La serradela (Ornithopus sativus) es una leguminosa anual que se siembra para enterrarla. No se cultiva por su flor ni por su cosecha, sino porque fija nitrógeno atmosférico en las raíces y deja el suelo mejor de lo que lo encontró. Hasta ahí, lo mismo que cualquier otro abono verde. Lo que la hace distinta es dónde funciona: en suelos arenosos, sueltos, pobres y ácidos, justo el terreno donde la veza, el trébol o el haba rinden mal.

Y tiene una contrapartida igual de clara, que conviene saber antes de comprar la semilla: la serradela no tolera los suelos calizos. En el interior peninsular, donde tanto suelo es básico y calcáreo, es una siembra tirada a la basura. Si tu terreno es arenoso y ácido, del noroeste húmedo, de las zonas graníticas o de un arenal costero, es probablemente la mejor opción que tienes. Si echas un puñado de tierra en un vaso con vinagre y burbujea, cambia de especie.

Planta de serradela con flores rosadas y vainas articuladas Hoja pinnada, flor papilionácea rosada y la vaina estrangulada entre semilla y semilla que da nombre al género.

Qué planta es

Es una herbácea anual de la familia Fabaceae, de porte bajo y tallos finos y algo peludos, con hojas compuestas por muchos pares de foliolos pequeños. La flor es la típica papilionácea de las leguminosas, de un rosa pálido a veces veteado de rojo más intenso, pequeña y agrupada en cabezuelas de pocas flores sobre un pedúnculo largo.

El fruto es lo que le da nombre y lo que la identifica sin lugar a dudas. En vez de una vaina lisa que se abre en dos valvas, la serradela produce un lomento: una vaina estrangulada entre semilla y semilla, articulada como un rosario, que al madurar no se abre sino que se rompe por esas cinturas en segmentos con una semilla dentro. Vista en conjunto, con sus dedos curvados, recuerda a la pata de un pájaro, y de ahí sale Ornithopus, del griego para ave y pie. En castellano el nombre alude a lo mismo desde otro ángulo: el borde aserrado de la vaina.

De dónde es y dónde se ha cultivado

La serradela es originaria del suroeste de Europa, con la península Ibérica dentro de su área natural. Aquí crece espontánea en suelos arenosos y removidos, en cunetas y barbechos, casi siempre sobre sustratos silíceos.

Desde ahí pasó a ser un cultivo tradicional en las tierras arenosas del centro y el norte de Europa, donde se sembraba como forraje y como planta mejorante en suelos que no daban para mucho más. Y, ya en el siglo XX, se convirtió en una pieza importante de las praderas anuales de zonas mediterráneas de otros continentes, con Australia occidental como caso más conocido: allí se seleccionaron cultivares de esta especie y de su pariente Ornithopus compressus, la serradela amarilla, precisamente por su comportamiento en arenales ácidos.

El género: cuál de ellas estás sembrando

Ornithopus es un género pequeño, de especies muy parecidas entre sí y todas de la misma órbita mediterránea y atlántica. En la práctica agrícola manejarás dos o tres nombres:

  • Ornithopus sativus, la serradela rosa o francesa. Es la que se comercializa como abono verde y la de flor rosada.
  • Ornithopus compressus, la serradela amarilla, de flor amarilla y semilla más dura. Se usa sobre todo en pratenses.
  • Ornithopus perpusillus y Ornithopus pinnatus, silvestres y mucho más pequeñas, sin uso agrícola aquí.

Si compras semilla etiquetada solo como "serradela", pregunta la especie y el cultivar. La diferencia se nota en el calendario y en la dureza de la semilla, que es lo que decide si te rebrota sola al año siguiente o no.

La bacteria importa tanto como la semilla

El nitrógeno no lo fija la planta por sí sola: lo fijan bacterias del suelo alojadas en nódulos de la raíz, en una simbiosis en la que la planta pone azúcares y la bacteria pone el nitrógeno del aire convertido en algo que la raíz puede usar. Sin esos nódulos, una leguminosa es una herbácea del montón.

Y aquí está el detalle que se salta la mayoría de las guías genéricas: las cepas de rizobio que nodulan la serradela son bastante específicas, y no coinciden con las que nodulan la veza, el trébol o la alfalfa. En una parcela donde nunca se ha sembrado serradela puede que la bacteria adecuada no esté presente en cantidad suficiente. Por eso la semilla se vende muchas veces ya inoculada, o acompañada del inoculante para mezclar antes de sembrar.

