Una tunilla es una chumbera en miniatura. El nombre es el diminutivo de tuna, que es como se llama en América a las Opuntia y a su fruto, y designa a un grupo de cactus andinos enanos, rastreros, que forman cojines apretados a ras de suelo en las alturas de Bolivia, Perú, Chile y el noroeste de Argentina. Desde el año 2000 muchos de ellos se agrupan en un género propio, Tunilla, separado de Opuntia, aunque en el comercio siguen apareciendo con los dos nombres.
Antes de seguir, el aviso que el tamaño de la planta hace olvidar: llevan gloquidios. Son esos penachos de pelillos finísimos, de uno o dos milímetros, con microganchos, que se desprenden al mínimo roce y se clavan a decenas sin que los veas. Es la causa más frecuente de accidente doméstico con cactus, y en un cojín bajo, colocado a la altura de la mano o al alcance de un gato, el riesgo es mayor que en una chumbera grande que se ve venir. Si se clavan en un ojo, en la boca o en cantidad en la piel, se va al médico, y si es un animal el que los lleva encima, al veterinario. Nada de remedios caseros.
El porte típico: segmentos pequeños, pegados al suelo y entre piedras. Cada areola lleva espinas visibles y, además, un penacho de gloquidios que no se ve.
Qué es una tunilla y por qué dejó de ser una Opuntia
Las opuntioideas son el grupo de las cactáceas con segmentos articulados, areolas con gloquidios y hojitas efímeras en los brotes nuevos. Durante mucho tiempo casi todas se metieron en el cajón de Opuntia. Los estudios posteriores fueron repartiendo ese cajón en géneros más pequeños según la forma de los segmentos, la semilla y el hábitat: Cylindropuntia para las de tallos cilíndricos, Austrocylindropuntia y Maihueniopsis para las andinas, y Tunilla para este conjunto de plantas diminutas de la puna.
Ese cambio no es un tecnicismo para coleccionistas. Significa que la planta que tienes delante no es una chumbera pequeña que vaya a crecer, sino otra cosa con exigencias distintas. Una Opuntia ficus-indica quiere calor y espacio. Una tunilla viene de un sitio donde hiela casi todas las noches del año y el sol es brutal al mediodía.
Entre las especies que se ven en colecciones están Tunilla soehrensii, Tunilla corrugata, Tunilla tilcarensis y Tunilla chilensis. La delimitación de varias de ellas es discutida y los mismos ejemplares circulan etiquetados de formas distintas, así que conviene no dar por cerrada la identificación de una planta comprada sin procedencia.
Cómo son
Forman cojines o matas rastreras muy ramificadas, con segmentos cortos que pueden ser globosos, cónicos o algo aplanados según la especie, de un verde que tira a glauco o a pardo rojizo cuando les da mucho sol. Los segmentos se articulan unos con otros y se desprenden con facilidad, que es su forma natural de propagarse: el trozo caído enraíza donde cae.
Las areolas son numerosas y llevan espinas en forma de aguja, blanquecinas o pardas, a veces largas en proporción al tamaño de la planta, más los gloquidios ya mencionados. Las flores salen en primavera y verano, son grandes para lo que mide la planta y van del amarillo al naranja, el rojo y el magenta. El fruto es pequeño, carnoso, y no tiene nada que ver con la tuna de mercado.
Tunilla soehrensii forma cojines densos en los que apenas se distingue un segmento de otro bajo la espinación.
De dónde vienen: la puna, no el desierto cálido
Viven en la puna y en los altiplanos andinos, muchas veces por encima de los tres mil metros. Ese hábitat tiene tres rasgos que gobiernan su cultivo. La radiación solar es extrema, porque hay menos atmósfera por encima. La oscilación térmica entre el día y la noche es enorme, con heladas nocturnas frecuentes incluso en la estación de crecimiento. Y la lluvia se concentra en unos pocos meses de verano, con el resto del año seco.
El porte aplastado contra el suelo es la respuesta a todo eso: así aprovechan el calor que irradia la piedra por la noche y quedan por debajo del viento. Una tunilla que en cultivo se estira y se levanta es una tunilla que no está recibiendo luz suficiente.
