Volatín es uno de los muchos nombres locales de la balsamina de jardín, Impatiens balsamina, la anual de toda la vida que levanta una mata erguida de tallo grueso y jugoso, con las flores pegadas al tallo entre las hojas. En otras zonas se la llama miramelindos, madamas, alegría o brincos, y todos esos nombres apuntan a lo mismo: una planta de temporada que se siembra en primavera, florece todo el verano y se acaba con los primeros fríos.

Lo primero que conviene tener claro es que no es la misma planta que la alegría de la casa, Impatiens walleriana, que es la que se compra hecha en bandejas para los rincones de sombra. La balsamina se siembra de semilla, quiere bastante más luz, y una vez instalada se resiembra sola año tras año. Confundirlas es lo que lleva a plantarla a la sombra profunda y preguntarse después por qué no florece.

Flores dobles de color púrpura de Impatiens balsamina pegadas al tallo entre hojas lanceoladas La balsamina de jardín saca las flores en las axilas de las hojas, pegadas al tallo. Las hojas son largas, estrechas y de borde finamente dentado.

Qué planta es el volatín

Es una anual originaria del sur y el sudeste de Asia, cultivada en Europa desde hace siglos. Forma una mata erguida de unos treinta a sesenta centímetros, con un tallo central grueso, translúcido y muy quebradizo, lleno de agua. Las hojas son lanceoladas, alternas, de borde finamente aserrado y verde claro.

Las flores no salen en ramilletes por encima de la planta, sino en las axilas de las hojas, medio escondidas entre el follaje y pegadas al tallo. Van del blanco al rosa, el rojo, el malva y el púrpura, y las variedades de jardín más vendidas son de flor doble, con tantos pétalos que parecen camelias en miniatura. De ahí que los catálogos antiguos las llamaran balsaminas de flor de camelia.

Pertenece a las balsamináceas, y comparte con el resto del género el truco que le da nombre científico: la cápsula madura estalla al mínimo roce y dispara las semillas a varios metros. Impatiens significa impaciente, y de ahí vienen los nombres de tipo "no me toques" que tiene en media Europa.

Flor doble blanca de Impatiens balsamina con aspecto de camelia en miniatura Las variedades de flor doble son las más cultivadas. Esta forma de camelia en miniatura es la que dio nombre a la serie en los catálogos antiguos.

Dónde ponerla, que no es donde la alegría

La balsamina quiere sol de mañana y sombra en las horas centrales, o media sombra luminosa. A pleno sol del interior peninsular en julio se marchita todas las tardes y acaba con las hojas quemadas por el borde; a sombra profunda se estira, pierde el porte compacto y da la mitad de flores.

Esa es justo la diferencia de manejo con la alegría de la casa, que sí tolera sombras más cerradas y que es la planta de las macetas de patio interior. Si tienes un rincón que no ve el sol en todo el día, la planta correcta es Impatiens walleriana y su cultivo está contado aquí.

Impatiens walleriana de flor roja simple en una maceta de ventana Para comparar: esta es la alegría de la casa, Impatiens walleriana, de flor plana y abierta por encima del follaje y hoja ancha. La balsamina tiene la hoja estrecha y las flores metidas entre ella.

Siembra

Es una planta de semilla, y ahí está media gracia del asunto. Dos caminos:

  • Semillero protegido a finales del invierno o principios de primavera, en bandeja, cubriendo la semilla con una capa muy fina de sustrato. Cuando las plántulas tengan dos o tres pares de hojas verdaderas y hayan pasado el riesgo de heladas, se trasplantan a su sitio definitivo.
  • Siembra directa en el arriate o en la maceta, ya en primavera y con el suelo templado. Es la forma tradicional y funciona bien, aunque el resultado llega algo más tarde.

El trasplante hay que hacerlo con cuidado, porque el tallo es quebradizo y la raíz, superficial y frágil. Se marca un marco amplio, de unos veinticinco o treinta centímetros entre plantas, para que la mata cierre sin ahogarse; apretadas se estiran buscando la luz y se quedan desgarbadas.

Pinzar la punta del tallo principal cuando la planta tenga unos quince centímetros hace que ramifique desde abajo y dé una mata más redonda y con más flor, en lugar de una vara única.

Riego, suelo y abonado

El punto crítico es el agua. Una mata de balsamina es básicamente agua y se marchita muy deprisa en cuanto el sustrato se seca, sobre todo en maceta. La buena noticia es que se recupera con un riego si no se ha llegado tarde; la mala es que repetirlo muchas veces le pasa factura en floración.

Riego regular y generoso en verano, al pie y mejor por la mañana. Suelo fresco, suelto, con materia orgánica, y drenaje que funcione: aguante la sequía mal, pero el encharcamiento continuado le pudre el cuello y la mata se viene abajo entera en un par de días. En maceta, recipiente amplio y sustrato que retenga algo de humedad, porque una maceta pequeña al sol no da abasto en agosto.