Cómo saber si ha funcionado: arranca una planta con cuidado a las pocas semanas, lava la raíz y ábrele un nódulo con la uña. Si por dentro es rosado o rojizo, la simbiosis está activa. Si es blanco o verdoso, esos nódulos no están fijando nada.

Cuándo y cómo sembrarla

El calendario depende del clima, no del calendario:

  • Clima mediterráneo suave, sin heladas fuertes. Siembra de otoño, aprovechando las lluvias. La planta pasa el invierno creciendo despacio y se dispara en primavera.
  • Interior frío o zonas de montaña. Siembra de primavera, cuando el suelo ya se ha templado, para un ciclo corto de primavera y verano.

Se siembra a voleo sobre suelo desnudo y rastrillado, o en líneas poco separadas. La semilla es pequeña y no se entierra hondo: un ligero rastrillado o un paso de rulo para que quede en contacto con la tierra es suficiente. Un error clásico es sembrarla a la profundidad de una leguminosa de grano, diez o quince centímetros, con lo que buena parte no emerge nunca.

Ojo con la forma de la semilla: según el proveedor te la venderán desnuda o en segmentos de vaina, con el envoltorio puesto. La semilla envuelta nace de forma más escalonada, porque el segmento del lomento actúa de freno. No es un defecto, pero explica por qué a veces la nascencia parece irregular durante un par de semanas.

El riego, si lo hay, solo hasta la nascencia. Una vez instalada, con la humedad del invierno o de la primavera se apaña sola. Abonado, ninguno: se siembra precisamente para no abonar, y un aporte de nitrógeno lo único que consigue es que la planta se acomode y nodule menos.

Cuándo segarla y cómo incorporarla

El momento de segar es el que decide el resultado. Se corta en plena floración o al inicio de la formación de vainas, y nunca después de que la semilla madure. Dos razones: es cuando la planta acumula más nitrógeno en la parte aérea, y es el límite a partir del cual la serradela empieza a resembrarse sola y se te convierte en una hierba más del huerto.

La incorporación, con dos cautelas:

  • Superficial. Se pica la masa verde y se mezcla con los primeros centímetros de suelo, o se deja en superficie como acolchado. Enterrarla en profundidad la pudre en anaerobiosis, que es justo lo que no se busca.
  • Con margen de tiempo. Deja pasar unas semanas entre la incorporación y la siembra del cultivo siguiente. Mientras el material verde se descompone, los microorganismos del suelo consumen nitrógeno y pueden dejar al cultivo nuevo sin él durante un tiempo.

Si lo que te interesa es el planteamiento general, con qué especies combinarla y cómo encajarla en la rotación, está desarrollado en la guía de cómo hacer abono verde. La serradela combina especialmente bien con una gramínea de raíz fina, que aporta estructura y carbono mientras la leguminosa aporta nitrógeno.

Otros usos

Además de abono verde, la serradela es una planta forrajera apreciada, blanda y bien aceptada por el ganado, y se ha usado como cubierta temporal para sujetar suelos arenosos que de otro modo se pierden con el viento y la lluvia. Su flor, pequeña pero abundante, la visitan insectos, así que una franja florecida en el borde del huerto tiene un valor añadido antes de segarla.

Lo que no vas a encontrar aquí son propiedades medicinales. Las fichas antiguas de esta planta cerraban con un apartado de "propiedades y beneficios" que en realidad solo repetía lo del nitrógeno. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión: la serradela es una planta de suelo, y ese es todo su mérito, que no es poco.

En resumen

La serradela es la leguminosa de abono verde para el suelo que a las demás no les gusta: arenoso, suelto, pobre y ácido. Se siembra superficialmente, en otoño donde el invierno es suave y en primavera donde no lo es, sin abonado y con riego solo hasta la nascencia, y se siega en floración para picarla e incorporarla en superficie, dejando unas semanas antes de plantar encima.

Dos cosas deciden si sale bien. La primera, el pH: en suelo calizo no la siembres, porque no es cuestión de manejo sino de límite de la especie. La segunda, el rizobio: si la parcela no la ha visto nunca, usa semilla inoculada y comprueba a las pocas semanas que los nódulos están rosados por dentro. Con esas dos condiciones cubiertas, es una planta agradecida que trabaja sin pedir nada a cambio.


Contenidos relacionados