Pon dos invernaderos del mismo tamaño y con el mismo plástico en una misma finca de Ciudad Real, uno en forma de túnel bajo y otro de capilla alta, y a las dos de la tarde de un día de abril marcarán temperaturas separadas por cinco o seis grados. No los distingue el material: los distingue la forma. La tipología de un invernadero no es una cuestión de catálogo, es la primera decisión climática que se toma, y condiciona todo lo que se pueda hacer después con ventanas, mallas o calefacción.

Este artículo va de eso: de qué familias de estructura existen, de la geometría que las define y de a qué sitio de España encaja cada una. Los materiales de cubierta y el montaje casero están tratados aparte en la guía de construcción de un invernadero.

Invernadero multicapilla de perfil curvo

Dos números que definen cualquier invernadero

Antes de mirar formas concretas conviene tener en la cabeza dos cocientes geométricos que explican casi todo su comportamiento.

El primero es la relación entre superficie de cubierta y superficie de suelo. Toda la energía que se pierde de noche sale por la envolvente, así que a igualdad de material, cuanta más piel por metro cuadrado cultivado, más frío por la madrugada. Un túnel individual de 8 m de luz anda por 1,5-1,6 m² de cubierta por cada metro cuadrado de suelo; una nave multitúnel, con las naves unidas por canalón y sin paredes intermedias, baja a 1,15-1,25. Esa diferencia sola vale entre uno y dos grados de mínima en la misma noche.

El segundo es el volumen de aire por metro cuadrado de suelo, que es la inercia gratuita del recinto. Un módulo doméstico de 2,2 m de alto ronda 1,8 m³/m²; una estructura profesional de 4 m bajo canalón y 6,5 m de cumbrera supera los 4,5 m³/m². Ese aire de más actúa como colchón: retrasa la subida de temperatura del mediodía, aleja el follaje de la cubierta caliente y da margen de reacción a quien abre las ventanas. Por eso una caseta de 4 m² se cuece en veinte minutos y una nave de 500 m² tarda dos horas en hacer lo mismo.

Con esos dos números en la mano, las familias de estructura dejan de ser nombres comerciales y se convierten en soluciones de compromiso comprensibles.

Túnel simple: barato y aerodinámico

Arcos de tubo de acero galvanizado curvado, hincados o atornillados a una base, unidos por una o tres correas longitudinales y forrados con una lámina continua. Es la estructura con menos piezas y la de montaje más rápido, y su perfil semicircular es el que mejor se comporta frente al viento porque no ofrece superficies planas donde apoyar la presión.

Sus luces habituales van de 6 a 9,6 m, con altura de cumbrera de 3 a 3,5 m en los modelos agrícolas. Su punto débil está en la parte alta: sobre un arco continuo no hay una cumbrera plana donde apoyar una ventana cenital, y las soluciones existen pero encarecen. La ventilación del túnel se resuelve casi siempre con bandas laterales enrollables accionadas por manivela o motor, que abren un metro o metro y medio a lo largo de toda la nave. Funcionan muy bien con brisa y se quedan cortas en calma.

Ojo con confundirlo con el microtúnel o túnel bajo, de 50 a 80 cm de altura, que es otro aparato: no se entra en él, se levanta el plástico por un lado para trabajar y sirve para forzar lechuga, fresa o judía tres o cuatro semanas. Comparte el nombre y no el uso.

Capilla y multicapilla

Es la forma de casa: paredes verticales y cubierta a dos aguas con pendiente de 25 a 30°. Frente al túnel gana en dos frentes. Uno, el volumen aprovechable en los laterales, donde el arco obliga a agachar la cabeza y a perder la primera línea de plantación. Dos, la existencia de una cumbrera recta sobre la que colocar una ventana continua, que es la mejor abertura posible porque explota el tiro por diferencia de altura.

La pendiente pronunciada le da una ventaja adicional en el norte peninsular y en zonas de montaña: evacua nieve y evacua condensación. Por debajo de unos 20° de inclinación, las gotas que se forman en la cara interna del plástico no llegan a escurrir y terminan cayendo sobre el cultivo.

La multicapilla une varios módulos por un canalón común. Es la solución profesional cuando se quiere superficie grande sin renunciar a cenitales, y arrastra la servidumbre de todo canalón: proyecta una banda de sombra sobre el cultivo de debajo, hay que dimensionarlo para la lluvia máxima de la zona y en el interior peninsular hay que contar con la carga de nieve acumulada en la limahoya.

Multitúnel: la referencia actual

El multitúnel es la evolución que ha desplazado a casi todo lo demás en obra nueva: naves de arco de 8 o 9,6 m de luz unidas por canalón a 4 m de altura, con cumbrera por encima de 6 m y ventanas cenitales abatibles en cada nave, a una o a dos caras según se quiera ventilar con viento de cualquier dirección.

Reúne el buen comportamiento estructural del arco, la superficie de cubierta contenida de las naves adosadas y el volumen que permite tutorar tomate o pepino hasta tres metros sin que la planta llegue al plástico. Su inconveniente es el precio y que exige una obra seria de cimentación: un multitúnel mal anclado con las cenitales abiertas y una racha inesperada es un problema estructural, no una rotura de plástico.

