El trébol encarnado, Trifolium incarnatum, es una leguminosa anual que se siembra en otoño, ocupa el suelo durante todo el invierno y se siega en primavera, justo cuando empieza a florecer. Ese calendario es toda su gracia: cubre el bancal en la época en la que el huerto está vacío, evita que las lluvias laven el suelo desnudo, fija nitrógeno mientras tanto y desaparece a tiempo para dejar sitio a los cultivos de verano. Es un abono verde y una cubierta vegetal de invierno, no una planta de jardín ni una pariente cercana del trébol rojo.

Antes de encargar semilla conviene saber dónde falla, porque en España falla en bastantes sitios. No tolera los suelos alcalinos, y buena parte del terreno peninsular es calizo y de pH alto. Tampoco aguanta la sequía ni los suelos encharcados. Prospera de verdad en suelos sueltos, frescos y de reacción ácida a neutra, lo que en la práctica significa la cornisa cantábrica, Galicia, el oeste peninsular y las zonas de suelo silíceo. En un huerto manchego o levantino sobre caliza, con un invierno seco, lo más probable es que nazca mal y se quede raquítico. Decirlo por delante ahorra una campaña perdida.

No lo confundas con el trébol rojo

Los dos son tréboles de flor roja y ahí se acaba el parecido. Las diferencias importan porque el manejo no tiene nada que ver:

Trébol encarnado (T. incarnatum)Trébol rojo (T. pratense)
CicloAnual: nace, florece, semilla y muereVivaz de vida corta, dos a cuatro años
InflorescenciaCónica y alargada, rojo escarlata intensoRedondeada, rosa púrpura
PorteErecto, tallos muy peludosAscendente, mata más ancha
Uso típicoCubierta de invierno y abono verdePrado de siega y rotación plurianual
SiegaUna, en floración, y se acabaVarios cortes al año durante años

Si lo que buscas es una pradera que dure varias temporadas, el que quieres es el trébol rojo. Si lo que buscas es cubrir el suelo entre el otoño y la primavera y después incorporarlo, este. Y si quieres un tapiz permanente que aguante pisadas, ninguno de los dos: ese papel lo hace el trébol blanco, que es rastrero y emite estolones.

Cómo es la planta

Es una anual erecta, de tallos peludos y hojas trifoliadas con los foliolos anchos y redondeados en el extremo, cubiertos de un vello suave. La mata se levanta desde una raíz principal pivotante con bastantes raíces laterales.

La flor es lo que le da nombre. Las cabezuelas son cónicas y alargadas, no globosas, de un rojo escarlata muy saturado que no se parece al rosa del trébol rojo, y se abren de abajo arriba a lo largo de varios días. Es una de las leguminosas forrajeras más vistosas que existen, y de ahí su uso ocasional en praderas floridas y en mezclas ornamentales.

Es originaria del sur de Europa y del suroeste de Asia, se ha extendido por medio mundo como forrajera y se encuentra asilvestrada en cunetas y bordes de camino. Se le conoce también como trébol carmesí, trébol italiano y trébol escarlata.

Por qué funciona como cubierta de invierno

Hace cuatro cosas a la vez mientras el bancal estaría vacío:

  • Fija nitrógeno. Como todas las leguminosas, forma nódulos en la raíz en simbiosis con bacterias del grupo Rhizobium que toman nitrógeno del aire y lo ponen a disposición de la planta. Al incorporar la cubierta, ese nitrógeno queda en el suelo para el cultivo siguiente.
  • Protege el suelo. Cubre la superficie durante el otoño y el invierno, que es cuando más llueve y cuando un bancal desnudo pierde estructura y partículas finas con la escorrentía.
  • Compite con las malas hierbas. Una siembra densa y bien nacida no deja hueco.
  • Aporta materia orgánica. Al segarlo en floración se incorpora un volumen considerable de materia verde y tierna, que se descompone deprisa.

Lo que lo distingue de otras cubiertas es precisamente el momento en que trabaja. La mostaza blanca, por ejemplo, es rapidísima pero se siembra en verano o a principios de otoño y no pasa del invierno crudo; su papel está explicado en mostaza blanca. El trébol encarnado ocupa la ventana larga, de octubre a abril. El planteamiento general de los abonos verdes, con la lista de especies y la forma de incorporarlos, está en cómo hacer abono verde.

Siembra

Se siembra a finales de verano o en otoño, entre septiembre y octubre en la mayor parte de España, con margen suficiente para que la planta se establezca y forme raíz antes de que aprieten los fríos. En zonas de invierno muy duro conviene adelantarla a septiembre; en el sur templado admite noviembre. En zonas de montaña se puede sembrar a finales de invierno y aprovecharla como cubierta de primavera.