Cultivo en España
Se cultivan en maceta, en colección, y no como planta de jardín salvo en rocallas muy drenadas. Los puntos que deciden:
- Luz. Toda la posible. Al aire libre, a pleno sol en el norte y la costa. En el interior peninsular, en pleno julio y agosto, un sombreo ligero evita quemaduras en ejemplares recién sacados o recién comprados, que vienen de invernadero. Dentro de casa no prosperan: se etiolan y pierden el porte compacto.
- Sustrato. Muy mineral y muy drenante, con poca materia orgánica. Una mezcla mayoritaria de puzolana, pómice o arena silícea gruesa, con una fracción pequeña de sustrato de cactus, funciona bien. Maceta ancha y poco profunda, acorde con su raíz superficial, y acolchado de gravilla que mantenga el cuello seco.
- Riego. Abundante pero muy espaciado durante el crecimiento, empapando y dejando secar por completo antes de volver a regar. En invierno, seco.
- Frío. Varias especies aguantan heladas notables si están completamente secas. La combinación que las mata no es el frío, sino el frío con el sustrato húmedo. En la cornisa cantábrica y en Galicia el problema es la lluvia invernal continua, y ahí el cultivo bajo cubierta es obligado.
- Ubicación. Fuera de pasillos, de bordes de mesa y de cualquier sitio donde se pase la mano. Con gatos o niños pequeños en casa, mejor descartar el género entero.
Para manipularlas no bastan los guantes finos: los gloquidios los atraviesan. Lo que funciona es sujetar la maceta con pinzas de cocina o con una tira de papel de periódico doblado varias veces, y no tocar los segmentos.
Multiplicación
Lo más sencillo es el segmento. Se desprende uno con pinzas, se deja cicatrizar la herida a la sombra unos días y se apoya sobre sustrato mineral apenas humedecido, sin enterrarlo apenas. Enraíza en semanas durante la estación cálida.
Por semilla es más lento. La cubierta es dura y la germinación, irregular y escalonada, se puede alargar bastante. Se siembra en primavera, en superficie, con riego por capilaridad desde abajo y ventilación progresiva para evitar que el semillero se pierda por hongos.
Los frutos: esta no es la tuna que se come
Conviene deshacer el equívoco que arrastra el nombre. La tuna o higo chumbo que se vende en las fruterías es el fruto de Opuntia ficus-indica, una planta grande, de pencas anchas, cultivada desde hace siglos en el Mediterráneo y en Canarias, con su cosecha, su manejo y su forma de pelarla. Todo eso está en el artículo de la chumbera.
Los frutos de las tunillas son diminutos y no constituyen un cultivo ni un alimento de mercado. Los usos alimentarios, tintóreos y medicinales que circulan atribuidos a la tunilla proceden en realidad de las Opuntia grandes y de fuentes que no distinguen entre unas y otras, y no son trasladables a este género.
Sobre los usos medicinales que se le atribuyen, hay que ser claro: no existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta. Las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación científica, no un artículo de internet. La tradición andina de usar cactáceas para distintos fines se documenta como lo que es, tradición, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.
Comprar y CITES
Toda la familia Cactaceae está incluida en los Apéndices de CITES, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, aplicada en la Unión Europea mediante el Reglamento (CE) 338/97. Los ejemplares reproducidos artificialmente en vivero se comercializan con normalidad; lo que está regulado es el material de origen silvestre y los envíos internacionales.
Con un género de plantas pequeñas, poco comunes y de áreas de distribución reducidas, la procedencia del ejemplar es lo primero que hay que preguntar. Un cactus recolectado en su medio no vuelve a salir allí.
En resumen
Las tunillas son opuntioideas enanas de los altiplanos andinos, hoy en un género propio, Tunilla, y se cultivan en maceta como planta de colección: sustrato mineral, mucha luz, riego espaciado en la estación de crecimiento y sequedad total en invierno, que es lo que les permite aguantar el frío. No son chumberas pequeñas ni van a dar tunas comestibles.
Lo que de verdad hay que tener presente son los gloquidios. Una mata baja y sin pinchos aparentes invita a tocarla, y ese es el momento en que se clavan decenas de pelillos que no se ven. Se coloca fuera del paso, se manipula con pinzas o con papel doblado, y se descarta directamente si en casa hay niños pequeños o gatos.