Parral y raspa y amagado

Es la tipología propia del sureste español y ocupa decenas de miles de hectáreas en el poniente almeriense y en el Campo de Níjar. Su esqueleto no es rígido: son postes verticales y una doble malla de alambre tensada entre ellos que aprisiona el plástico, con vientos perimetrales anclados a muertos de hormigón. Sale extraordinariamente barato por metro cuadrado.

El parral plano original tenía la cubierta casi horizontal, con dos consecuencias: apenas escurría el agua —se formaban bolsas que había que empujar con una vara— y la ventilación se limitaba a ventanas laterales. La versión raspa y amagado corrige lo primero levantando una cumbrera longitudinal con alambre, de modo que la cubierta forma una sucesión de faldones inclinados que sí drenan, y permite abrir aberturas cenitales en la raspa.

Sigue siendo una estructura de poca altura, con volumen escaso y sin capacidad para instalar equipamiento pesado, y ahí está el motivo de que las explotaciones que reinvierten pasen a multitúnel. Como referencia doméstica no sirve de mucho, pero explica el paisaje de plástico del sureste mejor que cualquier otra cosa.

Venlo y diente de sierra

El Venlo es el invernadero de vidrio de origen neerlandés: módulos de 3,2, 4 o 4,8 m de anchura, canalón portante de aluminio que hace también de estructura y de recogida de agua, perfiles muy delgados para estorbar lo mínimo a la luz, y cubierta a dos aguas de poca pendiente con ventanas cenitales alternas. Es la estructura de más transmisión luminosa y la más cara; en España aparece en producción ornamental, planta en maceta y semilleros comerciales, rara vez en hortícola de suelo.

El diente de sierra resuelve un problema distinto: en climas cálidos interesa una abertura permanente y grande orientada en contra del viento dominante. Su cubierta es una sucesión de faldones inclinados en la misma dirección, y en el escalón vertical entre uno y otro se abre la ventana. Ventila mucho, con la contrapartida de que el escalón proyecta sombra y de que llueve dentro si la abertura queda a barlovento.

Adosado y estructuras de malla

El invernadero adosado a la fachada sur de una casa o a un muro es la tipología más eficiente que existe en pequeño formato, y la peor comprendida. Al apoyarse en la pared elimina un cuarto de su superficie de cubierta, y esa pared, si es de fábrica y recibe sol, funciona como acumulador: absorbe radiación de día y la devuelve durante la noche. Con 6 u 8 m² pegados a una fachada se obtiene un refugio invernal más estable que con un módulo exento del doble de tamaño en mitad del jardín. Necesita, eso sí, una ventana alta en el faldón, porque el muro impide la ventilación cruzada.

Y conviene no meter en el mismo saco las estructuras de malla, llamadas también umbráculos o mallas de sombreo estructurales. Cubiertas con malla en vez de con film, no acumulan calor ni retienen humedad: lo que hacen es cortar radiación, frenar el viento y excluir insectos. Se usan en pimiento y hortícolas de ciclo estival en el sureste, en platanera en Canarias y en vivero ornamental. Un umbráculo no adelanta una siembra ni un solo día, así que elegirlo pensando que hace de invernadero es un error de partida.

Invernaderos de plástico vistos desde el exterior

Qué encaja en cada sitio

Costa mediterránea y sureste. El problema es el calor de ocho meses, no el frío de dos. Prioriza altura y ventilación cenital abundante: multitúnel si hay presupuesto, capilla alta si no. El volumen es lo que compra margen a mediodía.

Meseta e interior. Oscilación térmica brutal entre el día y la noche, heladas fuertes y viento. Interesa reducir superficie de cubierta y ganar masa: naves adosadas antes que módulos sueltos, y pendiente suficiente para la nieve por encima de los 900-1000 m.

Cornisa cantábrica y norte húmedo. Aquí manda el drenaje y la luz de invierno. Pendiente pronunciada, canalones sobrados, y perfiles finos porque cada punto de radiación cuenta en diciembre. El túnel plano es mala idea con esas lluvias.

Zonas ventosas —valle del Ebro, litoral atlántico, campos abiertos—. El arco gana por la mano al perfil de capilla, y el anclaje deja de ser un detalle para convertirse en la partida principal del presupuesto.

En resumen

La forma de un invernadero se resume en dos cocientes: cuánta cubierta hay por metro cuadrado de suelo, que decide lo que se pierde de noche, y cuántos metros cúbicos de aire hay encima del cultivo, que deciden lo deprisa que se dispara el termómetro a mediodía. El túnel es barato y resiste bien el viento, pero es bajo y ventila mal en calma; la capilla aporta cumbrera recta para cenitales y pendiente para escurrir agua y nieve; el multitúnel combina las virtudes de ambos y es hoy la elección profesional por defecto; el parral y la raspa y amagado son la solución económica del sureste, con poca altura y poco margen; el Venlo es luz y precio; el diente de sierra, ventilación permanente orientada.

Para uso doméstico, el adosado a un muro soleado rinde más de lo que su tamaño sugiere, y la estructura de malla no es un invernadero por mucho que se le parezca. Elegida la tipología según el viento, la nieve y el calor del sitio, todo lo demás —cubierta, ventanas, sombreo— se monta encima con mucha más facilidad.


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