La semilla es pequeña y necesita un lecho fino y asentado. Se entierra muy poco, apenas medio centímetro en suelo pesado y algo más en arenoso. Enterrarla de más es el error más común y el que explica la mayoría de las nascencias irregulares. Se puede sembrar a voleo y pasar después un rastrillo ligero y un rulo o una tabla para asegurar el contacto entre semilla y tierra, y conviene regar si el otoño viene seco, porque la germinación pide humedad.

En terreno donde nunca ha habido leguminosas, inocular la semilla con la cepa adecuada de Rhizobium cambia el resultado. Buena parte de la semilla comercial ya viene tratada.

Se puede sembrar solo o mezclado con un cereal de invierno como la avena o el centeno. La mezcla funciona bien: el cereal levanta y sujeta, el trébol aporta el nitrógeno, y entre los dos cubren mejor que cualquiera por separado.

Cuándo segar: antes de que semille

Aquí está la decisión que determina si el abono verde sale bien o te deja un problema para años.

El momento de segar es al principio de la floración, cuando las primeras cabezuelas rojas empiezan a abrirse y antes de que ninguna forme semilla. En ese punto la planta ha acumulado el máximo de biomasa tierna, los tejidos todavía no se han lignificado y la descomposición en el suelo será rápida.

Si dejas que semille, pasan dos cosas. Una, que el tallo y las cabezuelas se endurecen y el material tarda mucho más en descomponerse, además de inmovilizar nitrógeno en vez de liberarlo. Y dos, que siembras el bancal de trébol para las temporadas siguientes: el trébol encarnado se resiembra solo con facilidad y aparecerá entre las lechugas y los tomates durante años. En una pradera florida eso es una virtud; en un bancal de huerto es una molestia.

Segado, se deja marchitar un par de días en superficie y se incorpora superficialmente, en los primeros centímetros, o se deja como acolchado si vas a plantar de trasplante. Enterrarlo hondo retrasa la descomposición. Y conviene esperar dos o tres semanas entre la incorporación y la siembra del cultivo siguiente.

Como forraje, y una advertencia con el heno

Su otro uso clásico es forrajero, para pasto de primavera temprana, para heno y para ensilado. Se aprovecha antes que casi ninguna otra leguminosa del año.

Con el heno hay un detalle real que conviene conocer y que nada tiene que ver con las propiedades de la planta. Cuando el trébol encarnado se siega tarde, pasada la floración, los pelos rígidos de las cabezuelas y de los tallos se endurecen, y ese material puede formar bolas de pelo compactas en el aparato digestivo de los animales que lo comen, un problema descrito sobre todo en caballos. La prevención es la misma recomendación de siempre: segar en floración temprana y no aprovechar como heno un trébol encarnado pasado.

En cuanto a flores y brotes, el trébol encarnado figura entre las plantas de uso alimentario tradicional y sus flores se han empleado en ensaladas. Los germinados crudos de cualquier leguminosa, este incluido, son un producto con riesgo microbiológico documentado por las condiciones de humedad y temperatura en las que se obtienen, así que si se consumen conviene que procedan de semilla destinada a ese uso y manipulada en condiciones. El asunto de las isoflavonas del género, que se le atribuyen con frecuencia a cualquier trébol, está tratado en la ficha del trébol rojo, que es la especie donde tiene sentido hablar de ello.

En el jardín y para los polinizadores

Aparte del huerto, el trébol encarnado se usa en praderas floridas, en taludes y en mezclas de flor para franjas de borde. Florece en abril y mayo, es visitado por abejas y abejorros, y en un talud recién movido sujeta el terreno mientras se instala el resto de la vegetación.

Ahí sí interesa dejarlo semillar, porque es la única manera de que vuelva al año siguiente. Lo que conviene no perder de vista es que un trébol encarnado que semilla en un borde acaba apareciendo en el bancal de al lado.

En resumen

El trébol encarnado es Trifolium incarnatum, una leguminosa anual de cabezuela cónica y escarlata que se siembra en otoño, cubre el suelo todo el invierno y se siega al empezar a florecer. Es una cubierta vegetal y un abono verde de invierno, no un trébol de prado: el trébol rojo es otra especie, vivaz y de varios cortes, y el blanco es el rastrero que sirve de césped. La siembra es superficial, medio centímetro basta, y funciona bien mezclado con avena o centeno.

La regla que decide el resultado es segar antes de que semille, porque después el material se endurece, se descompone mal y deja el bancal sembrado de trébol para años. Y una comprobación previa que ahorra disgustos: no tolera los suelos alcalinos ni la sequía, así que sobre caliza y con inviernos secos hay que buscar otra cubierta.


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