabra anthyllis como epíteto, y de ahí viene la confusión.

El nombre y lo que no se puede afirmar

El nombre lo dice todo: vulneraria viene del latín vulnus, herida. Es una de esas plantas bautizadas por el uso que se le daba, y su empleo tradicional como hierba de heridas está documentado en la medicina popular europea durante siglos. Contarlo es historia de la etnobotánica, y así se cuenta.

Lo que no se puede hacer es dar el salto de la tradición a la indicación. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta: las que existen para cualquier alimento están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación científica, no un artículo de internet. El uso tradicional no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica, y aquí no hay preparaciones ni cantidades.

El texto anterior de esta página también afirmaba que el fruto se come cocido y que las flores secas sustituyen al té. No se ha podido confirmar que esta planta tenga un uso alimentario real, y en un género con especies que nadie come, una afirmación así no se publica a la ligera: se ha retirado.

En resumen

La vulneraria es Anthyllis vulneraria, una leguminosa variable de flor amarilla y cáliz lanudo que vive en pastos secos, calizos y pobres de media Europa, incluida toda la Península. Es un complejo de muchas subespecies difíciles de separar, así que lo sensato es identificarla a nivel de especie y fijarse en la procedencia de la semilla más que en la etiqueta.

Su interés está en lo que hace en suelos que no dan más de sí: fija nitrógeno, se instala en sustratos esqueléticos, alimenta polinizadores y por eso entra en las mezclas de hidrosiembra para taludes y canteras. Se siembra en otoño, con semilla escarificada, sin abonar y sobre suelo desnudo. Y su nombre, que viene de vulnus, herida, cuenta una historia antigua de uso popular que sigue siendo historia y no una indicación médica.


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