Con abono, poco. Un aporte de compost al preparar el terreno y, en maceta, un fertilizante líquido para plantas de flor cada dos o tres semanas durante la floración. El exceso de nitrógeno da matas enormes de hoja tierna y poca flor.

Las cápsulas que estallan: cómo recoger semilla

Esta es la parte divertida y la que hace que la planta se mantenga en los jardines de generación en generación. Tras la flor se forma una cápsula ovoide y algo peluda que, al madurar, acumula tensión en sus valvas. Un roce, una gota de lluvia o el propio viento bastan para que se enrolle de golpe y salga disparada la semilla.

Para recogerla sin perderla, hay dos métodos. El primero: pasar la mano por debajo en forma de cuenco y tocar la cápsula con un dedo, de manera que estalle dentro de la mano. El segundo, más seguro si quieres cantidad: atar una bolsita de tela o de papel alrededor de los frutos que ya estén hinchados y esperar a que revienten dentro.

La semilla se guarda seca, en sobre de papel y a oscuras, y sirve para la primavera siguiente sin problema.

Se resiembra sola

En un arriate que le vaya bien, la balsamina se siembra sola cada año a partir de las cápsulas que se han disparado en otoño. Aparecen plántulas en primavera donde menos te lo esperas, y basta con dejar las que estén bien colocadas y arrancar el resto. Es una planta de las que se instalan en un jardín y se quedan sin que nadie vuelva a comprar semilla.

Ese comportamiento es doméstico y manejable en Impatiens balsamina. No hay que confundirlo con lo que hace una pariente suya muy distinta, Impatiens glandulifera, la balsamina del Himalaya, que pasa del metro y medio, coloniza riberas de ríos y acequias y desplaza a la vegetación autóctona. Esa figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión que desarrolla el Reglamento (UE) 1143/2014, lo que significa que en España están prohibidos su cultivo, su venta y su suelta en el medio natural. Si te encuentras una junto a un río, lo que toca es avisar al servicio de medio ambiente de tu comunidad autónoma. Está descrita en detalle en el artículo de la balsamina del Himalaya.

Y como el nombre balsamina se reparte además entre otras plantas que no tienen nada que ver, incluida una cucurbitácea de huerto, conviene tener a mano la comparación entre todas ellas.

Problemas frecuentes

Pocos y casi todos ligados al agua y a la ventilación:

  • Mata marchita a mediodía que se recupera por la tarde. Es normal en días de calor fuerte. Si sigue mustia por la mañana, es falta de riego de verdad.
  • Cuello pardo y planta que se dobla. Podredumbre por encharcamiento. No tiene arreglo en la mata afectada; se retira y se corrige el drenaje.
  • Oídio. Polvo blanco en el haz a final de verano, en rincones sin aire. Aclarar la vegetación alrededor y evitar mojar la hoja al regar.
  • Araña roja. Punteado fino y amarillento en el envés, típico de ambientes secos y calurosos. Sube la humedad ambiental y revisa antes de que se extienda.
  • Caracoles y babosas. Se ceban con las plántulas tiernas recién trasplantadas.

Si en algún momento te planteas un tratamiento, el marco es el Real Decreto 1311/2012, que establece la gestión integrada de plagas: primero prevención, medios físicos y biológicos, y solo después el químico. En jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis válida es la de la etiqueta del envase, no la que diga ninguna página. No se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.

Lo que no se puede decir de esta planta

Sobre la balsamina circulan afirmaciones de todo tipo: que trata el cáncer, la diabetes, la gastritis o las infecciones, que tiene efectos sedantes, que sirve para las picaduras. Hay que decirlo con claridad: no existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta. Las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación científica, no un artículo de internet.

Sí existe un uso tradicional documentado en Asia oriental, donde con las flores machacadas se ha teñido la uña y la piel, un uso cosmético antiguo y bien conocido en China, la India y Corea. Eso se cuenta como lo que es: tradición. No sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. Ante la ingestión de cualquier parte de una planta ornamental, la llamada es al médico, al veterinario si se trata de un animal, o al Instituto Nacional de Toxicología.

En resumen

El volatín es la balsamina de jardín, Impatiens balsamina: una anual de siembra primaveral, mata erguida de tallo jugoso, hoja estrecha y flores, muchas veces dobles, metidas entre el follaje y pegadas al tallo. Quiere media sombra luminosa o sol suave, riego regular y drenaje, y no hay que confundirla con la alegría de la casa, que es la de sombra y flor plana.

Su mejor baza es la semilla. Las cápsulas estallan al tocarlas y disparan la simiente, así que se recogen con la mano en cuenco o con una bolsita atada, y al año siguiente la planta vuelve sola por todo el arriate. De lo que se lee sobre sus virtudes medicinales, nada tiene declaración autorizada en la Unión Europea; el uso tradicional que sí está documentado es el de teñir con sus flores, y es historia, no un remedio.


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